Tebas Land: territorio de con-fusión

Ambar Carralero • La Habana, Cuba
Imagen: Tomada de Internet
 
“El arte es la voluntad de matar al padre”.[1]
Emilio García Wehbi
 

I Encuentro [2]

Si dijera que Tebas Land ha removido y armonizado algunos pensamientos encontrados que tenía respecto a varias teorías del teatro, estaría confesando solo uno de los aspectos que ese texto teatral ha emancipado en mí.

Sergio Blanco, su autor, asume la tierra de Tebas como un lugar que más allá de la ciudad donde se ubica el mito de Edipo, es un espacio personal donde las cosas son confusas, difíciles de definir. Para mi Tebas Land, es un texto “madre”, fecundado por la promiscuidad de un padre que no se decide entre la realidad y la ficción, se queda con ambas. Este texto fue presentado por primera vez en La Habana, el día 6 de junio en el Sábado del Libro, a partir de la publicación del mismo por parte de Ediciones Alarcos, en su Colección Escenarios del Mundo.

Creo que es tarea imprescindible de un sello editorial,  estar al tanto de los acontecimientos más relevantes, cualquiera que sea la expresión que legitime, y sin duda, este acierto editorial es más que oportuno, en un momento en el que este dramaturgo se consolida como uno de los autores más importantes de la contemporaneidad. Escribo esto y pienso en la ingenuidad con la que el parricida Martín Santos, personaje de la obra, le pregunta al escritor: “¿Qué quiere decir artista contemporáneo?” [3] La suspicacia, la ironía con la cual el autor nos coloca ante la vacuidad de los términos, esos que utilizamos y repetimos todos los días, y después de todo son necesarios para catalogar, definir un terreno tan subjetivo como el arte.

A propósito de la presentación del libro en el Festival de Teatro de Camagüey, intentaré un acercamiento a esta obra con la premisa de que mis palabras no pueden ser más que un acto de confesión.

Imagen: La Jiribilla

II Ataque [4]

 La presentación de varios volúmenes publicados por Ediciones Alarcos tuvo lugar en los espacios que sucedieron al Evento Teórico realizado, siempre en la mañana, durante las jornadas del Festival.

Entre las publicaciones destacó el libro en cuestión, que cuenta además con un prólogo de José-Luis García Barrientos, un epílogo de Omar Valiño y la edición de Abel González Melo. En el prólogo se ofrecen algunas de las claves fundamentales del texto, un análisis profundo que parte desde la poética de Aristóteles, hasta los presupuestos estético-artísticos de la autoficción, como el género en el que está enmarcada la obra. 

La palabra mythos es la transcripción al latín de una palabra griega que en español se traduce en “cuento o relato”. También entendemos “mito” como la propagación de una voz popular que se corre, mezclando aspectos de la realidad con la ficción de una manera en que es muy difícil determinar la veracidad de sus fuentes y los límites de sus invenciones. Precisamente, Tebas Land toma el mito de Edipo para reinventar la historia de un parricida, otro, en una cancha de básquetbol enrejada, conceptualizando así varios universos en un mismo espacio: prisión/escenario,  realidad/ficción, crimen/simulacro.

No hay acotaciones en esta obra, el mismo lenguaje se encarga de mostrar cómo debe enunciarse. Recuerdo las palabras de José Antonio Alegría durante la presentación en el Sábado del Libro cuando decía: “la fuerza y la riqueza que tiene el discurso para autoabastecerse y para generar sentido y protegerlo en el futuro, edifica constantemente preguntas sobre su propia raíz” [5]. La obra está dividida en las cinco partes que estructuran un partido de básquetbol.

S, el escritor, es el personaje que anuncia un proyecto de escritura en el que establecerá un diálogo real con Martín Santos, el joven de 21 años que  asesinó a su padre con un tenedor. Para ello, también selecciona a un actor, Federico, responsable de caracterizar al asesino en la puesta en escena. En este sistema de personajes, las asociaciones conducirán al descubrimiento de un entramado que conecta todo de manera casi mística.

Las referencias a la novela Los hermanos Karamasov, al padre de Dostoievski y al de Mozart, a Roland Barthes, a los análisis freudianos, a las oraciones bíblicas, textos extraídos de Wikipedia, informes policiales y comunicados ministeriales, el Concierto para piano No. 21 en do mayor de Mozart, junto a la canción “Amada amante” de Roberto Carlos, y al tema “With or without you” de Bono y U2. Todo en el mismo texto, pero no por eso mezclado, sino más bien “montado”, entendiendo el montaje como la estructuración de un relato.

En cada escena se cuenta algo diferente, hay una dosificación perfecta de la información, de las claves sobre este caso policial, de las revelaciones que nos llevan hacia Martín, hacia la dilucidación no solo del crimen, si no del “ejercicio” de cómo hacer una obra teatral, al mismo tiempo que muestra la complejidad y belleza de trabajar con un material humano. José-Luis García Barrientos acota de manera admirable en el prólogo: “La ficción influyendo a la realidad. El teatro corrigiendo a la vida” [6].

Es evidente la presencia de cierto fetichismo hacia los objetos, como las señales tangibles, la huella que permanece después de los eventos, la memoria de la gente: el rosario de pétalos de jazmín y de pétalos de rosas (trucado varias veces por S, para que resulte más interesante), la foto en la que aparecen padre e hijo juntos cuando el chico tenía diez años de edad, el disco de Roberto Carlos, el libro utilizado por el padre de Martín para aplastarle los dedos contra el suelo, el tenedor que emplea el parricida para matar, los tenis Champions que usan de manera casual asesino y actor, (claro que los del actor son originales y los de Martín son una copia), la tablet que S le regala al parricida después del estreno, todo esto formula el cuestionamiento de hasta qué punto podemos asegurar que algo es cierto o falso. ¿Cuál es el original y cuál es la copia?

Los diálogos entre S y el asesino son representados, para luego ser reconstruidos por el escritor y el actor, en busca de lo que resulta más indicado para cada escena. Los enlaces entre las escenas pueden ser rápidos, inesperados, o muy sutiles, pero siempre con justificaciones ingeniosas desde el punto de vista formal y discursivo. Algo que recuerda aquella máxima del editor cinematográfico Walter Scott Murch cuando advierte que a un buen montaje no debe notársele las costuras, la respiración entre los planos y los cortes deben ser invisibles. Cuando en una conversación notamos el parpadeo de nuestro interlocutor comenzamos a sentir algo incómodo, y por ende dejamos de creerle. En Tebas Land no hay parpadeo, solo fluidez en los diálogos, y continuidad entre las escenas.

III Tiros al aro [7]

La multiplicación de planos que abordan y resignifican el mismo suceso, objeto o conversación, atraviesan la obra siendo una de sus matrices fundamentales. Se crean analogías entre la observación de los guardias en la cárcel y la mirada curiosa de los espectadores en el teatro, entre lo fantasmagórico de verse representado a uno mismo en escena y de visitar el cementerio, la reproducción de la escena del crimen y la representación teatral, como si el acto de “mirar” y “representar” cambiara solo por el contexto pero no en su sentido profundo.

Hay insinuaciones homoeróticas entre S y Martín, una complicidad que el actor asocia con el síndrome de Estocolmo, pero que también puede ser leída como la relación amorosa entre el artista y su obra, un teatro deseante [8], un escritor que desea a su objeto de investigación, a su material dramático.

La significación de los nombres de estos personajes ofrece nuevas claves para entender la relación entre ellos. Martín significa “guerrero”, Federico, “pacificador”, es hermoso pensar que precisamente el actor tiene esta calificación, el que va a traer la paz es el que va a re-vivir, a re-presentar la historia, el arte es un terreno donde todo puede ser posible sin dañar a nadie. Sergio significa “guardián” o “protector”, es el responsable de escribir la historia y llevarla a escena. Por supuesto, este es un terreno fértil para establecer visiones disímiles, nada es simple y como todo hecho artístico es subjetivo, las interpretaciones y lecturas igualan al número de lectores.

Esta es una obra que pudiera contarse íntegramente, y aún así los lectores/espectadores se sorprenderían porque su genialidad no radica en su fábula, ni siquiera en las asociaciones en las que tanto he insistido. Es la dualidad, la superposición y construcción de todos los elementos que la integran lo que la hace descollante.

Al final de Tebas Land, Martín debe decidir entre ir a visitar la tumba de su padre o asistir a un ensayo general de la obra que él ha inspirado. La despedida del escritor y de este joven supone también la diferencia de caminos que esperan a cada uno de ellos. Por distintos que sean, algo los hermana, el arte puede curar, sanar, aliviar. En palabras de Omar Valiño: “Al final, resultan tres personas transformadas por el arte, en un logrado apunte romántico” [9].

Cuando el escritor se aleja y ve desde afuera la luz de la tablet reflejada en el rostro de Martín dice:

“De repente pude ver que sus labios se empezaban a mover lentamente. Entonces me di cuenta que estaba leyendo algo. Siempre me quedé con la duda de saber qué sería. Nunca lo supe.” [10]

Inmediatamente después aparece Martín leyendo el único fragmento que aparece en Tebas Land de la obra de Sófocles, en este Edipo se presenta ante los ciudadanos de Tebas.

La obra de Sergio Blanco finaliza así con una contextualización a nivel profundo del mito, y sin recurrir a los mecanismos trillados y fáciles. La naturaleza humana, sus vicios y destellos se antojan algo atemporal que escapa a veces a nuestra voluntad y nos supera desde siempre. A lo mejor el arte nos ayuda a lidiar con ese vacío, con lo efímero de la existencia y con nuestra pequeñez ante el Universo.

Este volumen cierra con la reseña “Un espectáculo para mi caja negra” de Omar Valiño, que ofrece su experiencia y visión como testigo afortunado de la puesta en escena de Tebas Land, dirigida por el propio autor y estrenada en Montevideo. Su análisis culmina un libro total, que desde el diseño de su portada a cargo de Idania del Río, la calidad de su impresión y la hondura de su contenido, se convierte a mi juicio en uno de los grandes aciertos editoriales del equipo de Alarcos.

IV Descanso [11]

Me atrevo a decir que esta es una obra casi “religiosa”, su religiosidad consiste en la sublimación de los recursos teatrales y narrativos en función de contar una historia que se construye/desnuda a sí misma delante de nuestros ojos. El misticismo de sus conexiones es tan estudiado y exacto que parece casual.

Imaginar a Martín ante la tumba de su padre, me hace recordar el cadáver de mi abuelo, el rosario que llevaba conmigo durante el viaje a mi casa en Holguín, el que dejé la mañana en que fui a verlo al hospital, un poco por falta de tiempo, o tal vez por falta de fe. La oración que me negué a rezar mientras esperaba el permiso para subir a la sala, cuando creí que había llegado a tiempo. La incoherencia del vestido verde esperanza que traía ese 21 de abril, día de autopsia, de funeral, de cremación, esa tumba a la que no puedo ir porque no existe. Yo también me quedo con el teatro de Sergio, no sé si por necesidad o por obstinación.

Sería bueno terminar este acto de confesión con un tema musical, pero ante el silencio que dejó en mí la inmensidad, lo inexplicable de Tebas Land, solo se me ocurre rezar. Se me antoja el Padre Nuestro, lo citaré en francés, tal y como Martín se lo hace decir al escritor en una de las últimas escenas, pero ustedes queridos lectores pueden musitarlo conmigo en español, tal y como lo aprendimos de niños:

      “Notre Père, qui es aux Cieux, que ton nom soit sanctifié,

      que ton règne vienne, que ta volontè soit faite sur la terre

      comme au ciel. Donne-nous aujourd´hui notre pain de ce

      jour, pardonne-nous nos offenses comme nous pardonnons

      aussi à ceux qui nous ont offensés et ne nous soumets

      pas à la tentation, mais délivre-nous du mal. Amen.” [12]

 



[1] Emilio García Wehbi: “La poética del disenso. Manifiesto para mí mismo”, Revista Tablas, Ediciones Alarcos, La Habana, Cuba, no. 2, 2013, p. 14.
[2] Palabra incluida dentro del primer momento del partido de básquetbol: Primer cuarto.
[3] Sergio Blanco: Tebas Land, Cuarto Cuarto, Ediciones Alarcos, Colección Escenarios del Mundo, La Habana, Cuba, 2014, p. 110.
[4] Palabra incluida dentro del segundo momento del partido de básquetbol: Segundo cuarto.
[5]  José Antonio Alegría: www.cubarte.cult.cu
[6] José-Luis García Barrientos: Prólogo de Tebas Land, Ediciones Alarcos, Colección Escenarios del Mundo, La Habana, Cuba, 2014, p. 12.
[7] Palabra incluida dentro del tercer momento del partido de básquetbol: Tercer cuarto.
[8] Federico Irazábal: Pienso este término en correspondencia con la definición  que ofrece el investigador respecto a “crítica deseante”.  El mismo sentido de posesión entre la crítica y su objeto de (deseo) investigación puede ser aplicado a la relación entre director y puesta en escena, dramaturgo y texto teatral, actor y público.
[9] Omar Valiño: Epílogo: Un espectáculo para mi caja negra, Ediciones Alarcos, Colección Escenarios del Mundo, La Habana, Cuba, 2014, p. 128.
[10] Sergio Blanco: Tebas Land, Prórroga, Ediciones Alarcos, Colección Escenarios del Mundo, La Habana, Cuba, 2014, p. 123.
[11] Palabra incluida dentro del último momento del partido de básquetbol: Prórroga.
[12] Sergio Blanco: Tebas Land, Cuarto cuarto, Ediciones Alarcos, Colección Escenarios del Mundo, La Habana, Cuba, 2014, p. 110.
 

 

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato