Selfies electorales, de la vanidad al temor

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

Las dos tensas jornadas electorales en Brasil se vivieron con una enorme intensidad en las redes sociales. Más de la mitad de los brasileños tienen acceso a Internet y esto, combinado con el interés que despertó la campaña de los tres principales políticos que aspiraban a ocupar la presidencia, hizo que los contenidos publicados en las plataformas de socialización alcanzaran récords históricos; pero hubo un lugar en el que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación estuvieron vetadas en el gigante sudamericano: en las cabinas de votación.

Imagen: La Jiribilla

El Tribunal Superior Electoral (TSE) brasileño prohibió que los ciudadanos utilizaran en las urnas smartphones, tabletas, cámaras o cualquier otro dispositivo que permitiera tomar fotos en ese momento. ¿La razón? Evitar a toda costa la compra de sufragios.

En otras ocasiones, el TSE había detectado compra de votos en Río de Janeiro, a cambio de equipos electrodomésticos, alimentos o dinero en efectivo. En estas situaciones, las selfies (autofotos) tomadas dentro de las casillas electorales funcionaron como prueba del cumplimiento de las indicaciones de la persona que pagó por el voto.

“Lo que más preocupa a la justicia electoral no es la vanidad, es la situación de que una persona sea coaccionada para llevar un elemento de prueba a quien compró el voto”, aseguró  José Antonio Dias Toffoli, presidente del TSE. Brasil no es el único país que optó por prohibir las selfies en las urnas. En la región, Perú y Bolivia también han adoptado medidas similares.

La legislación electoral brasileña establece que, en los casos en que se revele, por ejemplo mediante una selfie, un voto es posible recibir una multa de 15 mil reales (más de seis mil dólares) y hasta dos años de prisión. A pesar de la prohibición y del castigo económico, no pocos brasileños subieron a Instagram y Twitter selfies en los que aparecían ejerciendo el derecho al sufragio. Varias de esas imágenes fueron agrupadas en las redes sociales bajo el hashtag #SelfieNaUrna.

La expansión en el uso de la selfie en los últimos dos años ha sido impresionante. En 2013, el diccionario Oxford de la lengua inglesa la nombró “palabra del año” y hoy tanto el internauta más común como las celebridades más excéntricas acuden a las autofotos para resaltar su físico, su presencia en algún acontecimiento, lugar o, sencillamente, para transmitir una sensación de espontaneidad que no siempre funciona.

Nadie quiere quedar fuera de la “fiebre por las selfies”; aunque, indudablemente la mayoría de las selfies políticas son elegidas con mucho cuidado por los líderes y sus equipos de comunicación, tanto en su producción como en su circulación.

Así tenemos disímiles ejemplos, desde la autofoto que se tomaron Barack Obama, David Cameron y la primera ministra danesa Helle Thorning, durante el funeral de Nelson Mandela, o la de Ellen De Generes, en un momento de la ceremonia de los premios Oscar 2014, rodeada de varios artistas, o la del pelotero dominicano David “Papi” Ortiz, junto a Obama, cuando recogía el anillo de campeón de la Serie Mundial o la selección de selfies de la sensual Kim Kardashian que conformarán un libro.

Para los políticos, en un contexto en el que el poder de la imagen sigue siendo eje central en los procesos políticos contemporáneos, las selfies se han convertido en otro instrumento con el que pretenden mostrarse más cercanos al ciudadano y ofrecer una imagen más humanizada y menos frívola. Realmente lo intentan, pero muy pocos lo consiguen…

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