Literatura

Diario de un plan

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Dos periodistas argentinos, Stella Calloni y Miguel Bonasso, a través de sendos libros (Operación Cóndor y Diario de un clandestino) ofrecen testimonios propios y de colegas, resultados de investigaciones y análisis de primera mano de lo que sería denominado Operativo Cóndor, una de las historias más crueles y perversas de nuestro continente, como bien señala en el prólogo al libro de Calloni el Premio Nobel de la Paz, el también argentino Adolfo Pérez Esquivel. El espanto de conocer detalles del  programa que ocasionó solo en el Cono Sur de América más de 50 mil desaparecidos, provoca no solo repugnancia y desprecio, sino la necesidad de insistir en la denuncia permanente de los horrores llevados a cabo en los años del miedo.

Imagen: La Jiribilla

Muchos de los nombres que aparecen en estos dos libros son conocidos en Cuba, ya sean escritores, periodistas, sacerdotes o dirigentes de izquierda. En Operación Cóndor (Ed. Ciencias Sociales, 2005), Stella demuestra el siniestro entramado de la organización multinacional del crimen, que abarcó Brasil, Argentina, Paraguay, Chile, Perú y Uruguay, en momentos en los que la represión no tenía límites ni fronteras. Un terrible recorrido por la sombra que produjo el vuelo de este cóndor descomunal nos lleva, como en un viaje deshumanizado, por Río de Janeiro, Buenos Aires, Asunción, Santiago de Chile, Lima, Montevideo, hasta que en el último capítulo del libro, la última escala, aparecen los documentos desclasificados que no dejan lugar a la duda de quién estuvo siempre tras los hilos que manejaron las marionetas del poder.  

Bonasso, en un minucioso relato de su propia militancia, describe los avatares personales y de su organización, desde junio de 1970, (la primera página de su diario, situado en Argentina) hasta el final de su pública integración al llamado MPM (Movimiento Peronista Montonero), en la Nicaragua de 1980, en vísperas de exiliarse en  México. Diario de un clandestino, que obtuvo el Premio de narrativa José María Arguedas en 2002, fue publicado ese mismo año por el Fondo Editorial Casa de las Américas.

El libro, fuertemente signado por la verosimilitud que otorga el testimonio, resulta, además, una obra literaria de considerable valía. Escrito con destreza, con oficio, con humor (a pesar de la tenebrosa realidad que narra), el diario se convierte en una novela de suspense que no podemos dejar de leer, a la vez que funciona como documento histórico irrefutable. La historia de su país, con ese complicado capítulo que es el peronismo, aparece reseñada no desde las márgenes de un estudioso sino desde las entrañas de un protagonista. El proceso de integración y de ruptura con medios de prensa que resultaron fundidos en otros, o que tomaron rumbos distintos a los iniciales, es descrito con entusiasmo o decepción, según sea el caso. Dos entrañables nombres de amigos suyos, que también lo eran (y son) de Cuba, el poeta y periodista Francisco Urondo, y el narrador y también periodista Rodolfo Walsh, presentes en las más de 300 páginas del diario, nos conmueve, por decir lo menos. Bajo el pseudónimo Ortiz, Urondo,  militante hasta el final de su vida, fue asesinado en junio de 1976, y Bonasso supo la trágica noticia por boca de Vicky Walsh, la hija del periodista Rodolfo, la luchadora que cayó en enero de 1977 (“peleó como una leona en la calle Corro y le dio una lección de dignidad a los militares argentinos, al dispararse un tiro delante de ellos, cuando se le acabaron las municiones”) [1]. El autor de Operación Masacre, de ¿Quién mató a Rosendo?, entre otros libros, que había hecho pública su Carta a la Junta Militar al año de instaurarse la dictadura,  el 24 de marzo de 1977, murió baleado un día después, cuando se cumplían dos meses de la pérdida de su hija. Tanto Rodolfo Walsh como Francisco (Paco) Urondo, vinculados a nuestro país gracias a Casa de las Américas, son figuras queridas y reconocidas por el público cubano. Con prólogo de Leonardo Padura, el Fondo Editorial de dicha institución, publicó en 2006 el libro Aquello no se olvidó, y esto tampoco se olvidará, de Walsh.

La demostración del alcance que tuvo el Plan Cóndor en la persecución, tortura y asesinato de militantes de izquierda latinoamericanos, en esa coordinación criminal y pavorosa donde se alinearon las dictaduras, puede encontrarse en una aparentemente trivial página del diario de Miguel Bonasso, fechada el 8 de abril de 1977, en momentos en que él y su familia son enviados  a Uruguay: “¡Ya está! Ya pasamos por los dientes del tigre y ahora estamos en un hotel de Montevideo. Todavía no podemos cantar victoria porque estos hijos de puta están todos conectados y desde el punto de vista represivo Uruguay parece una provincia argentina”. [2]  Más adelante, durante una estancia del autor en Madrid, en septiembre de 1978, cuenta el diario: “esta tarde me voy a encontrar con el hombre que regresó de la muerte” (p.303) [3], refiriéndose al combatiente Jaime Dri, uno de los dos hombres que logró escapar de la espantosa ESMA (Escuela de la Mecánica de la Armada), lugar de detención y tortura ubicado en Buenos Aires, adonde fue conducido desde Uruguay, apresado.

La referencia a los militares, a los terribles captores de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), a los miembros del SIDE (Servicio de Inteligencia del Ejército argentino) , a los paramilitares, y a toda la maquinaria que funcionó en el imperdonable juego de la masacre colectiva, Bonasso la resume como “los horribles”, llevándonos otra vez al ambiente de tensión que ya había dejado plasmado su coterránea Luisa Valenzuela en su excelente libro de relatos Aquí pasan cosas raras, publicado en 1975.

Una vez más se demuestra que a través de obras literarias, ya sea bajo la forma de narrativa ficcional, de testimonio, de documentación histórica, es posible recrear ámbitos lejanos en términos de tiempo, pero agazapados entre las tinieblas de la ignorancia real o ficticia, esa que convenientemente acecha, y manipula los acontecimientos. Podrá gustar o no la lectura de este tipo de creación artística, pero indudablemente la literatura,  espejo que dimensiona tragedias, estará siempre ahí, testigo mudo de historias que no deben repetirse jamás.


[1] Bonasso, Miguel. Diario de un clandestino. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2002,  p.256.
[2] Bonasso, Miguel. Diario de un clandestino. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2002,  p.259.
[3]  Bonasso, Miguel. Diario de un clandestino. Fondo Editorial Casa de las Américas, 2002, p.303.

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