Ernesto Pérez Zambrano

Un cineasta que filma,
para y por, las personas

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

El primer material que pude ver de Ernesto Pérez Zambrano fue Universo miniatura: Las caobas. Ya desde el año 2008 descubrí un realizador preocupado por el feminismo, por los distintos roles de géneros que desempeñamos en la sociedad, además de un profundo respeto por el ambiente en donde viven sus personajes, respeto que se traduce en ética.

Cuando se conversa con Pérez Zambrano se percibe la intención de aprehender todo conocimiento válido del mundo. A menudo suele recordar en sus entrevistas, que muchos de sus trabajos han sido por encargo. Ante tal franqueza asombra acercarse a su obra y ver la coherencia que se logra entre el pedido de sus “clientes” y su propio pensar.

Ciudadanía, medio ambiente, responsabilidad social, son algunos conceptos que se dejan ver en esta entrevista, pero solo unas pocas ideas porque la verdadera riqueza intelectual de este realizador yace en sus obras.

Desde el mismo nombre que escogiste para tu productora, Contrahegemoní@s, hay una declaración de principios, ¿cómo engarza esta con aquellos documentales que has trabajado por encargo?

Contrahegemoní@s es un sueño, pues no existe legalmente, pues las productoras autónomas no están legalizadas. La mayoría son más bien etiquetas que los realizadores y las realizadoras les ponemos, para asumir una identidad o una propuesta. Surgió en 2008 cuando estábamos terminando Grandes Ligas, que fue la tesis de graduación de mis editores y mía. Esta idea surge cuando terminábamos de editar y veíamos que siempre se ponía como un nombre, más bien fue como una propuesta para provocar, quizá.

Grandes Ligas no es un encargo, fue un proyecto de tesis que estaba bien enraizado, que teníamos muy claro lo que queríamos hacer en nuestra obra creativa, que tiene que ver con el feminismo, la apuesta por transgredir los límites del patriarcado y visibilizar estos sujetos transgresores. También que denunciara esa hegemonía de clases, de razas, de culturas, del etnocentrismo y esa fue nuestra propuesta.

Con relación a los trabajos por encargo te puedo decir que los hemos asumido porque es la manera más fácil de poder trabajar; la manera más fácil de tener acceso a recursos para poder filmar, que siempre es un ejercicio muy importante y bueno, también de sobrevivir. Grandes Ligas, nos abrió la puerta a instituciones, ONGs, proyectos y amistades que trabajan estos temas de género. Lo bueno es que en ciertos sectores se logra que tengan una visibilidad importante, pero en otros se convierten en temas políticamente correctos, o sea se habla mucho de género, pero se habla poco de feminismo, de esa militancia contra el patriarcado.

Imagen: La Jiribilla

Grandes… nos posibilitó hacer Madre la tierra y Universo Miniatura: Las caobas, los cuales parten del mismo proyecto por encargo del Programa de Innovación Agropecuaria Local, que entre sus ejes de trabajo tiene el tema de género. A nosotros nos encargan específicamente estos documentales para visibilizar el impacto de la transversalización del género dentro del programa hasta ese momento. No vimos una contradicción en asumir como Contrahegomoní@s este encargo, si bien siempre hay que lidiar con las personas que nos lo piden,  no vimos ninguna discrepancia en esto pues  era afines con nuestros intereses como realizadores y realizadoras. No era algo que estaba alejado, ni presuponía una contradicción abierta a lo que nosotros creemos.

Tenemos como metodología de trabajo acercarnos a la institución, negociar con ellos, pedir que nos dejen un tiempo para investigar, si es necesario, y se puede hacer convivencia y presentarles un proyecto de documental, partiendo de ítems o de las cuestiones que a ellos les interesa.

Sabemos que hay límites claros que a nosotros no nos interesa cruzar, pues más allá del encargo, somos ciudadanos y ciudadanas que tenemos un compromiso con lo que hacemos, con la obra, con las comunidades.

Las Terrazas: Boceto de un paraíso, lo hicimos con el ICAIC, era la oportunidad de trabajar con la institución, yo hice el servicio social allí. Tampoco ahí encontramos grandes contradicciones, pues yo asumo al ICAIC que tengo por dentro, que es el que sembró semillas importantes en la documentalística cubana como proyecto cultural y social. Y que si bien podemos revisarlo críticamente, tiene pautas importantes con las cuales nosotros comulgamos. Este era un proyecto que nos parecía interesante porque se relacionaba con inquietudes que nosotros teníamos como los proyectos de desarrollo local, sobre el que habíamos pensado hacer una investigación para después filmar un documental y la vida quiso que nos llegara por parte del ICAIC.

En estos últimos documentales el ambiente, la ruralidad son protagonistas y así lo demuestran y lo apoyan la propuesta estética de la fotografía y el sonido. Coméntame sobre esto.

Aunque he trabajado con varias especialistas en la fotografía y en el sonido, los editores son los mismos (Mariam Quintana Hernández; Carlos  Pérez de las Cagigas). A mí me gusta mucho el trabajo en equipo, debatir cuáles son las ideas, los conceptos de los que estamos hablando y dejar que el equipo aporte, de manera incluso improvisada a la hora de estar en la filmación.

Para estos documentales hay que partir de que si bien vivimos en un país que no es muy grande, que las diferencias étnicas nos son extremadamente marcadas como en otros lugares, evidentemente el tempo de la ciudad, no es el mismo que el de la vida fuera de La Habana.

Me interesan mucho las ciencias sociales, sobre todo la antropología y la utilización de herramientas como el audiovisual en función de la misma y viceversa, esos vínculos me interesan mucho. Esa comprensión más holística de la realidad es la que me lleva a tener inquietudes en las maneras de representar ese otro universo, que no es el mío y trato entonces de percatarme de esos latidos de las comunidades. La idea de la sinestesia es la que me gusta proponer con la imagen, con el sonido, con todos los recursos del audiovisual, todo lo que nosotros estamos palpando en el momento de la filmación.

Imagen: La Jiribilla

La idea también es asumir esos espacios como metáforas de las relaciones humanas y de las mismas con el entorno. Y que eso pueda hacer reflexionar, no solo informativamente sobre lo que está ocurriendo en el momento, sino que el espectador pueda verlo como una metáfora de relaciones más globales. Siempre digo que el documental o el cine en general es una ventana que se abre para que la gente tenga una idea en relación con otros mundos.

Evidentemente tienes una concepción del cine y del arte en general con una función social, ¿cómo se ha producido este convencimiento en ti, de forma natural o por estudios?

Creo que de ambas. Yo tengo inquietudes políticas y sociales desde niño y me gusta ver las ciencias sociales y el audiovisual no como departamentos estancos, sino como materias interrelacionadas, una visión interdisciplinaria y también holística de la vida y el mundo, incluyendo la espiritualidad, y eso lo tenía antes de dedicarme al audiovisual.

Llego al audiovisual por muchas razones y eso no lo dejé detrás, como en mis obras ya no puedo dejar atrás el enfoque de género, ni el feminismo. Son aspectos o cuestiones que he ido incorporando, ya sea por la experiencia de vida y esta misma experiencia me llevó a ponerle nombre a esas inquietudes.

También me llevaron a acercarme a especialistas, entre los cuales te puedo mencionar al Doctor Julio César González Pagés, a la profesora Danae C. Diéguez, la periodista Helen Hernández Hormilla, los cuales han sido muy importantes porque con ellos adquirí una visión mucho más profunda y completa de estos asuntos. Son todas esas experiencias, tanto formativas como vivenciales las que me han llevado a realizar estos proyectos. El público ve el resultado de la obra pero yo me quedo con el proceso. Lo más importante para mí es el viaje, ya el destino lo comparto tratando de que sea como una bitácora de navegación.

Creo que también poseo un compromiso con el lenguaje, del cual debo tener un dominio, porque no hago nada siendo un mal documentalista con buenas intenciones y que nadie lo vea, que no comunique, que no cuente una historia, que es también al final el objetivo del arte, epatar, golpear ese lado inconsciente del ser humano. Pero evidentemente tengo ese compromiso social que tiene que ver con mi compromiso ciudadano: yo quiero vivir en una sociedad mejor, en un mundo mejor, en un país mejor, eso a mí me queda muy claro; y si desde este espacio que es el audiovisual puedo hacer algo, lo voy a intentar.

Imagen: La Jiribilla

Las intenciones que te propones en cada material quedan muy bien reflejadas, no solo visualmente sino desde los testimonios de tus personajes, ¿coméntame cómo se produce la entrevista en la filmación?

La entrevista es uno de los recursos que más uso en mis documentales, también el cine-encuesta que son herramientas que me gustan. A mí me da mucho placer poder entrevistar, conversar con esa persona y hacerlo lo más distendidamente posible. Ahora para llegar a concebir esa entrevista uno tiene que andar un camino que cree un rapport y un compromiso con tus personajes, sobre todo con aquellas personas con las que estás trabajando y con las que de pronto puede haber una comunión de intereses.

Como realizador asumo que mi obra no es objetiva en tanto, yo tengo un punto de vista y una posición ideológica ante ese asunto, y me parcializo.

Captar la imagen, el sonido de esa persona, las palabras que me dice, es una gran responsabilidad. Uno no puede filmar a nadie a la ligera, no puede robarle el alma a nadie a la ligera, no puede poner sus palabras en un lugar y editarla a la ligera, es una responsabilidad saber por qué lo estás haciendo. También tenemos que tener ese compromiso humano porque es lo que más nos importa en ese momento. Esa transparencia con el interlocutor es la que te permite acercarte a su historia de vida y que haya una organicidad en lo que está diciendo.

Incluso estoy pensando en hacer documentales que incluyan la participación de esos personajes desde el propio guion, acompañar los procesos desde que nacen, para captar esa evolución.

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