Cantores...

Leonardo García: la maravilla surge con mi voz

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

No te apresures al pedirme tus deseos,
la maravilla surge con mi voz,
pero no puedo ver mi rostro en el espejo,
yo soy el animal que no nació,
¡Pídeme lo que te falta en el fondo de tu corazón,
en el fondo de tu corazón!

Los amores se arremolinan y van a dar al centro de cada canción, como la angustia de quien sueña tocar la perfección de la belleza, no para sí, se quedaría con su reverso para entregártela completa, sin una mínima pena; se entrega todo, entre voz y guitarra para darte ese soplo de felicidad, tan raro en estos días: un soplo de intensa poesía. 

La felicidad tocará a la puerta y tú
tienes que aprender a reconocerla,

son esos momentos los que te dan la luz,
no dejes que la vida te pierda.

Te habla a ti, a mí, no sin cierta timidez, pero abierto, pleno, audaz; sin exhibirse, sin floreos, pero con la espesura del verso que fluye entre un aletear de acordes y los múltiples matices de su voz; siente que te hace falta su abrazo, de ahí su trovar; y su abrazo te estrecha, logra la salvación, o al menos el alivio; si Leonardo García está cantando estamos a salvo.

Precipitados probamos a naufragar,
juntamos palos y armamos una cabaña,

sembramos un trigal para escondernos
de los aventureros y sus perros.

Donde nos conocimos hay una balsa de verso y prosa
que flotará en el viento a salvo de los enemigos,
Donde nos despedimos hay una vereda que se levanta
y nos devuelve humanos, pero mucho más crecidos.

Imagen: La Jiribilla

Leonardo García Rodríguez nacido en Cienfuegos en 1975, es de Santa Clara por adopción, ya que nace su trovar en el ambiente de la peña La caña santa en la Universidad Central “Marta Abreu”; es uno de los más notables trovadores cubanos en la actualidad. Si bien no se conoce su obra como debiera ―ya sabemos que los medios masivos suelen excluir el arte auténtico, tan ocupados con la bazofia comercial globalizada― es venerado en ese circuito underground que busca la canción poética (o simplemente la canción, se le pone el apellido por el tsunami de canciones apócrifas que catastróficamente nos invaden por todos lados).

No he bebido tanto pero ya no sé, casi nada es cierto,
las luces en el corazón y una baja voz que sobrevive.
Todo está girando a mi alrededor.

Ha debido ser la velocidad con que sopla el tiempo,
la música colándose entre los cigarros y el murmullo,
y esta felicidad que va contaminando.

Leo García, como le llaman los amigos, es parte esencial de La Trovuntivitis, uno de los movimientos musicales más importantes de la canción cubana contemporánea. Un jueves de septiembre de 1997, ese mágico rincón de la vida bohemia de la Isla que es El Mejunje de Santa Clara, acogió a un grupo de trovadores de la Asociación Hermanos Saíz necesitados de un espacio para intercambiar con su público. El ángel de todo arte errante, sediento, marginado, que es Ramón Silverio, dijo “vengan que esta es su casa”, y desde entonces cada noche-madrugada de jueves se enferma ese Mejunje de Trovuntivitis, canciones que empinan cantores de allí y los que viajan del resto del país y de otros lares, buscando esa penumbra entre ruinas y árboles y grafitis, ese bar con su victrola y taburetes,  ese espacio donde cada ser humano es respetado, más allá de sus fachas, gustos, afinidades sexuales, ese espacio de la libertad.

La luna marca un rastro lento con su recorrido,
igual estuvo ayer, bajando por detrás de tu conversación,
abro las puertas al amor y no basta mirarte,
saltan mis manos fuera de control,
mensaje divino.

Vuelvo a los astros y soy natural,
¿qué menos por hacer si la vida nos canta?

Dicen que fue a Roly Berrío a quién se le ocurrió ponerle La Trovuntivitis, lo cual no es extraño, pues vive ensartando gracias poéticas. Los trovadores de aquella noche fueron con gafas oscuras para ocultar su conjuntivitis. Nombres como Alain Garrido, Diego Gutiérrez, Raúl Marchena y el legendario Trío Enserie (Raúl Cabrera, Levis Aliaga y Roly Berrío) están entre los iniciadores de esta peña que ha llegado a nuestros días, fortalecida como un movimiento musical que ha traído muchos otros trovadores. Michel Portela, Yaima Orozco, Yordan Romero, Irina González, Karel Fleites… y otros como Junior Navarrete y Ariel Barreiro, que sin ser de Villa Clara, han marcado el espacio sumando sus canciones.

Imagen: La Jiribilla

Una de las más grandes creadoras de la canción cubana, Marta Valdés, nos entrega en unas líneas las claves de este movimiento: “Han elegido, para hacerse reconocer, el llamativo nombre de La Trovuntivitis. Ellos componen, tocan instrumentos, tocan a solo, nos regalan preciosos trabajos cantados a varias voces. Su característica principal es ese cariño con que se dedican a animar la obra del otro”.

Más allá de las poéticas que distingue a cada trovador, es la interacción, el juego creativo, el descubrimiento-apoyo a lo que hace el otro, lo que da unidad a estos cantores.

La luna marca un rastro lento con su recorrido,
igual estuvo ayer, bajando por detrás de tu conversación,
abro las puertas al amor y no basta mirarte,
saltan mis manos fuera de control,
mensaje divino.

En su libro La vena del centro: trova santaclareña, su autor Alexis Castañeda, poeta y ensayista, parte de las andanzas mejunjeras desde su fundación, recorre la historia de La Trovuntivitis y la obra de quienes le han marcado en sus primeros 15 años. Recoge testimonios importantes como los de Marta Valdés, quien, además de esa gran trovadora que es, ejerce con su sabiduría, y sensibilidad escudriñadora, el arte de describir los procesos artísticos que tocan a las puertas de su espíritu. Sobre Leo, Marta escribió:  

“En medio de la efervescencia mayor que haya mostrado la trova a lo largo de medio siglo, saco a relucir a Leonardo García, el trovador villaclareño, cuyo lenguaje no cesa de impresionarme desde aquella noche en que, dormida frente al televisor, una voz delgada y una guitarra me despertaban con estas frases: «A menudo besarte detrás del tilo/me desaparece en el árbol contigo. El cantor del charco/ me mira y se pone a cantar/una parte del tango/ que no me he aprendido». La historia de mis andanzas en busca de ese autor y su obra arrojó nobles frutos: muy pronto sus amigos me hicieron llegar el material suficiente como para reafirmarme en la suposición de haber encontrado a un gran poeta, guitarrista, compositor y sabio cantor de sus propias creaciones. Escucho a Leonardo una y otra vez y respiro hondo porque hay música de la buena en su canción”.

Entonces oigo nacer la hierba muda,
como la música soy en tu cordura,
puedo llegar a tus costas, jinete de mar,
y navegarte bien.

El aguacero empezó como ninguno,
ya no me alcanza la voz con tanto ruido,
solo me salvan tus orcas, jinete de mar,
de este oscuro largo.

Imagen: La Jiribilla

Se me pierde en la memoria la fecha en que escuché por vez primera a Leo García, sería por los finales de los 90, sí recuerdo que fue en la sala de una casa (¿sería la suya?), y me parece que empezando una tarde; no puedo precisar si fue Dieguito Gutiérrez, o Alexis Castañeda o acaso Roly Berrío quien me llevó, lo que si tengo nítida es la sensación de quien tiene en sus manos una edición príncipe de un clásico literario de otros tiempos, o acaso del tiempo eterno que es el arte auténtico; esa sensación del hallazgo de un tesoro espiritual que uno teme hasta hojear; sus canciones ocupaban todos los silencios, cargando la atmósfera de ideas disímiles que te revuelcan la cabeza y te estrujan el pecho; serían acaso un par de horas en las que, entre algún que otro trago (de un “alcohol 90”, supongo), solo quería escuchar, que era crecer viviendo en esa otra dimensión que son sus canciones.

Suelo transitar por la llovizna retando al sol
sobre una calle lenta que abre sus piernas humedeciendo el olor.
Un canto humano ha desarmado las cadenas,
y mi palabra blanca te enseñará que soy gente buena.

Después de aquello nos encontramos en eventos como el Longina, en descargas diversas y en un disco muy especial donde le cantamos a José Martí, el CD Acabo de soñar de la Asociación Hermanos Saíz, con la EGREM, donde 14 trovadores musicalizamos textos del Maestro, y que, increíblemente, a pesar de ser un disco tan hermoso, apenas se le dio terminación, y mucho menos divulgación. La pieza de Leo “37 versos para una mujer”, tiene un texto en el que el trovador intercala sus versos con los de Martí, en armonía que solo un alma tallada con el humanismo de nuestro José Julián podría lograr.

Estoy velando la esquina
por donde pasan tus gatos,
se está quemando el arroz en la cocina.

Mi humanidad te respira
y entre el olor a tostado
se concentran los pecados de mi vida.

Hoy que llegué tan lejos
hasta el salón donde bailan
los caramelos largos que me faltan
y es que no hay encanto mayor
que escuchar los pies de tu corazón
cuando se acerca al mío.
“Aquí está el pecho, mujer,
Que ya sé que lo herirás:
¡Más grande debiera ser,
para que lo hirieses más!”

“Porque noto, alma torcida,
Que en mi pecho milagroso,
Mientras más honda la herida,
Es mi canto más hermoso”.

Leonardo García obtuvo premio de poesía en el concurso Gustavo Rodríguez In Memoriam del año 1999 con la obra “Dulce temporal”. Ha sido finalista en varias ediciones del concurso OTI, de la canción cubana y en el Concurso Adolfo Guzmán obtuvo el premio de orquestación con “Bailando en la telaraña” en el 2002 y en el 2003 gana mención como autor de la obra “Entre la luna y yo”, también fue finalista en el Adolfo Guzmán 2005 con la canción “Mar de sábado”, y en el 2007 su canción “Detrás del tilo” obtuvo el primer lugar en el evento.

Estamos ante un trovador que lleva la sencillez como bandera; sus conciertos, no son muchos, pero tocados por la perfección. Recuerdo especialmente su “A guitarra limpia” en el Centro Pablo de la Torriente, del que salió el CD De paso por el Sol, ganador del Premio Cubadisco 2008. Sobre otro memorable en Casa de las Américas en junio de 2012 Marta Valdés publicó en su sección Palabras de Cubadebate:

“Escribo y borro por cuarta o quinta vez aquello que intento dejar por escrito con la idea de fijar la mayor cantidad de sensaciones y conclusiones de cuantas nos llevamos a casa, este viernes 15 de junio, quienes asistimos al concierto del compositor, guitarrista, intérprete excepcional de sus propias obras que es el villaclareño Leonardo García. Hombre de trova pudiera decirse, hombre de arte de esos que nacen y se impulsan para siempre desde su propia exigencia y a partir del amor a todo y a todos que es ley de su esforzada manera de ser”.

Por si pasas hoy
debo estar alerta, debo estar alerta.
La tarde es mejor,
me subo a la cerca, me subo a la cerca.

Se ha acostumbrado el camino del barracón
a mi muda presencia,
el algarrobo me presta atención,
bendita paciencia.

Gracias al Centro Pablo, en noviembre de 2013, estuve con los trovadores Leonardo García y Marta Campos en la Argentina, para ser testigo de un encuentro muy especial de estos trovadores con una de las grandes cantoras de la América nuestra, Liliana Herrero. Ella los invitó a un concierto en el clásico teatro Cervantes de Buenos Aires. Leo hizo su sabrosa conga “A la rueda”, que puso a bailar y palmear al público, “Entre la locura y yo” y una interpretación para alucinar del clásico “Oración del remanso” de Jorge Fandermole, con doña Liliana.

En fecha reciente, el 13 de septiembre de este 2014, Leo nos regaló un concierto electrizante, en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Con el Indio en la guitarra, Pepo en el bajo y clarinete y el Mandy Ozuna en la percusión, transcurrieron casi dos horas de alto vuelo espiritual; estos músicos, más que acompañar a Leonardo García interpretaron con él, pues más allá del virtuosismo instrumental estaban las almas armonizando en función de ofrecerse al público; como si en cada pieza les fuera la vida. Ganas, necesidad de decir y escuchar, pues en conciertos tales, el público expresa desde su atención y se vuelve parte del sentido de las canciones. El trovador fue el amigo que se sienta a hablarle a uno de la vida, de su tiempo, de los hijos (el suyo, el mío, el que habita un cielo gris a diez mil kilómetros de aquí y que sentimos nuestros) de la Isla que va como un cocodrilo en medio de la tormenta.

Un nuevo mundo está naciendo ¡no te acerques!,
el caimán cuelga de su corazón,
están creciéndome las uñas y los dientes,
y no para ese tambor.

El falso techo descascarando,
el verdadero nos abandonó,
puede ser error pero sigue el agua subiendo
y el huracán no nos ennoblece,
puede ser error pero sigue el agua subiendo
y el huracán no nos ennoblece.

Imagen: La Jiribilla

Cada canción hurga en la vida, reclamando todos los amores, desafiando todos los dolores, desde los íntimos hasta los más sociales, nada humano (ni divino) le es ajeno al trovar de Leonardo García.

Yo salgo de una lámpara que no puedo frotar,
el humo se levanta en torbellino,
no soy el horizonte y sobrevivo,
¿Quién soy?, ya no sé quién soy.

Estamos ante un trovador de una mirada bien aguda y sincera, con un discurso filosófico, de gran carga poética, y esto nos llega desde la más plena sinceridad y un lirismo del más alto vuelo; su voz que alcanza tonos altos, vibrante, sin perder la firmeza del peleador infatigable contra inviernos, en un combate desigual por repartir luces a un amigo, a un compatriota, que parece ser todo necesitado de este mundo.

Pasa la gente del brazo de la situación,
los árboles se ríen de los caprichos del tiempo.
Este y oeste se pierden en contradicción
por un sano aguacero que salvará mis cultivos.

En este concierto de Bellas Artes, parecía que Leo cargaba la Isla en peso, con algún sueño roto, con los tiempos que nos llueven entre el mercado global y la necesidad de no perder la esencia del abrazo a los pobres de la tierra.

Títulos como “Pobre gente”, “La telaraña”, “El cocodrilo”, “Abajo la xenofobia”, “Emigro”, “A la rueda rueda”, “Cara o cruz”; “Sombra de mi nobleza” integraron las 17 canciones del concierto que nos ofreció.

Monto en el auto, ya casi termino,
sostengo la foto de algunos amigos,
comienzo a moverme, sopla la confianza en la ventana.
Pasan las últimas casas y el pueblo se pierde, detrás de los perros
las cercas me ladran
estallan mis ojos, las pupilas rotas me delatan.

Los tiempos se han vuelto duros,
Correr sin un sentido es intentar el sueño de vivir,
llevo el alma de abrigo, no debo detenerme a pensar,
no volveré la cabeza,
no quiero mirar.

Tras la interpretación de “Emigro” y como despedida, se acercó nuevamente al micrófono el trovador poeta y nos aclaró pícaramente: “Lo de emigrar es de Santa Clara hacia La Habana, jamás se me ocurriría irme a vivir a otro lugar”.

Y ciertamente, esté donde esté ―y creo que será difícil sacarlo de su concha hogareña de la que es tan intenso amante― Leo García ya no puede irse a ningún lugar que nos quede distante, una vez que se entra a su canto, vivimos transitando su enamorada ciudad, la de su verso y su voz aleteando entre los acordes de su guitarra, la ciudad donde se roza humanamente lo imposible.

 

Pobre gente

Autor: Leonardo García
 

Lluvia que no cesa,
viento que me moja,
inevitable el pan que salva y mata.

Lo posible invade,
lo imposible escapa,
maldita la razón que lo maltrata.

Tanta pobre gente que no ve que el futuro apremia,
buscando el pasado y su vejez, solo encuentra piedras.

Voto por pasar de moda,
ya en la esquina se acomoda la maravilla del mes que sobreviene.

Quiero encaramarme al juego de sofisticar lo nuevo,
parece una obsesión, pero me entrego.

Tanta pobre gente que no ve que el futuro apremia,
buscando el pasado y su vejez, solo encuentra piedras.

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