Acordes finales

Frank Padrón • La Habana, Cuba

Las últimas jornadas del Festival Leo Brouwer de Música de Cámara en su sexta edición confirman el refrán empleado por Shakespeare en una de sus comedias: “A buen fin no hay mal principio”, y ya sabemos cuál es el que rige este evento amalgamador e inclusivo, si tomáramos esa palabra en su acepción moral; si la vemos en su aspecto temporal, desde los primeros conciertos, ya lo comentábamos en un acercamiento anterior,  fue promisorio.

Imagen: La Jiribilla

De entre lo degustado en estos días finales, estuvo el monográfico dedicado al paraguayo Agustín Barrios “Mangoré” (1885-1944) a cargo de una especialista en el eximio guitarrista, su colega, coetánea y discípula Berta Rojas; de una sensibilidad que desborda no solo desde sus ágiles y acuciosos dedos frente al cordófono, si no en toda su presencia (mujer fina y elegante) Berta desplegó arpegios hermosos, trenzados de acordes que nos trajeron algunas de las piezas emblemáticas de ese coloso inquieto, viajero —recorrió 20 países latinoamericanos, entre ellos Cuba—, tras cuyos pasos va Berta recreando su música, entre la cual sobresalen los dos valses de El último canto, Choro da Saudade, London Carape o el inspirado en nuestra capital, La Catedral.

Tras las huellas de Mangoré, como se tituló el recital, contó con algunos invitados que se pusieron en sintonía con esa música ancestral, con profundo sabor a nuestras tierras, con la impronta indígena de las selvas en la región: el clarinetista Arístides Porto, el guitarrista Ricardo Gallén y la tan laboriosa Orquesta de Cámara de La Habana, dirigida desde las primeras actividades del festival por Daiana García.

Hablaba en las líneas introductorias del bardo inglés y ningún homenaje hubiera resultado mejor que Las cartas a Julieta que, inspiradas en el célebre personaje femenino de una de sus tragedias más conocidas, concibió en 1992 Elvis Costello y grabara junto al Brodsky Quartet.

Preciosas baladas contemporáneas las seleccionadas de entre estas The Juliet letters  que nos llegaron en versión del Cuarteto Latinoamericano y el cantante cubano Augusto Enríquez; antes, los cuatro músicos integrantes del famoso ensemble mexicano dieron muestras de virtuosismo al abordar piezas de su paisano Silvestre Revueltas, el argentino Alberto Ginastera y el español Julián Orbón, maestro a quien le debe no poco nuestra música.

Augusto declaró que pocas partituras le habían arrancado tanto estudio, y su interpretación lo demostró; esta fue matizada, segura, amplia en las ricas modulaciones que tienen esas canciones, certera en los diversos registros que demandan; sin duda, uno de las más notables labores de nuestro cantante en los últimos tiempos.

Imagen: La Jiribilla

El arco y la lira fue otra jornada superlativa del “Leo…”: los cellistas Carlos Prieto, de México, y el norteamericano Yo-Yo Ma, junto al Brasil Guitar Duo desbordaron la sala del Teatro Martí, como se sabe, uno de los anfitriones más sistemáticos del evento.

Ya fuera en una tan compleja como hermosa Sonata del pensador dedicada por el maestro Brouwer a Ricardo Gallén a cargo de los extraordinarios brasileños, ya otro homenaje (el de Samuel Zyman precisamente a Carlos Prieto y Yo-Yo Ma, y ejecutada por ellos), finalizando con la pieza que tituló el concierto, otro regalo de Leo a los excelentes músicos y a los cuales se unió el dúo de guitarristas, todo redundó en una noche de perfecciones armónicas e interpretativas.

Algo que coronaron los aplausos infinitos del público, y que tuvo su nota más alta cuando la UNEAC en la persona de su presidente Miguel Barnet, y Cubadisco, a cargo de Guido López Gavilán, entregaron sendas condecoraciones a Yo-Yo Ma, como se sabe, y reafirmaron estas horas junto a él, una referencia obligada del cello en la actualidad y desde hace mucho.

El  FestivalLeo Brouwer” de Música de Cámara, seis jornadas después, ha demostrado ser el evento musical más importante del patio, y uno de los mayores desde el punto de vista artístico; por ello, somos muchos los que nos unimos a la petición, o mejor, el reclamo de que el “réquiem” entonado por su director no sea tal: el maestro dijo que sería el último, y todos —al menos los que disfrutamos de sus maravillosos conciertos— deseamos que lo piense mejor y siga adelante con nuevas ediciones para el enriquecimiento y la belleza compartidos.

                        

   

 

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