Coreografiando una entrevista

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Fotos: K&K, Yuris Nórido, Danza Contemporánea de Cuba

George Céspedes es anárquico, irreverente, ha asumido que sus éxitos se deben a haber estado en el lugar oportuno. Mientras críticos e investigadores hilvanan textos con sus movimientos y coreografías, él solo los ejecuta por “una necesidad”, la misma que lo llevó a fundar “Los hijos del director”, una compañía con la cual ensaya actualmente, para estrenar a finales de noviembre, “si consigo teatro”.

Por fuera, el sitio donde pone en práctica sus ideas es otra Casa de Cultura, abajo es una especie de sótano. Existe un tabloncillo, el verdadero lugar donde la creación comienza. Los bailarines, en su ropa de ensayo, la música diseñada para que no se detenga y el movimiento pueda repetirse una y otra vez. A la voz del coreógrafo: y… cinco, seis, siete, ocho, el bailarín se mueve, ocurre el proceso, ese que llegará a un escenario en forma de espectáculo pero que por ahora es solo eso, un proceso donde la creación, a veces inexplicable o cuantificable, se produce…

El coreógrafo apaga la música, da las gracias a los bailarines y entonces pregunta: “a ver ¿qué es lo que quieres?” Para mí ha comenzado mi puesta en escena, mis preguntas son mis movimientos, sus respuestas…las verdaderas palabras.

Imagen: La Jiribilla

Has dicho en otras entrevistas que el bailarín cubano persigue el tecnicismo, los pasos arriesgados, ¿cómo ha influido esto en tu obra?

Si mal no recuerdo, el término exacto que utilicé es acrobático. El bailarín cubano es acrobático. Pero de la forma que tú lo dices es más bonito, así que voy aceptarlo. No creo que esto haya influido directamente, o al menos no conscientemente. He tratado de sacar ventaja de esto en algunas ocasiones, pero no lo he tenido presente en mí de manera intencionada.Puede que se refleje, pero no está trabajado para que así sea.El bailarín cubano tiene una visión sensacionalista del movimiento y puede que esto haya servido para mi obra, la cual han calificado de violenta, y yo también trato de que sea así.

Y cuando trabajaste con el Ballet Hispánico de New York, ¿cómo resultó la experiencia?

Yo no me esperaba el trabajo con el Ballet Hispánico, de hecho fue un amigo de un amigo, Rubén Rodríguez Cubeña, quien me dijo de esta oportunidad, y que generalmente a la compañía le gustaba trabajar con jóvenes coreógrafos.

Cuando llegué allí, hoy no sé como estará, estaba bastante enquistado un estilo de muchos años. También tenía una nueva dirección, Eduardo Vilaró, y yo llegué ahí con mis ideas bastante locas, no tan revolucionarias, pero sí tratando de romper los esquemas que los bailarines tenían.

La forma de bailar en EE.UU., en general, es bastante sensacionalista, bastante comercial y a mí no me interesa mucho. Cuando comenzamos a trabajar con los bailarines, ellos empezarona interesarse porque estaban haciendo algo diferente. No sé si les gustaba, pero mostraron bastante interés y el resultado fue bastante bueno, creo, al nivel de mi trabajo con los bailarines.

Fueron 15 días de trabajo observados por críticos y bailarines. Al final, mi obra fue súper agresiva y a mucha gente no le gustó el resultado, porque esperaban una cosa más “linda”. Yo simplemente los puse a que rompieran sus propios esquemas. Para ellos en general fue bastante novedoso, en el sentido de lo diferente. En lo personal, tuve una buena experiencia. Trabajar con ellos despertó muchas nociones para mí, porque venían de otro mundo, completamente distinto.

En los EE.UU., en mi experiencia y en mi opinión, no se produce buena danza, excepto Trisha Brown y otros casos puntuales; pero para ser un país de primer mundo con tanto desarrollo y tecnología, la danza está en un quinto plano. Allí se puede hablar de películas, artes plásticas, música; sí se comercializa mucha danza, confluyen de todos lados, pero la que se hace ahí… no.

Mucho se habla de la dramaturgia en la danza, si es o no imprescindible, ¿qué opinas tú?

La dramaturgia es imprescindible, entendiéndola como el órgano diseñado para que las cosas tengan sentido.Todo en esta vida tiene una dramaturgia, lo quieras tú o no. Cuando careces de ella todo pierde sentido, o cuando sencillamente tratas de olvidarla, o decir que no te hace falta, es como decir que a ti no te hacen falta los oídos para escuchar.

Ahora, vamos al otro extremo. Generalmente los teóricos se exceden en la dramaturgia y entonces llega un momento en que lo que haces tiene tanto sentido que nadie lo entiende, o se le busca tanto la “contrametratanca”, (y no se si vas a poner esto en la entrevista, pero bueno…)del asunto, que para qué vamos a hacer una coreografía, vamos a escribirla y que se lea como un libro.

Creo que todas las cosas son herramientas en busca de un resultado, no se puede trabajar sobre la base de la dramaturgia solamente; ni se puede trabajar sobre la base del movimiento solamente; ni se puede trabajar solamente por el resultado para llegar a lo que son las artes para mí: comunicación; una forma de comunicación que cada cual la utiliza como entiende. No existe una forma en específico para usarla.

Me molesta mucho cuando los teóricos se paran y dicen que la dramaturgia es así, y que esa es “La Dramaturgia”. Yo soy totalmente instintivo, esto muchas veces es bueno, otras es malo, porque cuando el instinto no te funciona o sencillamente no estás motivado: estás frito, totalmente frito. Entonces necesitas un “choque” para salir de ahí.

Es lógico que se necesita conocimiento sobre las cosas, y la dramaturgia se aprende. No me parece bien decir “la dramaturgia no me interesa”, yo soy un animal de instinto, realmente lo importante es el balance de las cosas.

No me molesta lo que los teóricos escriben. Me parece que el 90% es basura, y hay un 10% muy bueno y muy interesante que todos deberíamos conocer. Las personas asocian la dramaturgia a las artes escénicas, pero existe en los discos, en todo. Siempre hay pensadores, los pensadores son los dramaturgos.(El bailarín respira, y yo vuelvo a ejercer mi movimiento)

Imagen: La Jiribilla

Participaste como jurado en varias ediciones del concurso coreográfico Danzandos, eres —“fui”, me interrumpe— fuiste, prosigo, uno de los jurados más jóvenes. A partir de esto,¿qué visión te queda de la danza en Cuba?

No me hace falta Danzandos para darte esa visión de la danza en Cuba.Me molestaba mucho ser visto como la joven promesa de la danza en Cuba y toda la fainería1 esa, como dirían en mi pueblo. Todo eso es bobería. Yo creo que aparecí en un momento x, en situaciones x,y eso no me hace ser mejor, sencillamente tuve posibilidades que no tuvo mucha gente y por todo eso es mi resultado. Mis trabajos funcionaron a niveles estéticos para la mayoría, y para la otra mayoría, no.

Qué pasa con la danza en Cuba, no solamente con el Danzandos, sino a cualquier evento que vayas: hay mucha desinformación, mucho esnobismo, mucha estupidez y mucha “creencia”.

Tuve la experiencia de trabajar con personas muy inteligentes, cuando era bailarín de Danza Contemporánea de Cuba, que carecían de todo lo que te acabo de decir. Eran todo lo contrario, muy inteligentes, muy capaces y además, siempre me hicieron entender de que para hacer algo no tenías que ser alguien, sencillamente tenías que ser tú. Entonces, lo que pasa generalmente: primero, hay mucha desinformación, mucho deseo, pero no es solamente eso. Es igual que lo que hablábamos ahorita de la dramaturgia, tú puedes tener todo el deseo, pero necesitas un formato.En Cuba hay muy poca información, pero también muy pocas oportunidades creadas para que la gente busque, aprenda y haga. No obstante, creo que es más personal el buscar hacer y aprender.

Esa pregunta me la he hecho muchas veces, sería muy arrogante decirte que soy o fui la joven promesa, sencillamente traté de seguir mis instintos, una vez más, hacer y decir lo que yo creía de la mejor manera posible, sin creerme muchas cosas, pero tratando de autoafirmarme.

Hoy la danza en Cuba está mal, no sé si la mía será interesante, tal vez esté en ese grupo, también tengo mis momentos donde pienso que lo que estoy haciendo no sirve. Soy mi crítico más fuerte. Pero veo mucha desmotivación en muchos lugares, y la gente que quiere hacer, a veces hace por el simple hecho de hacer, o sea, no se da cuenta que para hacer hay que tener algo que decir.

Imagen: La Jiribilla

(Y justo al final, se mueve hacia los orígenes para volver de nuevo al presente…)

En vez de accionar, lo que hago es reaccionar. El día que esta base se me acabe, pues te diré qué hago con mis instintos, hasta ahora ellos han estado ahí y solo los he seguido. No tengo la capacidad de decir: mira qué bien está esto y crear sobre eso. A mí, generalmente, lo que me pasa es que es algo que tengo que vomitar.

Me han preguntado varias veces sobre mi relación con la coreografía. Realmente yo no disfruto la coreografía. La empecé a hacer por una  necesidad, muy jovencito, yo no sabía qué cosa era una coreografía. Comencé cuando estaba estudiando en la escuela de arte de Holguín, tendría como 11 años. Hice mi primera coreografía, no reconocida.Recuerdo que los profesores no trabajaban con nosotros porque estábamos en primer año, y en mi grupo queríamos bailar todos, pero a las niñas, que eran las que tenían las condiciones, las ponían a trabajar en casi todo y a nosotros no. Sencillamente otro compañero y yo dijimos:'vamos a hacer una coreografía'. Fue una necesidad de contar a mi manera, lo que otros contaban a la suya.

Después, mi segunda necesidad fue como una“explosión”, ocurrió estando en la ENA, donde hice un trabajo en primer año y después en tercero, porque no me gustaban las cosas que me montaban los profesores, no me conectaba con ellas. Y así empezó todo,comencé a montarme a mí mismo coreografías para ir a concursos, hasta que un día me di cuenta que yo quería decir las cosas que decían otras personas, pero a mi manera. Yo no sabía que eso era coreografiar, yo solamente quería hacer y decir, sobre todo decir.

Digo muchas veces que no soy coreógrafo, porque serlo significa conocer el oficio y no lo conozco, lo utilizo porque tengo una idea del mismo. Necesito estar al borde para poder hacer algo, sino no me sale, lo cual puede ser muy bueno por un lado, pero creo que es una limitación, porque cuando no estoy así, no sale, que fue lo que me pasó con el Ballet Hispánico. Yo tuve que encontrar ese borde en ellos, no en mí.

“Los hijos del director” es mi última necesidad de hacer mi propio proyecto, tener mis propias reglas, tener mi propia generación directa.

(Y así vira la espalda y vuelve a su propia coreografía, una que no necesita palabras, solo dar play para que suene la música. Y… dos, tres, cuatro… la danza continúa)



Notas:
1.Térrmino utilizado en la provincia de Holguín. Se refiere  a bobería

 

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