Buena Fe

De cine y memorable

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba
Fotos: Gabriel Dávalos
 

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No les puedo contar el concierto, pero sí mis impresiones y algunas ideas que me fueron surgiendo mientras lo disfrutaba.  Noche de jueves, 16 de octubre. Teatro Lázaro Peña lleno pero no repleto. Precios módicos. Día jueves, menos divulgación televisiva que otras veces. Convoca Sociedad Cultural José Martí. Mismo concierto que hace cuatro jueves, exactamente un mes, en el Miami Dade County Auditorium, pero sin Frank Delgado y sin tumbadoras.  Homenaje al cine cubano. Sospecha.

Imagen: La Jiribilla

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Cuba va. Imágenes de gente muy flaca y muy querida. Leo Brouwer mira tanto una guitarra de palo que termina arrebatándosela creo que a Silvio. Aplausos. Cenitales. Voz de Titón en off. Video que no sale. Israel que le pregunta a Cisneros, el pianista y director musical. Cisneros que toca una tecla y resuelve.  Titón que habla despacio, como para después de la muerte, sobre Memorias del Subdesarrollo: la parte donde dice que mientras la gente necesite que alguien piense por ellos, la película y el personaje tendrán sentido. Ahí está el detalle. Se busca relación orgánica, a nivel de contenido, entre una cosa y la otra. Parece un concierto largamente razonado en cierta cabeza y luego conspirado en viajes y restaurantes con más de uno del grupo que también tiene su historia con el cine, como más adelante se verá. Imagen manida de balcón y telescopio. Recuerdos de una vieja confesión de Israel, de cuándo Sergio mirando a La Habana desde su balcón se convertía en la motivación central de “Catalejo”, el tema que más se acerca al voto unánime de entre toda la producción discográfica de Buena Fe. Cierra escena con fotos de trayectoria. Primero Frank Delgado corre, de derecha a izquierda, en un video borroso. Luego fotos desde Guantánamo hasta la fecha, o al menos así me lo pareció. Pantalla chica, proyector poco potente, incompatible con luz de escenario medianamente blanca. Apuntes de primera fila y pensamiento fijo en espectadores de segundo balcón. 

Imagen: La Jiribilla

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Punto de giro: de la gravedad al humor. Otra vez Sergio Corrieri en primer plano. El hombre de Maisinicú, escena definitiva. Del otro lado, Reinaldo Miravalles. Va de una película en otra hasta la canción de Extremistas nobles, disco conjunto con Frank Delgado, precisamente. “Melesio tenía razón” (semilla de changüí para trompeta y teclados). “Pi  3,14”. Changüí sin película que abre camino a “Casanova, Cecilia Valdés y La Bella Durmiente”, adelanto de segunda colaboración. Tema provocativo en contenido y forma que probablemente no tendrá videoclip. Se propone orden muy diferente al de otros conciertos. Pequeñas unidades o escenas de música que se resuelven en sí mismas, sin desvirtuar línea central: relación espiritual con cine cubano. Tiempo y lugar para otras piezas que tampoco han tenido videoclip y que no escuché en los ocho conciertos en plazas públicas que compartimos en Villa Clara, cerrando el verano. Pero volvamos a “Casanova, Cecilia y La Bella…” Desbarajuste circense en arreglo y en escena. Cuerda de metales bien trabajada que no toca, cobra y se va. Pachi, Lorenzo y Eduardo. Integración de la buena, performance, deleite, gran respeto.  A estas alturas ya mi mente está lamentando que no pudiera disfrutarse de esta fiesta fuera de La Habana. Después leo que ya Israel había declarado sus ganas de “hacerlo en todo el archipiélago”. Santa palabra.

 

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Varios temas sin películas. Aparente descuido o pausa para nota profunda sobre Lo Cubano, a través de la obra del Animador Mayor. Fragmentos escogidos que todo el público repite a coro. Hilaridad profunda, catarsis colectiva. ¡Músicos, bestias, no tiréis con nostalgias! Sigue canción no incluida en disco, de nombre “Juan Padrón”, según mi compañera de asiento, periodista, que sabe casi todas las letras.  Punto de giro: del humor a la tragedia. Nada. Monólogo de Thais Valdés en blanco y negro. Mismo grano que Memorias del subdesarrollo. Mismo suéter a rayas que Daisy Granados (o parecido, o ideas mías)  en aquella primera escena con Sergio. “Me salgo, me rindo, me quiero ir” -dice Thais. “Y vas de tu país a tu raíz, nunca te vas del todo” -riposta Israel. Importante y mucho es que alguien comparta semejantes ideas con un teatro de casi  4 mil localidades, que se ha ido llenando a reventar, por cierto. Es diálogo complejo, ¿quién lo duda? Me recuerda tanto, ya que hablamos de cine, a Julio García Espinosa y su carta a Sanjinés, en aquella escena loca de Son o no son. ¿Te acuerdas, Leo? Tú entras en esa misma película con suéter blanco, cuello tortuga, entre Ojeda y Barreto, entre “Black is black” y “Me voy pal pueblo”. Vuelta al Lázaro Peña. Homenaje a Mirta Ibarra, que camina sin parar entre la gente y siempre ríe.  De pronto pienso que desaprovechan la creación de atmósferas con música en vivo para respaldar imágenes. Cisneros ataca el teclado sobre unas imágenes de Suite Habana. Otro culpable confeso. Pocos conocen que es el mismo Ernesto Cisneros que ganó un Coral con la música de esa gran película, en coautoría con Edesio Alejandro. Pocos artistas en el público, pero mucha gente y muy diversa. Cierra escena con temas que he escuchado poco, letras que ni mi vecina periodista consigue corear.

Imagen: La Jiribilla

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Admitiría otras películas el show, documentales, noticieros ICAIC -pensaba. Amenaza hedonista. Yoel Martínez me saca de mis cavilaciones con el primer videoclip de la noche. Yoel es actor de un microrelato, de un corto de ficción donde se extraña a una muchacha. Ubicado como está dentro del concierto, se me antoja un llamado más general, una blanca metáfora de la pérdida. Y uno que a veces piensa que quienes triunfan nada pierden. Debe ser la luz que no me deja ver.  Vuelta a la tragedia, ojo del canario. Martí adolescente se culpa ante tribunal colonial de haber escrito carta. Monólogo sobre la libertad de palabra. Hay que ver imagen congelada en cara de Fermín Valdés Domínguez, tan adolescente o más. No se lo puede creer. Escena tan inquietante como entrevista de Titón, pero más profunda, martiana en muchos sentidos.  Qué manera de connotar y recontextualizar, Fernando Pérez. Canción “Todo el mundo cuenta”. Punto de giro: de la tragedia al hedonismo. Vuelta consciente al videoclip y su legitimidad como producto audiovisual de primer orden entre nosotros. Valiente y atinado. “La culpa”, la maldita culpa. Extraño imágenes de Plaff o demasiado miedo a la vida (Tabío, continuidad, delirio) por sobre canción del mismo tema que todo el público corea de pie. “Hay quién le teme a la única vida que tiene” -repite el coro. Supongo de vuelta a Thais Valdés, discutiendo con Daisy Granados, convertida ya en su suegra y a Luis Alberto calentando la pista para su inminente salida en Habanastation.

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Resumen de noticias. Repetición en diciembre de concierto malogrado por lluvia. Monte Barreto. “Se bota a matar” con videoclip plateado. Habanastation con joyas coreográficas de saxo, trompeta y trombón. Risas de Israel, bajo y Maikel, batería. Detallitos y descargas de Dairon, guitarra y voz. Mucha gente detrás del telón, que van y vienen. Qué bien la pasan, realmente, sobre todo Sandoval, el trombonista. Anti clímax con “Papel en blanco”. Arte poética, declaración de principios. Euforia final tras una hora y cuarenta y cinco minutos de espectáculo. Buen regalo, coherente selección. Telón carmesí. Muchas Cuba en una Cuba —parece decir público que sale. Heterogéneo, mayoritariamente joven. Vuelta a casa, llamadas de felicitación y escritura. Punto final.

Comentarios

Fernando, esta es la esencia del concierto de Buena Fe, que confieso , ni yo misma puede encontrar, pues me invadían recuerdos, lágrimas, alegría; que se yo. Pero de algo si estoy muy segura, creo que la unión entre la música y esas imágenes que nos pertenecen tanto a nosotros (los cubanos) fue atinada. Lograron en una hora y media hacerme reír, llorar e incluso imaginarme protagonista de alguna de las cintas que presentaron. Gracias, a usted por regalarnos este hermosas , sugerentes y creativas letras. Me enseñan que en ocasiones esa persona que esta sentada a nuestro lado, puede describir con detalles escenas, siendo testigo ocular en igual rango, de las cuales sería incapaz de completar su simulación sin ser presa de la euforia típica de una joven que asiste a un concierto de su agrupación favorita. Gracias nuevamente Fernando,
Su vecina periodista.

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