Zoia Barash, la dama cubana del cine soviético

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Nació en Ucrania en 1935 y con solo ver su estampa se intuía su vínculo con la estepa y la nieve, pero de tanto estar entre nosotros, con raíces bien afincadas, se convirtió en una presencia familiar en los predios del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Cinemateca de Cuba.

Zoia Barash fue, sin lugar a duda, la dama cubana del cine soviético. La noticia de su deceso el domingo 26 de octubre en La Habana —fue sepultada un día después en el cementerio hebreo de Guanabacoa— caló hondo en la comunidad fílmica cubana, a la que se integró a plenitud desde mediados de los 60, cuando se hizo habitual como traductora en las ruedas de prensa de realizadores y actores procedentes de la URSS, preámbulo de su definitiva inserción en la Cinemateca como especialista e investigadora a partir de 1976.

Su principal legado fue el prolijo ensayo El cine soviético de principio a fin, en el que aborda los avatares de una cinematografía que en los tiempos inmediatamente posteriores al triunfo de Octubre registró una revolución estética protagonizada por Serguei Eisenstein, Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov.

La Barash siguió la ruta de esa cinematografía en tiempos épicos y difíciles a partir de los aportes sucesivos de directores de la talla de Mijail Romm, Grigori Kosintsev, Serguei Bondarchuk, Mijail Kalatozov y Grigori Chujrai y más adelante  Larisa Shetpiko, Gleb Panfilov, Andrei Mijalkov Konchalovski y su hermano Nikita y el inefable Andrei Tartovski hasta desembocar en las realizaciones de los días de la glasnost y la perestroika que preludiaron la debacle del sistema soviético. 

Este ensayo le mereció a su autora el Premio Anual de Investigación del Instituto Juan Marinello en 2008 y fue uno de los títulos más demandados de la Editorial ICAIC.

Pero esa no resultó la única huella perdurable de la Barash en la cultura cubana. Los lectores disfrutaron varias de sus traducciones literarias tan populares como la novela de espionaje 17 instantes de una primavera, de Iulián Semionov, y la monumental En agosto de 1944, de Vladimir Bogomolov.

Graduada en 1958 del Instituto Superior de Lenguas Extranjeras de Moscú, la Barash no imaginó que a la vuelta de unos pocos años, en 1963, el amor la conduciría a una isla que por su efervescencia revolucionaria se había convertido en un mito entre los soviéticos de su generación.

Esa imagen rebelde de Cuba permaneció siempre en el alma de Zoia Barash, quien decidió desde entonces compartir aquí su destino.

Comentarios

Estimados Señores,

Me pongo en contacto con ustedes porque estoy intentando localizar a los herederos de Doña Zoia Barash.
Si pudieran facilitarnos alguna información se lo agradeceríamos enormemente, ya que estamos interesados en publicar uno de los trabajos de la autora.

Gracias

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