Manuel de la Cruz: 96 años de mármol

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

El 10 de octubre de 1918 se develaba en la conocida intersección de Prado y Neptuno, un busto en mármol, aún hoy en actitud de plantar cara al tiempo y también a la indiferencia de muchos, que pasan y lo recuerdan apenas, como el lugar inmortalizado por la picaresca de un chachachá.

Imagen: La Jiribilla

La inauguración servía aquel 10 de octubre —hace 96 años— para homenajear al ilustre escritor, historiador, periodista y patriota Manuel de la Cruz (1861-1896), quien no siendo uno de los “hombres del 68”, sin embargo supo, como pocos, analizar las personalidades y los contextos de aquella épica gloriosa y contradictoria.

Max Henríquez Ureña, en su obra Panorama Histórico de la Literatura Cubana lo califica de hombre con «fino espíritu crítico», aunque en su tiempo se le achacara un estilo arbitrario e incorrecto, «porque jugaba con las palabras y las obligaba a desviarse a veces de su significado».

A la prosa de Manuel de la Cruz le veían problemas de estilística, entonces poco estudiados. «Era el momento —advierte Henríquez Ureña— en que, bajo la inspiración de José Martí, la prosa española, trabajada con arte, seguía un proceso de transformación y renovación, que tenía repercusión en toda América».

Imagen: La Jiribilla

Con poco más de 20 años y luego de un largo viaje por Europa, empezó a escribir para las publicaciones La Habana Elegante, la Revista de Cuba y El Fígaro, además de servir como corresponsal literario de La Nación, de Buenos Aires.

Muchos ponderaron su investigación titulada Reseña histórica del movimiento literario en la isla de Cuba, realizada a pedido del editor argentino Francisco Laggomaggiore, quien se propuso publicar en 1890 un compendio bajo la advocación América Literaria.

De la Cruz asumió su parte «con juicios penetrantes y seguros dentro su extrema concisión», para recorrer, en unas 100 páginas, el proceso de las letras cubanas de 1790 a 1890. Sin embargo, fueron sus Cromitos cubanos y sobre todo sus Episodios de la Revolución Cubana los que dieron la trascendencia dentro de las letras nacionales, la historiografía y el compromiso de intelectual patriota.

Se asegura que siempre abrigó la esperanza de escribir la biografía de Ignacio Agramonte, uno de los grandes del 68 y durante varios años se dedicó a recopilar material para la misma, pero nunca fue encontrado dentro de su papelería trabajo semejante.

Sus hijos se dieron a la tarea de publicar póstumamente toda su obra con la anuencia de José María Chacón y Calvo, el editor elegido. La propuesta inicial era de ocho volúmenes, el último dedicado a la figura de Agramonte, pero el material encontrado no fue suficiente.

Los siete libros salidos a la luz se llamarían Estudios literarios; La Visión del valle, narraciones; Literatura cubana; Episodios de la Revolución Cubana; Cromitos cubanos, Crítica y filosofía y finalmente Estudios históricos.

Al estallar la guerra del 68, de La Cruz tenía siete años, sin embargo, en su niñez debió haber tenido suficiente referencias de primera mano como para apasionarse por la historia de aquella época, reflejados después en buena parte de su obra.

Además de poner su literatura al servicio de la revolución, sirvió como correo secreto en 1894, cuando se fue al oriente cubano a llevar documentación a Guillermón Moncada y a otros importantes jefes del mambisado, de parte de Juan Gualberto Gómez y con vistas a la preparación de la guerra del 95.

En la emigración revolucionaria y activa de Nueva York y como parte de la redacción del periódico Patria le sorprendería la muerte, con solo 35 años.

Imagen: La Jiribilla

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