Todas juntas, o Raúl Reinoso ante el espejo

Luis Alejandro Rivera • La Habana, Cuba

El bullicio a lo lejos, la fachada del Teatro Nacional, la escalera. Los pasos interrumpidos, los acordes musicales mezclados; todo invadiéndome desde cualquier rincón. Sólo llegar a la sede de la compañía Danza Contemporánea de Cuba basta para quedar impresionado por tanta creación, por tanto arte en movimiento. Cuando pude tomar aire de nuevo, y darme cuenta de que mi entrevistado ya esperaba por la primera interrogante, estábamos sentados sobre el tabloncillo, de frente a un espejo inmenso, en una de las aulas. Yo, conversando con el joven bailarín y coreógrafo Raúl Reinoso; él, dejando abierta las puertas de su mundo ante mi curiosidad, ante el espejo también.

En realidad, Raúl llegó a la danza como un mecanismo, como un puente hacia otro arte igual de apasionante: la música. “Yo quería ser percusionista o baterista. En el momento que debía entrar a estudiar música no estaba preparado, y por eso no hice los exámenes. Dos años más tarde llegaron las pruebas de danza, me presenté, las aprobé; pero siempre la finalidad era cambiarme a la música.”

Imagen: La Jiribilla

Por razones de tiempo, y por lo avanzado del programa de estudios, Reinoso ya no pudo incorporarse a la música. Con empeño y mucha dedicación fue cultivando el gusto por la danza, y comenzó a aceptarla de otro modo. “Todo fue fluyendo, y aunque no sabía a donde podía llegar en aquel mundo no me disgustaba la idea. Al llegar al noveno grado supe que había un pase de nivel a la Escuela Nacional de Arte (ENA), y lo aprobé”.

Gracias a la vida, y para suerte de Raúl, la compañía Danza Contemporánea de Cuba lo recibió para darle una oportunidad que, según él, le ha permitido salir cada vez a la escena a defender el trabajo con el corazón. “Es esa constante tarea de brindar lo mejor al público, de convencerlo de nuestro trabajo; a todo tipo de público, además. Significa el disfrute de ese intento fugaz de una puesta en escena.”

“Llegar a tener una determinada responsabilidad dentro de la compañía es algo muy significativo para mí. Por eso trabajo duro, porque después que se lucha, que te suceden muchas cosas en el camino, obstáculos, desencantos, saboreas con creces el resultado de tanto esfuerzo. Sobre todo, Danza Contemporánea es una gran escuela. Es la escuela donde me hice bailarín, artista, donde encontré nuevas propuestas. Es una puerta grande por donde saldré.”

Esa misma escuela ha logrado que Raúl Reinoso madure la aptitud que desde el primer año en la ENA ya manifestaba como coreógrafo. En aquel entonces, se trataba de coreografías hechas para sus compañeros de estudio, desde un nivel muy básico. Pero con el afán de superarse a sí mismo, cada año intentaba proponer una que otra pieza. Así cree que nació su “inquietud coreográfica.”

“En realidad no me siento un coreógrafo, sino un creador. Porque veo coreografía en la danza, igual que en el audiovisual. Así, intuitivamente salen los resultados. En todas las cosas a las que me acerco veo coreografías. Y se trata de darle a eso un poco de orden, de lógica, un poco alterar los estereotipos, que visual y físicamente me interese lo que estoy haciendo, y tener claro lo que quiero transmitir.”

“Atendiendo a eso me enfoco en la calidad del movimiento, y así, con un instinto muy animal siempre intento representar los diferentes tipos de movimiento. A través del movimiento intento buscar una nueva forma de decir. Simplemente me ubico desde otra perspectiva para que el resultado sea diferente a lo que ya está dicho o hecho.”

“Incluso, digo más, el que hace la cámara necesita plantearse cierta coreografía en función del bailarín, el tiempo, el espacio, el ángulo, son elementos a tener en cuenta por el que capta el movimiento. Eso me interesa mucho, me apasiona, porque tengo siempre esperanzas de encontrar algo nuevo como resultado del movimiento del bailarín y la relación que se establece entre él y el camarógrafo que lo graba. Ese es uno de mis proyectos, indagar en ese proceso de interrelación.”

Es evidente esa conexión que Raúl ha establecido (o reafirmado) entre la danza y el audiovisual, una alianza que lo motiva a despertar nuevas potencialidades en ambas artes. “A mí siempre me llamaban la atención esas imágenes respaldando las coreografías, el movimiento, el físico de los bailarines, y me daba una nueva perspectiva del resultado artístico.”

“Por eso un día me compré una camarita digital y luego, por encargos de la escuela, tuvimos que hacer un video-danza a partir de un cuento de Anton Chéjov llamado “Los simuladores”. Todo fue muy espontáneo, lo único que teníamos claro era el texto y las escenas, pero lo que se iba a ver en el video sería totalmente improvisado.”

“Lo más apasionante está en ver cómo lo que grabamos pudo contar una historia, transmitir sensaciones. A partir de ese momento he decidido seguir por ese camino. Trabajo con el objetivo de recuperar a través de la creación los valores que se han perdido en la sociedad cubana actual. Trato de reflejar en mi obra la posibilidad de recuperar lo puro, de apartar lo corrupto del actuar cotidiano de las personas.”

A tono con su intención de impactar en la sociedad con sus mensajes, la obra de Raúl Reinoso ha despertado positivas impresiones, tanto en la crítica especializada como en el público. En algún momento, llegó a decirse que devenía en medio para desintoxicar a las personas de la lógica. “Todo depende del lugar donde se muestre la pieza, de la lógica que ese espacio demande”, asegura.

“Por ejemplo, en el taller del Ballet Nacional de Cuba, llegué y propuse a los participantes despojarse de todo ese terreno que tienen muy cercano de lo que es el ballet clásico. Y los invité a proponerse eso tanto en su mente como en su cuerpo. Mi propuesta fue trabajar los movimientos fuera del centro de peso del cuerpo, lo que conllevó a la ocurrencia de muchas caídas, trabajamos con mucho riesgo. Y eso es algo que el bailarín clásico no ve lógico. Pero a la vez, es probable que en eso radique lo atractivo de nuestra propuesta.”

“Mi obra se alimenta de mi instinto naturalista. Cuando voy por la calle me nutro de la cotidianidad, de las cosas que veo. Por eso traigo esos temas acá a la compañía y sobre todo, esos personajes que son en extremo cotidianos. Están presentes los basureros, los que se arriman a una esquina a jugar dominó, imágenes que son muy cubanas. Y esos personajes me interesan mucho, más cuando los llevo a las coreografías donde alcanzan otra dimensión. No me circunscribo a estos temas solamente, me interesa explorar otros terrenos, pero tengo la certeza que en la cotidianidad existe una gran fuente de recursos.”

Raúl, indiscutiblemente, está siendo voz (y cuerpo) de una generación. Y siente que el movimiento coreográfico en Cuba crece. “Es un crecimiento lento, creo yo,  pero está creciendo. Considero que cada vez hay más jóvenes interesados en la coreografía, y por ende deberían existir mucho más espacios donde poder llevar a la escena esos proyectos creativos. Una vez que esos espacios existan, y que uno pueda llevar allí nuestras obras, sin dudas se agradecerá mucho.”

“Ese movimiento coreográfico debería crecer todavía más, porque está en nuestras manos. Además, es nuestro deber. Y es bueno ver que llegan nuevas propuestas, nuevos coreógrafos, con el valor para trabajar y luchar por ganarse ese puesto, porque es muy difícil convencer a los directivos, maestros y ensayadores de la compañía, y hay que ser muy certeros para que confíen en nuestro trabajo.”

Imagen: La Jiribilla

¿Y por qué?

“La danza contemporánea es la danza del hoy, del presente, es el estar alerta del espacio que te pertenece, y todas las cosas que te invaden desde ese espacio. Esa sensación no es algo que se encuentra en la danza clásica, la danza más académica. En lo contemporáneo se rompen con algunos esquemas, se permite uno ser más espontáneo, porque en ocasiones lo requiere, te lo exige, te permite reaccionar ante tu realidad inmediata. Y en la danza contemporánea encuentras esa mezcla que somos los cubanos, sólo hay que saber emplearla correctamente para obtener buenos resultados.”

“El bailarín cubano llega a la escena con una propuesta del coreógrafo, con ciertos límites dentro de los cuales se va a desempeñar, pero puede darse, o debiera, ciertas libertades para emitir su discurso a la vez que defiendes el del coreógrafo. Y la espontaneidad se requiere para no llegar todos los días desde la misma posición, porque todos los días no te suceden las mismas cosas.”

“No obstante, es muy difícil lograr una relación entre la espontaneidad y lo que se ensaya, porque todos los días se perfecciona el movimiento, mientras que lo espontáneo va desapareciendo. Es por ello que a veces necesitas un tiempo, un espacio para reflexionar y definir lo que te va a situar en el lugar que debes estar. Por otra parte, está el factor físico. Muchas veces se llega a educar al músculo, logras un control sobre ellos y eso hace que en algunas ocasiones puedas perder en espontaneidad. Por tanto, es muy importante tener claridad del equilibrio que hay que alcanzar, saber hasta donde puedes llegar y cuándo no te debes pasar.”

Actualmente, Raúl se encuentra trabajando en un compromiso con la casa productora “Genova Pro”, resultado de un premio que obtuvo en el concurso de video-danza del Instituto Superior de Arte (ISA); un proyecto al que está dedicando mucho de sí. Tiene, además, el trabajo habitual en la compañía, donde fue seleccionado para interpretar la versión que Danza Contemporánea ha realizado de “Carmen”, esta vez con siete hombres. “Es una pieza que tengo muchas ansias de hacer, porque no es tan física, sino para el disfrute propio. Es dejar de ser uno mismo y divertirse en ese momento.”

Así crece Raúl Reinoso, dejando toda su energía en las tablas de la compañía Danza Contemporánea de Cuba, llevando de la mano coreografía y realización audiovisual, uniéndolas en busca de un arte mucho más enriquecido. “Estoy proponiéndome trabajar y asumir más seriamente el audiovisual. Creo que no hacerlo sería desaprovechar una gran oportunidad que da la imagen.”

“Es por eso que no me pongo límites en la realización, dejaré que todo fluya y llegue a donde pueda, sin necesidad de clasificar mi obra en algún género dentro del audiovisual, o buscando algún sentido obligatorio en mis coreografías e interpretaciones. En ocasiones también pienso en la posibilidad de experimentar con la realización de mi propia música, recuerda que yo quería ser músico. Y al juntarlo todo, alcanzar una complejidad en el discurso artístico. No sé hasta donde podrá llegar mi obra, pero sí estoy claro de lo que quiero: trabajar con todas esas manifestaciones juntas”.   

Raúl me miró, y se miró al espejo, complacido

Imágenes: Tomadas de Internet

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