El rostro de María Antonia, la pasión de Obba Yuru

Marilyn Garbey • La Habana, Cuba

Crecí en el teatro escuchando las anécdotas del montaje de María Antonia, el texto de Eugenio Hernández Espinosa llevado a escena por Roberto Blanco. Hilda Oates, la actriz que dio vida a la protagonista de la tragedia, era una mujer de leyenda ante mis ojos.

La naturaleza efímera del teatro hace más intensa la experiencia del espectador. Por eso, ahora que Hilda se despidió de nosotros, recuerdo el testimonio de la asistencia de Graziella Pogolotti a la temporada inaugural de esta obra:

María Antonia debía arrastrar una pesadísima cola llena de objetos testimoniantes de los avatares de su vida pasada. Solo la energía y la fuerza física de la actriz Hilda Oates podían vencer en el movimiento escénico el lastre de tantos sufrimientos y de tanta culpa…”. [1]

Imagen: La Jiribilla

Alta y fornida, Hilda era una figura impresionante, de recio carácter mezclado con cierta dosis de ternura. Acompañada por siempre del halo de María Antonia, su voz poderosa podía hacer temblar al interlocutor en Un sueño feliz, o provocarle  la más honda de las emociones cuando decía los versos de José Martí.

Hilda Oates se encuentra entre las grandes actrices cubanas, zona donde no abundan los rostros negros. Era ella de esas intérpretes que ponía tal énfasis en el decir que dejaba grabado el texto en la memoria del espectador. Así, en su voz,  aprendí de memoria frases de Hernández Espinosa, de Lorca o de Abilio Estévez.

La mujer que al triunfo de la Revolución dejó la cocina para convertirse en actriz, era generosa al agradecer a quienes contribuyeron en su salto. Recordaba a su maestro Mario Rodríguez Alemán; a una de sus compañeras de profesión, Gilda Hernández, actriz y directora; a los directores que la subieron al escenario: Roberto Blanco, Armando Suárez del Villar, Berta Martínez, Nelson Dorr, Abelardo Estorino; o contaba cuánto aplaudieron en New York a Adria Santana. Puedo añadir que la vi sentada en la primera fila del Teatro Mella, apoyando con su presencia a la actriz Monse Duany, la María Antonia de estos tiempos.

Imagen: La Jiribilla

Quiso el azar que Hilda Oates llegara al teatro de la mano de Eugenio Hernández Espinosa. Y también decidió que junto a él se despidiera de las tablas. El ciclo vital que se abrió en 1967 con el estreno de María Antonia, se cerró con La lamentaciones de Obba Yuru en el 2006.

La actriz contó lo que sucedía en la platea cuando María Antonia salía a escena: “La reacción del público te confundía porque no sabías lo que estaba pasando, a veces el público discutía sobre lo que le ocurría a María Antonia. Decían: 'es una salá y eso tenía que pasarle'. Otra le decía: 'pero fíjate que ella viene de una familia que practica la santería y es santera'. Otro: 'no, ella no es santera, yo la conozco, ella vive por donde yo vivo, ella estudió Actuación'. Aquel preguntaba: '¿Y cómo sabe hacer todas las cosas de los santeros?' Las discusiones en el público eran como otra obra en la platea, la gente pedía silencio. Cuando me dan la puñalada al final, se fajaban y decían: 'había que matarla porque esa era una tremenda'. Se ponían a favor y en contra. Los aplausos eran de diez y 15 minutos y no paraban. Fue el primer gran momento del  éxito que tuve”. [2]

María Antonia le dio a Hilda la posibilidad de ser protagonista de uno de los grandes momentos del teatro cubano. La investigadora Inés María Martiatu lo definió así:

“La creación de María Antonia y el estreno de aquella memorable puesta, se inscriben en una etapa fundacional del teatro cubano contemporáneo: la eclosión de los 60. También es un hito entre todos los acontecimientos artísticos y culturales en general, que se produjeron en este período: el momento más importante de reconocimiento del aporte del negro y de la cultura popular cubana después de la vanguardia de los años 20 y 30 del pasado siglo”. [3]

Imagen: La Jiribilla

En ese montaje convergieron grandes figuras de la cultura cubana como Roberto Blanco, María Elena Molinet, Eugenio Hernández Espinosa, el Conjunto Folclórico Nacional, entre otros. Para llevar a escena Las lamentaciones de Obba Yuru, Eugenio Hernández Espinosa tomó las riendas como director y fue acompañado por Eduardo Arrocha como diseñador y por Santiago Alfonso como coreógrafo. Hilda ha narrado cómo llegó a este personaje: “… ya casi al final de mi vida en el teatro, le dije: 'Eugenio, me voy del teatro y no he vuelto a hacer algo tuyo'. Me dijo: 'tengo una obra, léela'. Me la llevé para mi casa, me acosté para leerla y empecé a llorar cuando me di cuenta que ese personaje podía ser yo. Lo llamé por teléfono y le dije: 'te la voy a leer dándole intenciones'. Me respondió: 'cómo pudiste sacar el mundo interior de ese personaje tan pronto'. Esa obra me gustó desde el principio, me metí dentro de él. Mi  lectura le encantó a Eugenio y empezamos a trabajar. La obra fue un éxito”. [4]

María Antonia era una mujer explosiva, hija de Ochun, y el autor la dibuja con los atributos correspondientes, en eterna confrontación con Changó. Obba Yuru también se enamora de Changó y es capaz de cortarse una oreja para complacerlo. Hilda encarnó a María Antonia en plena juventud, y Obba Yuru fue el personaje que interpretó en el ocaso de su vida. Es como si aquella María Antonia desafiante de los fines de los 60 hubiera transitado por los caminos de la vida hasta llegar a ser mujer símbolo de fidelidad conyugal.

No sé si fue la casualidad o si fue el destino quien tejió los hilos para que Hilda Oates se convirtiera en actriz, sueño casi imposible para una mujer negra cuya existencia transcurría en la cocina de una casa que ni siquiera era la suya. Lo cierto es que, a través de los personajes de Eugenio Hernández Espinosa, Hilda llevó a escena su pasión por la vida para compartirla con los espectadores, que la colmaron de aplausos.

Notas
[1] Pogolotti, Graziella: “El silencio de los excluidos”, en Una pasión compartida: María Antonia. Editorial Letras Cubanas, p.p 6, 2004.
[2] Entrevista realizada a la actriz en Habana Radio.
[3] Martiatu, Inés: “Reflexiones en los cuarenta años de María Antonia”, en Una pasión compartida: María Antonia. Editorial Letras Cubanas, p.p 6, 2004.
[4] Entrevista realizada a la actriz en Habana Radio.

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