Horacio Franco y las sonoridades de la flauta dulce en el siglo XXI

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

Si uno presume con absoluta certeza que los instrumentistas clásicos han de vestir de cuello y corbata, o al menos con elegancia ceremonial en cada concierto, se equivoca rotundamente. Si asumimos que, en su defecto, la ropa de gala es siempre la elección de un músico sinfónico, entonces definitivamente, estamos viciados por el cliché.

El flautista mexicano Horacio Franco es de esos hombres que rompe con esquemas musicales y etiquetas. Uno de los mejores intérpretes de este instrumento en su país, han dicho los críticos y medios de comunicación. Fue la flauta dulce o de pico la elegida por él, estimada durante el esplendor barroco de centurias pasadas, y luego preterida en el siglo XX.

Imagen: La Jiribilla

“Un virtuoso de la flauta”, lo llamó el maestro Leo Brouwer, “y con los epítetos hay que ser muy cuidadoso, ya saben que no soy pródigo en elogios, por eso dejaré que ustedes mismos lo valoren”, dijo al anunciarlo segundos antes de su presentación Del Medioevo al Danzón, en el capitalino teatro Mella el pasado 5 de octubre.

Romper con los estigmas de la música clásica

Del Medioevo al Danzón es un programa que incluye mucha música barroca sobre todo. Yo toco la flauta de pico que es un instrumento con una imagen sonora totalmente barroca. Heredó muchos estigmas de los siglos pasados por ser el de más fácil insuflación de todos los alientos.

“Ninguna de las piezas, ni por error, es para flauta dulce, todas son adaptaciones de obras: para flauta transversa de Telemann; para clavecín, de Bach; para violín de Vivaldi. Se trata de tocar y respetar la partitura original como si estuvieras tocando un violín”.

Imagen: La Jiribilla

“Los patitos feos de la música”, así le llaman a la flauta de pico y al contrabajo, sentenciados además porque Adolf Hitler en los años 30 “escoge la flauta de pico para ser el instrumento escolar en la Alemania nazi, y luego el mundo lo adopta y adapta como un instrumento banal en la educación musical escolar”.

En su juventud, el músico que comenzó estudiando violín, viajó a Holanda para estudiar la flauta dulce ―y rescatarla─ porque en su terruño no gozaba del favor de la academia. De regreso, se empeñó en demostrar que su espectro interpretativo puede ser mucho más abarcador de lo que muestra la historia del pentagrama.

“Tiene su capacidad idiomática más prominente en la época de 1600 a 1750 con un repertorio muy básico. Los compositores de flauta dulce escribían obras muy fáciles que pudiera tocar todo el mundo porque era un instrumento apto para aficionados. Casi todos los demás, incluso el propio Bach, compusieron cantatas para los oboístas y no para los flautistas dulces profesionales. Vivaldi y Telemann principalmente, lo consideraron como un instrumento para virtuosos y escribieron de manera más consumada para él.

Imagen: La Jiribilla

“Un flautista dulce del siglo XXI tiene que entender que su objetivo no es quedarse dentro de la imagen sonora y la imaginería del siglo XVIII, porque no trascendería ni ayudaría en nada a que se desarrolle su repertorio, ahora ¿es digno de desarrollar? Siempre nos hemos preguntado eso, y yo creo que sí.

“La flauta es un instrumento barroco, pero la puedes ver en vías de desarrollo y potenciar la música contemporánea tocando música popular o tradicional. La ancestralidad de su construcción y la accesibilidad de hacer diferentes tipos de sonido puede realmente hacer que la flauta de pico se desarrolle. En el siglo XVIII ya no sirvió para más, la flauta transversa le estaba ganando terreno y fue ahí como se convirtió en un instrumento moderno y se empezó a fabricar de metal”.

Del Medioevo al danzón fue un disco grabado junto al contrabajista Víctor Flores en el año 2002, quien también lo acompañó en el concierto del domingo pasado. “El repertorio, que también podría llamarse de Bach a Los Beatles, transita por varios géneros y siglos, músicas que aparentemente no tienen nada que ver”.

Imagen: La Jiribilla

¿Por qué escoger precisamente este disco para el concierto?

Es un programa que se adapta mucho a la universalidad del Festival Leo Brouwer que es intercultural, lleno de una riqueza de programación extraordinaria, interesante, de contemporaneidad; lo que más me gusta son los atrevimientos musicales de la propuesta de Leo Brouwer. Latinoamérica, Cuba en este caso, se atreven a romper paradigmas. La música de “pipa y guante”, como yo le digo, se puede combinar de diversas maneras y es lo que yo defiendo.

Para Horacio, el lenguaje de la música hermana las diferencias ideológicas del hombre cualquiera que estas sean. “Somos música los seres humanos desde que estamos en el vientre. Lo que más me motiva es la universalidad del lenguaje musical como el más primitivo de los seres humanos, es el lenguaje básico, está en el ritmo cardíaco.

“Cuando uno tiene la preparación musical necesaria para hacer cualquier cosa, la haces y ya, le ofreces al público lo que sea: música clásica, popular, tradicional, folclórica, como le quieras llamar, porque es universal; la música clásica no tiene que ser elitista, ni difícil ni aislada”.

Usted decía en la conferencia de prensa que la separación entre música clásica y popular provocaba exclusión, y hasta cierto punto discriminaba a los músicos, ¿cómo estrechar esa distancia entre ambas?

Entendiendo que nadie tiene la razón, ni la verdad absoluta, ni la última palabra. Nada es definitivamente cierto y todo es aplicable al ser humano cuando se lleva a cabo bien. Cuando existe una manera de entender lógica y abiertamente todas las diferencias, esas diferencias se convierten en una dialéctica civilizada donde el único hilo conductor es la sensibilidad.

No estamos hablando de razones, ni si la música clásica es más evolucionada o más difícil porque se escribió hace mil años y por eso se hizo clásica, polifónica y académica. Eso no quiere decir que la música hindú, precolombina o taína no haya sido valiosa, y que no sea una expresión genuina del sentimiento humano.

El mismo derecho tiene de tocar en una sinfónica un indígena, con toda su cosmogonía por sus creencias, que Bach, quien creía en Dios. Yo que soy absolutamente ateo, me encanta cómo cree el hombre en un Dios y percibe esa divinidad que trae adentro y la plasma en obras maravillosas.

Basta con observarlo para advertir que es un hombre perfeccionista y cuidadoso de su anatomía tanto como de su técnica interpretativa. En sus fotos porta ribetes clásicos de estrella de rock and roll: ropa negra, piercing en una ceja, argollas en las orejas, tatuajes en antebrazos. Después de 36 años de carrera todavía continúa estudiando y perfeccionándose cada día.Los instrumentistas y cantantes son como atletas de alto rendimiento, si dejas de entrenar te vas abajo, es una disciplina constante, estudias hasta que te mueras”.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo entra en contacto con la música cubana?

Estamos muy cerca los cubanos y los mexicanos, a pocos kilómetros. Tenemos una historia en común, un danzón que nos une. Como maestro de conservatorio que soy, llegan muchos guitarristas a tocarme obras de las que tienen dudas y quieren que les corrija, y desde hace más de 30 años conozco la obra de Brouwer, “Decamerón negro”, “Elogio de la danza”, y miles de obras que tiene. Para mí son idiomáticamente las más perfectas de toda la obra guitarrística latinoamericana contemporánea, son obras gigantes. Brouwer es un coloso de la música y la guitarra”.

¿Qué opinión le merece la enseñanza musical en Cuba?

Me sorprende mucho el nivel musical que hay Cuba. Yo he dado clases en el Instituto Superior de Arte (ISA) y tienen un alto nivel. La metodología y la escuela de música están muy bien cimentadas en las muy buenas escuelas rusas y alemanas para los instrumentos sinfónicos y los cantos. El renacimiento de las músicas antiguas que empezó en Europa en los años 60 no les tocó a los cubanos porque el barroco, la música antigua, polifónica, el clavecín y la flauta dulce estaban excluidos del repertorio de los rusos y alemanes orientales por las cuestiones de la guerra fría, entonces a los cubanos tampoco le llegó ese influjo.

Es la tercera vez que visita el país, y la primera que participa en el Festival de Música de Cámara convocado por el maestro Brouwer, sin sospechar que era el último.  “No sabía que era el último Festival, lo cerraremos con un gran honor, aprecio y estima por una figura colosal y monumental; un Leo Brouwer que tiene la generosidad de darse a los artistas y al público. Él no es nada más un gran compositor, guitarrista y director, sino que es un gran ser humano, con una gestión cultural trascendente que hace que su entorno sea modificado por esa gestión”.

 

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