Howard Farber: el coleccionista que se divierte con el arte cubano

Mabel Machado • La Habana, Cuba
Miércoles, 8 de Octubre y 2014 (2:34 pm)

Cuarenta años en el coleccionismo de arte puede considerarse bastante tiempo si se revisa la incipiente trayectoria de quienes ahora abarrotan las subastas y ferias de arte contemporáneo. El norteamericano Howard Farber se precia de la experiencia acumulada en ese lapso, que le ha permitido ir siempre un paso por delante con respecto a un gran número de compradores de todas las regiones del mundo.

En la actualidad, una buena parte de las piezas que estremecen el mercado con precios millonarios provienen de Asia, una región en la cual Farber se interesó durante una década aproximadamente, cuando solo un puñado de coleccionistas avistaba allí posibilidades de éxito. El arte contemporáneo chino, con sus referencias políticas, la expresión de las tradiciones milenarias y la asunción de algunos códigos de la cultura occidental, es ahora tan codiciado como la relevancia social que buscan los nuevos ricos de ese país devenidos coleccionistas privados.

En 2007, antes de que se disparase la crisis financiera internacional y al mismo tiempo en que China ganaba cada vez más visibilidad como potencia económica, Farber vendió sus piezas de arte chino contemporáneo y logró obtener de ellas excelentes dividendos, que le permitirían después iniciar una colección de arte cubano que hoy ronda las 250 obras.

China se convirtió en el flavor of the month por aquel entonces”, dice el coleccionista cuando empieza a justificar ante la grabadora el giro radical que decidió enfrentar en aquella etapa.

 “Todo el mundo comenzó a querer visitar el país, hacer negocios allí, las revistas empezaron a incluir cabezales que decían `1 300 millones de consumidores están listos para usted´. Esto fue bueno para mí, porque una pintura que costaba 15 mil USD en 2004 llegó a venderse en más de un millón. Yo tenía algunas de las piezas de ese arte contemporáneo chino que de repente se disparó hacia arriba. Estaba muy feliz por eso, pero en 2001 viajé a Cuba con el Museo Metropolitano de Nueva York y poco a poco aquello dejó de interesarme”.

Imagen: La Jiribilla

En ese viaje, Farber y su esposa Patricia quedaron fascinados por el arte cubano, pero no compraron ni una sola pieza. “Estaba muy implicado con China”, reconoce el coleccionista, quien se llevó luego el récord en Phillips como el dueño individual con más éxito internacional al vender una colección completa de arte contemporáneo de ese país asiático. “El arte chino empezó a convertirse en algo menos divertido, porque los artistas se volvieron demasiado serios con el ascenso de los precios de sus obras”.

El giro hacia Cuba

Tras su visita a Cuba, la pareja empezó a comunicarse con asiduidad con el curador Abelardo Mena, quien les facilitó los contactos para comenzar a comprar en la Isla. Las primeras piezas que tuvieron los Farber fueron pequeños dibujos de Kcho y Los Carpinteros.

“Entonces dije let´s go, ayúdame a conformar una colección, una colección seria. Seguí la misma fórmula que utilicé con el arte chino: compré obras de los inicios. Los inicios en mi colección de arte norteamericano se remontaban a 1908, pero en el caso de China las primeras obras se ubicaban en 1989. Con Cuba me propuse buscar en la producción de los 80, antes del Período especial. Abelardo, quien tiene un ojo excelente, comenzó a enviarme imágenes y discutimos intensamente. Nunca antes me había divertido tanto”, relata el coleccionista.

A Howard Farber le gusta hacerse la idea de que él mismo es un museo, por la manera en que escoge las piezas que compra. Es importante para él que en su colección exista un sentido de continuidad que refleje los valores históricos del arte cubano: “No es una colección común de pinturas que todavía están secándose. Si me gusta el artista, intento tener piezas que muestren los progresos en su trabajo. Cuando contactamos a un creador, preguntamos por sus trabajos más tempranos; muchos de ellos se han resistido un poco a venderlos y cuando consienten, por lo general ponen precios muy altos. He pagado por las obras lo que me han pedido, porque sé que esta es mi última oportunidad de adquirir un pedazo de historia de la historia del arte contemporáneo”.

La Biblia de Farber es el libro New art from Cuba, del investigador y crítico Luis Camnitzer. “Mi objetivo ha sido comprar la mayor cantidad de obras posible de las que se encuentran en ese libro”, confiesa, y acto seguido su colaborador en la Isla, Abelardo, añade que ya el norteamericano posee más de la mitad de las piezas que se mencionan en ese texto.

¿Por qué confía en la visión de Camnitzer?, le pregunto a Farber, quien se toma un segundo para beber un sorbo de refresco de cola (dietético), como lo haría en medio del calor de Cuba cualquier otro buen estadounidense.   

-Me he dado cuenta de que tenemos un gusto similar en cuestiones de arte, y si no entiendo algo lo chequeo con otra persona. Si no termino de comprender alguna idea, no me decido a comprar la obra que veo. Pero he logrado tener las que más me han gustado entre las que están en el libro, y estoy muy contento por ello. Ese libro ha tenido un valor muy instrumental para mí, pues me ha ayudado a desarrollar mi “ojo”.

Comenta el coleccionista que algunas de las discusiones que ha tenido con Abelardo son consecuencia de la frustración de aquel por empujarlo a expandir su mente y ver otras cosas fuera de lo que está en ese libro. Pero ahora ambos han visitado la exposición de videos Las otras narraciones, que se exhibe en el Centro Wifredo Lam, y Farber ha quedado estupefacto.

“Como coleccionista tomé la decisión hace años de no coleccionar video arte, porque por muchas razones uno debe confiar en el artista. Ellos dicen que hicieron una cantidad de copias limitadas, pero eso uno no lo sabe. Pero lo que vi hace unos días aquí me hizo pensar en que eso no debe importar a veces. Es muy creativo y estoy considerando a partir de ello dar un nuevo paso con la colección. Es la nueva Cuba, son las nuevas fuerzas creativas de otros artistas que emergen; son artistas que siempre están intentando romper barreras, tratando de ir hacia adelante”.

Más que cifras

Howard Farber vive entre Nueva York y South Beach y tiene las obras de artistas cubanos, distribuidas hasta donde es posible en ambos lugares. Como son tantas, no encuentra suficiente espacio para colgarlas todas y mantiene almacenadas algunas de ellas. Con frecuencia las intercambia, las rota por las paredes de sus dos residencias para poder apreciar “arte fresco”.

Tras 14 años coleccionando arte contemporáneo cubano y observando cómo otros compradores se interesan por él, el coleccionista norteamericano sigue defendiendo la idea de que la cantidad en arte no es importante, sino la calidad. “No me importa el número de obras que poseo, porque sé de algunos que tienen 600 obras y yo no colgaría ni una sola de ellas. Cuando vendí mis pinturas norteamericanas solo tenía seis, porque solía cambiar varias para obtener una sola, ahora todas están en museos. Entre las piezas de arte cubano que tengo, el porcentaje de obras valiosas es muy alto”.

“Para coleccionistas que ahora compran arte cubano contemporáneo -continúa Farber-, el secreto mejor escondido es que este tipo de arte existe, porque la mayoría de los coleccionistas en el mundo no están familiarizados con lo que sucede aquí, ellos probablemente conocen uno o dos nombres”.

¿Por qué si tenemos una historia cultural tan rica, un gran movimiento artístico e incluso una bienal de arte desde los años 80, el arte cubano continúa siendo un “secreto bien guardado”? -insisto, previendo que Farber tocará de una vez el tema de la situación económica y política de la Isla.

-Es una pregunta delicada- responde. Desde que comencé a adquirir arte cubano he defendido mi postura como coleccionista y no como político. No estoy de acuerdo o en desacuerdo con nada de lo que se dice en política, simplemente amo el arte. El problema es que otras bienales tienen más fondos. Venecia se mantiene en la cima, porque es sencillo viajar hasta allí, sobre todo para los norteamericanos. Una gran parte de la audiencia de coleccionistas proviene de Estados Unidos. Lo que sucede en Art Basel en Miami es increíble, las personas hacen fila delante de la puerta. 

“Pero, por lo que he escuchado, los fondos para la bienal cubana son escasos. Además, Cuba tiene otros asuntos con los cuales lidiar para los que también necesita dinero. Yo uso mucho un lema que me permite hacer una parábola con lo que sucede aquí: todo el mundo sabe en su pueblo dónde está la iglesia, pero cuando la iglesia hace sonar sus campanas los domingos, la gente va hacia ella. Si no se hace sonar la campana en un país sobre un evento como la bienal, es muy difícil que las personas se interesen por ella. Para los estadounidenses, además, es muy difícil venir hasta aquí; no obstante, tenemos la esperanza de que la situación cambie. Cuando esto suceda, seguramente la bienal cubana será el evento de arte más importante del hemisferio norte”. 

To spread the word

Este es otro de los lemas de Farber, quien también formó una fundación para ayudar a la cultura cubana. A través de ella han venido al país prestigiosos bailarines y músicos norteamericanos, se han otorgado fondos para residencias de artistas y financiamiento para la realización de obras como el documental Unfinished spaces, sobre el Instituto Superior de Arte, premiado en Sundance. 

Este 2014 el sitio web Cuban Art News, formado también por idea del matrimonio Farber, cumple cinco años de ofrecer noticias sobre la cultura cubana en español e inglés. El portal recibe visitas de más de 115 países y ha sacado a la luz unos cinco mil artículos. “Esto ha sido muy exitoso, porque yo no puedo dedicarme a comparar arte a cada minuto y el sitio me mantiene muy ocupado”, señala el norteamericano.

“Este año -agrega- anunciamos también nuestros premios, que hemos creado con la idea de devolver, de retribuir a los artistas que han llenado mi vida y por ser los mejores con los que he tratado. Hay algo en los artistas cubanos que los hace totalmente diferentes al resto: su sentido del país, de la lealtad, y además la manera en que se ayudan unos a otros. Si alguien tiene una presentación en una galería, sus amigos vienen a colaborar con él; yo nunca había visto eso antes, no podía imaginar que eso pasara. Los cubanos son fabulosos”. 

Hace apenas una semana el coleccionista se reunió con otra de las figuras que se han mostrado más interesadas en el arte cubano recientemente, la coleccionista Ela Fontanals, una de las cabezas visibles de la Fundación CIFO. “Creo que los coleccionistas son valientes, que han tenido fe al invertir dinero y que además aprecian el trabajo, lo cual es la primera y más importante razón en todo esto. No he visto especulación alrededor de la compraventa de arte cubano. Eso puede venir, pero el mercado real está basado en los coleccionistas y es necesario que existan muchos de ellos para que ese mercado se mueva”.

“El país está cambiando, las cosas están cambiando, Cuba está cambiando para siempre y pienso que va a existir un gran mercado para su arte en el futuro. Espero poder verlo. Todas las personas que he conocido quieren lo mismo, desean el éxito para el arte cubano contemporáneo”.

“Lo que sucede es que los galeristas han comenzado a tantear, pero no han dado todavía saltos definitivos. Eso puede venir con la ayuda de la prensa, con una mayor promoción. En eso estoy yo, pero soy solo una persona y no puedo comprar cada obra o construir un museo, sino que trato de que la gente se acerque a estas obras, porque son importantes, porque la cultura cubana es importante y pertenece al mundo. Pero lo que no se promueve se olvida rápidamente, así que debe existir una mayor dedicación a ello. Al mismo tiempo entiendo que en Cuba hay muchas cosas por hacer, el gobierno tiene muchos asuntos entre manos, y ciertamente es difícil lograr un equilibrio para garantizarlo todo”.

El mercado del lujo

Aunque remota para Cuba, la explosión actual en las ventas es un fenómeno que atraviesa incluso los propios discursos del arte contemporáneo. Con el ascenso de los precios de las obras y el aumento en la cantidad de compradores, el mercado del arte genera más de 50 mil millones de dólares anuales. Farber observa con recelo este panorama y encuentra difícil tener que ofrecer una opinión al respecto. 

“Acá no incluimos todavía al arte cubano. Existe una especulación a niveles tremendos, impulsada por personas que no saben nada y a las que no les importa el arte. Hay quienes tienen una casa en París o en Los Ángeles, van a una exposición y se encuentran con una pintura azul, creen que esa pintura azul se verá espectacular encima de su sofá y la compran aunque cueste millones de dólares. Esas personas, que en su mayoría son coleccionistas con muy poca experiencia, no están `haciendo la tarea´”. 

“Para conocer realmente el arte se necesita ir a los museos, leer libros, observar imágenes. Entonces uno puede comprar lo que le gusta, pero aun así puede ser una obra mala, se necesita un poco de gusto. Con frecuencia uno se encuentra obras en subasta que han sido incluidas allí por una cuestión puramente financiera. Las personas que compran arte ahora solo buscan ganar más dinero a partir de su dinero. Si pueden ganar algo invirtiendo en un campo que es más o menos seguro, entonces lo hacen. Las obras de Andy Warhol se venden ahora sobre los 40 millones, las de Francis Bacon en más de 70 y cada vez que los coleccionistas entran a una galería piensan en lo que puede costar una obra”. 

“Están apostando, además, tremendas cantidades de dinero en artistas que comenzaron a darse a conocer un par de meses atrás, que no tienen un récord, que nunca han hecho una exposición y los manipulan a su antojo. No estoy de acuerdo con esto; en mi opinión, los precios de las obras deben ascender lentamente”. 

¿Cree que esto pueda pasarle al arte cubano?

“El arte cubano no está arriba todavía en el mercado -aclara el coleccionista. El artista número uno de China ha ganado 24 millones de dólares por una pintura, lo cual no se compara con lo que hoy puede pedir un artista por sus obras en Cuba”. 

“Los chinos comenzaron a comprar arte muy recientemente. Los súper ricos no solo compran arte, sino que forman museos, lo cual es muy bueno. No obstante, estamos hablando de unas pocas personas todavía. Por otro lado, las personas que han hecho que los precios del arte chino se disparen no son nativos, sino de otros lugares del mundo”. 

“El arte cubano puede ir hacia arriba, pero necesita de gente de otros lugares, y este es un lugar de difícil acceso para algunas personas; para los estadounidenses es casi imposible. Es caro venir y toma tiempo, pero cuando las personas ven el arte cubano se dan cuenta inmediatamente de que aquí hay gemas muy subvaloradas en comparación con el resto del mercado”. 

“Mi trabajo es hacer a los coleccionistas despertar con respecto a Cuba”, ha dicho Farber en varios momentos de este diálogo y lo repite ahora al redondear sus ideas. 

-¿Por qué tiene tanto valor para usted la cultura de mi país?- le suelto al fin, sin esperar nada menos que otro gesto amable de su parte. 

“Por la honestidad -contesta-. Y porque la cultura cubana es real... me faltan las palabras para poder explicarlo. Es aquí donde más me he divertido coleccionado arte. Cuando deje de divertirme te llamaré”. 

Fuente: Cubacontemporánea

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