Selección de poemas

Diusmel Machado Estrada

Otros elogios de la locura

Hay locuras que son poesía…
Silvio Rodríguez

 

Ayer pasaba un hombre por mi casa
maldiciendo este mundo, maldiciendo,
y le llamaron loco apenas viendo
que era solo más cuerdo que la masa.

Todavía su sombra está en mi casa
hablando, sincerándose sombría
Y ya no sé su sombra si es la mía,
si la masa soy yo, si soy quien pasa,

si he curvado el camino y lo trastoco
o tengo la razón donde debía,
si es locura o costumbre o poesía,

si mi casa es el mundo, si tampoco
yo perdono la lengua de este loco…
Todavía maldice, todavía.

 

[Yo, de mi corazón a beber diese…]

(Yo, de mi corazón a beber diese
—hasta vaciarlo— a toda criatura
que por hambre o por lástima, o por pura
costumbre de pedir, me lo pidiese.

Yo, de mi corazón que sangra y crece,
partiera hasta la brizna más oscura
con la última, exánime figura,
de quien solo su aliento lo merece.

Sin embargo, es preciso que deshaga
mi torpe corazón su afán amable.
Yo quisiera que fuese disfrutable,

pero no es con dulzura que empalaga:
mi corazón ya tiene su honda llaga
y no es, para beber, aconsejable.)

 

Silencio del bufón

Hable quien deba hablar, y calle luego
de decir cuanto debe, cuanto quiso.
Yo no doy la razón, pero el permiso
está en la lengua que se arriesga al fuego.

La lengua que reclama, la que ofrece,
la que sirve a su dueño o lo traiciona,
es carne involuntaria que razona
después que la palabra le acontece.

La mirada imprudente es la del ciego.
El silencio falaz lo anima el mudo.
El ruido imperdonable es para el sordo.

Hable quien deba hablar, y asuma luego
las culpas que merece y las que pudo.
Porque yo soy el ciego, el mudo, el sordo.

 

[Y he aquí…]

…y con el canto que pasó te has ido.
R. Hernández Novás

Y he aquí que, aparecidos los del canto
en un puro temblor, la gris barbarie
gritó de pronto: —No se mueva nadie,
el Loco os llevará por su hilo santo.

Y no pasó el instante, sin que tanto
comer y predicar no produjeran
una atroz y solemne ventolera
que repitiese nunca, por si acaso.

Y he aquí, mi sombra se ha quedado corta.
Si poco fue, ya nada es. Ni importa.
Ahora dirán, soy un aparecido.

Pero mi tiempo se fugó a la escarcha,
y junto a mí, solo su canto marcha:
ido ya, casi todo el tiempo ido.

 

Cavilación del pisapapeles  

Todavía el papel sufre temblando
al antojo del viento. Un rayo seco
hunde su lengua eléctrica en el hueco
por donde savia y tinta van pasando.

Todavía aquel pájaro cantando
deja su voz herida, un puro fleco
de música que gime bajo el eco
sordo del golpe que lo está pisando.

Presa por este amor –esta cordura
de inmóvil condición, de estarse quieta–,
la página volante: obra incompleta,

sueña una libertad que transfigura
del Músico Mayor la partitura,
la voz inapresable del Poeta.

 

R

Te persiguen los pájaros de sueño
R. Hernández Novás

Recto, hacia dentro, al fondo de sí mismo
clavan las uñas de mugrienta especie
al hijo de la máscara: le duele
ese ir y venir fingiendo al hijo.

Ráscase un piojo, alíviase cobrando
la miseria mensual, terca miseria
que se despoja en inferior cerveza
y después, a bailar con los borrachos.

Hambriento, al fin, de lo que todos comen,
de la guayaba, el jabalí celoso,
se echa a dormir la mona displicente.

Y vean, se le eriza hasta el abdomen.
Que lo acunan las náyades azules.
Que lo arropa una amiga transparente.

 

Cuitas del caballero

Se me deshacen, Sancho, estos molinos
que ante el blanco papel se transfiguran
en inéditas voces y procuran
escapar de mis lentos pergaminos.

No son aspas feroces, son destinos
impredecibles que hacia el viento apuran
sus adargas enhiestas, pero duran
lo que un soneto de aires cervantinos.

Digo, Sancho, que hay grandes utopías
y amores como altísimas montañas
que no alcanzan mis flacos rocinantes.

Páginas son las de caballerías
donde sobran fingidas las hazañas
y escapan, inasibles, los gigantes.

 

Ficha: Diusmel Machado Estrada: (Guáimaro, 6 de agosto de 1975) Poeta,  narrador y profesor cubano. Licenciado en Ciencias Farmacéuticas por la Universidad de La Habana. Desde el año 2003 se desempeña como profesor de Literatura y especialista literario de la Casa de Cultura “Luz Palomares García”, de Guáimaro. Ha publicado Casa Primera (editorial Ácana, 2001), Caída del ángel a la gloria (editorial Sanlope, 2004), Cuerpo de isla sordomuda (editorial Orto, 2009) y El libro de los desterrados (editorial Sanlope, 2011; en coautoría con Carlos Esquivel Guerra);   Libro de Titi y Mamita (editorial Ácana, 2003) y Nuestros amigos del Caroní (sello editorial CVG-EDELCA, Venezuela, 2006) (ambos en coautoría con su madre, Mirian Estrada Medina); y en coautoría con Randoll Machado Hernández: En el jardín de las espinelas (editorial Ácana, 2011). Y País Imaginado (editorial El Mar y la Montaña, 2009). La editorial Mecenas (Cienfuegos) tiene en preparación su poemario para niños Apuntes escolares. Ha obtenido diversos premios internacionales como el Premio Internacional de Poesía “Ars Creatio” (España, 2009) y el Premio Iberoamericano “Cucalambé” de Décima Escrita (Casa Iberoamericana de la Décima, Las Tunas, 2010); y premios literarios nacionales como el Premio Dador 2009 (literatura para niños); y el Premio “Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua” 2012 (poesía para niños). Ha obtenido varias veces el Premio de la Ciudad de Camagüey.

 

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