La pintura de Choco
y el Festival de Leo Brouwer

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Un festival para toda la música, pues no hay para Leo Brouwer fronteras; él rompe con todo lo que sea capaz de poner límites en el lenguaje musical. No se aferra a tendencias, a formas, a fórmulas, a géneros, incluso va más allá de la propia música como quedó demostrado en la Fábrica de Arte (F.C.A), espacio cultural donde quedó abierta la exposición Pintura en acción, de Choco, a propósito de sus 65 años de vida.

Imagen: La Jiribilla

“No es el único que está loco, aquí estoy yo para servirle”, dijo Brouwer, en las palabras de apertura de la selección pictórica, la cual estuvo acompañada de estatuas vivientes que recogían personajes de Choco, a las que él calificó de “obras en tres dimensiones, las cuales se avenían muy bien con la muestra”.

Así quedaría abierto oficialmente el VI Festival de Música de Cámara que el afamado guitarrista y compositor ideó y que entre otras dedicatorias celebra sus 75 años de vida. La muestra de Choco fue un pretexto, el Maestro Leo Brouwer quiso hacerle un homenaje a su amigo pintor, como dejó dicho en las palabras de bienvenida a la exposición y al evento, en la F.A.C, espacio y proyecto sociocultural liderado por X Alfonso.

El documental Leo-Choco, de Ian Padrón, bajo la colaboración de  la oficina de Leo Brouwer y el Taller del Sol, fue presentado en la nave tres de la instalación —una antigua fábrica de aceite que hoy acoge las muy variadas formas del hacer artístico—, la cinta recoge en pocos minutos la relación de amistad entre ambos gigantes de la cultura cubana, a partir del proceso creador del pintor, en su taller denominado el Sol.

Imagen: La Jiribilla

“Desde casi niños nos conocemos y seguimos nuestro trabajo. El taller del Choco está lleno de luz. Hay luz adentro. En él hay luz”.

Leo Brouwer habla sobre Choco y lo hace desde la más dulce afinidad, el cariño, el respeto y la admiración por un hombre y su obra que él define como un pintor que “representa a los ancestros, a las raíces de la cultura cubana; yo diría que a toda, no solo a las de raíces de las genealogías africanas. Es universal”.

Como una especie de verdadero entrecruces de manifestaciones, junto a la exposición del Choco, Leo invitó al Coro Entrevoces, dirigido por Digna Guerra, institución que calificó como una de las mejores en el país. La presencia de la coral no fue casual, la interpretación de las “Canciones circulares”, de Bobby McFerrin resultó otro juego de intenciones para que Brouwer anunciara la presencia del norteamericano en Cuba próximamente, debido a que por razones personales no pudo asistir al Festival, donde deseaba tenerlo junto al afamado chelista Yo-Yo Ma, con quien comparte una producción discográfica.

Imagen: La Jiribilla

De manera desenfadada, desbordando campechanía, cierta gracia, el guitarrista invitó a los presentes a tener un encuentro con la rumba con agrupaciones de la talla de Yoruba Andabo, Los Muñequitos de Matanzas y otras a las que él calificó de “rumba de verdad, sin demeritar aquella que se hace estilísticamente. Pero esta nos recuerda a las del solar”.

En la nave cuatro de la Fábrica, Leo rememoró sus primeros encuentros, siendo casi un niño, con esta expresión músico-danzaria, determinante en el concierto de sonidos que configuran la cubanidad en la música.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato