Entrevista con Pancho Céspedes

“Retorno a mi casa, a mi teatro,
a la semilla”

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

Francisco (Pancho) Céspedes cantó en Cuba luego de más de 20 años ausente de sus escenarios, aunque no del país, geografía adonde regresa siempre para no olvidar su origen, para aprehender sus sonoridades y olores, ver el mar, compartir con familiares, amigos y recordar amores.

Imagen: La Jiribilla

Cuba se le antoja un puerto seguro, maravilloso, donde habita uno de sus públicos más añorados y fieles. Aquí comenzó su carrera como cantante en centros nocturnos y se involucró en más de una expedición por comunidades con representativas figuras del panorama musical y teatral del país.

Sus canciones hablan de amor, se mueven en esa compleja cuerda que es la vida misma y las relaciones humanas. Pancho embosca a la poesía, sale a buscar las palabras, su hondura musical está emparentada con la canción, el bolero, el filin y es ese sentimiento el que dibuja los episodios vividos por cualquier hombre o mujer; tal vez son experiencias personales, quizá historias que le han contado, o ambas a la vez. Lo cierto es que en su quehacer compositivo y su interpretación guarda conexiones con las variantes del pop y al mismo tiempo descansa en lo más tradicional de la cancionística cubana y latinoamericana.

Luego de 24 años ausente de los escenarios cubanos regresa Pancho Céspedes para cantar y lo hace, por primera vez, en el principal teatro del país, el Karl Marx, ¿por qué tanta demora?

Estaba pensando en eso, siempre cuando uno está en el transcurso de los días, de los minutos, de la historia, uno dice “Por qué tengo que esperar tanto para cantar en Cuba”. Toda la expectativa, toda la emoción que generó en mí ese memorable sábado se cumplieron y te digo que valió la pena la demora.

Hemos tenido que trabajar mucho para que sucediera, más allá de ideologías, yo estoy por encima del bien y del mal, como dice Fito Páez, por encima de todos los ismos. Valió la pena estar aquí, este fue el momento. La historia de la demora, la historia del sufrimiento, la historia de las ganas quedó atrás, es pasado y el pasado no existe, solamente en la memoria.

 ¿Cómo fue la experiencia al reencontrarse con el público cubano?

Me encontré con un público cubano que me conoce desde otra perspectiva. Yo salí hace 24 años y comencé hacer carrera realmente en el extranjero. Estuve con un público que quiso que Pancho Céspedes cantara aquí por sobre todas las cosas. Creo que deseos así hacen más que cualquier gestión —eso no le gustará a Juan Pin Vilar porque es la persona que hizo la mayor gestión a nivel de palabra, de pensamiento, de comprensión, de amistad, amor, de tolerancia para poder conversar con las autoridades—, y además mi entrada fue por el Karl Marx, el teatro donde todo el mundo quiere cantar, por ser el de mayor capacidad de Cuba, el que está mejor equipado.

Tienes varias canciones que han calado en el gusto de las personas. Sin embargo, escogió la pieza Donde está la vida, con la que también nombra uno de sus discos, para titular el concierto, ¿por qué?

Donde está la vida tiene dos formas de verse, no es una pregunta, porque no tiene signo de interrogación ni tampoco la O acentuada. En una parte del coro dice “donde está la vida” que muchos la hacen más importante que el cuerpo de la canción. Donde está la vida, las personas la convirtieron en una pregunta existencial. Sin embargo, para mí, así sin interrogación, después de estar cantando en escenarios de diferentes partes del mundo, significa el retorno a mi casa, a mi teatro, a la semilla.

Donde está la vida realmente en este momento que vivo ha sido venir a mi tierra natural. Acabo de cerrar un círculo en mi vida y empieza otro a caminar, por lo que tiene que ser más trascendental, más importante. Yo cerré 24 años de vida, me fui a vivir a otro país que, gracias a Dios, me abrió las puertas. Regresar aquí para cantar en este teatro fue cerrar el círculo más importante de mi vida.

Imagen: La Jiribilla

En Cuba usted no es un desconocido, su fonograma Vida Loca sonó en los más insospechados rincones del país; sin embargo, no podemos decir que Pancho Céspedes es un intérprete mediático en la Isla.

Mira yo estaba escuchando una entrevista de Pedro Luis Ferrer, cuando dejaron de radiarlo, él decía que ya no puede existir la palabra prohibir porque ahora están los medios alternativos, las redes sociales y otras vías por las que la gente se informa y obtiene la música que quiere escuchar.

Precisamente por esa vía hubo un reencuentro con mi imagen en Cuba en los años 98, 99 y 2000, ahí estaba mi presencia. Por algunos programas de Miami que la gente veía aquí retomaron mi imagen y empezaron de nuevo a preocuparse por mis canciones. Los medios de comunicación influyen y determinan mucho para que todo sea más rápido, pero me di cuenta que en Cuba fui perdiendo vigencia, presencia y un artista para que se respete su carrera tiene que tener en cuenta estar en los medios. Sé que desde hace unos meses me pasan por la radio.

¿Cómo fueron los inicios de Pancho Céspedes en la música, las influencias que puede distinguir con mayor claridad?

Yo cantaba de muchacho, además de jugar a las bolas, a las postalitas, pero había un momento del día, tres horas diarias, que mi hermana, mi hermano Miguel Ángel Céspedes, quien fue popular aquí en los 80, y una prima, teníamos que sentarnos a estudiar las lecciones de piano y cantar.

Mama Herminia (abuela) nos cantaba las canciones de la trova tradicional “Perla Marina”, “La Bayamesa” de Sindo y la de Fornaris y Céspedes…, todas las canciones de la trova tradicional, ella tenía una voz maravillosa, escuchar a mi abuela era como un remanso de paz, ella fue mi primera influencia musical.

Luego comencé a cantar por los bares, la necesidad espiritual de expresarme era a través de la música y no con la medicina que fue lo que estudié. Yo empecé a hacer canciones de adulto, el filin fue mi influencia más grande. Me iba de adolescente al Bar Sheerezada, entraba porque era alto y me acompañaba la novia y así confundía a los porteros. Allí es cuando empiezo a tener interés por la música de José Antonio Méndez, Cesar Portillo de la Luz… Recuerdo, que una vez fui con una enfermera, y ese día estaba Elena Burke, Frank Domínguez y José Antonio Méndez, me la llevo para la barra con todo el interés sexual, y de pronto al escucharlos me quedé prendido, ella no lo comprendió, no podía saber que para mí eso era lo principal, lo más importante.

Otras de mis influencias primarias vino de parte de mi padre con la música clásica; solo tarareaba a Mozart, Bach, Stravinsky, los ponía en su tocadiscos. Recuerdo que lo más popular de su colección de discos era Nat King Cole.  Por entonces un amigo me dijo un día, “ve a mi casa que se escucha jazz todos los fines de semana”, allí iban los músicos de Irakere, imagínate. Fue así como yo me metí en esto. A partir de ahí comienza todo, mis  referencias. Después vino la música brasileña y el jazz, todo se conjugó, y empecé hacer mi canciones; la primera la compuse en 1981, se titula “A veces no es tan fácil”, y va a salir ahora en el próximo disco.

¿Por qué tardó tanto en incluirla en un disco?

No sé, tengo muchas canciones. En mi cuarto de Marianao, el último lugar donde viví antes de irme, escribía tres diarias, de esas muchas se han ido por ahí, otras se me quedaron en cuadernos que dejé en casas de mujeres, cosas así. Varias aún están conmigo. Tengo canciones a las que he regresado, algunas tienen un lenguaje que no es actual para mi gusto, pero casualmente esta, la primera, la considero atemporal. Pablo Milanés me la ha alabado, por eso la incluyo porque la siento viva y actual.

Imagen: La Jiribilla

En diversas entrevistas ha compartido detalles de su partida, de su vida fuera del país. Si le pido volver sobre este tiempo, ¿cómo se referiría a México, ese otro lugar donde pudo reiniciar su vida?

Cuando llegué tuve que aprender a querer a ese país, porque no olía a lo que huele Cuba, tenía otros colores. Las personas tienen una cultura diferente, aunque los mexicanos y los cubanos tienen una relación de cariño de siglos y a nivel musical hay un puente muy sólido que existía desde antes con el  bolero, el son y movimiento del filin. En México el danzón se cultiva más que aquí, en Veracruz todos los domingos se baila en el parque, como si fuera un acto obligatorio.

Irme representó desprenderme de los amigos, de las calles, de la familia y en un momento que ya la música cubana tenía poca trascendencia en el exterior, pero con la idea de que México tiene tradición de ser un trampolín, así ha sido toda la vida. Todos los grandes de la música cubana: Matamoros, Celia Cruz, La Lupe, el Benny… la fama de ellos comenzó allí. Me costó trabajo, no entendía nada, me preguntaba qué hago yo aquí.

Pasado el tiempo, todo mejoró, me gusta trabajar, lo aprendí de mi padre. Por México competí en Viña del Mar como compositor cuando todavía no amaba al país como para eso. Primero lo amé como país geográfico, es impresionante, como si fueran muchos países en uno. Luego a la gente porque me han dado amor. Hoy puedo decir que México es un lugar donde la gente se salva conmigo, me adoran, yo soy así, si no me quieres me voy y si me quieres me quedo, por eso le he devuelto ese amor con creces. Allí nacieron mis dos hijos y les he enseñando a querer a México y a Cuba, y eso es maravilloso. A pesar de ser cubano para siempre, por la astrología, por el sentimiento que le tengo a mi Isla, tengo dos países; pongo a este primero por orden de aparición, porque donde uno nace eso te marca para toda la vida.

México es considerado una especie de meca de la industria discográfica en América Latina, ¿cómo se las ingenió para calar en el gusto y la aceptación de su gente y lograr interesarle al mercado del disco, donde descuella por ejemplo, la Warner Music Latin a la que usted pudo acceder?

México es un país bohemio, aún mantiene eso, la gente gusta de ir a los bares y clubes, se canta mucho y mi música es muy romántica, le gusté a alguna gente y a otras no, no lo sé explicar…

Me fui a Warner Music, porque me sonó importante, después supe que era una trasnacional. Al principio no me recibieron, pero la canción “Pensar en ti”, me salvó la vida. Para 1997 pido la renuncia porque aún no había grabado un disco, pero entra una persona que apuesta por mí, Andrés Mitrani, y hago mi disco Vida Loca. Mitrani es el jefe regional de Warner Music y fue el hombre que lanzó el Bossa Nova, en los años 60, él me vio cantando en un bar y me dijo que yo sí era prioridad en México para la Warner.

Es un cantautor por excelencia, lo que muchas veces conduce a que mayormente usted mismo sea quien interprete sus composiciones, quizá por ese conocimiento de primera mano de los orígenes de cada tema, aún así ¿se siente más cómodo interpretando lo que escribe o dejando que otros hagan sus propias lecturas?

Tenía preferencias por las mías porque tengo necesidad espiritual de cantarlas. Disfruto también que otros intérpretes, de la talla de Luis Miguel, las canten. Ambas cosas. También hay muchas canciones de otros que me gustan. Hice un disco con las de Bola de Nieve, con las de Manzanero y las asumí como mías, porque poseen un lenguaje mediante el cual yo me puedo expresar.

Imagen: La Jiribilla

Uno de los momentos afortunados de su vida, según ha confesado, fue poder trabajar junto a Armando Manzanero y que de esta colaboración quedara un producto fonográfico como Armando un Pancho, una revisitación muy particular de los temas suyos y los de él.

Manzanero lo conocí desde que llegué a México, ¿cómo?, ni me acuerdo. Después comenzamos a tener conversaciones sobre la vida, la música, el amor, las novias que tuve con sus canciones. Él conoce lo que hago y empieza a interesarse por mi música. Pasa el tiempo y hago el disco Te acuerdas, que lo conforman temas y autores que amo, ahí incluyo a Fito Páez, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Bee Gees, Ivan Lins, Jacques Brel, y por su puesto Manzanero y muchos otros. De él hice una versión de “Te extraño”, con arreglo de Raúl del Sol, y me dijo: 'me gustó mucho la versión, está muy modernizada y también el disco'. Enseguida agregó 'Pachito vamos hacer algo juntos', yo le tomé la palabra rápidamente y le dije 'ya está hecho maestro', a lo que añadió: 'Encárgate tú del disco'. Así fue.

A los dos nos encantó como quedó el trabajo. Manzanero canta mis canciones y yo las de él, por eso lo titulamos Armando un Pancho. Leo Brouwer lo escuchó y dice que ese y el de Bola son sus preferidos.

Aunque lleva mucho tiempo viviendo fuera de Cuba de seguro se ha mantenido interesado por la creación musical que se ha producido a lo largo de estos años, ¿qué vínculos mantiene con la música cubana, dígase intérpretes, compositores?

Yo vengo mucho a Cuba, hace un mes vine, yo nunca me ausento tanto de mi país. El vínculo artístico más reciente fue con Raúl Paz, hicimos una canción para una telenovela de la televisión cubana. Los otros, sin duda, son Leo Brouwer, un hombre excepcional desde el punto de vista humano y artístico; Omara Portuondo, con la que compartí el disco que hace con temas de Nat King Cole, a propósito del que Juan Pin Vilar realizó un documental; José Luis Cortés (El Tosco), un músico maravilloso y otros creadores de mi generación.

Pablo Milanés es mi hermano, una figura de una connotación musical extraordinaria. Cuando escuché por primera vez “Para vivir”, me dije, 'hay que hacer las canciones y ubicar las palabras de otra forma, aunque no seas un intelectual', eso lo aprendí de Pablo y de Silvio.

Después que se supera la etapa iniciática donde se cree románticamente en la inspiración como motor de cualquier acto creativo, las experiencias vitales y el conocimiento      que ellas traen obligan de alguna manera a disciplinarse, adquirir ciertas rutinas con las que tentar ese impulso inicial, ¿cuál es su método (si lo hubiera) para lograr escribir a través de los años canciones que logran conectar con un público muy bien definido?

Diariamente escribo algo, la guitarra duerme, literalmente, a mi lado. Lo otro es mi imaginación.

Tiene diez discos y en uno de ellos versiona temas de Bola de Nieve, se titula Con el permiso de Bola, y fue licenciado en 2009, trabajo al que se refiere siempre con especial cariño, ¿cómo nació, qué lo inspiró, es un homenaje?

Con permiso de Bola tiene una nostalgia implícita, del que está viviendo afuera. Bola era la excelencia. Cuando hicimos la investigación, fuimos a Guanabacoa y contactamos con parientes, supimos que estaba todo un año para montar una canción. Es un artista completo, es un hombre que viene de manos de Ernesto Lecuona, viene de su madre Mama Inés, en su casa se tocaba rumba de cajón por las tardes y por la noche se iba para la ópera, con esa dualidad, hacen que el Bola sea otra cosa.

Él estuvo al lado de Rita Montaner, La Única, sin embargo, para mí y no sé cómo explicarlo, él es lo más grande que yo he sentido. El disco es sobre eso, porque sentía que también a nivel de intérprete era un reto decir la canción de ese gran artista. Bola cantaba y tocaba el piano y parecía que hablaba el piano y la voz se cambiaba. El disco no es solo mío también lo es de Gonzalo Rubalcaba, quien me acompaña al piano.

Hicimos un ritual, le pedimos permiso en la tumba, en el cementerio de Guanabacoa, yo no lo vi, me erizaba, estaba ahí la presencia del Bola. La gente dice que es un disco muy exquisito, claro, no es complaciente, pero sí es de las músicas cubanas importantes y, para mí, muy amada.

Imagen: La Jiribilla

Su concierto abrió el sexto Festival de Música de Cámara Leo Brouwer, en el que participan figuras de la música universal como el chelista Yo-Yo Ma, Jordi Savall y el argentino Fito Páez, entre otros. ¿Qué significa para Pancho Céspedes haber sido incluido en la lista de invitados célebres al evento?

Es una responsabilidad que me dio Leo Brouwer, agradezco que tuviera confianza en mí, que siga mi música, siento que soy amigo de él, aunque no de los que comparten cotidianamente, porque media el respeto y la decencia. Va a estar Fito, un hombre que me ha inspirado con sus canciones; Yo-Yo Ma, un gran chelista mas allá de la fama que tiene, hay que oírlo tocar. Todo será de lujo.

Vengo de la mano de uno de los hombres genios, no sé si las personas tienen la dimensión real, exacta, de quién es Leo Brouwer. Cuando escucho su música, y  no me gusta comparar, hay una parte en mí en que no soy ser humano, sino persona, en el sentido espiritual. Sin querer exagerar, ni ser más patriota que nadie, él está a nivel de Beethoven, de Morzart,  a ese nivel, si las autoridades de la cultura, se dieran cuenta realmente de la importancia de este festival, lo que significa para el arte y para Cuba, Leo no tuviera que hacer su última edición. Yo lo que hago es cantar y hacer canciones.

Varias veces ha sido nominado al Grammy Latino, un galardón que es un medidor muy particular de las calidades de la música latinoamericana,  y no ha ganado, pero ha referido al mismo tiempo que no le interesa recibirlo. En tiempos donde abundan tanto los oropeles que muchas veces marginan las prácticas culturales más genuinas, negarse a la dinámica de un rito mediático como este pudiera parecer contradictorio.

Los premios no me gustan, las competencias no me gustan, eso se lo dejo al deporte. Que yo gane por encima de este, que aquel por encima del otro, es indigno. En cuanto al premio lo considero vergonzoso, está muy desprestigiado, quienes deciden votan por amigos, se compran los votos, sé cómo se maneja todo ahí; además, está el orgullo, no me gusta estar al lado de muchos artistas que reciben el premio, porque las personas tienden a comparar, y creen que  si fulano tiene un Grammy y tú también, entonces son iguales, y no es así. No me gustan las competencias. Tengo la satisfacción y la experiencia de que mis conciertos en México, Chile, Colombia y otros países se repletan de gente.

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