Literatura

Nota por un libro que no es de Silvio

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Demasiado nunca,
demasiado no
para tantas almas,
para tantos sueños,
para tanto amor.
S.R.D

Hace poco fue proyectado en la sala Chaplin un documental que refleja parte de la gira por los barrios que lleva a cabo Silvio Rodríguez y su equipo, desde hace varios años. No asistí a la función, porque me encontraba fuera de La Habana, de modo que no puedo reseñar el material audiovisual que fue puesto a consideración del afortunado público de esa noche, aunque debo señalar que durante varias semanas fue comentado ampliamente por toda la ciudad. Los comentarios eran, como es lógico, muy halagüeños. Muchas personas decían que además de conmovedor por las excelentes fotografías, y la exquisitez de los conciertos, el documental había sacudido conciencias porque “movía el piso”, en términos de la necesidad de mostrar la realidad que viven muchos compatriotas, y poco a poco fue tomando cuerpo la sugerencia de que fuera transmitido por algún canal de la televisión nacional, hecho que no ha ocurrido todavía. Aunque resulte una paradoja, no vivir en uno de los denominados barrios marginales de Cuba, tiene, acaso, la desventaja de no presenciar esos eventos maravillosos que Silvio organiza junto a su fiel equipo, con la tenacidad, la entrega y el talento increíble que lo caracterizan. Me dispuse a buscar el filme a como diera lugar, pero mis gestiones fracasaron. No lo “resolví”, a pesar de que “lo luché” en todos los estanquillos que venden “CD quemados”. Llegué a la osadía de pedírselo directamente al autor de “Pequeña serenata diurna”, pero su respuesta fue tajante: No es mío, y no tengo copia.

Imagen: La Jiribilla

Dispuesta a no dejarme vencer, salí a caminar por la ciudad, con la esperanza de que de alguna manera, “¿una luz cegadora, un disparo de nieve?”, un poco de suerte, en fin, pudiera ver lo que ya todos nombraban en la calle como “la película de Silvio”. Fue así que llegué al parque El Quijote, en una de cuyas esquinas existe una carpa, donde venden libros. Me consolé entonces con la idea de encontrar al menos una novela de Miguel Bonasso que había oído nombrar: La venganza de los patriotas, como quien dice del lobo un pelo. No tendría a Silvio, pero sí, con fortuna, al escritor que nos había dejado pasmados con su Diario de un clandestino hace más de diez años. Entré en el espacio que ocupan los estantes repletos de libros, y me quedé hechizada: además de la novela del argentino, hallé un cuaderno de grandes dimensiones, con el título Por todo espacio, por este tiempo, y a continuación, en letras más pequeñas, con Silvio Rodríguez en barrios de La Habana. Como es de suponer, compré ambos libros, y empecé por el que ya pasa a llamarse “de Silvio”, aunque a él no le guste. Efectivamente, no es suyo, pero solo de forma relativa, como podrá comprobarse enseguida.

¿De quién es, entonces: de la periodista Mónica Rivero, que tuvo la tarea de escribir para acompañar fotorreportajes, como ella misma apunta en su manual personal? ¿Del fotógrafo Alejandro Ramírez, que captó imágenes deslumbrantes que hablan por sí solas? ¿Acaso Esteban Llorach, editor de lujo, se atribuye la autoría de un libro que cuenta historias estremecedoras? ¿O será que es del prologuista, quien de tanto preguntarse qué decir, terminó redactando unas cuartillas preciosas, como solo sabe hacer el lúcido Fernando Martínez Heredia? Casi al final de su introducción señala: “¿por qué me piden Mónica y Alejandro que escriba esta nota inicial del libro? Quizá por venir de la generación de los primeros admiradores de Silvio, o por compartir toda la vida su necedad”. Estas palabras de Fernando funcionan como un resorte que comienza a despejar la duda de a quién debemos agradecer la existencia de un libro que incluye palabras, casas, calles, caras conocidas y no, niños y niñas, micrófonos, risas, guitarras, llantos, banderas, y el rostro de una ciudad envejecida. Creo que todo se explica por la terquedad de un hombre que no se resiste a la contemplación pasiva del estropicio, de la desidia. Pero que no actúa en solitario, sino que involucra, además de a sus acompañantes artistas, al pueblo en sí. No a la entelequia “pueblo”, sino a su concepción integradora, como explicaba el Che, a la suma de hombres y mujeres que han hecho posible la supervivencia de un proyecto social único. Y que permanecen en su sitio, por muy resquebrajado que esté.

Confieso que me turbaba el título, porque no entendía exactamente su significado: “Por todo espacio, por este tiempo”, y recorrí con insistencia las cuartillas escritas por la periodista, en busca de aquello que me aclarara a qué se refería. Casi al final de las más de 190 páginas del libro, hallé la respuesta: […] “el gran acontecimiento no discrimina; dispone en realidad de todo espacio, de todo tiempo, y puede manifestarse allí en lo íntimo, aparecer en lo modesto, lo no necesariamente llamado a la Trascendencia. Por eso, es posible que el brillo de lo extraordinario aparezca sin importar lugar, sin importar momento; es posible que un placer abandonado, un parque viejo, una fachada en ruinas o una calle rota, acoja la celebración de un gran concierto”.

En otras palabras, creo entender que es el aquí y el ahora lo que puntualiza la importancia de la infinita caravana de solidaridad que Silvio despliega en cada uno de sus conciertos, en y para los barrios, de modo que estamos presenciando su generosidad, su manera de ayudar. “Me crecen ganas de contribuir”― nos dice1 desde la modestia real de un compromiso asumido como modo de vida. Para no disminuir la atracción que este cuaderno suscita, concluyo con imprescindibles gratitudes: A la Editorial José Martí, a Ediciones Ojalá, a Mónica Rivero, a Alejandro Ramírez, a Fernando Martínez Heredia, a Esteban Llorach, al equipo de músicos que acompañan al trovador revolucionario por antonomasia que es Silvio Rodríguez, agradezco, desde mi postura de lectora, la maravillosa idea de este libro, que compensa, aunque sea un poco, la carencia del documental que lo acompaña y, que estoy segura, más temprano que tarde, entre todos veremos arder.

Nota:
1. Rivero, Mónica; Ramírez, Alejandro: Por todo espacio, por este tiempo. Con Silvio Rodríguez en barrios de La Habana. Editorial José Martí, La Habana, p.p 184

Comentarios

M eda mucha alegría leer este comentario dedicado al libro de Mónica y Ale, le agradezco a Laidi este regalo.

Gracias por estas letras, Laidi. Pronto podrás ver el documental en pantalla grande. Abrazos, Mónica.

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