Salvarnos del colapso definitivo de la civilización

Armando Hart • La Habana, Cuba

Tenemos la gran responsabilidad de dar a conocer más la importancia de la juridicidad en la historia de Cuba y cómo ella se inserta en la de nuestra región latinoamericana y caribeña  con una dilatada historia de saqueo, subdesarrollo y depredación por parte de metrópolis antiguas y modernas, con un destino de liberación y una tradición espiritual que sirve de fundamento a una vocación de integración regional. Por ello, nuestra región  está en condiciones de hacer un aporte sustantivo para salvar a la especie humana y al planeta que habitamos de su extinción definitiva.

El tema de la ética y en especial de la juridicidad, se ha revelado, en los tiempos de aguda crisis en que vivimos, como la cuestión clave a resolver para evitar un colapso definitivo de la civilización.

Por eso, creo nuestro deber apoyarnos en la enorme tradición jurídica de la nación cubana para dar nuestro aporte a América y al mundo en el empeño que tenemos que hacer los seres humanos para salvar a nuestra especie.

Los acontecimientos que tienen lugar en nuestra Patria Latinoamericana y caribeña, han puesto de manifiesto, una vez más, la enorme  importancia de la juridicidad en la vida política de las naciones donde tienen lugar procesos de cambio que transitan en el marco de la legalidad empleada a favor de la justicia y de la revolución. Históricamente, han sido siempre la contrarrevolución y las clases reaccionarias de América Latina las que han pretendido presentarse, cínicamente, con las banderas del Derecho cuando  en realidad han sido ellas las que se han colocado al margen de la legalidad.

En el caso de Cuba, aunque la Revolución triunfó por la vía de la insurrección armada, debemos subrayar el hecho de que el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 se produjo poco antes de unas elecciones generales, en las cuales iba a triunfar un partido de amplia base popular. Con él, Fulgencio Batista, con el apoyo norteamericano, derrocó al gobierno constitucional y abolió la Constitución de 1940. Fue precisamente la defensa del orden constitucional sustentado en aquella Constitución, que tomamos como bandera, y el rechazo del pueblo al régimen tiránico de Batista, lo que generó un proceso revolucionario radical que nos condujo al triunfo de la revolución.

De ahí, la importancia de asumir en este continente la defensa de una tradición jurídica que consagre los derechos de los pueblos y de sus instituciones. No habrá socialismo en Cuba ni en ninguna parte sin que  el sostén de la ley se corresponda con sus exigencias.    

Esto debe tomarse en cuenta no solo hoy sino para cuando por ley de la vida otros revolucionarios asuman la dirección del país. Entonces, quien intente gobernar en Cuba sin fundamentos jurídicos o con artimañas legales le abriría el camino  a la contrarrevolución y al imperialismo. Por eso, hay que dejarlo bien claro en la conciencia revolucionaria del país que quienes mañana traten de quebrantar la ley, cualesquiera sean sus propósitos o motivaciones, provocarán la división en el pueblo y, por tanto, facilitarán  la acción del enemigo.  De ahí, la insistencia del compañero Raúl en el respeto a la institucionalidad como garantía de la continuidad del socialismo en nuestro país.

Tenemos muchas razones para defender nuestro sistema de derecho basado en la Constitución Socialista. Hoy tenemos una fuerza enorme al haber creado nuestras leyes y haber sabido defenderlas y respetarlas. Eso es lo principal. El respeto al sistema jurídico que hemos creado, y los principios éticos que emanaron de la Revolución resultan esenciales para hacer frente a los cambios legislativos que necesariamente trae consigo la actualización del modelo económico y social de nuestro país.       

Como conclusión, en la conciencia cubana están grabadas hoy dos categorías esenciales que andan divorciadas en el mundo de hoy: ética y derecho.  Ambas sólo pueden alcanzar plenitud de desarrollo cuando se articulan entre sí y orientan la acción popular en búsqueda de mundo mejor. Cada pueblo escogerá su propio camino, pero el cubano, a partir de nuestra hermosa tradición histórica y la guía de Fidel, luchó por el socialismo como la única posibilidad de garantizar el equilibrio social indispensable para gobernar, y lo hicimos porque con Martí tomamos partido por los pobres de la tierra y no solo de Cuba sino del mundo.

He querido compartir con ustedes estas reflexiones aprovechando el marco propicio de la presentación de un libro que nos introduce precisamente en esa rica historia de nuestra Patria abordando un periodo poco estudiado que abarca los casi tres siglos que siguieron a la colonización y conquista de la Isla. Ese período histórico constituye, como bien apunta el autor, el fundamento de los importantes cambios que vendrían después tras la toma de La Habana por los ingleses y en el que resulta  posible comenzar a rastrear los incipientes procesos que conducen a la forja de una  conciencia e identidad nacional. Este libro viene a subrayar como idea esencial de nuestro devenir histórico que Cuba, para emerger como nación independiente, ha tenido que  hacer frente a colosales desafíos derivados de los apetitos de viejos y nuevos imperios. Felicito a su autor Ernesto Limia por su valiosa contribución y al Club Martiano Enrique Hart Ramírez por esta iniciativa.

 

                                                                 

Versión de las palabras para la presentación del libro Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural, de Ernesto Limia, 24 de septiembre de 2014 en la Sociedad Cultural José Martí.

 

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