Sinfonity

Recrear la fantasía, en tres movimientos
y cuatro estaciones

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

Hasta el más ortodoxo de los puristas musicales los hubiera aplaudido. El sábado 4 de octubre sumaban nueve sobre el escenario del teatro Mella, pero han llegado a ser 30, sin un director de orquesta al frente —que no ausente— tocaron tal cual su nombre lo indica, Sinfonity. La primera y única orquesta sinfónica de guitarras eléctricas en el mundo se presentó en La Habana, invitados al VI Festival Leo Brouwer de Música de Cámara.

Imagen: La Jiribilla

Provenientes de la patria de Paco de Lucía, el prodigio andaluz de la guitarra, quien participara en la pasada edición del Festival y falleciera a principios de año, Sinfonity arribó a la Isla para dejar boquiabierto a más de un crítico. Durante una hora y media aproximadamente vibraron electrizadas las notas de violines, violas y cellos invisibles a la mirada, mas, perceptibles a los tímpanos, aguzados por un cierto espíritu rockero y el aura del genio Vivaldi.

Pablo Salinas, compositor y director de Sinfonity, cree fervientemente en el amor incondicional al arte, como el arte de amar incondicionalmente.

¿Por qué una orquesta sinfónica únicamente de guitarras eléctricas?

Nace como un proyecto teatral. Yo soy pianista y mi verdadera vocación es componer. Me ofrecieron la oportunidad de trabajar con directores europeos muy importantes en una obra de teatro llamada La Avería, que obtuvo muchos premios en Europa. Ellos querían una música de nuestro tiempo, pero a la vez yo estaba empecinado en hacer música para orquesta. Pregunté si podía usar una orquesta y me dijeron que no; como querían algo moderno decidí reunir una orquesta con sonidos modernos.

La guitarra eléctrica es un instrumento que representa a nuestra generación, sólo tiene 60 años y se le asocia generalmente al rock, a la furia, a la música contemporánea. Creo humildemente que es la posibilidad de los guitarristas eléctricos de rendirle un homenaje a toda la tradición musical de la orquesta sinfónica, ese es el verdadero propósito, porque en realidad todos los instrumentos musicales son capaces de una enorme ductilidad.

Empezamos este proyecto con ánimo filantrópico sin ningún tipo de subvención institucional, simplemente por la vocación de estudiar música. Nos reunimos 30 guitarristas y en 2011 empezamos trabajar. Desde ese entonces recibimos afortunadamente un gran aplauso del público, nos hemos presentado en numerosas plazas de España.

Lo más emocionante fue cuando Isabelle Hernández, de la Oficina Leo Brouwer, me escribió diciendo que al maestro le interesaría traernos al Festival de Música de Cámara. Para nosotros fue un cambio esencial en la dirección de la orquesta porque somos grandes admiradores de Leo Brouwer en tanto guitarristas, y por la oportunidad de homenajear al maestro a través de nuestra orquesta. Nos ha mantenido unidos durante un periodo bastante largo, más de un año, con el acicate de poder llegar a esta fecha.

Imagen: La Jiribilla

¿En su repertorio ya habían tocado piezas del maestro Brouwer?

Hemos montado un par de piezas, como “Ciudad de las columnas”, y “Canción de cuna”, claro, son piezas obligatorias; pero esta vez queríamos honrarlo sabiendo que el maestro estaría presente en el concierto, y siguiendo una sugerencia de Isabelle Hernández, le hicimos un homenaje humilde pero sentido. “Estudios sencillos” lo tocamos con el sentimiento propio de la guitarra eléctrica. Me llena de orgullo que el maestro se haya puesto de pie para aplaudir a mis compañeros cuando tocaron sus piezas, estamos muy satisfechos por haber venido aquí a tocarlas.

La composición del grupo es variable, usted decía que han llegado a ser 30 y hoy se presentaron solo nueve.

Nos ajustamos al formato de grupo de cámara y nuestro propósito era traer un programa para estar a la altura del Festival. Es un atrevimiento del maestro y los organizadores traer una propuesta tan bizarra; por otro lado tenemos la satisfacción de saber que respetamos la partitura original con el mismo cariño y respeto con que los intérpretes de música clásica lo hacen, con lo cual nos consideramos una orquesta de cámara. Cuando somos 30 no nos llamamos orquesta de cámara, nos llamamos Sinfonity.

Una orquesta sinfónica está dirigida por un director situado de frente a ella, que guía con su batuta a los músicos, no es el caso de ustedes.

Soy un director musical y creo que el trabajo de dirección se debe realizar no en el escenario sino antes, todos los directores saben esto. En mi opinión, la formación para un instrumento tan moderno al que todos le tenemos tanto cariño, realmente, más que una orquesta es una tribu, me gusta considerarlo así.

Como miembro de la tribu me parece un poquito extraño separarme de mis compañeros y mover la batuta, que ya lo hacemos en los ensayos. Me ilusiona sentarme entre ellos y poder interpretar, en este caso los concertinos, que es la parte solista de Las cuatro estaciones, es lo que hemos traído al concierto para presentárselo a ustedes.

Creemos que una orquesta es la unión de varias personas en igualdad de condiciones, con el propósito de disfrutar de la música, y yo no me quería perder ese privilegio. Aparte de eso, ser director exclusivamente conlleva la responsabilidad de hacer los arreglos, de trabajar concienzudamente para lograr que la experiencia musical que enfrentemos esté a la altura de lo que espera el público cubano, que tiene una enorme cultura musical.

Imagen: La Jiribilla

¿Sinfonity significa un nuevo concepto musical, representa un formato diferente o una manera distinta de interpretar la música?

La música clásica le gusta a todo el mundo, lo que pasa es que no lo saben. Quien cambia una vida cambia el mundo entero. Recuerdo que en nuestro primer concierto, estábamos en Madrid y éramos 30 esa vez, tenía delante de mí unos ojos enormes de una muchachilla que no alcanzaba los 11 años y al lado uno de los doctores más eminentes de mi país, ambos levantados aplaudiendo y la niña llorando, entonces, a mí me pasa lo mismo.

Yo soy músico desde que tengo ocho años porque una vez me conmoví viendo una pianola que tocaba sola. En este caso con solo imaginarme la arrogancia de haber acercado a esa muchacha a la música de alguna manera, nos dimos cuenta que nuestra música es transversal, que no solo supera las barreras de las generaciones y de los tiempos, también supera la barrera de la postura estética.

Como te he dicho antes, la música clásica se asocia con el traje y con el fin de semana. Es una especie de violencia simbólica que provoca que solamente las clases adineradas o pretendidamente cultas se apropien de la música clásica, cuando en realidad es un patrimonio de la humanidad. Nosotros humildemente pretendemos arrebatarlo y compartirlo con todo el mundo. Incluso, en este sentido digo pueblo y me refiero al pueblo musical, desde la pandereta hasta la orquesta de silbidos, que podamos disfrutar de estas obras que son llamadas maestras por algo.

Más que imitar lo que ustedes hacen es emular los sonidos clásicos a través de las guitarras eléctricas.

Más que emular intentamos recrear la fantasía de tocar una tuba, un cello o cualquier instrumento. Repartimos las partes de la partitura original, yo como director de orquesta tengo entrenamiento en eso, y pensamos como si fuéramos un violinista.

Efectivamente la guitarra requiere más empleo físico que un violín porque el mástil es el doble de grande; por otro lado, tienen una técnica diferente, el violín es extremadamente más complicado, no podríamos interpretarlo desde luego con la misma solvencia. Cada instrumento tiene sus pros y contras.

Transgredir el repertorio de la guitara y entrar en el del violín para nosotros era una tentación difícil de resistir. Para acercarnos a ese tipo de instrumentación teníamos que meternos en la cabeza esa fantasía y creernos por un día que éramos violistas. Escuchamos música clásica continuamente, ya lo hacíamos desde niños porque nosotros sí sabíamos que nos gustaba.

Imagen: La Jiribilla

Hay personas a las que les resulta extraño que toquen partituras clásicas con un instrumento moderno.

Las personas que tienen una estética tan dura vienen a nuestros conciertos y se dan cuenta del potencial que tiene. De hecho, uno de los guitarristas de rock duro más importante del mundo tuvo como su ídolo a Leo Brouwer, en dos discos que grabó le hizo homenajes inequívocos.

La música como lenguaje no conoce fronteras, como postura estética sí. El Festival Leo Brouwer de Música de Cámara tiene como principal logro potenciar el sincretismo de estéticas musicales diferentes, globalizar esa experiencia. La música no es patrimonio de los ricos ni de los pobres, es alimento para el alma; es el arte invisible, nadie puede frenar algo que viaja por el aire.

Además de interpretar partituras que originalmente no fueron concebidas para ser tocadas por guitarras eléctricas, ¿con qué otros obstáculos musicales y extramusicales se han topado?

Los problemas que se ha encontrado esta orquesta son las dificultades que tienen los músicos en estos tiempos que corren. Desde luego, la originalidad de la propuesta requiere muchos más ensayos, lo normal es que una orquesta esté institucionalizada, que reciba ayudas estatales, de organizaciones, universidades, patrocinadores…

Esta orquesta la fundamos creyéndonos que podíamos tocar la “Novena” (sinfonía de Beethoven) en distintos sitios de nuestra ciudad. Cuando empezamos a tocar y vimos que la gente se quedaba en la calle, teníamos que prorrogar y volver a tocar, que aparecíamos en las noticias, un montón de gente opinaba y nos felicitaba. Nos dimos cuenta de que teníamos una oportunidad estupenda de seguir haciéndolo. No estábamos buscando éxito, estábamos buscando la continuidad. Verdaderamente la dificultad de este proceso está en la continuidad y el derroche tecnológico que implica.

Imagen: La Jiribilla

Tal vez no se haya hecho antes y no haya otra en el mundo porque es enormemente complejo en términos de poder transmitir la dinámica de este instrumento que es muy difícil de tocar dinámicamente, o de sostener la nota durante tiempo. Esos son desafíos con los que nos hemos ido topando, resolverlo ha sido la parte más emocionante y divertida, y al mismo tiempo la más laboriosa y dedicada. Requiere mucho tiempo de ensayo hasta que logremos algo a la altura del público y poder presentarlo con honradez, pero sostenerlo es un milagro.

La guitarra eléctrica tarde o temprano podría llegar a ser parte del repertorio de grandes maestros. Creemos más que nada por antigüedad, las propuestas que han hecho los guitarristas de rock para las orquestas no ha dejado de ser una separata: yo estoy aquí y ustedes allí a 15 metros.

A nosotros nos gustaría que fuera algo más parecido a cuando ocurre un aria: la soprano canta y la orquesta acompaña, todos en sinergia muestran la belleza tal y como es.

¿Los miembros de la orquesta trabajan en otros grupos o proyectos?

Todos somos músicos profesionales de jazz, de rock, profesores, tenemos hasta un policía, un bombero, informáticos. Lo que pasa es que le dedicamos un tercio de nuestro tiempo libre en la semana a reunirnos concienzudamente en lo que fue mi casa, y ahora es un local de ensayo enorme.

No utilizamos samplers ni nada de la tecnología que emplean en la música electrónica, simplemente el sonido de la guitarra eléctrica, con un poquito de distorsión para reconstruir el sonido del oboe, el violín, la tuba, etc...

¿Con ayuda de algún programa?

El programa lo he hecho yo, es que estudié informática. Es un programa especial para poder hacer esto, representa un amplificador. He tratado de reconstruir dos o tres de los sucesos que ocurren cuando es tocado por un arco. Por ejemplo, el sonido más feo de guitarra eléctrica del mundo nos ayuda a recrear una trompeta perfecta, fíjate que cosa más rara. Analizamos espectralmente las características de los sonidos de la orquesta través de los botones de distorsión de medios, agudos y graves; básicamente lo que tiene un amplificador normal, y también con mucha imaginación por parte de los integrantes: cierras los ojos y ahí están los trombones, las trompetas, las tubas…

Imagen: La Jiribilla

¿Usted cree que esta experiencia se pueda repetir con otros formatos u otros instrumentos?

Por supuesto. A mí me asombró mucho cuando hicimos esta orquesta de guitarra, presenté mi material y me di cuenta que nadie había hecho algo así. No lo hicimos con el propósito de ser originales, hasta que efectivamente nos dimos que no había ninguna orquesta de guitarras eléctricas en el mundo y supongo que a eso se debió nuestro eco en Japón, China. Muchas orquestas sinfónicas nos pusieron en sus páginas web; muchos músicos de rock abrazaron la propuesta, y desde que empezó hace dos años tengo muchas ofertas de músicos, fuera de España incluso, que quieren venir y formar parte de nuestra familia.

¿Tienen un solo disco en su haber?

Sí. Vamos a grabar el segundo con Sony International, acabamos de firmarlo hace una semana, confiamos en que esté listo en un periodo no superior a seis meses, y tenga distribución internacional. Estamos muy motivados por el entusiasmo que ha puesto Sony en nosotros y estamos dispuestos a grabar el mejor disco que nos sea posible hacer.

¿Serán versiones también o contiene piezas propias de ustedes?

Tenemos muchas piezas nuestras, pero lo que queremos ahora mismo es presentar la sonoridad, la invención. Es algo parecido a como decían de Leo Brouwer, a quien yo considero el Picasso del arte invisible. Nosotros queremos empezar a pintar como niños, hemos empezado por el antiguo testamento de la música: por Bach, por Vivaldi, también de Prokófiev, Stravinsky, el maestro Leo. Al mismo tiempo además de la música original que compuse para esa obra de teatro, estamos preparando sorpresas.

Si hay algo que mantiene vivo a una orquesta como nosotros es la capacidad de asombrarnos. Estamos encantados con la reacción del público cubano y nada me gustaría más que volver a Cuba a tocar para todos ustedes.

¿Por qué le llama a Brouwer, el Picasso invisible de la música?

Porque después de haber escuchado y estudiado durante años su obra me he dado cuenta que la verdadera intención de él es conmoverse a sí mismo, no impresionarse. Es un compositor que está buscando algo dentro de sí que pretende reflejar. La verdadera cinética que mueve al maestro Leo al escribir la música es seguir ese flujo. Creo genuino ese propósito, que consigue que nos conmovamos de la misma manera en que amamos a un hijo.

Imagen: La Jiribilla

El arte de amar de Erich Fromm, es uno de mis libros preferidos de adolescente cuando empecé a tocar música. Descubrí que si lo leía como “el amor al arte”, en vez de “el arte de amar”, era exactamente lo mismo; no depende de las cualidades del objeto amado, sino de tu intención y de tu vocación de hacerlo, exige disciplina, concentración, talante, técnica, en fin, todas las facultades que tiene un músico.

Creo que se puede amar incondicionalmente a la música como se puede amar incondicionalmente al arte. Ese amor es realmente el que el maestro Brouwer nos ha demostrado a través de su vida y su obra, es una fuente de inspiración maravillosa e imprescindible en los tiempos que corren.

Comentarios

Pedazo de Tribu?Pablo ....pedazo de guitarristas,y luego empieza a poner adjetivos.¿Cuando un nuevo concierto de la tribu en Madrid?jajajaj.Un abrazo a todos.Alvaro Andreu.

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