Intersecciones

Un copo de nieve en el Trópico

Omar Valiño • La Habana, Cuba

De la profunda inmersión de Roland Schimmelpfennig en la vida cubana nació El camino de las hormigas. Su aguda inteligencia y sensibilidad, su interés concreto por la Vida en cualquier parte, lo coloca, de un golpe, en el eje esencial de la dramaturgia vernácula desde hace muchos años: la pelea entre deseo y realidad. El mismo eje, la coordenada esencial, de nuestra existencia misma.

Como una barca, un sofá es isla que contiene todo el espacio nacional. Ante ella un misterio y distracciones fantásticas tan, paradójicamente, adheridas a lo real. Las invenciones del deseo son tan fuertes, tan intensas que resultan capaces de animar los objetos. Un almanaque permite retrotraerse a momentos pasados, una cuchara descubre sabores idos y hasta no conocidos, un bolígrafo es capaz de cometer poemas y una peluca facilita volar y observar la geografía desde el cielo. Desde arriba, los humanos nos vemos como hormigas entre los trabajos y los días.

No cuesta distinguir entre los intersticios el dibujo de una familia cubana y su entorno. La particular sociabilidad entre nosotros, la “vecinería”, el barrio, sus focos y ángulos, las maneras de comportarnos. También el adentro, el afuera, la división de la familia, la esperanza, la cotidianidad difícil…

Schimmelpfennig se despega, sin embargo, de muchos territorios comunes en la manera de presentarnos últimamente en las artes, sobre todo en las artes narrativas. Su tratamiento poético es otro y conduce a un cambio en la perspectiva de la mirada, así como en la hondura del paisaje temático “narrado”. Así, estos senderos no arrastran a las hormigas a morir al borde de la Isla, esta sonata de soledades puede ser también de cualquier parte.

En lo escénico, prima la absoluta sencillez y he ahí el riesgo. El tono íntimo, confesional del cuerpo y del verbo, como en la sala de una casa frente al televisor. Para las tres actrices y el actor su desafío: un bordado tironeo entre narración y representación.

Contra el telón de fondo del espacio insular un sofá y sus habitantes. El viento de la tragedia, el chisporroteo del humor. Y sobre todo ello, a riesgo de parecer ridículo, como dijera un clásico, El camino de las hormigas son obra y acto nacidos del amor.

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