Mañana. La revista de los niños

Cira Romero • La Habana, Cuba

Desde el siglo XIX hubo intelectuales cubanos proclives a fundar publicaciones dedicadas a los de menor edad. Sin duda, la más emblemática de todas es la revista La Edad deOro, fundada por José Martí en Nueva York en 1889 y de la cual aparecieron apenas cuatro números. Otros títulos como El Álbum de los Niños y El Amigo de los Niños también vieron la luz en ese siglo, y en las primeras décadas del XX fueron notables La Rosa Blanca y la que ahora comentamos.

Mañana. La revista de los niños surgió en La Habana en 1930 como una publicación mensual. Fungía como directora María Teresa Freyre de Andrade, una figura vinculada a la cultura y cuya máxima vocación, materializada posteriormente en múltiples proyectos, estuvo focalizada en mejorar los servicios bibliotecarios, contribuir a la difusión del libro y unir a los profesionales del ramo en el país, para cuya consecución creó la Asociación Cubana de Bibliotecarios (1948-1959), integrada por varias secciones, así como el Boletín de la Asociación Cubana de Bibliotecarios y la Escuela de Bibliotecarios (1950), entre otros proyectos bajo su auspicio. Tras el triunfo de la Revolución ocupó la dirección de la Biblioteca Nacional José Martí, institución en la que tuvo múltiples logros a partir de sus novedosas iniciativas.

La doctora Freyre de Andrade se hizo acompañar para dirigir la revista, en el plano artístico, por una figura de enorme prestigio: el caricaturista Conrado W. Massaguer, fundador de Social (1916-1933; 1935-[1938]), una de las publicaciones más emblemáticas de la Cuba republicana y quien había pertenecido al núcleo fundador del Grupo Minorista, junto con Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, José Zacarías Tallet y Jorge Mañach, entre otros.

En abril del citado año 1930, en plena dictadura machadista―dos años después, en 1932, dos hermanos de María Teresa engrosarían la lista de víctimas de la tiranía—apareció el primer número, en cuya página inicial se expresaba, dirigiéndose al público infantil:

Te vamos a decir quiénes somos los Cubanos, cómo eran niños los hombres célebres y qué hacían cuando lo eran, quiénes son los grandes navegantes de los tiempos pasados y los exploradores del presente, los misterios del mar y de la tierra, que son muy interesantes y entretenidos, todo lo que sucedió en la América Latina antes de la llegada de los hombres blancos y desde que llegaron ellos hasta nuestros días, lo que les decía Martí a los niños a quienes quiso tanto; daremos premios para el que dibuje mejor, para el que escriba el mejor cuento y esos trabajos se publicarán. Las niñas tendrán además sus secciones especiales, porque las niñas son muy especiales, y tantas y tantas cosas que no puedo seguir diciéndote, porque será demasiado largo.

Aparecieron cuentos, poesías, trabajos sobre arte y educación. Mantuvo una sección dedicada a la psicología infantil, que centró su interés en orientar a los padres acerca de cómo educar a sus hijos, y otra, titulada “Cartas a Xenia”, atendida por María Muñoz de Quevedo, en la que se trataban diversos asuntos sobre música e historia, pero vale la pena detenerse en esta importante figura. María Muñoz Portal ―asumió el apellido de su esposo, Antonio Quevedo—había nacido en La Coruña, España, en 1886, y en su tierra de nacimiento realizó estudios de piano. Fue alumna eminente de Manuel de Falla y realizó varias giras por la península ibérica. Llegó a Cuba, en compañía de su esposo, quien, aunque ingeniero de profesión, desde niño había recibido educación musical. Ambos fundaron, en 1928, la revista Musicalia y junto con Alejandro García Caturla crearon la Sociedad de Música Contemporánea y la Sociedad Coral de La Habana.

Sin duda Mañana. La revista de los niños, a pesar de su corta duración ―presumiblemente hasta diciembre de 1931― reunió en sus páginas esa tríade relevante, y en buena medida, gracias al prestigio de sus nombres, numerosos intelectuales estuvieron prestos a darle apoyo a través de sus trabajos. Figuras como Enrique José Varona, Renée Méndez Capote, Sara Isalgué, Mariano Brull, Juan Marinello, Jorge Mañach, Francisco Ichaso y Bonifacio Byrne, entre otras, suscribieron trabajos para sus páginas, y aunque la inclinación fue, por supuesto, a darle acogida a los dedicados a los niños, la amplitud de miras de la publicación fue un poco más allá, de modo que aparecieron artículos sobre educación, divulgaron métodos de enseñanza y dieron recomendaciones didácticas a los maestros.

El arte tuvo presencia, sobre todo, a través de la literaturay de ello se encargó, entre otros, el mencionado Mariano Brull, uno de los iniciadores de la llamada poesía pura en Cuba, pero su libro inicial, La casa del silencio (1916), aún se inscribe bajo la influencia del modernismo. No sería hasta 1928 que aparecería su primer libro bajo aquella tendencia, Poemas en menguante, que fue texto de acabada perfección. Desde Europa, donde residió la mayor parte de su vida en el cumplimiento de misiones diplomáticas, enviaba regularmente sus colaboraciones, como la titulada “Yo me voy a la mar de junio…”, orientada a la niñez, pero sin abandonar sus personales presupuestos estéticos, para así cumplimentar el propósito de la revista:

Yo me voy a la mar de junio,
A la mar de junio, niña.
Lunes. Hay sol. Novilunio.
Yo me voy a la mar, niña.
A la mar canto llano del viejo
Palestrina.
             ―Portada añil y púrpura
con caracoles de nubes blancas
y olitas enlazadas en fuga.
A la mar, ceñidor claro.
A la mar, lección expresiva
De geometría clásica.
Carrera de líneas en fuga
De la prisión de los poliedros
A la libertad de las parábolas.

―como la vio Picasso el dorio―.
Todavía en la pendiente del alma
Descendiendo por el plano inclinado.
A la mar bárbara, ya sometida
al imperio de helenos y galos;
no en paz romana esclava,
con todos los deseos alerta:
grito en la fluta apolínea.
Yo me voy a la mar de junio,
A la mar, niña,
Por sal, saladita…
                                        ¡Qué dulce!

Mañana. La revista de los niños, a pesar de su corta vida, cumplió con los propósitos que sus fundadores le imprimieron y en el plano del diseño también supo el maestro Massaguer darle un toque de frescura, atrayente para los más pequeños.

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