De cinefilia y fobias acerca del consumo audiovisual cubano

Thais Gárciga • La Habana, Cuba
Lunes, 3 de Noviembre y 2014 (11:54 am)

Críticos y estudiosos del cine y el audiovisual en Cuba, especialistas, académicos e interesados en la temática del consumo cultural en este ámbito, se reunieron el viernes y sábado pasados para debatir sobre las rutas actuales de este apasionante y polémico tema en la Cuba de hoy.

El tópico, que no solo atañe a los predios intelectuales e instituciones culturales propiamente, como trascendió en este foro titulado “Consumo cultural en Cuba: Arte, Cultura, Educación y Tecnología”, atraviesa espacios y organizaciones sociales, educativas, medios de comunicación, políticas estatales y el ámbito doméstico-familiar del individuo.

De la “pantalla grande” a la digital

Las intervenciones generaron un debate intenso, con criterios encontrados, coincidentes, interesantes y otros que acusaban una inminente actualización de las formas de consumo en estos tiempos. Con mayor frecuencia las personas tienden a ver productos audiovisuales de forma individual y en lugares privados. Los marcos espacio-temporales de antaño se van difuminando, e incluso, hibridándose con otros donde existe una fuerte mediación tecnológica. Fue este uno de los hechos ratificados y que trascendió con mayor claridad en los paneles.

El acto de ir al cine para ver un filme implica que la persona directa o indirectamente, entra en contacto con otros entes sociales; por otro lado, la sala de cine es un espacio público y amplio en el que las dimensiones de la proyección y la oscuridad son (o eran) factores determinantes. En el presente, ese nicho de consumo se ha replegado hacia un micro-espacio privado y localizado en los hogares principalmente.

Hubo desde quienes defendieron su preferencia y posibilidad de ver películas, documentales, seriales, etc… en sus casas, donde tienen un televisor pantalla plana digital— ya sea de gran o mediano tamaño—, en su computadora, teléfono móvil o tableta pc-; hasta los que todavía apuestan por la tradición del cineclubismo —con festivales y proyectos—, la programación de la Cinemateca de Cuba y la recuperación de las salas de cine como ese espacio de socialización del individuo, y no solo de consumo cultural.

Precisamente, otro de los aspectos medulares fue el consumo audiovisual nómada a partir de la expansión del uso de memorias flash, discos duros externos, HDD, laptops, las ya mencionadas tabletas y teléfonos móviles. La portabilidad, comodidad del traslado y utilización de estos dispositivos le ganan mayor cantidad de adeptos en el momento de visualizar cualquier material de esta naturaleza; no es el caso del cine o salas de video.

A su vez, “las distintas maneras de consumo van rediseñando los espacios de ocio”, expresó  Juan Antonio García Borrero, crítico de cine y organizador teórico del foro. Maneras que muchas veces están al margen del espacio institucional, o conviven con este sin que se les reconozca o legitime.

Abel Prieto, quien fuera Ministro de Cultura y hoy se desempeña como asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, se refirió en este aspecto a la situación suscitada a raíz de la apertura, y cierre poco tiempo después, de los cines 3D (tridimensionales). Las razones, según explicó, fueron ajenas al contenido de lo que se proyectaba, más bien respondió al cumplimiento de las leyes de derecho de autor y propiedad intelectual.

El paquete, los videojuegos y otros ángeles/demonios

El paquete semanal fue un punto álgido en todas las intervenciones que suscitó. A él estuvo dedicado el panel “Entendiendo el paquete”, donde participaron Dean L. Reyes, crítico de audiovisuales y profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV); Antonio Enrique González Rojas, también crítico y periodista de la revista El Caimán Barbudo; y Rolando Leyva, profesor de Estética de la Universidad de Oriente.

“El fenómeno del paquete”, como también se le denomina, ya ha sido tratado en diferentes medios de comunicación nacionales y agencias de prensa extranjeras desde varios puntos de vista. Han aparecido artículos y comentarios en el periódico Granma, en el sitio digital Cubasí, la revista El Caimán…, la agencia de información IPS, entre otros.

Abel Prieto se refirió a este como “una cárcel con infinitos senderos, las trampas del consumo cultural es lo que hace creer a la gente que está escogiendo dentro de una diversidad, sin embargo, la solución tampoco es satanizarlo”.

Los participantes, panelistas y público, explicaron como este fenómeno en muy poco tiempo ha evolucionado en cuanto a diversidad, selección y organización del contenido que oferta. Si bien es cierto que el paquete contiene materiales banales y mediocres; también hay otros muy buenos, tanto audiovisuales como de literatura, documentos y bibliografía provechosa, lo mismo un largometraje paradigmático en la historia del cine que un documental sobre los mejores videojuegos de la historia y por qué son considerados obras de arte.

En relación con los videojuegos, aunque una buena parte de los críticos no se ha abocado a su análisis, sí existen materiales y especialistas que acometen investigaciones desde la academia y centros de estudios. Ejemplo de ello son los textos publicados en la revista Miradas, adscrita a la EICTV, de la autoría de algunos de los guionistas y teóricos más importantes de los videojuegos en el mundo.

Alfabetismo tecno-cultural

Uno de los tópicos en el que hubo consenso absoluto fue en la necesidad del estudio del consumo cultural contemporáneo, y lo imprescindible que se inserten asignaturas como apreciación audiovisual en los programas de enseñanza primario, medio y medio superior.

Gustavo Arcos, crítico y profesor de la Facultad de Medios Audiovisuales (FAMCA) del Instituto superior de Arte (ISA), puso en la mira de las discusiones un factor medular, “no hacemos nada si no atendemos a las esencias que apuntan directamente a un sistema de educación profundamente deteriorado”. A propósito de ello, otros críticos como Joel del Río, igualmente profesor de la FAMCA, sugirió instrumentar asignaturas que inculcaran y fomentaran la educación y el gusto estético audiovisual de los jóvenes en las escuelas.

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