Circunstancias de un himno

Jorge Sariol • La Habana, Cuba
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Los cubanos desde niños hemos aprendido de memoria una historia que cuenta que el 20 de octubre de 1868, en la plaza de la Iglesia Mayor de la ciudad de San Salvador de Bayamo, en medio del júbilo por el recién estallido de la guerra, un numeroso grupo de vecinos de la villa rodeaban a los insurrectos, comandados por el patricio Carlos Manuel de Céspedes.

En tan glorioso instante, uno de los jefes de la revolución, llamado Pedro Figueredo, a quien todos llamaban Perucho, con la pierna cruzada sobre la silla de montar, escribiría las estrofas de lo que sería el Himno Nacional.

La escena, digna de inscribirse en las más gloriosas páginas de las epopeyas de todos los tiempos, de no ser exactamente cierta, merecería que lo fuera.

Aun así la historia recoge testimonios y relaciones que traen a la realidad hechos tal vez menos románticos, pero no menos heroicos.

El gran compositor Hubert de Blanck escribiría un artículo para referirse a aquel hecho.

Imagen: La Jiribilla

El cronista Gerardo Castellanos, en su Panorama Histórico, recoge una versión interesante: “Aunque Perucho conocía el arte de la música y tocaba varios instrumentos —dice Castellanos—, mucho antes de este hecho, llamó a su amigo el profesor Manuel Muñoz Cedeño y secretamente le encargó le instrumentara un himno para violín, clarinete cornetín, trombón, bombardino, figle y contrabajo, que debía tocarse en las fiestas del Corpus Christi”.

“En la procesión que dirigía el Padre Manuel de Jesús Batista [1], resonó la marcha con dos compases de La Marsellesa. La sonoridad de la obra y más que nada los brillantes y exóticos compases sobresaltaron a Udaeta (Julián de Udaeta, Teniente Coronel, Gobernador político-militar de Bayamo [2]), que pidió una explicación a Muñoz”.

Historiadores, cronistas y relatores han escrito sobre la historia del himno cubano, los cambios en su letra y música; algunos aseguran que ha sufrido alteraciones, unas veces sonaba con los dos discutidos compases de La Marsellesa, y durante años se tocó sin ellos, otras veces con larga o corta introducción y en ocasiones solo sencillos toques de corneta.

Se afirma que en una ocasión se celebraron varias sesiones en la Asociación Nacional de Emigrados, creándose una comisión, presidida por Don Benito Lagueruela, encargada de recopilar importantes documentos en relación con el himno, pero a la muerte de Lagueruela los papeles no aparecieron.

En 1934 el gobierno de Mendieta, por exclusiva recomendación del Ejército Constitucional, intentó oficializar un himno llamado 4 de septiembre, como expresión de un golpe de estado militar.

Hoy la partitura del Himno Nacional Cubano está a buen recaudo y registrada en el Fondo Registro de la Propiedad Intelectual, con el folio 52, número 563, perteneciente a la Asociación Cubana de Autores Musicales ACDAM [3], y bajo custodia en el Archivo Nacional de la República de Cuba.

Imagen: La Jiribilla

Símbolo de valor, patriotismo y renovación de ideales, el Himno Nacional o Himno de Bayamo ha guiado a los cubanos “por sendas de puras glorias y esperanzas”.

En la plaza de Marte, en Santiago de Cuba, un monumento rinde tributo a Perucho Figueredo, a su himno y a la partitura original.

Imagen: La Jiribilla

Notas

[1] El sacerdote Manuel de Jesús Batista, era el  párroco  de la Iglesia Mayor de Bayamo y el primer sacerdote que bendijo a la Revolución. Se dice que por aquellos días ordenó un Te Deum, como  homenaje. Tiempo después cayó prisionero y murió “privado de libertad y de recursos el octogenario padre Batista”.

[2] A Udaeta le tocó luego rendir la plaza al Ejército Libertador.

[3] El pentagrama original se encuentra en la ACDAM

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