Homeopatía literaria: una forma del Amnios

Jueves, 30 de Octubre y 2014 (10:49 am)

Amnios es una revista que se hojea a voluntad. Como libro vivo tiene la posibilidad/facultad de escrutarse en un mundo interior y asimismo poner en libertad su contenido amniótico, resulta de un paciente pero efectivo desarrollo editorial, llegado este viernes 31 a su 14 emisión en la Casona de 5ta y D en El Vedado.

No dudo que su génesis guarde relación natural con la embriología (asunto que no podré solventar por mi formación), mas algo hay en la gesta(ción) de esta magazine literaria que acusa paralelismo y al mismo metáfora. Si no, piense conmigo desde la fertilización biológica/de la revista, todos los procesos muy similares hasta la formación del saco-membrana en mamíferos y reptiles, que con propiedad da título y anatomía a la publicación. Ambigua rareza enhebra un sexo queer, presente además en la geisha que Jamila le asignara en el número 10 y el artículo —el— que la/lo define gramaticalmente desde la lengua. Amnios es un parto señero. Ciertamente.

Cuando tuve ante mí el número 14, a poco de ser presentado, fue inevitable no carenar en una particularidad –ahora sí formativa. Me inquietaban sus tres “p” y el interesante retruécano que orquestaban, en lo personal, muy sugerido por las cuatro “p” en el Marketing que aquí mucho no tienen que ver (Producto, Precio, Plaza y Promoción) por la prédica filantrópica de la publicación.

Las tres “p” de Amnios en este número 14 parecen concretar en un sintagma “precozcentrista”: pubertad-poética-proba. Y es la prolija presencia de poetas jóvenes en la revista-libro, por frecuente, decreto visible de voces en ruptura y continuidad con la tradición poética cubana.

Un trabajo dentro del conjunto ubica esta esencial peculiaridad. Heredero de muchos de los aquí compilados: Sobre evoluciones y permanencias de la poesía cubana; «A la entrada de la noche» del profesor y ensayista Luis Álvarez Álvarez, coagula toda la vocación subversiva que da cuerpo y sangre al hecho poético en Cuba. En una unidad de análisis joven (el más reciente poemario de Lázaro Castillo), el también Maestro de Juventudes marca, a través de intensas glosas, la respiración poética –ora coloquialista- del escritor espirituano y con ella el péndulo creativo cubano: entre convocaciones de épocas y voces diversas de la poesía nacional.

Está en este número de la revista un fuerte tironeo estético entre la poética local del dueto villaclareño Zamora-Anoceto y la prosa metrolibrista de la holguinera Jamila Medina Ríos, presente en Del pubis, el corazón y la lengua de «La gran arquitecta». La autora de Hueco de araña (Unión, 2009) convida a exu(a)ltar ciertas feminidades, escatología mediante. Mientras que la dupla del centro del país reacomoda el prisma de lo clásico para ofrecer una lectura que linda con temas universales como la muerte, la super(sobre)vivencia, las migraciones… Esparcidos geográficamente por casi todo el territorio es el Oriente, quizá, el espacio menos frecuentado de autores en la entrega.

El poeta Roberto Manzano es entrevistado por el director y editor, Alpidio Alonso-Grau. Manzano que por mucho tiempo apadrinó(a) ad honorem la revista acude, casi en desnudez, a poner en sabias réplicas su credo. Esquivo a encorsetamientos se confirma, sin embargo, eterno defensor de la poesía cubana escrita por los más jóvenes. Este trabajo, ocupante legal de la medianía del libro, abultado y absoluto, establece desde el respeto el posicionamiento del que goza Manzano entre los más jóvenes del país y sus coetáneos. La obra “manzanera” discurre en entremezcla con el contexto del autor, unas páginas después.

Pero la entrega no pierde el rumbo ecuménico y permanece abierta a las más diversas tendencias y estilos para tender puentes entre la poesía cubana y la creación lírica universal contemporánea. Tales son los ejemplos de la hebrea Nitzán, el nica Francisco Larios, la santiaguina María Inés Zaldívar (coherentemente introducida por una entrevista que le concediera al inmenso Virgilio López Lemus) y el azteca Luis Alberto Arellano.

Cuando restan escasos pliegos por hojear, topamos con la sección Entrepáginas, tal vez la más infrascrita en cuanto a orden —siempre al cierre— en una revista que no se compromete con él, en tanto tampoco se interesa en jerarquizaciones inútiles, que poco o nada sirven para cartografiar la insondable presencia de autores en el registro nacional. Con la temeridad que el exiguo espacio le provee, la noria coloca los inextinguibles Marré y Alberto Acosta-Pérez; los inseparables Soleida Ríos y Rubén Fernando Alonso; y los transoceánicos José Kozer y Aleyda Quevedo Rojas.

Mantiene Amnios su belleza formal para bibliófilos. La obra de Manzano viaja como vector pictórico a lo largo y ancho de la revista para edificar un hecho cultural único pero sinfónico. Desde la amalgama de las artes y con la singularidad de cada instrumento. Un mérito que, conjuntamente con la amplia gama de públicos que atiende, la ratifican entre lectores promedios y aguzados.

La eficacia del (a)Amnios en la cobertura humana no es ya un hecho meramente biológico. Como entidad protectora, defendida en la presentación del primer ejemplar por el escritor y docente Guillermo Rodríguez Rivera, discute una nueva forma de vida. Aquella malacológica, cavernosa, deja de ser esencia de poetas en sus caracolas (Raúl Hernández Novás). Amnios, cual embrión libre, quiere verse no a través de muros o especialistas. Ad-hoc, caótica, desmembrada, atípica. Guarida. Pero de todos.

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