Opiniones de un cronista cómplice

Lorca y los títeres: motivaciones para un festival en Uruguay

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

I

30 de septiembre, Montevideo

He vuelto al Uruguay, del 30 de septiembre al 5 de octubre del presente año, para participar en el 7mo Festival Internacional de Títeres de Maldonado. El evento ha crecido desde su edición anterior en muchos aspectos. Constatar que esta fiesta de muñecos y público se puede convertir en algo más, es la confirmación de la posibilidad de recuperar espacios, conquistar otros, soñar con que todo puede ser superior en sus diferentes propósitos. Esto lo dejó muy en claro el lanzamiento del festival en Montevideo, acogido por la hermosa sede del Instituto Nacional de Artes Escénicas, y con la asistencia de las más altas autoridades culturales, comprometidas con esta cita que dinamita sus propios límites geográficos para convertirse en puente hacia el mundo.

Acreditar allí profesionalmente a titiriteros uruguayos de la estatura de Javier Peraza y Ausonia Conde, de Títeres Cachiporra, de la capital, y a Gustavo (Tato) Martínez y Raquel Ditchekenian, del Museo Vivo del Títere y Teatro Girasol, en Maldonado, fue un acto de justicia y esperanza para con estos maestros que acumulan varios años de experiencia y consagración al oficio.

Esta séptima edición celebró los 80 años de la visita de Federico García Lorca al Uruguay (1934-2014), pero el festival amplió ese período e invitó a los otros países de Las Américas (EE.UU., Cuba y Argentina) que formaron parte del mítico recorrido del poeta a partir de 1929. España, su nación de origen, no quedó fuera, y fue esa línea de ruta, trazada desde los retablos y la escena, motivo de conocimiento y disfrute para todos. Cerca de una docena de grupos nacionales plantaron bandera junto a los colectivos extranjeros, además de las propuestas teóricas y prácticas tan necesarias para el desarrollo social y cultural de artistas y espectadores.

II

1 de octubre, Maldonado

Atractivísimas en la inauguración, fueron las incitaciones lorquianas de la Escuela Departamental de Danza de Maldonado, a través de bailes y canciones populares andaluzas marcadas por la inspiración y la investigación del poeta, las cuales fueron secundadas por la exposición Guantes y fotografías, montada en la Sala Manolo Lima, de la Casa de Cultura, y organizada por la Carrera de Diseño de la Cátedra de Transformación del Objeto y Materiales de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático, conducida por Analía Brum. Hermosas creaciones artesanales que dicen mucho de lo que se cocina a fuego lento en aulas y talleres de esa institución docente, bajo la sabia guía de quienes asumen el teatro de figuras como arte y diversión indisolublemente unidas. El inicio quedó inteligentemente concluido con la representación de Circo de sombras, un espectáculo de pantomima visual, antológico en la trayectoria de Títeres Cachiporra, auténtica expresión de una continuidad familiar y del compromiso establecido por ellos con la profesión titiritera hace más de 40 años.

III

2 de octubre, Maldonado

Dentro de la amplia programación ofrecida a través de un catálogo, cuya ilustración principal firmó el diseñador cubano Zenén Calero, no todo lo  pudo ver este cronista, pero de lo contemplado entre funciones y coloquios, ya sea en la Casa de Cultura o el Teatro Cantegril, de Punta del Este, comentaré a vuelo de pájaro y con los deseos de haber podido contar y advertir mucho más.

Q! Títeres, una compañía uruguaya-brasileña, que anteriormente (en la 6ta edición de 2012) pudimos aplaudir con cuidadosos trabajos en miniatura, encaminó esta vez su labor teatral hacia el gran formato. El fin del mundo es un trabajo aún en proceso y revisión, como ellos mismos lo reconocen, que promete mucho más de lo que propone, con sus enormes y atractivos muñecos. Luz negra y teatro negro son las técnicas elegidas para hablar de muerte y vida en el planeta; atractivo tema que a nivel de puesta en escena, dramaturgia y animación precisa, ya lo expresé, de algunos ajustes. Ese mismo día en la tarde y noche, nos tocó a los de Teatro de Las Estaciones, ofrecer nuestros montajes. El unipersonal La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, basado en un cuento popular andaluz que adaptara, en 1923, García Lorca y el montaje en proceso El irrepresentable paseo de Buster Keaton, versión libre de uno de los diálogos lorquianos, considerados por el mismo autor como imposibles. Las dos producciones fueron tan distintas, como positivamente recibidas por los que asistieron libremente o invitados por el festival. Lo más interesante para mí fue el debate establecido entre artistas y participantes acerca del surrealismo, el teatro de objetos y el legado escénico del poeta granadino en la actualidad.

Entre obra y obra de Las Estaciones, mi coterránea Yanisbel Martínez, actualmente integrante de la compañía andaluza Etcétera, ofreció en la Escuela Ramírez, espacio para los eventos teóricos y prácticos, la conferencia “Falla, Lorca, Lanz. Las experiencias titiriteras granadinas”, una interesantísima y autorizada revisitación de la función organizada por estos grandes artistas españoles, el 6 de enero de 1923, en la casa del propio poeta, en Granada.

IV

3 de octubre, Maldonado-Punta del Este

El Teatro SEA, de Nueva York, liderado por el inquieto portorriqueño Manuel Morán e integrado por actores y técnicos de México, Dominicana, Colombia, EE.UU. y Puerto Rico, ofreció una impresionante y especial versión espectacular del texto lorquiano Los títeres de cachiporra, antecedido por una deliciosa y breve escena cachiporrera interpretada en el vestíbulo del Teatro Cantegril por Harvey Padilla. Escribo impresionado por el despliegue visual a nivel cromático de la escenografía y los vestuarios que remedaban una caja de implementos de costura, más la participación en vivo del maestro Nilkos Andreas en la interpretación de la música y efectos de toda la representación; y subrayo especialmente el riesgo elegido tanto por Luis Dorrego, el director artístico original del montaje, como por Morán, en el replanteo actual, al asumir la mezcla de actores y títeres en interacción sobre el retablo,concebidos en dimensiones diferentes: menudas las de las figuras y enormes por la misma constitución física de los seres humanos, las de los actores, ataviados además con pelucas, maquillajes y una gestualidad esperpéntica. Por suerte el elenco de SEA, encabezado por el propio Morán, histriónico y total, sorteó el posible escollo con una interpretación magistral a cargo de Mario Mattei, Indra Palomo, Jesús Martínez y Jorge Castilla.

En la tarde, el grupo nacional Aquí nomás propuso una interesante aproximación al universo infantil desde el texto Ana quería ser muñeca. Actores frescos en su ejecución dramática, remedan entre artefactos escenográficos y objetos de grandes dimensiones, la infancia vista a través de conflictos, deseos y angustias que dejan en el público más preguntas que respuestas. En la sección vespertina ocurrió también la mesa teórica acerca de la presencia de Lorca en EE.UU., Cuba y Uruguay, con el Director de la Unidad de Patrimonio de Maldonado, Gabriel Di Leone, el ya mencionado Manuel Morán y un servidor. Las intervenciones generaron posteriormente varias reflexiones y oportunos debates.

Cerró el programa nocturno el grupo Libertablas, de Buenos Aires, Argentina. Aleluya erótica, se nombra la versión del actor, dramaturgo y director Luis Rivera López, sobre la pieza original de Federico Amor de Don Perlimplin con Belisa en su jardín. Si algo admiro de los trabajos de este colectivo, es que aún con la madurez de sus montajes, consolidados artísticamente en todas sus aristas, son producciones que siempre tienen una hendidura de inquietud y vitalidad que nos hace pensar en que mostrará el próximo espectáculo de su reconocida marca. Firmada la puesta en escena por el incansable Sergio Rower, la defensa de la trama fue confiada a los experimentados Mónica Felippa y Luis Rivera, sencillamente admirables en sus respectivas interpretaciones actorales y titiriteras, sabiamente apoyadas por la música de Naya Ledesma y con un acento de asombro en la dirección de arte de Alejandro Mateo, que si bien exhibió una acertada e indiscutible plástica en las escenografías, luces y vestuarios, dejó abierta una interrogante mayúscula en la disímil concepción visual de los muñecos; expresivos y texturizados los duendes y con aspecto onírico, casi al borde de la extrañeza los personajes principales, con los ojos totalmente cerrados. Magia la del teatro de poner en contradicción cuestiones estéticas de unos y de otros, los que abogaron por la intensidad explicita de unos ojos abiertos y palpitantes, y los que así mismo se complacieron con la sugerencia plástica de una mirada interior, casi soñada.

V

4 de octubre, Maldonado

Tropo, una tormenta, dos amigos, una aventura, así se titula el espectáculo de la Compañía de Títeres Coriolis, de La Ovidio Titers Band. Debo decir que de entre lo visto presentado por los uruguayos en el evento, aparte de constatar el vigor de agrupaciones madres como Cachiporra y Girasol, siempre profesionales y eficaces, fue este el hecho teatral que más me motivó a tejer mil y una elucubraciones teóricas. No sé si ellos serán conscientes o no del límpido aire que soplan con su trabajo sobre el actual movimiento titeril nacional, pero deberían pensar seriamente en ir a por más. La fuerza creativa que muestran en esta producción, tiene sello de futuro y la muestra de un inmenso talento para la realización titiritera. Meritorias las actuaciones de los animadores, la visualidad y la sonoridad, como traducción de jóvenes que llevan dentro de sí un universo aún por salir con toda la potencia de su dimensión. Por trabajar todavía, la desmedida enunciación de los textos, atropellados unos por otros, al ser defendidos con el empuje de las maravillosas Cecilia Bruzzone y Maru Fernández, pero necesitados de entenderse para seguir cabalmente una hermosa y original historia, que precisa más de condensación que de atomización, por aquello de seguir con atención la línea de la trama con todas las sorpresas visuales e imaginativas que nos proponen.

Fin del lazo de representaciones y opciones prácticas de la jornada, fueron el taller de animación impartido por el maestro Javier Peraza, donde no pude estar, y la presentación del singular espectáculo-conferencia El alma del pueblo, de Títeres Etcétera. Ya he escrito anteriormente acerca del valor de una representación como esta, alejada de los lindes que definen los géneros escénicos ¿Dónde colocar un montaje que bien pudiera realizarse en el aula magna de una universidad para catedráticos, en el ámbito de una sesión teórica de formación artística o sencillamente ante niños o adultos interesados en saber el cómo, por qué y para qué hacemos teatro de figuras? Son preguntas que sobrevuelan las cabezas adaptadas a obras convencionales en su concepción; pero para eso están los festivales, como diría Enrique Lanz, director de esta compañía que acumula más de 30 años, los cuales deberían ser ese espacio de opciones diferentes y extraordinarias, que incluyen lo mismo la presentación de un libro, un documental, una exposición, una clase magistral, que un montaje en proceso, además de las ya conocidas ofertas tradicionales.

Fiesta y convivio marcaron este día, tan largo como inolvidable.

VI

5 de octubre, Maldonado

Y llegó el día más triste, resumen de los anteriores en cuanto a discusiones, diálogos, visionajes, reflexiones y constatación del cariño y responsabilidad con que el equipo realizador y organizador tejió todo el programa del festival. Siento que el aplauso mayor debe ser para ellos: Gladys, Susana, Nicolás, María Esther, los choferes, los hoteles, el restaurant, los espacios teatrales con sus técnicos, las autoridades, ¡qué alegría ver como dos titiriteros más a Marie Claire o Di Leone en casi todas las actividades! ¿Y que decir de Tato y Raquel, de cuya gestión humana, social y cultural, no se tiene todavía una real dimensión?

Pues cerró todo con títeres, por supuesto. La presentación de Anima Circus, estuvo a cargo de La loca compañía, que no está tan loca en su afán de llevar lo mejor de sí a cada quien. El espectáculo, trasladado de su ambiente callejero a la sala, mantuvo el afán sorpresivo y grandilocuente de los diferentes números circenses, con un plus conseguido en los momentos de mayor ironía y sátira sobre la fantasía de esta manifestación; por ejemplo el momento del lanzador de cuchillos o los simpáticos y activos trillizos, homenaje tácito al maestro francés Genty, entre otros. Los integrantes del conjunto dirigido por Jorge Hirigoyen, poseen carisma y todo lo necesario para acometer dignamente una puesta en escena con muñecos y clowns actorales, por tanto es imprescindible revisar cada hueco de tiempo en la dinámica del show, que debe vivir como vive el arte del circo, inspirador de la fábula mostrada, una perenne admiración visual, donde no cabe ninguna repetición de números parecidos en cuanto a su técnica de animación, ni las salidas por el mismo sitio del jefe de pista, pues existen una y mil formas de aparecer, como corresponde a la inquietud ancestral de los muñecos, que viven por y para la acción y el movimiento, sea este de un tiempo lírico o festivo, como es el caso.

Los muñecos gigantes de la Fábrica de cultura no pudieron recorrer en la clausura, como se proyectó, la central Plaza de San Fernando, la alerta meteorológica lo impidió. Pero los organizadores no dejaron de replantearse la cuestión, y para alegrar a los presentes el desfile tuvo lugar en los alrededores de la Casa de Cultura.Tonalidades y formas alucinantes en goma espuma fueron nacidas de la ilusión mayor: convertir a Maldonado en el paraje donde caben los mayores sueños, sobre todo, el de rescatar, mantener y desarrollar el teatro de títeres, como ámbito ideal de las mejores utopías de los seres humanos.

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