Selección de textos del libro
Historias nocturnas

Ariel López Home • Cienfuegos, Cuba

De: EL FLACO [mailto:gatoflaco@yahoo.com]
Enviado el: jueves, 17 de febrero de 2011 13:37
Para: duany@hotmail.es]
Asunto: PRETEXTO

  No sé qué esperan de mí, pero debo contarle a alguien. No creo que las palabras, el desahogo, la canalización del dolor o incluso de la belleza sea lo que ellos esperan. La gente, la ciudad, los amigos siempre están demasiado lejanos cuando se les necesita; aun a tu lado, nunca están lo suficientemente cerca… entonces, todo ocurre, se abre la noche,  sus historias y tienes, sin saberlo un elegido, un amigo o enemigo al que prefieres entregarle la construcción de tu vida, cada una de las historias que desde la noche sobre ti han caído; tienes un infalible pensamiento que te dicta lo que debes hacer: esto tengo que contárselo a…y escoges un nombre, cualquier nombre, alguien que comparta alguna deuda contigo: el indicado.

  Debes hacerlo bien, en el momento y de la forma adecuada, debes buscar una historia para contar tus historias, sean reales o ficticias, diurnas o nocturnas, no importa, sean lo que sean son tuyas y quieres, por encima de todas las cosas, que pasen a ser también de otra persona, pues es la única manera en que puedes asegurar que alguna vez no has estado solo, así las cosas, he decidido hacerte estas historias que en su común contexto tienen a la noche, que es por demás, un testigo más discreto que cualquier otro.   Después de saber esto y a unos días de tu partida todo desde la noche comenzó a iluminarse, y en fin, es esta la manera escogida para saldar mis deudas, para recuperar la realidad y la ficción de los años que perdimos y comienzo por presentarte las historias de algunos amigos que nunca conociste al marcharte, quizás me equivoque, pero no veo una mejor forma de amistad que ser testigo de los momentos más ligeros y alegres o de los sucesos atroces que nos sostienen.

Un abrazo: el Flaco

PD: No te dije nada aquel día pero finalmente armé el cubo Rubik

Casi una historia de amor

-Caminar por caminar, sin calles, sin avenidas, sin aceras; en la casualidad del avance. Caminar en la mente, sin entender a donde va el cuerpo. Sentir que se camina sin caminar y aún si se camina, sentir que no es tan importante hasta que invade el cansancio; un cansancio veloz, atronador… Luego despertar en un hospital con la garganta hecha pedazos por el dolor, pensar inmediatamente en la muerte y descubrir que la has dejado atrás, en algún lugar inalcanzable; una terrible sensación, aversión momentánea por todas las cosas-.

Al decirme esto, Cecil clavó los ojos en el cielo raso del hospital y yo seguí hablando hasta que me percaté de que no prestaba atención. Después de ese día nos vimos poco, cada vez menos. Ella siguió intentando aquello hasta que ya no nos vimos más. Al principio traté de impedírselo pero descubrí que cualquier cosa era en vano, entonces supe que ya no me amaba y durante mucho tiempo sentí algo parecido a lo que ella me había contado; solo que mi manera de sentirlo era mucho más tenue y prolongada, fue cuando comencé a caminar, sin calles, sin avenidas, sin aceras; simplemente a caminar en la casualidad del avance.

Porcelana rota

  Cuando llegó a la casa la muchacha lo esperaba. La penumbra cercaba la sala como los bordes de un cuadrilátero. Se detuvo un momento a mirarla, no había sorpresa en su cara, solo cansancio. La muchacha encogió las piernas en forma de loto y encendió un cigarro; él siguió de largo hasta la cocina. Regresó con café servido especialmente para ella en una de sus tazas Noritake.

—Eres un imbécil —dijo la muchacha.

—Te estuve buscando toda la noche

—¿Dónde, en el bar?

—Sí, estuve allí primero, necesitaba un poco de coraje.

— Ya… por eso eres un imbécil —y selló la frase con una lenta bocanada de humo.

—¿Es verdad lo que me dijiste por teléfono?

—Sí, me acosté con otro.

  El hombre sintió que debía hacer algo, estrangularla por ejemplo, o comenzar a gritar coléricamente y patear todos los muebles de la casa, pero no tenía fuerzas ni deseos; había dejado toda la rabia dispersa en la madrugada.

—¿Por qué?

—Yo también necesitaba coraje…

—No me jodas.

—Se necesita coraje para volver.

  Quedaron en silencio, mirándose. Ella sintió las oleadas de aliento etílico que llegaban desde la boca del hombre. Apagó el cigarro y abrió las piernas por encima de los brazos del sillón. La taza de café quebró el silencio de la madrugada al estallar contra el suelo. A ninguno de los dos le importó.

 

Ficha: Ariel López Home. Cienfuegos, 1979. Poeta, narrador y músico. Se graduó de psicología en la UCLV, miembro de la AHS. Ha obtenido varios premios de carácter nacional entre los que se encuentran: Reina del Mar Editores (poesía, 1999 y 2008; Mención, cuento, 2004), Abel Santamaría (poesía, 1999 y cuento, 2000). Beca de creación: El Girasol Sediento (cuento, 2001), Fundación de la Ciudad Fernandina de Jagua (mención, poesía, 2000); José de Jesús Rojo (poesía, 2005); e internacionales como: Art Nalón (finalista, cuento, España, 2007); Literatura Comprimida (finalista, cuento, España, 2008).Trabajos suyos aparecen en antologías nacionales y extranjeras como: Los parques ( poesía, Mecenas, 2001); La Isla en versos (poesía, La Luz, 2011); Quemar las naves (cuento, Educat, Brasil, 2002); Como el aire en las orejas (cuento, Reina del Mar Editores, 2004); Cortos, cortos (cuento, Ediciones Trabe, 2007). Tiene publicados Hard way (poesía, Mecenas, 2003) y Harvester (Poesía, Reina del Mar Editores, 2009).Trabajos suyos aparecen publicados además en revistas nacionales y extranjeras como Ariel (Mecenas, 1999), Papeles de la Mancuspia (núm. 59. Monterrey, N.L, septiembre 2011). Reina del Mar Editores posee en proceso de edición su traducción del libro Cantos de Experiencia, de William Blake.

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