Jordi Savall:

“No hay música antigua, sino repertorios antiguos”

Eydi Sanamé Flores • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

El violagambista español Jordi Savall, reconocido por la crítica especializada como uno de los más excelsos intérpretes vivos de música antigua, ofreció un concierto a sala llena en la Basílica Menor del Convento San Francisco de Asís durante esta sexta edición del Festival Leo Brouwer de Música de Cámara.

Imagen: La Jiribilla

A sus más de 200 discos, un centenar de conciertos al año y numerosos lauros, entre ellos el Sonnie Lunning 2012 ―considerado el Premio Nobel de la Música― se suma ahora el Premio de Honor Cubadisco 2014, entregado por el maestro Leo Brouwer, a propósito del Festival homónimo.

Fundador del prestigioso conjunto Hexperión XX, el Maestro Savall se ha dedicado a la revalorización de la música histórica, a partir de los repertorios para instrumentos antiguos, como los de viola da gamba, casi olvidada hacia el año 1800; y al rescate de tradiciones populares como la bereber, la sefalí, y la celta, entre otras de África, Sudamérica, el Mediterráneo y los Balcanes.

Su labor investigativa le ha llevado desde bibliotecas europeas hasta comunidades en Colombia, y su producción discográfica abarca desde la música de la corte de Luis XIV, los cantos judeocristianos, hasta las nanas, de la diversas culturas, bajo su propio sello discográfico Aliax Box.

Para Jordi Savall, “no hay música antigua, sino repertorios antiguos. Las músicas traídas hasta nuestros días por los intérpretes, son siempre músicas de hoy”.

Cuando eclosionó el mundo de la música antigua…

Hexperión nace en Basilea. La escuela era un centro muy especializado con músicos que venían de todo el mundo y allí nos encontramos Hopkinson Smith, el laudista norteamericano, la soprano Monserrat Figueras y el músico argentino Lorezo Alpert.

Teníamos esta idea de hacer un conjunto que hacía la música antigua con una gran autenticidad histórica, con un gran trabajo de investigación, pero a la vez con una total libertad creativa como músicos del siglo XX.

Lo mejor es que éramos músicos jóvenes y virtuosos, cada uno en su especialidad, que éramos exigentes al mismo tiempo, y poseíamos una creatividad y una libertad de fantasía como cualquier músico de aquellas épocas y esto produjo una breve revolución que influye hoy en las nuevas generaciones.

Algunos intérpretes consideran que es imposible ser completamente veraz. Desde las experiencias de Hexperión, ¿cuál es la función de la imaginación creativa en un repertorio antiguo?

Creo que se puede ser veraz a unas normas que existen en cada época, y eso es la responsabilidad de cada músico. No puedes interpretar la música española del renacimiento igual que la música inglesa porque cada música tiene sus características.

La veracidad está en respetar las claves que hacen un estilo de una época. A partir de aquí es ya la calidad de la capacidad de expresión de cada músico, pero primero tiene que haber este respeto de una estructura y de un estilo de la época, que es lo que nos hace mantener un respeto a las ideas del compositor.

Esto lo vemos hoy día, por más antiguas que sean, entre una iglesia del Renacimiento y una iglesia barroca. Entonces el músico tiene que expresar su sensibilidad, su fantasía, su emoción, su capacidad de crear belleza, procurando que el público diga: “Ah, sí, estamos en una iglesia del Renacimiento” o “Estamos en una iglesia barroca”.

Mal iría cuando el intérprete es tan libre y no respeta nada que dices: “¿Y dónde estamos?”.

La música es una máquina de viajar en el tiempo, para esto se requiere que conozcamos la lengua de cada época, cada cual la tiene, con sus acentos, sus ornamentos, sus articulaciones, las cosas específicas de esa lengua, y eso es lo importante.

El error de muchos jóvenes es pensar que todo es lo mismo y que basta hacer un poco de música antigua y ya son libres. El peligro es quizá ir demasiado rápido.

La música antigua es como: vamos a viajar a la época de Marin Marais, la época de Luis XIV, es un mundo, muy diferente del mundo de la corte de Elizabeth en Inglaterra o la corte de Carlos V en España, y cada mundo tiene unas características que el buen intérprete debe aprehender.

Imagen: La Jiribilla

Eso requiere un estudio de la época además de los elementos técnicos…

Exactamente, esto requiere que hay que estudiar la historia, hay que estudiar las funciones de la música y todas las conexiones entre la música y la vida cotidiana. Eso es importantísimo.

¿Usted considera que este estudio es una las carencias que se pueden percibir hoy?

Claro, cada vez más el intérprete está solamente preocupado por tocar rápido. Pero tienes que saber cómo funcionaba, para lo que servía esta música, dónde se interpretaba. Hay muchos elementos que te pueden dar claves sobre cómo interpretar la música si sabes en qué contexto se hacía.

Para realizar cualquier investigación debes tener mucha paciencia, no escatimar en las cosas que quieres investigar, no desestimar contactos personales, contactos con diferentes mundos.

Por ejemplo, con el universo de la música sudamericana he aprendido con autores de Colombia, México y otros países. También he aprendido visitando las bibliotecas, viendo los manuscritos, leyendo libros y crónicas de la época.

Por ejemplo, leyendo a Lope de Vega cuando te dice: “la chacona, esta indiana amulatada que nos viene de las Indias”. O sea, que se trata de una danza, esta música es de una influencia de negros de África que se adaptaron y crearon el mestizaje. A veces en un escrito poético tienes pistas.

Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto sobre las rutas de la esclavitud, y advierto que es un mundo de una riqueza increíble. La primera conclusión a la que estoy llegando, es que para toda esta gente que sufrió esta terrible desgracia, la música fue lo que les salvó la vida, porque estas personas no tenían nada, no tenían ni para cubrirse. ¡Su dignidad fue cantar y bailar. Cantando y bailando sobrevivían, recobraban la paz, la esperanza!

Esto es sumamente impresionante, ver hasta qué punto la música puede ser el bien más precioso que tiene un ser humano, y el cual ni la más terrible desgracia le puede quitar.

Lo que quiero es recordar hoy día estas músicas que ayudaron a toda esta gente a sobrevivir, y recordarlas porque así nos recordaremos de algo que hemos olvidado: la supuesta civilización europea, fue la más incivilizada que jamás ha producido el hombre.

El mundo occidental aún no ha pedido perdón por los más de 25 millones de seres humanos que arrancaron de sus hogares, de sus familias, para llevarlos al nuevo mundo como esclavos, y además, los cuatro millones que murieron en alta mar.

¿Cómo es posible que una civilización tenga conciencia o autoridad moral, si no es capaz de reconocer sus errores y pedir perdón? Creo que a través de la emoción de la música podemos volver a sentir lo que sintieron las personas de aquella época y ser un poco más sensibles ante lo que esto representó.

Todavía se percibe entre algunos articulistas sobre espectáculos musicales, la impresión de que la música antigua es elitista o de alta cultura…

Yo he visto en muchos de mis conciertos muchísima gente joven que ha descubierto, sea a través de Todas las mañanas del mundo o de los discos, que la música antigua está llena de vitalidad y ritmo, si se interpreta con las exigencias que hemos hablado antes.

La cuestión de la alta cultura está relacionada con los precios de las entradas. Si usted me dice: alta cultura es lo que se hace, entre comillas, en Salzburg (Austria), porque un billete para un concierto puede costar 150 o 200 euros, aquí habrá muy pocos jóvenes que se puedan permitir ir a esos conciertos. Por eso la media de edad del público es de 60 años, como máximo.

Pero hace poco toqué en un festival en Olinda (Brasil) y el 80% era gente joven, y todos los conciertos eran gratuitos. La iglesia se colmó y afuera pusieron unas pantallas para que todo el mundo viera la presentación. Todo esto es una cuestión de política.

Yo quiero especialmente recordar que en el mundo de la música clásica, casi siempre estamos presentando las músicas del poder, que son las de las cortes, y nunca se escuchan las músicas del pueblo.

Por eso en el primer disco de Hexperión, en el año 1974, hicimos un doble álbum: en el primero estaban las músicas del siglo de oro, de la corte, y en el segundo, las músicas del pueblo sefalí.

Es decir, no desestimar las músicas del pueblo, que son las de autores anónimos, músicas populares; la base sobre la cual se inspiran los compositores.

No tenemos que poner solamente en el altar la música clásica, porque existen otras músicas maravillosas.

¿Cómo el mercado ha mediado la producción de músicas no tan populares o rentables?

Es muy complejo. Es cierto que cuando se hace un festival o un concierto, tienes que encontrar una rentabilidad entre lo que cuesta y lo que tienes que ganar.

Por eso pienso que el estado y las instituciones tienen que proteger la cultura, la cultura no puede depender de la rentabilidad. Si la historia esta hubiera dependido de la rentabilidad, no tendríamos un Caravaggio o un Miguel Ángel.

Antes no teníamos estado, pero estaba la Iglesia, o sea, siempre hemos poseído una institución que proteja la cultura.

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