El tiempo por venir

Marilyn Garbey • La Habana, Cuba

Fotos: K&K, Yuris Nórido

Ya han pasado 55 años del día fundacional de Danza Contemporánea de Cuba y aunque parezca increíble, el árbol sigue floreciendo y procreando frutos. A estas alturas, y para ratificar mi admiración por la obra creada a lo largo de cinco décadas, intentaré un ejercicio donde pondré en juego la memoria para esbozar algunas reflexiones sobre la escritura coreográfica presentada por la compañía en los últimos tiempos. Jóvenes como George Céspedes o Julio César Iglesias han sido protagonistas de otro momento de intensa creatividad. Respaldados por  la tradición, asistidos por figuras de gran experiencia y con el concurso de los bailarines, estos coreógrafos han llevado  a escena la Cuba del siglo XXI. Es, precisamente,  un índice de vitalidad.

Frágil, hermoso y transparente como un cristal

El más recientes estreno de la compañía fue Cristal, una obra de Julio César Iglesias, coreógrafo cubano residente en Europa, donde ha sido invitado por varias agrupaciones, entre ellas las de Wim Vandekeybus. Hijo de Miguel Iglesias, director de la compañía,  se formó en la Escuela Nacional de Danza y en Danza Contemporánea de Cuba trabajó con Jorge Abril, Lídice Núñez, George Céspedes, Jan Linkens, Kennet Kwuanstrom, Samir Akika, Mats Ek, Juan Kruz, etc. Ahora Julio quiere compartir sus  inquietudes vitales con el espectador y lo hace con una carga violenta, como es habitual en su expresión coreográfica, aunque matiza los conflictos, que se suceden unos tras otros. La pareja, mujer y hombre, abre la pieza en franco antagonismo, y la cierra con otro aire, porque la representación ha transformado su perspectiva. El ser humano es frágil como el cristal, parece decirnos, y a diario debe afrontar grandes retos; cómo, entonces, sobrevivir en las actuales circunstancias. Los bailarines deben emplearse a fondo porque el coreógrafo les exige, no hay lugar para la mentira.

George Céspedes ha firmado piezas como La ecuación y Mambo 3XXI, dos de las obras más aclamadas de la compañía. En la primera intervienen cuatro bailarines quienes, al compás de la música de X Alfonso, exploran el limitado espacio de un cubo de madera. Mambo 3XXI  es una mirada a la identidad nacional a través del ritmo que le dio la vuelta al mundo en la década del 50. Pieza de gran formato, en la cual los bailarines visten ropa de calle y el mambo es bombardeado por los sonidos electrónicos. Entradas y salidas constantes, ritmo frenético, trabajo en el piso, parejas que se atraen y se rechazan con la misma intensidad, cargadas espectaculares. Son jóvenes trazando su camino, rechazando los dogmas que les imponen. George es también el coreógrafo de Carmina Burana, una obra de gran formato que fue representada en el Auditorium Nacional de México. En el momento en que escribo estas líneas se espera la aparición en escena de la compañía Los hijos del director, que fundó recientemente.

Imagen: La Jiribilla

La suerte de dialogar con el otro

George y Julio César comenzaron a coreografiar después de la gran sacudida que fue el montaje de Nayara mira pero no toques, de Samir Akika. Fueron días de trabajo duro. El coreógrafo proponía a los bailarines situaciones  tomadas de la vida cotidiana en Cuba y ellos debían construir la escena, a partir de sus vivencias. Allí se revelaron las posibilidades interpretativas de muchos bailarines, se incorporaron diálogos, videos, artes marciales, poemas, objetos cotidianos. Se entrecruzaban las historias, el ritmo se fragmentaba, a veces era violento, a veces era armónico. Cada uno de los bailarines tuvo la posibilidad de crear su espacio, de compartir su conflicto con el otro, de poner en juego su inteligencia.

El trabajo con Samir fue estímulo para la creación. Los bailarines comprendieron que podían convertirse en protagonistas de los montajes y  muchos se dispusieron a coreografiar. A los mencionados Céspedes e Iglesias, puedo añadir a Osnel Delgado, quien lideró el Proyecto Inventario, donde se vieron muchas coreografías ideadas por los bailarines, ahora dirige la agrupación Mal paso.

Otros coreógrafos llegados de Europa también han dejado su huella en Danza Contemporánea de Cuba. Mats Ek montó Casi casa, reescribiendo dos de sus obras antológicas, en un proceso que fue una experiencia de rigor muy diferente al que habitualmente se trabaja en la compañía. Los bailarines, felices  de trabajar con leyendas de la danza como Mats Ek y Ana Laguna, se emplearon a fondo para brillar en escena, lo cual les exigió precisión casi milimétrica en los gestos, dejando a un lado la espontaneidad para expresar los sentimientos.

La experiencia de bailar Compás, de Jan Linkens, es diferente.  Obra de toda una noche, recorre varios géneros de la música, en particular de la cubana, en una mezcla de sensualidad y belleza, en la cual el público es impelido a involucrarse. Esta una de las obras de más larga data en el repertorio de la compañía.

Imagen: La Jiribilla

Rafael Bonachela llegó a montar Demo-n/Crazy, una obra donde no se narra una historia, con altos contrastes de energía, con muchas cargadas y mucho trabajo en el suelo. Bonachela dijo:

“Fue estar aquí, ver moverse a los bailarines cada día, proponerles movimientos, recibir los movimientos que ellos me daban, escuchar música y decidir que esa era la pieza que quería hacer. Es el resultado de la relación entre los bailarines y yo, de sentirme como me siento ahora. La coreografía no es narrativa, tiene un contenido emocional que se expresa a través del movimiento, no contando una historia. Es un trabajo abierto”1.

Sexo, amor, deseos, violencia, ternura se juntan en una obra donde el movimiento de los bailarines revela intensas emociones. La escena final, con los bailarines puestos cabeza abajo, en delicado equilibrio para sostenerse en pie, se me antoja inolvidable. Otra escena extraordinaria es aquella donde parejas homosexuales claman “Ne me quitte pas”. Demo-n/Crazy es una de las piezas claves del repertorio de la compañía.

Las obras de Ek, Linken y Bonachela se apropian de las cualidades físicas de los bailarines, cuerpos hermosos, capaces de realizar increíbles hazañas.  Ejecutan saltos espectaculares, giran el torso con presteza, trabajan en el piso con precisión, ondulan los brazos con la más pura sensualidad. Son hombres y mujeres, formados en el estilo cubano de la danza moderna, que se asienta en el folclor afrocubano e incorpora de forma creativa las tendencias mundiales de la danza, el teatro, la performance, el audiovisual.

La experiencia con Juan Kruz fue diferente. El vino a La Habana con Zweiland, una obra de la coreógrafa alemana Sasha Waltz que causó honda impresión en el público cubano y marcó el inicio de la colaboración entre Kruz y Danza Contemporánea de Cuba, la cual concluyó prácticamente  la noche del estreno. El proceso de trabajo fue diferente, muy diferente, al que se siguió con Samir Akika y el saldo no  fue exactamente el deseado. Akika estimuló la necesidad de crear en algunos de los bailarines, de ahí salieron George, Julio César, Osnel Delgado a poner en juego sus ideas. Pero el impacto de Juan Kruz fue violento e impulsó a muchos a cuestionar su actitud ante la danza y ante la vida, ya que como más tarde reveló “nunca coreografío imponiendo movimientos, propongo pautas para la improvisación y los dirijo durante la improvisación para sacarles de patrones y de hábitos de movimientos que ellos ya conocen, los llevo a lugares desconocidos que  los pone en situación de vulnerabilidad, que les saque de sus trucos, de sus acrobacias, del vocabulario más conocido. Y, a partir de esas improvisaciones dirigidas, empiezo a coreografiar, a elegir momentos que voy a editar, a reeditar, seguir editando”2.

Muchos bailarines confesaron no tenían suficiente preparación para asumir un riesgo de esa naturaleza. Algunos salieron de la compañía, otros se volcaron a la especulación teórica en sus ejercicios de culminación de estudios universitarios3, otros  crearon un método para armonizar su cuerpo y su mente antes de subir a escena. Casi no ha vuelto a representarse.

Imagen: La Jiribilla

El riesgo de bailar aquí y  ahora

Desde los primeros días y hasta hoy, para Danza Contemporánea de Cuba coreografiaron varios autores. Los bailarines calzaban la piel de varios personajes en una misma función, luego de un entrenamiento que incluía la técnica de danza moderna cubana, el ballet, el folclor. En algunos momentos se privilegió, sobre todo en tiempos en que Ramiro conducía los destinos de la agrupación, la formación intelectual. Por estos días se estimula el ingreso a los estudios universitarios de los bailarines. Y el diálogo con coreógrafos de diversas procedencias enriquece su vida espiritual y su bagaje creativo.

Danza Contemporánea ha trazado una estrategia de gestión cultural que ha permitido se presenten en Cuba figuras que mucho aportan al desarrollo de la danza en nuestro país. La presencia entre nosotros de Mats Ek y Ana Laguna fue un momento trascendental. Las funciones de Sasha Waltzs and Guest también marcaron un punto de giro en las concepciones coreográficas; la posterior presencia de Juan Kruz subrayó el valor del individuo en la obra. La manera en que Rafael Bonachela explora los sentimientos a través del cuerpo, la forma en que alterna el ritmo del montaje es otra herencia. El aclamado Billie Cowie reveló las posibilidades infinitas que el 3d brinda a la danza.

En las bases de la técnica cubana está el movimiento como signo distintivo. Ramiro Guerra, el fundador de la compañía, cita a su maestra Martha Graham: “El movimiento jamás miente. Es el barómetro que revela el clima del alma para aquel que bien sabe leerlo. Puede decirse que esta es la ley de vida del bailarín, la ley que rige sus aspectos exteriores”4. Coreógrafos como Bonachela y Céspedes explotan esa capacidad; otros, como Juan Kruz e Iglesias, intentan matizarlo.

Hasta la Isla llegan señales que exigen a la danza llevar a escena el pulso de los tiempos que vivimos. El siglo XXI reclama una transformación en el lenguaje danzario, en la manera de relacionarse con el público y con el entorno social. André Lepecki refiere el agotamiento de la danza:

 “Frente a la brutalidad del polvo histórico que cae literalmente sobre los cuerpos, el acto inmóvil rehace la posición del sujeto en relación con el movimiento y el paso del tiempo”5.

¿Cómo asume tal reto Danza Contemporánea de Cuba? Alguna vez le escuché decir a la profesora Lourdes Ulacia6 que la danza moderna cubana es una danza virtuosa, clara evidencia de la influencia del Ballet Nacional de Cuba entre nosotros. Desde la escuela el bailarín se entrena y se esfuerza por hacerlo bien, por volar más alto y llegar más lejos. La fisicalidad está en la simiente de su formación, en la génesis de su herencia. La línea que intentaba abrirse dándole cabida a una expresión en la cual los bailarines debían explorar otras formas creativas se truncó con la salida de Ramiro de la compañía. A fines de los 80 del pasado siglo se retomó esa línea. Marianela Boán, Rosario Cárdenas y Narciso Medina —bailarines de la compañía— buscaron otros lenguajes y fundaron grupos para alcanzar ese empeño.

Imagen: La Jiribilla

Ahora el panorama se torna muy interesante. La confluencia entre la fisicalidad y el virtuosismo que nos distingue y otras referencias que nos llegan, tiene lugar en un mundo signado por la digitalización de muchas esferas de la vida, lo cual cambió nuestra forma de mirar y de pensar. Creo que,  a estas alturas,  hay suficiente información y mucha experiencia acumulada para incorporar al tronco de la danza moderna cubana lo que creamos pueda contribuir a su buena salud. La tradición y lo novedoso suelen coexistir entre nosotros con absoluta coherencia, sería lamentable que una tendencia intentara excluir a la otra, creyéndose depositaria de la verdad.

Danza Contemporánea de Cuba ha sido la matriz de donde, en el pasado,  surgieron otras compañías. Ahora se suman Malpaso, de Osnel Delgado, y la que George Céspedes proyecta, Los hijos del director. Han sido partos difíciles pero deseados por sus progenitores, y cada uno trae un soplo de vida a la danza cubana y una mirada particular al contexto donde viven y trabajan.

Tras 55 años de trabajo la compañía sigue marcando pautas en los múltiples caminos de la danza cubana. Siguen apostando por el bailarín virtuoso y también siguen abiertos a todas las novedades, atentos a los reclamos del país en que viven. Cristal, de Julio César Iglesias, su más reciente estreno,  lo confirma;  y su director, Miguel Iglesias, lo ratifica: “Queremos preparar al bailarín para que tenga toda la claridad física y síquica para responder a cualquier necesidad expresiva de la contemporaneidad”7.

 

Notas:
1. Conversación de Rafael Bonachela con la autora.
2. Conversación de Juan Kruz con la autora.
3. Las tesis que intentan teorizar y sistematizar estudios sobre el hecho danzario son: “Entrenar, curar, bailar… Práctica pre-expresiva y curaduría en DCC”, por Yaday Ponce. “La salud del bailarín de danza: incidencia de los ejercicios de piso”, por Tania Ibis  Suárez. “Del salón de ensayo a la escena: Casi un  espectador tras bambalina”, por Heydi Batista.
4. Martha Graham: Memorias de la danza. Ramiro Guerra: Siempre la danza, su paso breve. Ediciones Alarcos, La Habana, 2010, p.p 312.
5. André Lepecki. Agotar la danza. Performance y política del movimiento. Centro Coreográfico Gallego. Mercat de las Flores. Universidad de Alcalá. 2006, p.p 36.
6. Lourdes Ulacia es profesora de técnica de danza moderna en la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte. Es una de las líderes en introducir en Cuba, de manera creativa, las últimas tendencias mundiales de  la danza.
7. “Bailo con 45 pares de pies”. Entrevista con Miguel Iglesias, de la autora en Revista Tablas, 4/05, octubre-diciembre.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato