Armonía milenaria de Camagüey
a La Habana

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

Uno de los mayores privilegios para cualquier músico es que la vida lo premie con la oportunidad de tocar frente a una figura excelsa de la música cubana en el siglo XX; una personalidad que en no pocas ocasiones he oído calificar por varios expertos como “el más grande”.

Cuando en el 2013 la Orquesta Angklung del Conservatorio de Música “José White” de Camagüey interpretó sus singulares sonoridades en el Museo Nacional de Bellas Artes, el maestro Leo Brouwer se acercó a su director Eugenio Amado Silva, lo felicitó por la exclusividad del trabajo realizado y le brindó algunos consejos y sugerencias para nuevas armonías.

Imagen: La Jiribilla

Quizá Silva no imaginó que un año después sería invitado a formar parte de la nómina de artistas del VI Festival Leo Brouwer de Música de Cámara. “Pienso que la invitación partió de esa actuación. Evidentemente, a Leo le agradó lo que estábamos haciendo y las particularidades de nuestra orquesta, única de su tipo en Cuba. Estar en este festival es muy importante para nosotros, por la diversidad y calidad que lo ha acompañado siempre, al reunir en un espectro abarcador a gran cantidad de artistas de primer nivel y ofrecer, a su vez, la posibilidad de participar a otros menos conocidos. Así se abren muchas puertas y se impulsa el contacto entre los diferentes participantes, ambos elementos esenciales para el desarrollo de la música en un país”.

La originalidad y atractivo que caracterizan a la orquesta camagüeyana radica en las melodías logradas a partir del milenario instrumento que le da nombre: el angklung. Fabricado enteramente de bambú, es originario de Indonesia y su existencia data de más de 1500 años. La historia registra que solía ser utilizado por los campesinos en los arrozales durante el tiempo de descanso y para animar las festividades en las aldeas. En 2010, la Unesco declaró al angklung Patrimonio Cultural Intangible.

“No es un instrumento que se fabrica industrialmente sino de forma artesanal”, explica Silva. “Es muy popular en Indonesia, tanto, que se usa en la Enseñanza de la Educación Musical. El tamaño y la afinación de los angklunes varía: mientras más grande, más grave y mientras más pequeño, más agudo. Un aspecto muy importante es que cada instrumento por sí solo no es nada: la colectividad, la disciplina y la compenetración de uno y otro es lo que produce una resultante favorable. Si no hay una armonía entre todos, no se logra ese sonido paradisiaco, como lo llaman los indonesios”.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué circunstancias propiciaron la llegada a Cuba de un instrumento tan peculiar y lejano para la creación de una orquesta dedicada completamente a su ejecución?

El angklung fue donado por la Embajada de Indonesia al Conservatorio José White en octubre de 2006 como resultado de un proyecto de cooperación entre el gobierno indonesio y la Asamblea Provincial del Poder Popular de Camagüey.

Yo soy profesor de percusión, y comencé a trabajar de forma experimental en los inicios junto a los alumnos con un instrumento que no conocíamos. El juego de angklunes que nos donaron estaba acompañado de un folleto sobre sus características, pero no contamos con ninguna persona que nos enseñara a tocarlo.

Interactuamos con el instrumento y ya en diciembre tocábamos dos obras: “Guantanamera” y “Cultivo una rosa blanca”. Como cada angklung tenía una nota, para fusionarlas todas era un problema; la orquesta contaba con más de 30 integrantes y cada alumno ejecutaba una o dos notas.

En abril de 2007, la Embajada de Indonesia nos invita a presentarnos en La Habana frente a ellos en el Salón Embajadores del Hotel Habana Libre el 22 de junio, lo cual fue todo un reto. Nos dijeron que teníamos 45 minutos de música y era mucho tiempo para algo experimental, pero se logró armar el espectáculo. Nos acompañaron bailarines de la Academia de Artes Vicentina de la Torre y tocamos un vals de Gabriel de la Torre, “Guantanamera” y “Cultivo una rosa blanca”, y ellos bailaron todo. Allí nos encontramos con una orquesta de angklung originaria de Indonesia que venía de una gira por México y conformamos un espectáculo cultural precioso. Tocamos por separado y luego juntos con el tema “Corazón espinado”.

En 2008, la Embajada me solicita que instruya en el manejo del instrumento a varias escuelas con el nombre de República de Indonesia: unas están en Martí y Jagüey Grande, Matanzas, y la otra en Guanajay, Artemisa. Comencé a escribir unos apuntes que fui ampliando hasta crear un libro para que ellos trabajaran: El angklung, teoría y práctica musical, que actualmente es la bibliografía fundamental para quienes deseen conocerlo y aprender a tocarlo.

En ese año, iniciamos también la experiencia de reducir la cantidad de músicos, porque 36 miembros era demasiado. En 2010 finalmente nos quedamos con 12 integrantes, porque ya los estudiantes empiezan a ganar habilidades y destreza para manejar de cuatro a siete angklunes, cuando al inicio manejaban solo uno o dos. En Camagüey siempre tratamos de que sean hasta 20 miembros, pensando en que se gradúan y es necesario garantizar el relevo.

Imagen: La Jiribilla

Angklung indonesio con acento cubano

Debido a la exclusividad que distingue a la orquesta, sus integrantes son llamados continuamente para ofrecer conciertos en múltiples eventos y regiones de todo el país. Aunque los arreglos musicales son realizados por su director, Silva confiesa que siempre los pone a disposición de sus alumnos para posibles cambios y arreglos: “La orquesta es como una familia y todo el mundo aporta”.

De Angklung se destaca por su habilidad y rapidez. Muchos de los músicos que oyen sus ejecuciones se preguntan y buscan quién está haciendo la melodía: “Ellos se vuelven locos tratando de encontrar de dónde sale la sonoridad, porque no hay instrumentos de viento, pero la armonía de la melodía la ejecuta todo el mundo en conjunto, por tanto, viene de todas partes”.

En relación al repertorio, Silva subraya su solidez y enriquecimiento a lo largo de los años: “Es muy variado: en estos momentos tenemos más de 60 obras arregladas. Lo mismo hacemos música tradicional cubana con esa voz particular del instrumento como temas internacionales, desde lo clásico hasta lo popular y contemporáneo, incluso música originaria de Indonesia, con más de 20 obras. Concebimos un espectro muy amplio que utilizamos dependiendo de a quién y dónde vamos a tocar”.

En este sentido, sobresalen composiciones de Guido López Gavilán, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, José White, y de la inspiración del propio profesor Silva, la melodía “Rítmica en Re Mayor”, así como las conocidas piezas “Dulce embeleso”, de Miguel Matamoros; “Amorosa guajira”, de Jorge González Allué, y “Si llego a besarte”, de Luis Casas Romero.

“Al Festival Leo Brouwer venimos con diez muchachas: una toca el contrabajo y las otras nueve los angklunes. Nuestro programa abarca la música tradicional cubana (Sindo Garay, Matamoros), una obra de Lecuona, temas conocidos internacionalmente como “The Way We Were”, de Barbra Streisand y “Bésame mucho”, de Consuelo Velázquez; algo de Leo también, pero con la sonoridad característica del angklung. Incluimos otras obras acompañadas de flauta y dos temas pequeños de la música tradicional de Indonesia para que la gente los conozca: una marcha y otra festiva. Hemos concebido un programa muy diverso y atractivo que pueda entender y disfrutar todo el público”.

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