La ética ambiental y nosotros

Célida Valdés Menocal • La Habana, Cuba
 ...nuestra especie, y con ella cada uno de nuestros pueblos,
  se encuentran en un momento decisivo de su historia:
 o  cambia el curso de los acontecimientos o no
podría sobrevivir...

Fidel Castro
 

(…) Estos momentos históricos son de inapreciable valor para ubicarnos en el papel que cada ciudadano debe asumir por las condiciones de peligro en las cuales vivimos. Una de las formas de vencer la crisis es tomar las banderas de la ética, que posibilitará un proceso de concientización en toda la humanidad. Recabamos de una ética inteligente, prudente, orientada hacia la justa medida en relación con las circunstancias históricas, técnicas- científicas y sociales. Necesitamos una reflexión desde una ética global que analice el comportamiento moral del hombre, la doctrina filosófica sobre los valores y normas que han de regir nuestros proyectos y acciones. La crisis en la cual vivimos debe ser una oportunidad para dar una respuesta al reto que se nos impone. Significa la actitud reflexiva autocrítica.

Solo podremos lograr una verdadera ascensión humana si desplegamos en todos sus matices la posibilidad de que el hombre se convierta realmente en lo que es, la unidad de excelencia y creación, la unión de sentimiento y razón como nos indicó José Martí.

Imagen: La Jiribilla

Hace medio siglo el biólogo norteamericano Aldo Leopold (1887 - 1948), abogó por una conciencia ecológica que rigiera todos los aspectos de la relación del hombre con la naturaleza, asimismo se valió de su influencia como uno de los fundadores de la Wilderness Society para influir  en que el gobierno aprobara la protección de la primera reserva natural de América, situada en las fuentes del río Gila, en Nuevo México. Escribió A sand country almanac, que contiene su más  célebre ensayo "A land ethic", texto que dejó manuscrito a su muerte en 1948. Aquí, planteó lo imperioso de una ética del uso de recursos de la tierra. "Las primeras éticas han tratado  el tema  de las relaciones entre los individuos. La regla de oro ha sido tratar de integrar lo individual en lo social...Es como si aún no hubiera una ética que trate de las relaciones del individuo con la tierra y con los animales y plantas que crecen sobre ella... Nuestra relación con la tierra es aún estrictamente económica, entrañando privilegios, pero no obligaciones. La extensión de la ética a este tercer elemento del entorno humano... una posible evolución y una necesidad ecológica". Estas palabras muestran la postura de Leopold: la relación hombre-naturaleza debía estar regida tanto por sus sentimientos como por su sentido común, por su corazón como por su conocimiento, para que realmente fuera creativa y no destructiva. La vigencia de sus planteamientos es válida, a pesar del tiempo transcurrido pues recaba del esfuerzo mancomunado de todos con el fin de preservar y conservar nuestro entorno y estudiarlo en función de un todo común.

Continuando esta línea de pensamiento el Premio Nobel de la Paz, Albert Scheweitzer (1875-1965) popularizó la ética ambiental a través de un movimiento que respetara las cosas vivas, cuestionando los estilos de desenvolvimiento que atentarán la supervivencia del planeta. La ética no es un simple ejercicio gramatical, significa mucho más.

Con relación a la definición de Ética Ambiental, existen diversos criterios:

La economista india Devake Jain la define como sistema de valores humanos basados en hechos biofísicos, su prueba es la sobrevivencia del ecosistema humano.

La pedagoga venezolana Carmen García Guadilla la califica como un estilo de educación fundamentado racionalmente y que garantice la identidad.

La profesora colombiana Martha Quinceno la considera como la verdadera apropiación entre ecología y ciencia social y humana.

El ecologista mexicano Enrique Leff la sintetiza como el conjunto de principios y valores morales en las conductas humanas que establezca la autodeterminación y autoconfianza del individuo para conservar y mejorar la calidad ambiental y los recursos naturales.

Mi criterio es que la definición más completa es la de Leff en tanto determina desde el punto de vista ético, la actitud que debe asumir el individuo a través de un conjunto de principios y valores morales.

Al margen de otras definiciones sobre ética ambiental, proponemos la nuestra. La definimos como una rama de la Ética Aplicada que conduce autocríticamente a la formación de normas, principios y valores dirigidos a respetar, conservar y proteger la naturaleza.

Construir una ética ambiental presupone integrar el pensar y el sentir, lo individual y lo colectivo, es decir relacionar la sensibilidad con la razón, en la que se logre una verdadera apropiación entre el individuo y la naturaleza.

¿Se requiere la construcción de un nuevo paradigma moral? Sí, no es tan fácil, pero se puede y se debe. El primer paso consistiría en examinar y replantear los valores a considerar. Cambio de paradigma no significa necesariamente destrucción de los valores, sino más bien un cambio de valores:

  • de una ciencia amoral a una ciencia éticamente responsable,
  • de una tecnocracia dominadora del hombre a una tecnología al servicio del hombre más humano,
  • de una industria de impacto medioambiental a una industria que de acuerdo con la naturaleza, fomente los auténticos intereses y necesidades del hombre,
  • de una democracia formal a una democracia viva que garantice la libertad y la justicia,
  • no solo son condenas, sino elaborara proyectos, orientaciones y alternativas que pueden favorecer la existencia humana.(H. Kung)

Se trata realmente de asumir una posición de vanguardia, una posición revolucionaria que implique una clara conciencia de la situación en que vivimos y el respeto que debemos a todos. Asumir esa posición nos ayudará a entender qué debemos hacer y cómo lo debemos hacer.

Imagen: La Jiribilla

A partir de la crisis ecológica actual el hombre no puede seguir atacando a la naturaleza de la manera que lo ha hecho hasta el momento. Concebimos a la naturaleza como medio físico: animales, plantas, espacio natural, hábitat de la especie humana, y su relación con el hombre. No en el sentido de un biólogo, químico, geógrafo, etc. Sino en cuanto objeto moral desde una perspectiva filosófica. Si aceptamos la idea de que la naturaleza también es objeto moral, en tanto es ella misma un valor y sujeto de valores, debemos respetarla, al decir de Ramón Folch: "Ni expoliar, ni solamente proteger, sino utilizar y compartir, es imprescindible establecer nuevas normas, principios y valores en la relación hombre-naturaleza".

Por ello el papel de la ética ambiental tendente a motivar una conducta respetuosa con la naturaleza, fundada en normas morales que regulen el comportamiento humano. Desarrollar una sensibilidad ecológica sobre la base de una racionalidad social ambiental que permita la convivencia armónica hombre-naturaleza.

No se trata de establecer una nueva ética, sino de desarrollar en sus múltiples facetas la Ética Aplicada: Bioética, Ética Empresarial, etc. La ética ambiental operaría ampliando y adaptando los conceptos de la ética tradicional clásica y tomando asunto de las nuevas informaciones y conocimientos brindados por el avance en Biología y Ecología. Sería ampliar lo concerniente no solo al humano sino a todo el entorno.

En la actualidad el mundo vive uno de los momentos más terribles de crisis, que no sólo es económica, política, ideológica, en tanto las utopías han sufrido, una crisis de su entorno. La naturaleza se ha rebelado ante la actitud de los seres humanos. Necesitamos el despertar de todos los hombres del planeta.

La crisis ecológica nos conduce al criterio de que el desarrollo sin límites no es posible y que a la civilización técnico-industrial actual debe ponérsele coto, la sociedad consumista no puede seguir agrediendo nuestro entorno sin medida, sin fin, es un consumismo insolidario, con el cual se agrede a la naturaleza pero también al hombre mismo.

Quiere decir que la idea de desarrollo y progreso no puede significar degradación de la naturaleza, despilfarro, contaminación, etc., por eso hay que cambiar el paradigma de valores y las virtudes. Desarrollar la solidaridad entre todos como virtud esencial y primaria es la tarea colosal.

El valor-guía para el pensar y el actuar moral de nuestros días, es el de la solidaridad. Se habla de una solidaridad que abarca a los seres humanos que tienen limitadas sus posibilidades de acceso a los beneficios de la cultura y la técnica, a las sociedades humanas condenadas a un subdesarrollo que hace posible el desarrollo de los fuertes, el norte, a  las generaciones que habitarán este planeta en el futuro y tienen derecho a una calidad de vida digna, a la biodiversidad genética, a los flujos vitales de los ecosistemas de la Tierra, a sus ciclos, su equilibrio y su soporte físico, que es, todo ello, lo que hace posible la vida en general y la vida humana en particular. Una solidaridad, por tanto, que engloba a toda la realidad circundante, al Planeta Azul.

Imagen: La Jiribilla

Entender la solidaridad como una comunidad integrada por los humanos y su medio; conectar el mundo de la ciencia y la tecnología, del arte, de la política, de la economía y de la moral con el mundo de la vida, es decir con el mundo cotidiano de los hombres, seres morales, que deciden sus modos de vivir y convivir. La solidaridad como valor-guía y exigencia de la humanidad permite replantear el "orden de las cosas" desde el "orden de la libertad". Su realización implica un compromiso personal, en el sentido universal-humanista.

La responsabilidad solidaria no puede identificarse con la de ser gerente o administrador sino con ser humanizador. Quiere decir que surge de una consideración de la persona en su integridad y de las implicaciones que ello conlleva. Es exigente, porque no reduce al ser humano a ninguna dimensión cuantitativa o instrumental. Se trataría de aquella que nace de la buena voluntad y de la generosidad más sincera y sana. Aquella en la que todo ser humano y natural es un fin en sí.

Una ética solidaria será, por consiguiente, un ethos activo, de compromiso responsable y sobriamente imaginativo, un modo de vivir en plenitud, que responsablemente recorra el camino de la verdadera solidaridad.

Estas ideas suponen un planteamiento ético importante: concebir la Tierra como espacio vital de todos los seres que han de compartir y disfrutar sus bienes, lo que equivale a pensar el problema no en términos de "hombre - naturaleza", sino en términos de "hombre en la naturaleza".

Una ética ambiental es una ética global, que concibe al ser humano como integrado en un medio en el que comparte su vida con otras especies y con un sustrato físico que soporta y hace posible esa misma vida. Se mira no solo a la casa humana sino a la casa universal, a la casa planetaria.

El hombre necesita de bienestar, felicidad, pero estos aspectos no pueden entenderse a partir del consumismo sino que debe primar el interés por proteger y preservar la naturaleza, desarrollar la vida y el placer para todos. Los hombres de hoy asumimos una responsabilidad con las futuras generaciones. Degradar la naturaleza implica un hecho de insolidaridad e injusticia con la propia especie humana.

Tenemos deberes ecológicos que cumplir, que implican prudencia, templanza, tolerancia, preservación y protección que proporcionen una racionalidad social ambiental donde se borre el prisma cultural imperante de expoliación. La tarea de orden es desarrollar la cultura de paz y solidaridad.

La ética ambiental propugna y se fundamenta en la necesidad de establecer valores ambientalistas para desarrollar una conducta racional que implique una conciencia ambiental en la que la naturaleza no se considere un objeto instrumental solamente, sino que es también un agente y un sujeto moral, por tanto posee dignidad y hay que apreciarla.

Los valores ambientalistas no pueden ser últimos, ni olvidados. Hay que asumir una visión ambientalista donde se tenga en cuenta la solidaridad y la responsabilidad como valores claves en el desarrollo de una ética ambiental compensatoria ya que al decir de Gómez Heras: "... la naturaleza está a la espera de que el hombre le devuelva el encanto perdido al ser desvestida de sus mitos".

Legitimar la ética ambiental no es tarea fácil. Las diversas posiciones, las críticas y la falta de consenso ponen en evidencia la situación de que hay que estudiar y analizar fuertemente este paradigma. Está claro de que es necesaria la presencia dentro de la ética aplicada de esta variante, pues es la que nos permitirá precisar cómo resolver en uno de sus momentos la crisis ecológica imperante. Los desequilibrios provocados por la acción irracional del hombre en función de lograr bienes para sí, hay que ponerle límites. Renovar los contenidos del mundo moral existente por un mundo moral ecológicamente sustentable. Todos seremos beneficiados, ahora y por siempre.

Abogamos por una regeneración moral de los valores con el fin de lograr verdaderamente una equidad social, pretendemos a través de la ética ambiental el proceso de sustentabilidad de todo nuestro entorno, incluyendo al hombre mismo.

La ética es la que debe reconciliar la ecología y la economía, la moral y la eficacia, la calidad y el crecimiento, la naturaleza y el beneficio. El respeto al entorno, no supone el no desarrollo, sino, al contrario, es la transformación verde.

La ética ambiental propone la búsqueda prudente en la relación "mundo" y "asuntos". Los valores a desarrollar deben estar encaminados a compatibilizar la eficacia, la expansión, la gestión y la comunicación. No se elimina el reino de los fines, se impone el diálogo solidario.

Por lo explicado anteriormente es necesaria la aparición de la ética ambiental que establezca una serie de principios, basados en los puntos centrales de la ética como disciplina filosófica, pero que tendrá que fundamentar lo necesario de su aplicación a las condiciones nuevas de avance científico-tecnológico y de un uso irracional del medio ambiente (…).

Es evidente que si los hombres son cuidadores del planeta, desarrollarán una forma de pensar y sentir la naturaleza para vivir en armonía  y satisfacer las necesidades actuales y futuras (…).
 

Bibliografía
  1. Casado, Santos y Montes, Carlos. ¿Qué es ecología? Revista ARBOR. Revista General de Investigaciones y Cultura, marzo, 1994.
  2. Castro, Fidel. Mensaje a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, Brasil, junio, 1992. Suplemento del periódico Granma.
  3. Folch, Ramón. ¿Qué lo hermoso sea poderoso? Editorial Alfa Fulla, Barcelona, 1990.
  4. Fung, Thalia y Delgado, Carlos. Ecología y Sociedad. Estudios. Editorial CENIC, Ciudad de la Habana, 1996.
  5. Martín Sosa, Nicolás. La educación ambiental, Salamanca, 1998.
 
Versión del texto incluido en la Selección de lecturas. Ecología y sociedad, compilado y coordinado por la autora. Editorial Félix Varela, La Habana, 2006.

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