Retablo cubano para los títeres de Lorca

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Cuando salga este trabajo en Retablo abierto estaré de gira por Uruguay. Me voy con Teatro de Las Estaciones, del 1 al 5 de octubre, para participar en el 7mo Festival Internacional de Títeres de Maldonado, evento en el que estuve por vez primera en 2012 y que en esta nueva edición tengo el honor de ser parte de su equipo de curaduría.

¿Cómo negarse un titiritero cubano a celebrar en tierra charrúa los 80 años de la visita del poeta granadino Federico García Lorca a esa nación? Todavía los de la Isla, sentimos no haberlo disfrutado en su faceta apasionada por el arte retablo, pues durante su inolvidable viaje a nuestro país, en 1930, solo vino como conferencista, invitado por el Instituto Hispanoamericano para la Cultura. En esta parte del mundo, ese enorme privilegio les tocó a los argentinos que lo aplaudieron en 1934, durante la función extra del Retablillo de Don Cristóbal, que el poeta realizó en el Teatro Avenida, en Buenos Aires. El teatro de figuras profesional no existía en nuestro territorio, tan solo artistas populares que hacían sus artilugios y juegos titiriteros en plazas y parques, más algún que otro saltimbanqui del mundo que pasaba por nuestra tierra para sucumbir su éxito ante los atronadores aplausos del Teatro Alhambra y de otros coliseos que representaban comedias musicales y costumbristas.

El poeta y dramaturgo argentino Javier Villafañe, que lo conoció en persona en aquella famosa, recordada y definitoria función en el Avenida, se encargó de contar y reconocer desde su trabajo una de las mayores influencias sobre el teatro de muñecos de nuestra región. Por eso, 11 años después, ya estaba Federico derramando su poesía titeril entre nosotros. La Academia de Arte Dramático Municipal (ADAD), de La Habana, llevó a escena su Retablillo…, texto con que el poeta andaluz hace su entrada nacional en 1945, para regresar en 1949 a través del Grupo de Experimentación Libre (GEL), dirigido por el maestro Andrés Castro y con Vicente Revuelta, ese imprescindible hombre de nuestro teatro, como el pícaro y cornudo Don Cristóbal. En el público estaban los hermanos Pepe y Carucha Camejo. Tras la función en el llamado Palacio de los Yesistas, vino la inquebrantable decisión, se dedicarían para siempre al noble arte de la titiritería. Estos pioneros del teatro con figuras en el mapa nacional, a los que se suma en 1956 Pepe Carril, volvieron a homenajear a Lorca desde el Teatro Nacional de Guiñol, en 1962 y 1963, con sendas y reconocidas puestas en escena de El maleficio de la mariposa y Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín. El uruguayo Nicolás Loureiro, por esos mismos años, estrena en Cuba desde el Guiñol de Matanzas la pieza Quimera.

Imagen: La Jiribilla
El maleficio de la mariposa, Teatro Nacional de Guiñol
 

En 1964, el elenco del Guiñol Nacional, en su búsqueda de un teatro de arte para sus muñecos, da un nuevo paso en firme, estrenan la puesta Teatro breve de Federico García Lorca, bajo la dirección de la tríada dorada, arriesgándose con los diálogos imposibles El paseo de Buster Keaton y Quimera, dejando para la conclusión del montaje al Retablillo de Don Cristóbal, garantía de una eficaz e inolvidable comunicación con el público.

Pronto la saga lorquiana se derrama por todas partes y el muy joven director, diseñador y dramaturgo matancero René Fernández Santana estrena Los títeres de cachiporra con su grupo yumurino, valiéndose de la difícil técnica de varillas.Con ese autor llegó el cierre momentáneo en 1971, de una etapa del guiñol en la ciudad de los puentes, quedando en el aire un acariciado montaje del Amor de Don Perlimplín…, el cual pudo ver la luz en los finales de la década del 90, aunque ya en 1982 el inquieto creador del retablo realiza un especial montaje de La zapatera prodigiosa, donde mezclaba actores y muñecos.

Otras zapateras y retablillos inundan los grupos de las diferentes provincias, sucede en Camagüey, en Holguín y en Guantánamo. Con Teatro de Las Estaciones realicé en 1996, un espectáculo unipersonal inspirado en el cuento popular del folclor andaluz La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, el mismo que el autor representara en la sala de su casa en Granada para su hermanita Isabel, un Día de Reyes, de 1923. Las experiencias con esta producción tanto en México, Venezuela, República Dominicana, Italia, EE.UU. y España, me han permitido comprobar el efecto de la gracia de la oralidad andaluza mixturada con el sabor criollo. Como sucesos inolvidables me quedaron la función especial en el granadino Teatro Alhambra, en 1998, durante el centenario de Federico, y la ofrecida en la Huerta de San Vicente, la casa de veraneo de la familia Lorca, con la presencia de su sobrina Isabel aplaudiendo desde el público.

En 2009, Las Estaciones volvieron sobre la mágica personalidad de García Lorca, ahora con Federico de noche, un texto que obtuvo los principales premios y reconocimientos de varios concursos y festivales de nuestro país, escrito especialmente para nosotros por el poeta, crítico y dramaturgo Norge Espinosa. La infancia soñada del bardo, sus obsesiones de juventud, personajes como la madre y Salvador Dalí, más el ambiente onírico logrado por el diseño escénico de Zenén Calero y la música de Elvira Santiago, junto al trabajo de los actores, fueron nuestro mejor regalo para quien tanto nos ha ofrecido desde su obra literaria.

Imagen: La Jiribilla
Federico de noche. Teatro de Las Estaciones
 

Otras obras del poeta nacido en Fuentevaqueros, han subido a nuestras tablas y retablos en el siglo XXI, ya sea en su texto original o mediante apropiaciones libres sobre sus fábulas e historias. Teatro de Las Estaciones volverá en 2014 sobre ese legado artístico universal, lo haremos con El paseo de Buster Keaton, 50 años después de que fuera estrenado por el Teatro Nacional de Guiñol. Ese mundo surrealista y alucinante que protagoniza el cómico norteamericano del cine silente en medio de situaciones increíbles y absurdas que hablan de la vida, nos convoca y alienta para imaginar una nueva historia nacida del cosmos infinito de Federico, cuyo mundo delirante no ha dejado de inspirarnos a todos.

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