En lo profundo de la panza

Isabel Cristina • Camaguey, Cuba

Fotos: Cortesía del Consejo Nacional de las Artes Escénicas

El 10 de octubre regreso por segunda vez a La panza del caimán. Justo en fecha libertaria tenía que entrar a la sala de Teatro del Espacio Interior para alimentar esa idea fija, recurrente y obsesiva de que mi historia, nuestra historia, está muy mal contada. Mario Junquera, con su particular forma de entender la realidad en nuestros contextos inciertos, encuentra en este espectáculo un cauce poético.

Imagen: La Jiribilla

La panza del caimán está muy cerca de conseguir una suerte de equilibrio entre la imagen poética y la retórica de un discurso que se vuelve cerrado, unidireccional, tiránico. Un entrenamiento que debe seguirse perfilando, para no caer, sin retorno, en los abismos. Como buen equilibrista, el director construye imágenes memorables que nos hablan más abiertamente de nuestro futuro intangible. No se permite quedar anclado en el relato de nuestros fracasos y la enumeración de las batallas perdidas, sino que logra ir mucho más allá de la palabra acusatoria y nos deja, por momentos, el privilegio de pensar, de reclamar, de disentir por nosotros mismos. No viví los tiques de las hamburguesas, ni la zafra del 70, pero tengo mis propios reclamos y la historia reciente de mi país, quizá la que más rápido sea borrada, está archivada en mi memoria como los fragmentos que habitan en La panza del caimán.

El director esparce las esquirlas de una historia que cada quien corre el riesgo de juntar y llevarse consigo, a pesar de herirse las manos y los ojos. Guardo la pionera y los dientes que se caen tal vez por la vejez inevitable de las ideas o por apretarlos muy fuerte cada noche, para no dejar escapar en sueños lo que callamos en la vigilia. Guardo la frenética carrera por llegar a alguna parte, cualquier parte. Guardo la voluntad de izar las velas de la Isla cual maletas llenas de nada, patrimonio intangible de la nación. La travesía de una Isla que parece ir sin rumbo por los mares y los vaivenes de la gente y sus leyendas de naufragios puede ser, una noche de 10 de octubre, mi propia travesía.  

Imagen: La Jiribilla

El espectáculo revela el sino cáustico de la nación, esa especie de ironía trágica que hace al público reír cuando de dolor se trata, como un mecanismo de defensa que obstruye automáticamente el pensamiento. Tal vez por eso Junquera interroga a los espectadores desde la incómoda luz de una linterna y hay quien responde desde la ignorancia del homo-nacional-pateticus suicida.

La panza del caimán es un trabajo riguroso y coherente, una puesta que contiene y condensa teatralmente las búsquedas de muchos años. Una verdad que nace del actor y sólo desde el cuerpo puede ser defendida intensamente. Luego de 24 años, el director vuelve a la escena como intérprete, un gesto doloroso y de exposición que puede ser quizá, la más fuerte denuncia, el discurso más contestatario y auténtico porque se hace desde el cuerpo y su dolor. Con implicaciones históricas y personales, Mario Junquera comparte la escena con las jóvenes Iris María Mariño y Lianet Risco, una conjunción de experiencias dispares; sin embargo, todos trabajan y danzan como autómatas a un ritmo tradicional, contagioso. Una danza que se desarticula y se fragmenta en los cuerpos de los actores como se fragmentan las proyecciones de las imágenes en la escena como la historia misma de la Isla.

Teatro del Espacio Interior se acerca esta vez a la traducción poética de un discurso político que siente necesario y urgente. No obstante, encontrar ese equilibrio preciso, sutil, es todavía un camino de investigación abierto. Mario Junquera me hace reafirmar que amo este país con su estrella solitaria, aun cuando no me haya dicho nunca toda la verdad. La panza del caimán es un buen lugar para reconstruir esa verdad dispersa, que yo no logro conectar a través de consignas al reverso, pero sí a través de las siluetas de gente sin rostro que quedan en el escenario marcadas con tiza, mientras allá, en lo profundo de la panza, parecen avanzar las sombras detenidas.

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