José Wilker celebrado en La Habana

Joel del Río • La Habana, Cuba

Celebración al talento es tal vez la mejor frase que defina la muestra de cine en homenaje José Wilker, uno de los pocos actores que ha conseguido vincular su rostro y talentos a lo mejor y más representativo de la cultura nacional. Programada dentro del tercer Mes de la Cultura Brasileña, sin duda, uno de los principales acontecimientos culturales de los primeros días de octubre, la muestra cinematográfica cuenta con títulos poco vistos y valorados en Cuba, de modo que las 14 películas ofrecen la ocasión idónea para repasar una de las carreras más versátiles y celebradas del medio artístico brasileño a lo largo de casi 50 años.

De origen nordestino, José Wilker de Almeida nació en Juazeiro do Norte, Ceará, un 20 de agosto de 1947. Con apenas 13 años ya había encontrado su vocación mediática, y trabajaba como locutor de televisión en Recife. Luego llegaría a estudiar sociología y economía, sin terminar ninguna de las dos carreras, pero tales temas le proveyeron un conocimiento que luego le sería útil. Muy joven se vinculó como actor a grupos de teatro aficionado, y fue interpretando paulatinamente papeles de mayor envergadura, primero sobre las tablas, luego en el cine, y más tarde en la televisión, los tres medios que lo han convertido en uno de los intérpretes más populares del mundo.

Aunque comenzó su carrera cinematográfica en 1965, fue en los 70 cuando su desempeño alcanzó el primer y definitivo impulso, de proporciones mitológicas, luego de hilar papeles de gran popularidad como Tiradentes, en el filme histórico Os Inconfidentes (Joaquim Pedro de Andrade, 1972), en el cual Wilker interpreta al líder de un movimiento revolucionario que se rebeló contra el dominio colonial portugués. Pero si hablamos de éxito taquillero, se impone mencionar, y tal vez volver a ver, la siempre divertida, efervescente y sensual  Doña Flor y sus dos maridos (1976), que el actor protagoniza en el papel del juerguista post mortem Vadinho, figura principalísima en la construcción del humor en la comedia erótica y fantástica.

Después, sin que dejara de ser solicitado por el cine en proyectos de gran relieve la pequeña pantalla le confiere una popularidad solo comparable con  los astros de Hollywood, a través de telenovelas de evidentes méritos. Durante los últimos tres decenios, Wilker protagonzó al menos un culebrón de triunfo arrasador cada cinco o seis años. En 1985, Roque Santeiro; diez años después, La próxima víctima, seguida en 1999 por Suave veneno, y por Señora del destino en 2004. Y debe reconocerse que la inmensa popularidad del actor en Cuba se debe a estos u otros dramatizados televisivos.

Casi siempre al frente de telenovelas o miniseries de O Globo muy por encima de la media imperante en el seriado comercial (además de los varios títulos ya mencionados pueden añadirse Gabriela, JK, Renacer), Wilker fue siempre, y más que todo, un cinéfilo enardecido, coleccionista frenético de cine en video y DVD, y tal faceta le valió para escribir una columna semanal en el Jornal do Brasil, y para conducir programas televisivos y radiales donde se comentaban filmes, particularmente procedentes de Brasil.

Admirador de Laurence Olivier, Marlon Brando, Robert de Niro y Al Pacino, Wilker prefería, entre otros títulos, Citizen Kane, Ran, Un tranvía llamado deseo y Tierra en trance, mientras que la nómina de sus directores favoritos incluyó a Martin Scorcese, Stanley Kubrick, Akira Kurosawa, Brian de Palma, Federico Fellini, y su compatriota Carlos Diegues, cuyas películas han sido protagonizadas por el célebre nordestino con notable frecuencia.

Wilker pudo conformarse con el dinero, la fama y los papeles que le proporcionaba la televisión, pero se empeñó en mantenerse vinculado al mejor cine de su país.

Por solo mencionar algunos de los filmes programados en esta muestra debemos referirnos a El hombre de la capa negra (Sergio Rezende,1987) que también rompe con el esquema del Wilker pícaro, sensual y hedonista que acuñaron Doña Flor… y varias telenovelas. El filme narra la vida de Tenorio Cavalcanti, personaje célebre en el Río de Janeiro de los años 50 pues empuñó una ametralladora y se convirtió en una especie de justiciero capaz de defender a los pobres y de desafiar a los poderosos y corruptos de la alta sociedad carioca.

El director Rezende vuelve a dirigir a Wilker diez años después en La batalla de Canudos (1997) en la cual imprimió otro giro completo a su imagen de pícaro irresponsable cuando encarna otro personaje real, Antonio Conselheiro, que peregrinó por Brasil divulgando la palabra de Dios y prometiendo el reino del Señor en la tierra. La miseria y la esperanza logran que una legión de fieles le siga los pasos. En un lugar de Bahía se yergue Canudos, el pueblo que arropó el sueño de justicia, igualdad y fe de Conselheiro. Pero el gobierno comienza una gran campaña militar para acabar con la llamada Ciudad Santa. 

El compromiso de Wilker con las ideas de izquierdas quedó siempre claro. Está el testimonio de las películas antes mencionadas, numerosas declaraciones del actor, su admiración por Glauber Rocha, y varios otros gestos inequívocos.

 En 1984 le puso voz al documental Jango (de Silvio Tendler), que testimoniaba la trayectoria política de Joao Goulart, presidente del país depuesto por un golpe militar en 1964 luego de que adoptara medidas tan populares como el reparto de tierras agrícolas no utilizadas, la exigencia a las empresas multinacionales de invertir sus ganancias comerciales en Brasil, la reforma agraria masiva, y varias mejoras en el sector de la salud y la educación.

La muestra que ahora tenemos la suerte de apreciar olvida algunos papeles clásicos del actor, pero se refuerza en sus empeños más recientes y menos conocidos en Cuba. Están programadas, por ejemplo, El hombre del año (José Henrique Fonseca, 2003); María, madre del hijo de Dios (Moacyr Goes, 2003),  Rendentor (Claudio Torres, 2004) y El mayor amor del mundo (2006) que significó una nueva ocasión de trabajar junto al experimentado Carlos Diegues, uno de los orfebres del cinema novo brasileño y autor de grandes éxitos populares.  Diegues dirige O maior amor do mundo en tono de drama intimista con aspiraciones de sintetizar la historia reciente de su país, y Wilker aparece en una cuerda trágica en la cual el actor se movía con tanta comodidad como en la comedia romántica o burlesca.

La selección que ofrecerá la sala Charlot de la Cinemateca también incluye Canta María (Francisco Ramalho, 2006), Romance (Guel Arraes, 2008), Embarque inmediato (Allan Fiterman, 2009), El bien amado (Guel Arraes, 2010) y concluye con Giovanni Improtta (2013) la única película que el actor dirigió, y que cuenta la historia de un delincuente de poca monta de Río que desea ascender socialmente y legalizarse. Su deseo de convertirse en una celebridad le crea problemas de toda índole y provoca que sea acusado injustamente de un asesinato.

Totalmente distinto a su personaje de Giovanni Improtta, que interpretó no solo en la película mencionada sino también en la ya mencionada telenovela Señora del destino, Wilker siempre tuvo prestigio de actor serio, culto y de pocas palabras. El actor acostumbraba decir, con su típico racionalismo, que el único lugar donde la palabra éxito viene antes de trabajo es en el diccionario, porque no creía ni en la suerte ni en la casualidad ni en las prebendas de la fama, solo en el esfuerzo personal. A fuerza de autocrítico, siempre rechazó complacerse con cualquiera de sus propios trabajos en cine o televisión, pues para él todos resultaban torturantemente imperfectos. La muestra de La Habana demuestra su descomunal aporte al cine brasileño.

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