Voces del Festival

Críticos, directores teatrales, dramaturgos, actores y actrices, investigadores del mundo de las tablas y público amante de esa magia que desprende la escena a oscuras, confluyeron la pasada semana en Camagüey imantados por la edición 15 de su Festival Nacional de Teatro.

El evento, considerado por muchos como el termómetro escénico de la Isla, ha sido sostenido durante más de 30 años en esta ciudad mediterránea y estrecha, que a pesar de no ser la capital del país sí es sentida por muchos como la capital del teatro cubano.

Con más de medio centenar de puestas de las 28 obras nacionales clasificadas en la muestra no competitiva de este año, el certamen se apretó en un programa convulso de apenas una semana que incluyó, además, un foro crítico, exposiciones colaterales, un concierto de David Blanco y espectáculos de humor.

De entre la turba de “festivaleros” que ahora andarán reponiéndose del insomnio, La Jiribilla le comparte experiencias, opiniones, gratitudes y buenos consejos.

Imagen: La Jiribilla

Anier Amaro, actor de la compañía camagüeyana Teatro del Viento:
Para los miembros de Teatro del Viento es un orgullo haber abierto el Festival, cosa que no hacía una agrupación camagüeyana hace más de una década. El millonario y la maleta resultó un tremendo reto y una inmensa responsabilidad, y en lo personal el papel de Rosa, que tanto protagonismo toma en esta versión nuestra, demandó mucho de mí, que llevo apenas cinco años de graduado de la Academia de Artes Vicentina de la Torre.

Los anfitriones —artistas o no—sentimos vital que el evento se mantenga en Camagüey, porque a pesar de todas las dificultades económicas y materiales, del deterioro de los teatros con sus serios problemas de climatización y de humedad (pendientes de solución y apoyo), esta ciudad, sus artistas y sobre todo su fiel público, lo merecen.

Imagen: La Jiribilla

Alberto Sarraín, dramaturgo y director de teatro cubano residente en EE.UU.:
Siento que este certamen  —que sin duda alguna es el más importante, abarcador y representativo de la escena nacional—  está en una etapa de madurez óptima para ampliarse a esa interpretación inclusiva del concepto cultural de nación soñada por todos. Camagüey debiera plantearse unificar en sus muestras futuras toda la producción cubana, la de dentro de sus fronteras geográficas y la que se hace con buena fe fuera de la Isla. Hay mucha gente creando en otros lugares que quiere seguir siendo parte de aquí.

Imagen: La Jiribilla

Ernesto Parra, director de Teatro Tuyo, Las Tunas:
Soy un artista con formación empírica, autodidacta. No tuve la oportunidad de pasar la Escuela Nacional de Arte (ENA) o el Instituto Superior de Arte (ISA), sin embargo, Camagüey y sus festivales de teatro fueron mi escuela, mi academia, todos esos años que vine antes con mis actores a ver y a escuchar. Ahora siento que nuestra participación en activo, con obras como Narices o Gris, son el fruto que Teatro Tuyo ha podido retribuirle a esta ciudad a manera de agradecimiento por la formación que nos dio. Este es un evento que rebasa los límites de una programación variada, diversa, para convertirse en espacio de superación abierto a todos.

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Carlos Celdrán, profesor de Instituto Superior de Arte (ISA) y director de Argos Teatro:
Celebro el regreso del foro crítico a esta 15 edición, pero sobre todo la distancia que el nuevo intento toma de aquella tribuna dañina y devastadora de hace unos seis años, donde se juzgaba de manera absoluta y unilateral a las propuestas escénicas, donde un creador era avergonzado y destruido frente a sus colegas y su obra comparecía para ser clasificados maniqueamente en buena o mala, válida o no. Ahora me alegro de encontrar un espacio novedoso, de entusiasmo y curiosidad, de diálogo y respeto, en que críticos y creadores comparecen como iguales con el sentido de preocuparse unos por otros, re-conocerse y entenderse. Me parece una ganancia cimera de esta cita del 2014.

Imagen: La Jiribilla

Carolina Caballero, profesora de la Universidad de Tulane, New Orleans:
Camagüey me parece un espacio ideal para este encuentro. Su estrechez como ciudad, lo cercanamente que tiene conectados los teatros, hace que el Festival se convierta en un verdadero intercambio, donde la gente se tropieza a la salida de las puestas, se comenta las impresiones y verdaderamente comparte. Ha sido una experiencia muy rica y familiar para mí; una hija de cubanos nacida fuera de Cuba, pero que no renuncia a conectarse con sus raíces.

Imagen: La Jiribilla

Luis Manuel Valdés Llauger, actor y director del grupo TECMA (Teatro Callejero Medioambiental), Pinar del Río:
Nuestra agrupación es parte de un proyecto sociocultural comunitario liderado por educadores populares y con gran apoyo de la Asociación Hermanos Saíz. Venidos del trabajo comunitario, de espacios distantes y desfavorecidos, que tienden a invisibilizar nuestro quehacer, para nosotros estar en el Festival de Teatro de Camagüey es extremadamente importante, porque nos funciona como espacio de confrontación, donde todo el mundo pone su pieza de arte en diálogo con los demás, donde socializas tu concepto y aprendes del otro, donde se construye un saber colectivo a partir de los saberes individuales. Quisiera que los camagüeyanos defendiesen siempre este espacio único.

Imagen: La Jiribilla

José Ramón Hernández, director perteneciente a la agrupación Teatro El Público:
Camagüey es un espacio que hay que preservar y desarrollar. Ahora mismo me parece la capital de la confluencia del teatro en Cuba. Agradezco mucho estar aquí, sobre todo por el receptor que uno encuentra en esta ciudad, ese sujeto —sedimento de tantos años de familiarización profunda con esta manifestación, producto de toda la historia de visualización que el mismo Festival le ha permitido. El de esta provincia es un público educado, cultivado, que ama el teatro y que siempre representa para el creador un alto riesgo.

Imagen: La Jiribilla

Hilde Gorpe, actriz sueca radicada en Cuba participante en el evento con la obra Aleja a tus hijos del Alcohol, de Teatro El Público:
Llego a Camagüey por vez primera con un personaje muy autobiográfico que narra su diferencia, su singularidad: ser una sueca migrada “extrañamente” y por libre decisión a las dificultades económicas de Cuba. Este país me imanta porque aquí, con todo y los problemas materiales, me siento viva y completa. Me ha encantado ser parte de la muestra y traer a ella mi verdad distinta, que también siento parte de la realidad nacional tan compleja y sorprendente de esta Isla.

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