Entrevista con Nuria Gregori

Nuevamente, el premio José Vasconcelos en Cuba

Miguel Gerardo Valdés Pérez

La segunda mitad del siglo XX es considerada como una etapa de renovación y desarrollo disciplinar de los diversos campos de las Ciencias Sociales. Para los estudios de comunicación social, significó el arribo de tendencias enriquecedoras de concepciones y paradigmas precedentes que permitieron una mejor comprensión de los procesos integradores.

Latinoamérica aportó a esta etapa nuevos enfoques sociológicos como una consecuencia obligada ante la crisis de los paradigmas, el neoliberalismo, la globalización, el consumismo impuesto por los modelos culturales occidentales y los procesos de aculturación y marginación racial y étnica.

La premisa de que los diversos contextos ―y en particular los locales y grupales― ejercían decisiva mediación para comprender y potenciar el consumo, las políticas culturales y su adecuada gestión, comenzó a liderar el análisis y evaluación de esos procesos.

Actualmente, la salvaguarda del legado cultural ―cuyas bases están en la preservación del patrimonio material e inmaterial― es uno de los objetivos de casi todas las agendas de Latinoamérica. Un elemento ―entiéndase también ingrediente― conformador de la cultura latinoamericana es la raíz hispánica que ha perfilado lo general y particular de múltiples identidades cuya génesis recorre la veta continental, desde la integración ensayística martiana de la América nuestra hasta las profundidades analíticas de Carlos Galeano; sin olvidar el realismo mágico, recreado por Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez.

Es en ese contexto que un grupo de intelectuales mexicanos fundó en 1967 el Frente de Afirmación Hispanista A.C., cuyo objetivo ―desde ese momento― ha sido la preservación de los valores de la Hispanidad en correspondencia con  las afinidades étnicas y raciales; así como con las convergencias lingüísticas y espirituales que han servido de base para una herencia cultural común.

El Frente de Afirmación Hispanista, cuya sede radica en la Ciudad de México, ha tenido como misión identificar y reconocer la contribución y los aportes artísticos, científicos y literarios de la cultura hispánica al resto del mundo.

Para ello, entre otras acciones, instituyó, en 1968, el premio “José Vasconcelos” bien fuera en la presencia de personas o de instituciones. Desde entonces, el premio ha sido entregado anualmente cada 12 de octubre.

El presidente del Frente de Afirmación Hispanista y también, director de la Revista Hispano-Americana Norte, es el Sr. Fredo Arias de la Canal. Esta publicación puede evaluarse como un sistemático canal cultural de antecedente editorial en la dirección de Prensa Gráfica del Madrid de 1928.

Fredo Arias de la Canal ―incansable promotor, difusor y defensor del legado cultural hispanoamericano, tanto lírico, literario, como científico ―recibió el 10 de octubre del 2012, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Matanzas, el premio “Al Sur de mi garganta” otorgado por la Cátedra de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello.

El Frente de Afirmación Hispanista también cuenta con una fecundísima producción editorial que deviene testimonio gráfico no solo del acervo clásico hispanoamericano; sino de muchos autores no conocidos o reconocidos que han tenido una vía de divulgación para su obra.

Un sitio especial, como se expresó en las palabras de elogio por la entrega del premio “Al Sur de mi garganta”, lo han tenido poetas, narradores y académicos de Cuba, país reconocido por su producción musical y lírica en una constante labor que el director del Frente de Afirmación Hispanista, evadiendo todo protagonismo, con modestia, ha calificado “de grano de arena en medio de una playa”1.

En el presente año 2014, el Premio José Vasconcelos ―que fue entregado por el Presidente del Frente de Afirmación Hispanista el 12 de octubre― ha sido conferido a la Doctora en Ciencias Filológicas, Nuria Gregori Torada, directora del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba; presidenta del Consejo de Ciencias Sociales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; miembro de la Academia Cubana de la Lengua y Correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, la doctora Gregori Torada; quien ha sido una incansable investigadora social y cultural.

Imagen: La Jiribilla

Otras relevante figuras de la cultura cubana han recibido anteriormente el premio “José Vasconcelos”: el investigador Salvador Bueno Menéndez; la poetisa matancera Carilda Oliver Labra, y el pasado año, el poeta, decimista y promotor cultural pinareño Lorenzo Suárez Crespo.

La décima es una de las glosas a las que el Frente de Afirmación Hispanista ha dedicado especial atención, tanto en la reconstrucción histórica de sus fuentes documentales genéricas ―que Arias de la Canal ha identificado en la métrica española de Juan de Malara― como en la difusión de sus cultivadores2.

Cuba, cuenta con una riquísima tradición de un género que es resultado de la simiente cultural hispana; así como de reconocidos espacios en todo el territorio nacional, para su preservación y el fomento de nuevos talentos.

El reconocimiento a esa herencia cultural común, en la presencia del Premio “José Vasconcelos” en Cuba, es motivo de regocijo y celebración, por esa razón, la Doctora Nuria Gregori Torada accedió, amablemente, a responder las preguntas siguientes:

En 1966, usted concluye estudios en Ciencias Filológicas en la prestigiosa Universidad de Lomonosov, y al año siguiente, ingresa como investigadora en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. ¿Cómo caracterizaría casi medio siglo de permanencia en una institución cuya historia se relaciona con la identidad nacional y en especial, con la Sociedad Económica de Amigos del País?

Comencé a trabajar en el Instituto de Literatura y Lingüística (ILL) el 28 de enero de 1967, un mes después de concluir los estudios en la Universidad Lomonosov de Moscú y recibir el título de Máster en Ciencias Filológicas. Fui una de las primeras lingüistas formadas en los países del otrora campo socialista, pues en Cuba no se estudiaba aún esa especialidad, ni tampoco había centros de investigación científica.  

El Instituto de Literatura y Lingüística fue creado el 5 de mayo de 1965, aunque abrió sus puertas oficialmente el primero de julio. El año próximo cumpliremos 50 años. Fue uno de los primeros centros de investigación científica creados después del triunfo de la Revolución, lo que demuestra el interés e importancia que el estado revolucionario cubano siempre le ha concedido al estudio científico de nuestra lengua y literatura.

Como sede en la institución fue elegido el majestuoso edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País, construido en 1947, en la Avenida de Carlos III, hoy Salvador Allende. A esta decisión contribuyeron Fernando Ortiz, Juan Marinello y Salvador Massip, socios distinguidos de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP), quienes, en su condición también de miembros de la comisión organizadora de la naciente Academia de Ciencias de Cuba, formularon la propuesta.

Estoy segura de que tuvieron en cuenta la misión que se le encomendaba a la institución, recordando además que fue la SEAP la primera en Cuba que, como en tantas otros aspectos, en octubre de 1795, llamó la atención a la sociedad cubana sobre “los defectos de pronunciación y de escritura de nuestro idioma y medios de corregirlos” y promovió “la necesidad de confeccionar y publicar un diccionario provincial de la Isla de Cuba que reuniera” las voces criollas que tocan a la agricultura, trabajos campestres, comercio de la Isla, industria, artes, instituciones y prácticas del país, así como las palabras que aquí tuvieran un significado diferente al que se les daba en España , según el diccionario de la Real Academia Española”3.

Para la realización del diccionario se solicitaba la colaboración de los ilustres Amigos del País, haciendo además, la atinada reflexión que “si toda América seguía este ejemplo podrá al cabo de un tiempo la Nación española hacer un Diccionario Universal de sus Indias”4.

Como se conoce, los objetivos —desde la fundación de la SEAP, en 1793, denominada entonces Sociedad Patriótica― fueron impulsar el desarrollo socioeconómico, educacional y cultural del país. Su historia está unida a la creación y sostenimiento de las primeras escuelas públicas del país, la Academia de Arte y Pintura San Alejandro, la Escuela de Artes y Oficios, la publicación del primer periódico, El Papel Periódico de La Havana, de la primera Biblioteca Pública, la misma que los trabajadores del ILL no solo han salvaguardado, sino que continuaron enriqueciendo; la creación del primer ferrocarril, del primer jardín botánico y del primer Observatorio Meteorológico, entre otras acciones emprendidas por esa sociedad.

Los trabajadores del ILL siempre nos hemos sentido, continuadores de la obra de la SEAP, algo, que hemos asumido con orgullo y con responsabilidad.

Por eso, cuando se produjo en octubre de 1994, su “resurgimiento”, en los momentos más difíciles del Periodo Especial, los trabajadores del ILL fuimos de los primeros que nos incorporamos a su reanimación para, junto a todo nuestro pueblo, salvar a la Patria cubana.

Este año se han cumplido 20 años y nos sentimos satisfechos de lo que se ha podido realizar y, sobre todo, de lo que nos queda por hacer.

Trabajar en este edificio que encierra tanta historia, cultura y patriotismo cubano, me marcó desde el primer día. Nunca pensé que sería lingüista y trabajaría en un centro de investigaciones científicas. Tampoco que  llegaría a ser miembro de la SEAP, institución que tanto admiraba y respetaba desde niña. Acababa de cumplir 23 años. Ahora tengo 70.

Siempre he trabajado aquí, solamente con un breve lapso de ocho años y medio, desde 1973 hasta 1982, en los que estuve en el Capitolio Nacional, dirigiendo el Instituto de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de Cuba.

Desde mi ingreso al ILL recibí el apoyo, al igual que otros jóvenes que nos iniciábamos como investigadores, de nuestros queridos y siempre recordados José A. Portuondo y Ángel Augier, director y vicedirector, respectivamente.

A todos nos fueron dadas las posibilidades de continuar nuestra superación al mismo tiempo que nos formábamos como investigadores. En el caso de los lingüistas, fuimos haciéndonos  “golpe a golpe”, “haciendo camino al andar”, como dijo el poeta, pues éramos los “primeros”.

El Instituto de Ciencias Sociales (ICSO), estaba conformado por departamentos de investigación de Historia, Arqueología, Etnología, Psicología y Estudios Socioeconómicos de América Latina. Durante esos años tuve también la gran suerte, por lo tanto, de compartir y aprender mucho junto a historiadores, arqueólogos, etnólogos, psicólogos, sociólogos, politólogos y economistas. Jóvenes en su mayoría y algunos no tan jóvenes que eran destacadas figuras en cada una de esas ciencias. Las discusiones científicas, las investigaciones de campo junto a ellos, me permitieron ampliar mis conocimientos como científica social, desarrollar una visión transdisciplinaria en mi formación de filóloga, lingüista, sociolingüista e hispanista.

A mediados de 1982 fui liberada del cargo de dirección en el ICSO para concluir el doctorado en ciencias filológicas que había tenido que interrumpir. Defendí la tesis de doctorado el 22 noviembre de 1983 sobre las normas de la variante cubana de la lengua española, bajo la tutoría del destacado hispanista ruso Georgia Vladimirovich Stepánov en el Instituto de Lingüística de la Academia de Ciencias de la URSS. Regresé a mi casa en diciembre de 1983, como investigadora titular, más tarde jefa del departamento de lingüística, subdirectora científica en 1994 y desde mediados de 1995 directora. Cuando se reanimó la SEAP en 1994 fui elegida vicepresidenta.  

Seguramente, en su desempeño profesional, muchas personas habrán ejercido provechosa influencia. Sin embargo, hay presencias que marcan significativamente nuestras vidas. ¿Pudiera usted referirse a aquellas que han tenido una especial connotación para usted?

En estos 70 años de vida he tenido la gran suerte de conocer y compartir con muchas personas. Nunca he olvidado a mi primera maestra, Carmen Bravo y la  escuelita que tenía en su casa de la calle D’Strampes en la Víbora. No he olvidado a mis profesores del Instituto de la Víbora, del Conservatorio Amadeo Roldán, donde estudié música, y ballet desde muy pequeña. A muchos de mis profesores de la Universidad Lomosonov de Moscú y de los Institutos de Lingüística, Etnografía, Historia y América Latina de la Academia de Ciencias de la ex URSS, de Alemania, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia. De la Academia de Ciencias de Cuba, mis colegas de la Academia Cubana de la Lengua, la Real Academia Española, La Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Barcelona, el Instituto Caro y Cuervo de Colombia, de la UNAM, de las Universidades de Nueva York, de la CUNY, del Hunter College, del Columbia, Harvard, Princeton, Universidad de Puerto Rico (Río Piedras), Universidad de Sao Paulo, Residencia de Estudiantes de Madrid, Universidad de Valencia, Museo Histórico de Cataluña.

No quisiera decir nombres, porque no quisiera dejar de nombrar a nadie, realmente son muchos porque he tenido que relacionarme con muchas personas en mi trabajo profesional y en mi vida, y he tenido una gran suerte.

A comienzos del 2014 se dio a conocer la culminación del Atlas Lingüístico cubano como una obra relevante del Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Valdor” que usted dirige desde 1994. Sin embargo, a pesar de que los medios de comunicación masiva dieron cobertura a la información, aún resulta insuficiente el conocimiento y aprovechamiento de una obra de consulta y referencia como el atlas. ¿Cómo evaluaría las acciones estratégicas que se han realizado hasta el presente y cuáles usted recomendaría especialmente para que el Atlas Lingüístico alcance niveles óptimos de difusión y aprovechamiento educativo?

La misión que se le encomendó al ILL desde su fundación en 1965 fue el estudio de la lengua española, a partir de la variante cubana y la literatura cubana dentro del contexto iberoamericano. A partir de entonces los investigadores del ILL han entregado importantes resultados, algunos de los cuales ya han sido publicados y otros esperan con impaciencia por su publicación; retrasos de los que no son responsables sus autores, ni la institución; sino problemas de orden económico que nos lo han impedido. Mientras tanto, han sido presentados en forma de artículos y reseñas en publicaciones periódicas, entre ellas en nuestra revista Anuario L/ L en sus dos series: estudios literarios y estudios lingüísticos, la que cuenta, desde hace varios años, con el apoyo del Frente de Afirmación Hispanista.

Entre los resultados obtenidos por nuestros investigadores a lo largo de estos 49 años,  pueden destacarse : Diccionario de la Literatura Cubana en dos tomos; Perfil Histórico de las Letras Cubanas ―desde sus orígenes hasta 1898―; La Historia de la Literatura Cubana en tres tomos: Diccionario del español de Cuba, realizado con la Universidad de Augsburgo, Alemania; Diccionario de la Caña de azúcar, español-inglés, inglés-español; Diccionario de términos medioambientales; Diccionario de términos jurídicos; Diccionario cubano de fraseologismos, Diccionario ejemplificado del español de Cuba; Proposición de una Política Lingüística Nacional; Estudios de toponimia. El criollo haitiano en Cuba; Diccionario biobibliográfico de autores cubanos; Obras y personajes de la Literatura Cubana; Diccionario de obras cubanas de ensayo y crítica, cuyo primer tomo acaba de salir. 

También, la publicación, hasta el momento de seis libros inéditos de Fernando Ortiz, obras que estaban en su Archivo ―que se encuentra en nuestro Instituto― y cuya publicación emprendemos juntos el Instituto, la Fundación Fernando Ortiz y la SEAP. El Instituto y muchos de sus investigadores han recibido premios y reconocimientos.

El Atlas lingüístico fue uno de los primeros proyectos que se propuso realizar el ILL. Para ello visitaron Cuba a finales de los años 60 y principios de los 70, investigadores del Instituto de Lingüística de la Academia de Ciencias de Rumania Tudora Sandru y Marius Salas que dieron inicio a una de serie cursos y entrenamientos sobre geolingüística. La elaboración de un atlas lingüístico constituye una tarea muy compleja, costosa; pero imprescindible para el estudio de las lenguas.     

Como su nombre lo indica “atlas”, se trata de mapas en los que en este caso se cartografían materiales lingüísticos recogidos a través de cuestionarios realizados previamente por un equipo de investigadores que luego se aplican en encuestas a informantes seleccionados por edades, sexo y nivel de escolaridad en los diferentes territorios de un país sobre léxico, morfología y fonética.

Para la elaboración de los cuestionarios del Atlas Lingüístico de Cuba, además de consultar los atlas que antes se habían realizado en España y en otros países hispanoamericanos, tuvimos también la posibilidad de contar con la experimentada asesoría de los destacados profesores españoles Manuel Alvar López y Antonio Quilis.

Entre los años 1989 y 1995 se llevó a cabo la aplicación del cuestionario en todo el país, incluyendo, por supuesto, la Isla de la Juventud.

Las encuestas fueron realizadas por jóvenes investigadores del ILL, en su mayoría mujeres, andando por todo el archipiélago cubano.  

Hoy, hemos culminado la magna obra gracias a un software creado por un joven y talentoso ingeniero cubano que nos ha permitido la publicación del Atlas Lingüístico de Cuba en formato digital en cinco DVDs, que ha quedado conformado por 15 mil mapas.

La primera entrega de estos DVDs se hará de forma no comercial para todas las universidades y para las principales bibliotecas del país. Se enviará también a investigadores e instituciones de otros países que nos han apoyado para llegar hasta aquí. Y por supuesto, se comercializará. 

A partir de ahora es cuando los investigadores y estudiosos de la lengua española de Cuba y del mundo tendrán en sus manos una valiosísima información que les permitirá la realización de investigaciones sobre el español de Cuba, realizar estudios comparativos. También será utilísima para la enseñanza de la lengua española. 

Nos gustaría mucho en un futuro publicarla en papel; pero reitero, sería muy costosa, pues se trata de 15 mil mapas.

Usted cuenta con una producción editorial de investigación filológica que ha abarcado el contexto nacional e internacional, ¿alguna de estas obras tiene especial significación para usted?

Todas las investigaciones en las que he participado o dirigido, se hayan publicado o no, todas tienen significación para mí. Ahora, estoy trabajando en dos obras al mismo tiempo, que anhelo concluir y publicar.

Le guardo un cariño muy especial a la primera edición crítica facsimilar del Diario de Campaña de José Martí, publicada en 1970, por la editorial Academia, y de la que también se hizo una edición en Italia. No solo porque es mi primogénita, incuestionablemente, sino porque en este diario está la forma de ser de Martí. Estudiando su diario de campaña pude conocerlo, admirarlo y quererlo más de lo que ya quería.

Yo me encontraba entonces trabajando en un estudio sobre los cubanismos en el diario de campaña de Martí. Para eso escogí la edición de las Obras Completas de José Martí publicada en 1963-64, realizada bajo la dirección de Gonzalo de Quesada y Miranda, por considerar que era la que guardaba más fidelidad con el original manuscrito, ya que había sido revisada y descifrada, una vez más, la caligrafía de Martí. No obstante, revisé otras ocho ediciones, casi todas, comprobando que no existían diferencias trascendentales de unas a otras y que las que existían se trataba de errores tipográficos. 

Cuando comencé a trabajar me encontré con una serie de tropiezos, en su mayoría referidas al léxico. Palabras que no encajaban dentro del contexto o que, simplemente, no existían en español; espacios en blanco en el que no se aclaraba si Martí los había dejado en blanco, para escribirla después, o se trataba de palabras ininteligibles que el editor no pudo descifrar. Me extrañaba que Martí siempre tan celoso al escribir, quien siempre buscaba las palabras “coloreadas y precisas”,  pudiera cometer tales descuidos.

El doctor Portuondo conoció que los familiares del Generalísimo Máximo Gómez, habían hecho entrega al Gobierno Revolucionario del archivo del Generalísimo y que, conjuntamente con él, habían entregado el manuscrito del diario de Martí y del pequeño diccionario de bolsillo que llevaba con él al caer en Dos Ríos (Thompson´s Pocket Speller, Connectituc 1890-1892 ).

Los doctores Portuondo y Augier se dirigieron personalmente a la dirección de la entonces Oficina de Documentos Históricos de la Revolución, y no solo me autorizaron a consultar el original manuscrito del diario; sino que pusieron a mi disposición todos sus recursos para poder realizar la investigación.

Tuve la ayuda para la duras tareas del cotejo de mis queridos e inolvidables compañeros Graciela Pérez González ―también lingüista― y de Ángel Augier ―quien se convirtió en mi “auxiliar de investigación”―. Durante la marcha del trabajo fueron también decisivas las experimentadas orientaciones, sugerencias, que recibí de Portuondo, Augier, Fina García Marruz y Cintio Vitier. Todo lo que me permitió publicar la primera edición facsimilar del diario, con introducción, correcciones y 155 notas aclaratorias. Como apéndice se publicaron también, por primera vez, las primeras notas que tomó Martí en el diccionario de inglés mencionado, y que pasó luego al diario. Este fue el comienzo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Entre las investigaciones a las que guardo especial cariño por lo que me dejaron y a las que acudo, está también el estudio sobre las actitudes lingüísticas y la variabilidad de la lengua, con la aplicación de un cuestionario en cinco de las principales ciudades de Cuba y en las que participaron investigadores de otras provincias del país; las valoraciones de los cubanos cultos hacia su lengua materna, paso previo para la propuesta de una política lingüística. 

La elaboración de un Diccionario español coreano y coreano español en la que participamos un grupo de investigadores del Instituto e investigadores coreanos, de la República Popular Democrática de Corea.

La participación, como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua en las Comisiones Permanentes en los años 2001 y 2010 en la sede de la Real Academia Española, junto a académicos españoles e hispanoamericanos y durante todos estos años en la elaboración de las Ediciones XXII y XXIII del Diccionario de la Lengua Española. Esta última, la edición XXIII que se presentará en Madrid en los próximos días de octubre, y que todos esperamos con ansiedad.

La participación en la elaboración, también como miembro de la Academia Cubana, del Diccionario de Americanismos, realizada por la Asociación de Academias de la Lengua Española ―publicado en el año 2000―, y para el que fui designada en el año 2005, por el presidente de la Asociación de Academias, coordinadora del área de las Antillas, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

Se trata  de obras colectivas muy complejas e importantes en las que hemos trabajado juntos académicos de todas las Academias nacionales de la lengua española en una obra común “el rascacielos monumental” de nuestra lengua española ―una y diversa― y que nos ha dejado una gran huella, una gran satisfacción y muchos deseos de continuar trabajando en el estudio de nuestra “joven milenaria” lengua española, como dije alguna vez. 

Por razones muy personales, profundas e íntimas, también me he dedicado a incursionar en el estudio de la lengua catalana, de las relaciones Cuba-Cataluña y de la Guerra Civil Española, pues soy hija y hermana de exiliados republicanos españoles, catalanes. Uno de las investigaciones que estoy concluyendo precisamente es sobre la Casa Escuela Pueblo de Cuba de Sitges, Barcelona, que mantenía el pueblo cubano a través de la Asociación de Auxilio al Niño del Pueblo Español, durante la guerra civil española, con el envío desde Cuba de alimentos, ropa y calzado, libros y 400 dólares mensuales, en la que vivían 75 niños españoles y cuya directora era la inolvidable maestra cubana Rosa Pastora Leclere, a quien no conocí personalmente; pero ha dejado una huella profunda e imborrable en mí. Pronto se conocerá esta bella página de la historia del internacionalismo cubano.

Un tema debatido en la actualidad es el empleo correcto de la lengua materna y el uso que las jóvenes generaciones hacen de ella.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   ¿Considera usted que podría establecerse una diferenciación entre los conceptos popular y populista? ¿Cuál sería la relación entre lo populista y lo vulgar en nuestro contexto?

La lengua española es una y diversa y, como cualquier otra lengua, pertenece por igual a todos sus hablantes quienes son los que hacen y también deshacen las lenguas. En el caso de nuestra lengua somos 500 millones de hablantes. No todos tienen el mismo dominio lingüístico, estas diferencias aparecen tanto al hablar como al escribir.

En una lengua cabe todo lo que pertenece a ella: lo culto, lo popular, lo vulgar. Lo vulgar y lo popular no son equivalentes en ningún contexto. Vale todo, sí; pero la lengua que nos acerca, la que nos permite comunicarnos con los 500 millones de hablantes es la lengua culta o estándar, la que se describe y se prescribe en la gramática, ortografía, en los diccionarios. Recordemos que una lengua no es solo gramática, que la lengua es un hecho social y además de las normas gramaticales ortográficas y fonéticas, existen las normas sociales o sociolingüísticas que tienen que ver con más con cuestiones de conducta social que las estrictamente lingüísticas.

La grosería, la chabacanería,  son expresiones de trasgresiones de las normas de conducta social, la  cuales se expresan a través del lenguaje verbal y el gestual. 

En una sociedad como la cubana  donde todos los ciudadanos tienen asegurado el acceso a la educación y a la cultura, el descuido en el uso de la lengua es inaceptable. No se trata de que hablemos correctamente solamente para demostrar que somos cultos, instruidos, educados; sino, también para que se produzca realmente la comunicación. 

En cuanto a los jóvenes. Nuestros jóvenes hablan como todos sus similares del mundo. La llamada jerga de los jóvenes y de los adolescentes es propia de la edad y no de la cultura, porque los hablantes a medida que maduran abandonan el lenguaje juvenil característico en todas las sociedades y lenguas del mundo. Aunque el origen del lenguaje o jerga de los jóvenes no ha podido definirse, se trata de la presencia de formas léxicas peculiares que utilizan los jóvenes de cada generación por la necesidad que sienten de mostrarse, de ser diferentes al resto de la sociedad. Es de cierta manera una forma de divertirse, de llamar la atención, creando palabras nuevas o dándoles nuevos significados; no pocas veces también utilizando palabras de los elementos marginales o delincuenciales de la sociedad.

Sí me preocupa y por eso me ocupo, cuando escucho a algunos jóvenes y adultos utilizar ese mismo lenguaje informal, descuidado, en situaciones formales.

Usted recibió hace pocos días el Premio José Vasconcelos que otorga el Frente de Afirmación Hispanista de México; con el que también fuera reconocida la trayectoria de los cubanos Salvador Bueno Menéndez, Carilda Oliver Labra, y recientemente, Lorenzo Suárez Crespo. ¿Desde la dimensión profesional y la personal qué representa para usted este reconocimiento?

La decisión del Frente de Afirmación Hispanista (FAH)  de otorgarme el Premio José Vasconcelos me ha emocionado mucho. Nunca lo pensé. En primer lugar, hace 20 años que estoy estrechamente vinculada con el Frente de Afirmación Hispanista. He estado en varios eventos organizados por el FAH en México, en España, en Cuba, gracias a los cuales he conocido a muchas personas e instituciones vinculadas con esta institución. Conozco a varios Premios Vasconcelos. Por supuesto, de los cubanos premiados, a todos. Y he estado presente en la entrega de los premio de Salvador Bueno y de Carilda Oliver.

Finalmente, pudiera usted reseñar cuál es el legado que hasta el presente ha dejado el Frente de Afirmación Hispanista para Hispanoamérica y en especial para Cuba.

El trabajo desarrollado desde su fundación por el Frente de Afirmación Hispanista A.C. es impresionante. Lo que se propusieron sus soñadores creadores lo han logrado con creces. Centenares, miles de publicaciones de escritores y poetas de toda nuestra comunidad hispanohablante. La reanimación de la publicación de la revista Norte, creada por Alfonso Camín. El intercambio cultural entre nuestros países a través de las publicaciones de obras de autores ha permitido que nos conozcamos mejor. 

La celebración de eventos culturales y teóricos en diferentes países; las bellas ediciones facsimilares de obras que son desde hace años raras y que solo se encuentran en algunas bibliotecas, o en alguna biblioteca particular, sin acceso.

Hemos preparado una exposición en nuestra galería, en el ILL, que estará expuesta durante varios días con una muestra de las publicaciones de FAH, donde se podrá ver su gran actividad del FAH y la de su presidente, Fredo Arias de la Canal.

Los cubanos, en particular, le debemos mucho al Frente de Afirmación Hispanista A.C. Por todo el archipiélago cubano hay huellas suyas y de su presidente. Su nombre es conocido, admirado y querido por ciudades y campos  porque hasta allí ha llegado entre décimas, improvisadores, puntos guajiros, músicos,  poetas , psicoanalistas, hispanistas, especialistas, críticos literarios, editores, profesores universitarios, concertistas.

Decididamente, el Frente de Afirmación Hispanista pertenece al bando de los que aman y fundan.



Notas:
Miguel Gerardo Valdés Pérez: Doctor en Ciencias de la Comunicación. Profesor Titular y Editor.Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana y Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
1. Revista Hispano-americana Norte. No. 489-490. Septiembre-diciembre 2012.
2. Arias de la Canal, Fredo: “De la copla real a la Malara”. Revista Universidad de La Habana, No. 267-268, 2008.
3. Las Memorias de Peñalver y Espínola. Los primeros documentos sobre el español hablado en Cuba (1795). Colección Raíces. Publicaciones del Historiador de la Ciudad. La Habana 2012,  p. 39.
4. Las Memorias, p. 33.

 

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