Jorge Abril

El arte de transgredir y
“contaminar” la danza

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Fotos: Danza Contemporánea de Cuba

Estuvo a punto de cambiar la especialidad de Danza por la de Artes Plásticas. Y aunque finalmente no lo hizo, confiesa que siempre ha vivido latente en él ese amor por la pintura, que trata de reflejar, de alguna forma, en cada obra coreográfica que ha concebido para Danza Contemporánea de Cuba a lo largo de sus 33 años de carrera artística.

“Nunca he cogido un pincel en mi mano, pero me gusta dibujar en mi mente las coreografías, luego hago esquemas y trato de visualizarlas, porque la plástica me encanta, la llevo dentro inevitablemente.  En el nivel medio siempre mantuve el contacto con los artistas de la plástica. Era una escuela unida donde estaban todas las especialidades juntas y nos vinculábamos constantemente. Aprendía de todo para encontrar mi yo creativo: la plástica, la música, la actuación, todo eso te inspira escénicamente para montar una coreografía, y eso fue lo que propició también que empezara a investigar cómo se hace, se trabaja, se enseña y se perfila la danza”.

Imagen: La Jiribilla

Quizá por ello las composiciones de Jorge Abril se han distinguido siempre por su originalidad, su sello personalísimo, su búsqueda constante de nuevas formas de hacer a través de la mixtura con otras manifestaciones culturales, y esa comunicación directa con el espectador al recurrir a temas y problemáticas cotidianas y universales como la emigración, la diversidad sexual, el amor filial, entre otras.

Desde que se graduó en 1981 de la Escuela Nacional de Arte integró las filas de bailarines de la compañía Danza Contemporánea de Cuba. Allí interpretó obras del repertorio hasta 1986. Ya en 1984 había concebido La fuga, su primer trabajo coreográfico para bailarines profesionales. A partir de ese momento su trayectoria como creador en la compañía fue in crescendo.

Hoy es uno de los coreógrafos principales de Danza Contemporánea. Dentro del repertorio de su autoría destacan obras como La travesía y La goma (Premio UNEAC de Coreografía, 1995), C.C. Canillitas (Premio de Coreografía UNEAC, 1996), el conjunto de trabajos coreográficos para videoarte con la realizadora Isabelle Million a partir de 2006, Triple y Tal para cual (2010), seleccionadas para concursos académicos en Italia y Sudáfrica, y Cara o cruz, que formó parte de la Gira por Cuba de Carlos Acosta en 2010-2011.

“Mis trabajos coreográficos siempre han sido de contrastes. Hubo una época muy buena en la que trabajé la danza, el humor y la poesía romántica. Hice por contraste muchas coreografías como C.C. Canillitas, que es de Charlot y el chicuelo; después concebí La goma, que se desarrolla en una balsa, inspirada en la emigración cubana, y más adelante me dediqué a hacer un trabajo de género: ahí surge Cara o cruz, la mujer que quiere enfrentar la vida como hombre”.

Alemania, Italia, Portugal, Brasil, España, Rusia, Antillas Holandesas, Aruba, Chile y República Dominicana han sido países donde se ha exhibido su labor creativa dentro de Danza Contemporánea. No obstante, como enemigo de los encasillamientos, Abril prefiere rehuir de la tipificación de coreógrafo:

“Yo nunca digo que soy coreógrafo, me considero más un investigador: estudio, busco, invento, armo cosas y trato de transmitir lo que me enseñaron mis maestros con las nuevas formas de hacer. Mi taller es un cúmulo de enriquecimiento de muchas cosas. Así voy armando mi propia forma metodológica de decir y hacer para impartir un conocimiento. A veces, un simple movimiento que desarrollas se convierte en un trabajo coreográfico de conjunto con el bailarín, al que tienes que sacarle el máximo, y viceversa, porque el bailarín también te exprime. Es entonces cuando se produce una interacción muy elegante y hermosa entre el que concibe y el que ejecuta. Aunque yo tenga la voz de mando, se van creando personajes y van apareciendo cosas que ellos mismos proponen. Eso es lo más interesante, porque se van enamorando de tu idea y la defienden en el escenario”.

Más de 30 años formando parte de una compañía emblemática como Danza Contemporánea han propiciado que Jorge Abril sienta la sede del Teatro Nacional como un hogar del cual no concibe desprenderse. Allí ha estrenado la mayoría de sus creaciones y no ha detenido su aprendizaje, tomando siempre, con aguzado ojo observador, elementos múltiples de aquí y de allá que transmuta en cubanía, mezclando los rasgos estéticos y conceptuales de la compañía con su manera propia de hacer la danza.

“Esta es mi casa, mi sitio, aquí he tenido muchas mamás y papás. La labor de Isidro Rolando la defiendo con el alma, y me siento satisfecho porque  conversamos sobre las coreografías y a él le encanta mi trabajo.

“Del folclor nos hemos nutrido muchísimo, hemos tomado su esencia para crear nuestra propia técnica preparatoria y académica, combinada con todos esos elementos que aprendió Ramiro en Europa y los aportes que se le han hecho posteriormente. Nuestra técnica nos prepara para recibir cualquier coreógrafo o tipo de baile y lo asumimos.

Imagen: La Jiribilla

“De aquí han salido y se han independizado, además, diferentes grupos, todos los que giran en torno a una figura, como Rosario Cárdenas, Isabel Bustos… y Danza Contemporánea se ha mantenido como una escuela, porque el alumno cuando se gradúa comienza aquí una nueva etapa profesional de aprendizaje diario.

“Estoy completamente seguro de que Danza Contemporánea es la vanguardia de la danza en Cuba, sin menospreciar otros trabajos que giran en torno a una figura. Pero todos, de una forma u otra, han pasado por aquí, por eso le debemos a nuestra compañía muchas cosas.

“Cada día nos enriquecemos con bailarines que van entrando para nutrir el trabajo artístico, surgen nuevas figuras y rostros en la escena. Igualmente, recibimos coreógrafos invitados que vienen a ofrecer sus conocimientos con talleres de los que nacen coreografías. Muchos están deseosos de trabajar con la compañía por el material humano que hay, esa calidad de bailarines que no siempre existen en otros lugares, y eso es fabuloso.

“La compañía se ha caracterizado, desde su fundación, por tener valores creadores. Nos hemos presentado mucho en festivales fuera de Cuba y tenemos la suerte de que todo el mundo quiere trabajar con nosotros y bailar como lo hacemos, y eso es un estímulo muy grande. La compañía motiva a mucha gente a hacer sus creaciones, porque abre esos espacios y se confía”.

Perteneciente a una generación intermedia entre los veteranos fundadores y los jóvenes talentos, Abril ha estado inmerso en continuidades y rupturas, ha fungido como pupilo y profesor. Sobre los diálogos intergeneracionales a lo largo de la trayectoria de Danza Contemporánea, comenta:

“Llevas la responsabilidad de tener siempre que estar aplicando y transmitiendo cómo se vive y se trabaja en la vida profesional. Nunca dejas de recibir la educación artística de cómo pararte en un escenario, de cómo saludar, de cómo asumir y ver la escena: eso lo aprendes y enseñas aquí.

Imagen: La Jiribilla

“Pienso que en la compañía existe ese diálogo. No veo que haya una separación, Isidro tiene más de 70 años y es un astro y a los que son más jóvenes que yo les transmito sus lecciones, porque a veces él no está en contacto con ellos. En este caso, sirvo de intermediario y voy captando en el colectivo esos líderes que arrastran al bailarín para prepararlos.

“La creación coreográfica es un bichito que tienes dentro, que a veces está despierto y otras dormido. Hay bailarines que son creativos y te aportan, pero a lo mejor todavía no tienen la capacidad ni el bagaje ni el talento ni las herramientas, o las tienen, pero no saben manejarlas, y el coreógrafo tiene que saber la metodología de cómo enseñar.

“Hay que escucharlo todo, hay que buscar, fomentar y echarles ese alpiste creativo a los jóvenes para que cada uno busque su propio quehacer. Aquí los tenemos: Norge Cedeño, Luvien Mederos, que han obtenido premios internacionales en festivales de danza… en ellos se confía, se les atiende, se les da un seguimiento y se hace un trabajo de mesa con sus obras.

“Esto es un ciclo, se van captando a los que poseen ese yo creativo que se desarrolla poco a poco a medida que avanza tu carrera como artista. Hay algunos que son bailarines y a la vez creadores, generalmente el trabajo es así, en paralelo. Nuestro deber es entregarle a esa cantera que tenemos el conocimiento para que creen su propio taller, su propio estilo, su propio eslogan, su propia dinámica. Se trata de aprender a implantar el oficio del coreógrafo, que es mágico e interesante cuando se confía en ti como creador”.

Junto a su labor docente, Jorge Abril no se detiene en la concepción de nuevos trabajos que transgreden la propia creación, recurriendo una y otra vez a la mixtura de la danza con otras artes:

“Esa danza contaminada a mí me fascina y he hecho obras, por ejemplo, donde ha estado presente el audiovisual. Hice un trabajo de género que se llama Kolpos, donde plasmé en el audiovisual la referencia de la mujer.

“Ahora pienso realizar un taller sobre una técnica de payaso que aprendí en Europa: es pura actuación, pero quiero transmitirla a la danza, pienso hacer un trabajo con mujeres, de cómo transformarnos a través del yin y el yan. También me encantaría trabajar con un DJ e incursionar en ese tipo de contaminación. Sería una experiencia maravillosa para el repertorio artístico de Danza Contemporánea”.

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