Cantores...

Gerardo Alfonso: Nunca falta el tiempo
de empezar

Del dedo a la cuerda
la cuerda hacia el canto
del canto hasta el verso
del verso a los sueños
los sueños, el verso y el canto, reflejos de la realidad,
la vida, la muerte, solares, museos, hoteles, burdeles,
todo por cantar.

Imagen: La Jiribilla

Le habría bastado una canción, “Sábanas blancas”, para figurar en la más selecta antología de la canción cubana de todos los tiempos; le habría bastado otra “Son los sueños todavía”, para, además, integrar el listado de las más resonantes piezas de la llamada Nueva Canción Latinoamericana (un fenómeno que viene desde mediados de los 60 y llega a la actualidad, con mayor fuerza en estos días, aunque no se echa a ver mediáticamente y el término pueda resultar un arcaísmo —o futurismo). Le bastaría igualmente esgrimir títulos como “Eres nada”, “Amiga mía”, “Quisiera”, y “Giovanna”, para estar entre los más poéticos hacedores de canciones de amor de nuestra Isla (lo cual no es poco decir). Suficiente que sacara a relucir (aparte de los temas citados) “Paranoico”, “Aquí cualquiera tiene”, “Espiritual” y “Yo te quería María”, para poder afirmar rotundamente que desde inicios de los 80 viene marcando épocas en la memoria popular. La habría bastado sacar balance y sentarse cómodamente a vivir de su obra, pero para bien de su espíritu, y suerte nuestra, Gerardo Alfonso tiene siempre “todo por cantar”.

Se trata de unir los confines del mundo,
las puntas de un lazo,
juntar los pedazos rotos y dejar volar el alma así entre nosotros,

tratar de tomarle la mano a la vida, seguirle a la par
con los ojos cerrados, lanzarse a confiar
y dar, y dar, y dar, y dar, y darlo todo
que el cielo se ocupa del resto.

Imagen: La Jiribilla

Gerardo Alfonso Morejón, nació en Guanabacoa, La Habana, el primero de noviembre de 1958, así que está de cumpleaños el trovador y qué mejor manera de celebrarlo que hurgar en parte de su vastísima obra. Realmente estamos ante un creador que si bien es reconocido por un puñado de canciones de esas que podemos llamar “éxitos” en los medios en los últimos 35 años, posee una obra aún por estudiar (y disfrutar).

Quizás me ocurra lo mismo que le pasó a Van Gogh,
después de muerto fue que se reconoció.
Tal vez me quede vivo esperando otra ocasión,
como un buen perdedor en su banco,
o hago un largo viaje como Cristobal Colón,
como Matías Pérez, el que nunca regresó.
Pero hasta hoy sigo cantando,
después de todo,
de cualquier modo no estamos solos.

Es Gerardo Alfonso un poeta, no solo en el sentido de la carga poética de su obra, sino en la manera de asumir la vida, de hurgar en el tiempo, de querer registrar, traducir la existencia y sus claves, para ser útil, para sentir el goce del hallazgo, para sufrir y delirar ante lo que ocurre (y ha ocurrido) en la historia humana, en ella, en aquel, en sí mismo y en todos. Mira hacia todas partes, analiza la reacción de la gente, las modas, el mercado, (y quienes mercadean) pero su canción no tranza con mercantilismos. Gerardo es en todo momento un auténtico trovador, que no le presta el alma a nadie, que no subasta su afilado decir:

Quizás pateo la lata y me paguen un millón,
con los bolsillos llenos voy cambiando de opinión.
Y me ponga grueso y no saque otra canción.
Pero hasta hoy sigo cantando,
después de todo,
de cualquier modo no estamos solos.
como un cuento de horror y de espanto.

Nada para conocer a Gerardo como sus canciones que empezaron a navegar por allá por 1980, una generación (conocida como la segunda de la Nueva Trova) integrada por Santiago Feliú, Donato y Roberto Poveda, Carlos Varela, Frank Delgado, Marta Campos, Xiomara Laugart y Alberto Tosca, por mencionar a algunos que, afloraron como continuidad y ruptura con respecto a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Sara González… que en esos momentos alcanzaban resonancia en Hispanoamérica.  

Mis amigos eran locos de verdad
con la inquisición corriéndoles detrás,
inventando mil maromas,
imponiendo nuevas modas
como faroles de la libertad.

Y la vida nos fue separando,
los años nos fueron cambiando,
la cuesta nos hizo un lugar.
Hay amigos que veo,
otros que no sabemos su paradero, su paradero.

Recuerdo aquellas mágicas noches en la Casa del Joven Creador de la Avenida del Puerto (hoy Museo del Ron); aquel patio interior colonial, cede de la Asociación Hermanos Saíz donde los jóvenes creadores (artistas de la plástica, de teatro, medios masivos, danza, escritores…) nos reuníamos con aire de clandestinos, a escuchar las intensas trovadas herejes. La explosividad de Gerardo, con la pinta de malandro con sus largos drelos, rompiendo prejuicios, guitarra en ristre, defendiendo a voz en cuello nuestra identidad, nuestra raza cubana, más que india, más que blanca, más que mulata, más que negra; nuestros credos rebeldes, en canciones como “Paranoico” o “Espiritual”:

Mi piel está tan dura como cuero de bongó,
mi pelo está tan rizo como toque de tambor.
Desde mi ancestro esclavo el ritmo me ha llegado,
la boca toca el corazón.

No me separes nunca de la tumba y el batá,
mi caracol y todos mis collares llorarán.
La vida impone tanto,
el santo se está desangrando.
No le hagas guerras a mis ganas de cantar.

Imagen: La Jiribilla

No eran tiempos de tener discos para aquella generación. La noche del sábado 18 de enero de 1986 en aquella Casa del Joven Creador se reunieron Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Carlos Varela y Santiago Feliú, para hacer un concierto que hoy tiene visos de leyenda, gracias a que fue grabado. Se acompañan, cantan unos canciones de otros, se hacen voces… Gerardo interpreta “Espiritual”, “Sembramos”, “La ilusión” y una pieza que luego Xiomara Laugart haría suya; síntesis tierna, desgarrada, del más alto lirismo hacia ese amor que pasa marcando la vida: “Eres nada”.

Caminamos sobre el mar,
sobre hojas de cristal que saltaban.
Nunca supe qué pasó,
tu beso se oscureció en mi almohada.
Y hoy, que los días parecen niños,
corriendo con las manos agarradas,
tú no pasas,
y hoy, que la vida salta desnuda
y grita su existencia encabritada,
eres nada.

A pesar de que esta generación pudo grabar pocos discos en sus primeros 15 años creativos, y que tuvieron que inventarse las maneras de registrar esas canciones, Gerardo Alfonso cuenta con una importante discografía de casi 20 títulos, entre los que destacan: Los lobos se reúnen (EGREM, 1993), Sábanas blancas (Bis Music, 1995) bajo licencia EGREM; El ilustrado Caballero de París (EGREM, 2001), Momentos (Sello Unicornio, 2002), Estudios Abdala; Las cosas que yo te cuento (Bis Music,2003); Raza (Bis Music,2004); A orillas del mar (Producciones Colibrí,2006); La cima (Bis Music, 2009); así mismo un disco con Orquesta Sinfónica: Leyendas camagüeyanas (EGREM, 2010). En dos oportunidades hizo conciertos, grabados en vivo por el Centro Pablo de la Torriente Brau, A Guitarra limpia en 1999  y en 2002 con el título No me mires tan extraño.

Uno de los momentos más importantes en materia discográfica y de conciertos de Gerardo Alfonso fue Recuento grabado en la Casa de las Américas, en septiembre de 1997, por el 25 aniversario del MNT y con el que quedó inaugurado el sello discográfico Casa en el 2000. Recorrió entonces casi 20 años de canciones, a guitarra y a piano, en que nos vimos reflejados, la historia espiritual de la nación se desgranaba en sus canciones.  

En un lugar de La Habana
hay un Beatle que está desordenando el calendario.
Nada cambiará tu mundo
pero imagina salvar su rumbo.
Yo soy él y tú eres él,
nosotros juntos somos el poder.

Desde sus inicios muchos músicos, cantores, trovadores, han versionado sus temas, desde Xiomara Laugart que interpreta varias de sus canciones hasta agrupaciones como Mezcla de Pablo Menéndez que tuvo todo un hit nacional con “Aquí cualquiera tiene”, o Moncada con “Yo te quería María”. Muchos jóvenes trovadores, se apropian de “Eres nada”, (especialmente hermosa la versión en blues de Eric Méndez) y, qué decir de “Son los sueños todavía” que esgrimen como bandera buena parte de los cantores de la América Nuestra, a veces sin saber su autoría; o las “Sábanas blancas” que tantos han tendido en sus gargantas, llevada a formatos disímiles, que van desde coros hasta conjuntos de son, o rumba y guaguancó.       

Habana, si mis ojos te abandonaran,
si la vida me desterrara a un rincón de la Tierra
yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas
de andar tus calles, tus barrios y tus lugares.

“La balada de John (sentado y no crucificado”, “El ilustrado caballero de Paris”, “Sábanas blancas”, “Cuando no nos quedaba otro lugar”, “Habana llena de gente”, “Barrio chino”, Habana dulce locura”, “Aquí cualquiera tiene” y otras muchas piezas de Gerardo, nos arrastran por los más enamorados rincones de La Habana, pero no una ciudad física, o únicamente física, es el tiempo, su gente, la espesura de su historia vista desde una mirada aguda, crítica, apasionada, como de quien se entrega todo a ella: 

Mirando los balcones que están colgando en La Habana Vieja,
la calle maloliente, la casa rota que se le caen las tejas.
No se ve tan horrible y hacerla nueva no se demora,
pero lo que me duele es que se derrumbe
y que adentro vivan personas.  

Habana, llena de gente, tantas para amarte
como para entristecerte,
unas para odiarte, y otras para embellecerte.  

Una amplia obra discográfica, actuaciones en algunos filmes, múltiples conciertos recogen una parte de la obra de Gerardo Alfonso. Casi tres décadas y media ha recorrido de creación incesante. Increíble que a veces en un mes, o un par de ellos, podamos escucharlo en un concierto a piano, otro a guitarra, otro con agrupación, con una sinfónica, o a tres guitarras, como si sus días tuvieran 100 horas. Estamos ante uno de esos grandes trovadores al que debemos acudir con mucha más frecuencia. Una buena parte de su obra ya grabada apenas se difunde; nos perdemos un cosmos poético que nos sería muy útil para aprehender esencias de la sociedad, de la historia, del ser humano, del amor íntimo, de los sucesos cotidianos, en fin para vernos mejor. Gerardo no hace guiños al mercado para hacer canciones; con aguda mirada y la sabiduría de no dejar un instante de buscar en los demás y en sí mismo, expresa con honestidad lo que le duele o sueña, lo que abraza o lo indigna, porque lo suyo es cantar y cantarse como es.    

Quizás me pegue un tiro allá en la fama
porque no tuve valor
de andar cargando con el mundo este
como halando un carretón,
como Violeta Parra, como Marylin Monroe,
que un día envenó sus encantos.

Pero hasta hoy sigo cantando,
después de todo,
de cualquier modo no estamos solos
después de todo,
de cualquier modo, codo con codo.

En otro momento volveré, claro, a Gerardo Alfonso. Ahora quiero remirar ese himno suyo, nuestro: “Son los sueños todavía”.

Llegan los años 90, se ha caído (¿o lo tumbaron?) el muro de Berlín, se desintegra la Unión Soviética, emergen las debilidades, las desviaciones, las zonas oscuras, hasta  los horrores cometidos (con algo también de leyenda negra) en el socialismo europeo o “real”. El imperio norteamericano pierde la oposición, declara concluido el fin del período de la Guerra Fría —realmente inicia el período de las Guerras Calientes. La desilusión se expande vertiginosamente como un poderoso huracán que se nos encima, muchos comunistas se arrepienten, piden perdón, cambian de chamarreta. La islita cubana se planta, dice que resistirá, sin sus socios comerciales (más del 80 por ciento de su economía dependía del intercambio con el extinto CAME) y a 90 millas del monstruo agigantado, arreciando el bloqueo. Unos se ríen, otros se dicen: ¡Pobres cubanos, están locos! Los empecinados resisten en calles sin autos, apagones de días, comiendo hasta flores. Uno de los locos esgrime su guitarra, mira a Ernesto Guevara, como buscando amparo, y se dice, con rabia —más por no entregarse que por convencimiento: “son los sueños todavía”, y le jura, en plena tempestad seguir ese camino largo, largo, por donde él va. En el colmo de la locura augura que nuestro Che volvería. Y, como por arte de canción, poco tiempo después volvió, regresó a la Santa Clara, del tren blindado que le dio el tiro de gracia a la tiranía de Batista. Regresó en momentos distintos, en ese instante de vida o muerte, en que no se ve un horizonte hacia el cual empinar un sueño.   Como “destacamento de refuerzo” fueron recibidos sus restos, con los de sus compañeros, y desde entonces permanecen atrincherados para protegernos de la falta de fe. En el umbral de la guarida de esa guerrilla por los pobres de la tierra, una gran valla, saluda al Che Guevara con un verso de la canción de Gerardo Alfonso: “Fue una estrella quien te puso aquí”      

Imagen: La Jiribilla

Son los sueños todavía

Autor: Gerardo Alfonso

Tú subías desde el Cono Sur
y venías desde antes,
con el amor al mundo bien adentro.

Fue una estrella que te puso aquí
y te hizo de este pueblo.
De gratitud nacieron muchos hombres,
que igual que tú no querían que te fueras
y son otros desde entonces.

Después de tanto tiempo y tanta tempestad,
seguimos para siempre este camino largo, largo
por donde tú vas, por donde tú vas.
El fin de siglo anuncia una vieja verdad,
los buenos y los malos tiempos
hacen una parte de la realidad, de la realidad.

Yo sabía bien que ibas a volver,
que ibas a volver de cualquier lugar,
porque el dolor no ha matado a la utopía,
porque el amor es eterno
y la gente que te ama no te olvida.

Tú sabías bien, desde aquella vez,
que ibas a crecer, que ibas a quedar.
Porque la fe clara limpia las heridas,
porque tu espíritu es humilde
y reencarnas en los pobres y en sus vidas.

Después de tanto tiempo y tanta tempestad,
seguimos para siempre este camino largo, largo
por donde tú vas, por donde tú vas.
El fin de siglo anuncia una vieja verdad,
los buenos y los malos tiempos
hacen una parte de la realidad, de la realidad.

Son los sueños todavía los que tiran de la gente,
como un imán que los une cada día.
No se trata de molinos,
no se trata de un Quijote,
algo se templa en el alma de los hombres,
una virtud que se eleva por encima de los títulos y nombres.

Después de tanto tiempo y tanta tempestad,
seguimos para siempre este camino largo, largo
por donde tú vas, por donde tú vas.
El fin de siglo anuncia una vieja verdad,
los buenos y los malos tiempos
hacen una parte de la realidad, de la realidad.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato