El pensamiento crítico sobre el trabajo

Lecciones precursoras de Manuel Moreno Fraginals

Dianné Griñan Bergara • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

De grandes paradojas en la historia de Cuba, se han iniciado caminos en la investigación del pensamiento social cubano, fundamento al que volvemos toda vez que los acontecimientos históricos por sí solos, son insuficientes para comprender de dónde venimos, y hacia dónde vamos. Tomando el rumbo hacia el conocimiento de ese horizonte, por cada paso que damos su hondura nos desborda, y nos reafirma que mientras más conocemos sobre ese pensamiento, más conscientes estamos de cuánto nos queda por conocer y comprender. Es así que reconstruir la historia de nuestras ideas, se convierte en una utopía que nos compromete y ciñe al sacrificio de querer alcanzarla, porque sabemos que allí está nuestra plena realización, muy a pesar de que al mismo tiempo luchar por esa utopía, se convierte indiscutiblemente, en la misión de toda una vida.

Imagen: La Jiribilla

A raíz de todas las emociones encontradas durante el estudio de El Ingenio con motivo de esta convocatoria, no tengo duda alguna de que todas las interrogantes que desde siempre albergo sobre las grandes paradojas del sistema socioeconómico cubano, y específicamente aquellas que entroncan directamente con la esfera laboral, tienen espacio y asiento en la vertiente crítica del pensamiento social sobre el trabajo en Cuba. Esta exquisita obra de Manuel Moreno Fraginals, constituye un clásico de las ideas sobre el tema, referente para los estudiosos cubanos y de otras latitudes también.

El Ingenio ve la luz en el año 1964 cuando ya ha triunfado la Revolución Cubana.  Por esa época, el trabajo como objeto de estudio se interpreta a través del prisma de las reivindicaciones sociales obrero-campesinas, con una fuerte influencia de las teorías del desarrollo de la CEPAL y la teoría marxista. La industrialización del país como vía de solución al problema del subdesarrollo, según las concepciones cepalinas de aquel entonces, la ruptura de la dependencia de Cuba del capital extranjero, y la superación de las contradicciones basadas en las relaciones de propiedad, fueron temas neurálgicos del debate académico y político durante la década de los 60, que quedaron sintetizados en cómo dirigir la economía cubana para la construcción del socialismo.

La Historia ha identificado a partir de estas discusiones dos posturas prevalecientes en la época cuyo protagonismo en el escenario público y político legitimó los debates sobre el trabajo dentro de la sociedad cubana en todos sus ámbitos. Una vertiente era la del  Sistema Presupuestario de Financiamiento, representada por el Che; la otra vertiente fue la del Cálculo Económico, representada por Carlos Rafael Rodríguez.

Entre estas dos líneas de pensamiento se movían un conjunto de problemáticas socioeconómicas de orden prioritario en un período definitorio del significado de la Revolución Cubana y del Socialismo. Quizá por ello las principales necesidades en el orden práctico determinaron los temas fundamentales a debatir entre el Sistema Presupuestario y el Cálculo Económico, donde figuraban como ejes de centralidad: el papel de la ley del valor, la disyunción entre el mercado y la planificación, el estímulo al trabajo, la eficiencia económica y la autonomía empresarial. Finalmente a mediados de la década se aplica el Registro Económico como sistema emergente en medio de una coyuntura que exigía decisiones inmediatas. Este sistema condujo a la producción de deformidades estructurales para la economía cubana, siendo unas de las más importantes, el debilitamiento del papel del salario y la subvaloración de las relaciones monetario-mercantiles.

Estos vaivenes de la joven e inexperta Revolución Cubana en materia laboral, tuvieron su colofón con el conocido y traumático fracaso de la zafra del 70. La incorporación de Cuba al CAME sella esta época de indefiniciones teóricas y metodológicas en el abordaje del ámbito socioeconómico, y se instaura el modelo soviético de organización del trabajo, cuyo nacimiento ya tenía incorporada por añadidura una deformación de carácter estructural proveniente de la organización del trabajo diseñada por la teoría norteamericana de la administración. Vuelve entonces El Ingenio a nuestras imprentas y librerías en medio de estas circunstancias, y no lo hemos vuelto a ver hasta hoy que lo redescubrimos, en un momento crucial dentro de la historia de Cuba, en el que necesitamos redefinir nuestro modelo económico social, y dónde las Ciencias Sociales y Humanísticas están llamadas a tomar protagonismo, ¿es acaso una premonición este regreso de Manuel Moreno Fraginals?

Analizado desde una mirada ligera situada en el hoy, tal parece que en las décadas precedentes El Ingenio caminaba como una figura extraña encaprichada en el pasado, cuando de lo que se trataba, era de comprender el socialismo, y de revertir definitivamente las relaciones capitalistas de producción. ¿Qué podía aportar entonces esa obra a sus contemporáneos, y qué nos puede enseñar en la actualidad? ¿Qué ha estado diciendo a través de los siglos la ruta del azúcar en Cuba? Si allí donde estaba el azúcar podíamos encontrar a Cuba y lo cubano en el siglo XVIII, ¿dónde se encuentra Cuba ahora? Lejos de ser quejumbrosas estas interrogantes, surgen en este batir de ideas como un rescate de ausencias dentro del pensamiento cubano y de sus luces precursoras para la construcción de nuestro futuro.

Imagen: La Jiribilla

El Ingenio es una obra que rompe los esquemas ortodoxos y tradicionales del análisis de la sociedad cubana y de su historia. Sobre todo en la compleja década de los 70 del siglo XX cubano, constituía una fecunda aportación dentro de un concierto de ideas sobre el trabajo, que difícilmente encontraban asidero en una producción descolonizada, integradora y capaz de captar la centralidad del trabajo como eje estructurador de la sociedad en la construcción del socialismo. Con el estudio del ingenio Manuel Moreno Fraginals encuentra no solo una forma efectiva de interpretar la historia de nuestro país a partir de un análisis de la economía, sino también una excusa para comprender los procesos que conformaron la sociedad cubana entre los siglos XVIII y XIX. Este estudio del complejo azucarero abarca todas las dimensiones y niveles de expresión del trabajo como proceso social, apropiación del marxismo que le permite a su autor reconstruir la sociedad de la plantación esclavista cubana y su devenir histórico hacia las relaciones capitalistas de producción.

El estudio del ingenio por dentro y por fuera permitió a Moreno Fraginals el análisis no solo de los elementos más técnicos de la producción del azúcar (las características de la maquinaria, las variedades de caña, las diferentes técnicas de producción del azúcar y sus derivados), sino también de aquellos relacionados con el contexto económico, político e institucional que ejerció influencias sobre la capacidad productiva y exportadora. De esta forma es posible encontrar una explicación política, normativa y circunstancial para muchos de los cambios operados en el orden técnico, y para las irregularidades que entre los siglos XVIII y XIX distinguieron el ritmo de crecimiento de la producción azucarera en Cuba.

Junto a estos factores se conjugan otros que permiten profundizar en el conocimiento de la estructura económica del país, toda vez que el azúcar se encuentra entrelazada con otros renglones como el café, el tabaco y la ganadería, y genera otras infraestructuras que trascienden a la del ingenio y que son necesarias para su desarrollo. Por lo tanto este complejo económico dibujaba al interior del país rutas comerciales que necesitaron vías de comunicación; nuevos asentamientos poblacionales alrededor de los cuales se configuraba una ciudad diferente puesta al servicio de la expansión de la producción azucarera; y un mejoramiento paulatino del sistema de transportación necesario para el traslado de mercancías.

El componente cualitativo de todo proceso de producción fue igualmente distinguido en esta obra, donde, tanto la necesaria instrucción de la fuerza de trabajo como el desarrollo de investigaciones científicas que apoyasen la introducción de adelantos científico-técnicos, fueron reconocidos como elementos capaces de introducir nuevas cualidades. Se reconoce el desarrollo del pensamiento de la época en torno a la producción azucarera, haciendo especial énfasis en las aportaciones introducidas por hacendados criollos que más allá de incorporar prácticas habituales de otras latitudes, fueron capaces de generar modos de organización de la producción acordes con la estructura interna de trabajo de los ingenios en Cuba donde la mano de obra era esclava aún durante los siglos referidos.

Imagen: La Jiribilla

Estas observaciones tienen una matriz analítica importante que Moreno desarrolla en su libro, y es que las ideas alrededor de la producción azucarera no quedan aisladas a la pertenencia de clase que las acompaña. La adquisición de conocimientos sobre los ingenios en Cuba, determinó junto a las expectativas de expansión en el negocio del azúcar, que el impulso de este sector estuviera fundamentalmente dirigido por el esfuerzo propio de los hacendados criollos y no de la metrópoli, lo que dio cierta legitimidad al surgimiento y desarrollo del ingenio en Cuba, particularidad que lo distingue de otras colonias españolas.  Ello facilitó a la aristocracia criolla dedicada a la producción de este renglón económico su distinción del resto de la aristocracia, incluyendo la española que residía en la Isla, a partir de su relación con el trabajo desde su pertenencia de clase y relaciones de propiedad, aunque como señalara Moreno, existía una incongruencia entre la superestructura feudal y las relaciones de producción establecidas.

La dinámica propia del ingenio como espacio laboral fue una temática a la que Moreno Fraginals prestó particular atención. Por una parte, en el conocimiento de la configuración de las relaciones de trabajo y del ordenamiento interno del ingenio estaba la posibilidad de determinar los rendimientos de la producción, la productividad, la eficiencia económica y otros indicadores de ese nivel; pero por otro lado, también el estudio de la organización del trabajo, le permitió adentrarse en el mundo de la mano de obra esclava, sus condiciones de trabajo y luego por consiguiente, sus condiciones de vida y de muerte.

Dentro de estas problemáticas se abordan elementos generales relacionados con la organización del trabajo que tienen un carácter básico dentro de los estudios laborales y de administración, no obstante constituyen recursos explicativos fundamentales para llegar al núcleo de la satisfacción o explotación del trabajo, esta es la parte en la que la mano de obra se manifiesta mientras miramos el ingenio por dentro. Aquí resaltan dimensiones relacionadas con los regímenes de trabajo, las condiciones del espacio, el sistema de alimentación y vestimenta, los cuidados de la salud, la distribución de las tareas, el nivel de rutinización de las actividades, la concordancia entre la calificación y la labor que se desempeña, entre otros aspectos. A estos elementos organizativos se le suman otros de índole cultural, como las tradiciones y saberes provenientes del aprendizaje empírico que Moreno considera intervienen en la calidad de las producciones y en la impresión de un matiz artesanal al azúcar cubano. Estos modos de hacer, al decir del autor, incorporan nuevas cualidades al proceso de trabajo.

Uno de los aportes más significativos de esta obra reside en la relación que establece entre el modo de trabajo de los negros esclavos y su modo de vida, donde la producción azucarera y sus características muy particulares de diseño y organización se encuentran estrechamente relacionadas con la institucionalización familiar de la población esclava. Este proceso no poco complejo estuvo precedido por una especificidad de la organización del trabajo que configuró la composición de las familias esclavas y su dinámica interna, y esta fue la instauración de la explotación extensiva de tipo carcelario. Esta forma de trabajo que devino en padecimientos y muertes, generó un decrecimiento demográfico de la población esclava, y a partir de entonces las nuevas formas de control sobre la formación de familias y la procreación de hijos de esclavos adquiere reiteradamente un carácter económico. Alrededor de esta compleja problemática Moreno Fraginals aborda diversos aspectos, tales como las características de la nupcialidad, la dinámica familiar, la infertilidad en las mujeres, y el comportamiento de la mortalidad infantil a partir de estas uniones.

Esta es solo una ínfima parte del análisis que Moreno despliega sobre la vida de la población esclava en los ingenios, donde la religión también tuvo su centralidad como componente cultural que le permitió comprender las creencias de un pueblo que marchaba según el ritmo del azúcar, y que otorgaba diferentes significados a los acontecimientos que tenían lugar dentro del complejo productivo. Para los sacarócratas el factor religioso determinaba el éxito o el fracaso una zafra, y para el esclavo, era la forja de una sublevación. Me atrevería a decir que detrás de estas ideas se sintetiza el pensamiento marxista que recorre metodológicamente toda la obra de Moreno sobre el complejo económico social cubano del azúcar.

Una apropiación del marxismo al nivel de este referente dentro de los estudios actuales sobre el trabajo en Cuba, es una deuda que las Ciencias Sociales tienen con la historia del pensamiento cubano, y sobre todo, con la sociedad cubana de hoy, que está demandando visiones revolucionarias de los procesos sociales actuales, donde el trabajo debe constituir uno de los ejes fundamentales de cambio. Lamentablemente la coyuntura de la década del 90 en Cuba y el camino transitado hasta hoy, se parecen cada vez menos a ese ingenio que se apega a la identidad del cubano, gran complejo que marca los tiempos del azúcar más allá de los límites del batey. También debemos volver a El Ingenio, el libro, con la agudeza de una sociedad que pretende ser transformada posicionando al trabajo como espacio de emancipación, y reconociendo su historia negra, esclava y colonizada, para librarse en esta época de las nuevas caras de la dominación.

A través de la historia del trabajo en la industria azucarera transitamos por la historia, por el presente y el futuro de Cuba,  junto al azúcar, el café, el tabaco y la religión (no debemos olvidar cuántas plegarias fueron depositadas en la casa de la patrona de Cuba para librarnos de la dura crisis que azotaba al país durante los 90). He aquí nuestra negritud en componentes esenciales e imprescindibles para el reconocimiento del pasado y el porvenir de nuestro sistema socioeconómico y laboral. El regreso de El Ingenio nos presenta estos matices del acento cubano, sirva entonces este bienvenido retorno al rescate de las ausencias provocadas por el ostracismo infecundo del dogma, de la colonización y la discriminación, peligrosos vicios que aún amenazan el sostenimiento de este proyecto de construcción socialista.

Si bien reconozco la inexperiencia de vida y trabajo que subyacen en las ideas que hoy comparto en este foro, me permito la licencia de ofrecer esta visión de la vigencia de El Ingenio ante los retos actuales del trabajo en Cuba, pues hablo desde el profundo compromiso que entraño con esta dolorosa Revolución Cubana, en la dulceamarga contradicción que encarnamos muchos jóvenes de mi generación, que hoy intentamos comprender el pasado al tiempo que el presente nos toca en el hombro, y cuando reaccionamos, estamos obligados a construir el futuro.  Pero sobre todo, hablo desde el compromiso que tengo y tendré siempre con mis antepasados negros, esclavos del ingenio, habitantes del barracón.

 

Ponencia presentada en el taller La historia como arma. En el 50 aniversario de “El Ingenio”, de Manuel Moreno Fraginals  celebrado del 14 al 16 de octubre en la sede del Instituto Cubano de Investigación CulturalJuan Marinello”, La Habana.

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