Premio de teatro en España para
un amigo de Cuba

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

La mañana del pasado lunes 3 de noviembre fue de inmensa alegría para la compañía granadina Etcétera, que dirige el director, diseñador y titiritero Enrique Lanz hace 33 años, pues les fue conferido el Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia en España. Veinteañero, vino por primera vez a Cuba, todavía no había en las filas de su agrupación ningún integrante de la Isla, como sucedió después*, mas aquella visita de 1988, con Fabiola Garrido, la otra miembro fundadora, fue definitiva para establecer lazos amistosos y solidarios con los artistas del retablo nacional. Lo recuerdo perfectamente, vestido de negro, tímido, como hasta hoy, mostrando a todos los interesados los trucos y mecánicas artesanales de su espectáculo Sipnosis. El diseñador Zenén Calero, perteneciente entonces como yo, al reconocido Teatro Papalote, realizó el programa de mano, sin imaginar que a partir de ese momento los tres conformaríamos una familia escénica que se completaría con la llegada al grupo andaluz, en el siglo XXI, de la directora, investigadora y titiritera cubana Yanisbel Victoria Martínez, la actual compañera de vida del joven maestro Lanz.

Imagen: La Jiribilla

En la década de los 90 nos vimos varias veces en Francia y España, el regreso a Cuba era siempre el tema obligado de nuestras conversaciones. Fue la celebración del Taller Internacional de Títeres de Matanzas, en 2006, el motivo que nos permitió volver a recibirlo, ahora como profesor de uno de los talleres para profesionales que convoca el evento. El comité organizador estaba interesado en que Enrique impartiera un taller donde la realización plástica se vinculara a la puesta en escena; el amigo andaluz nos preguntó: “¿Qué tienen en abundancia en vuestros almacenes?” Le contestamos que papel, cuerdas de henequén y alambre de cobre. Era la pura verdad. El nieto de Hermenegildo Lanz, aquel hombre discreto, sensible y creativo, que acompañó con sus trabajos pictóricos y escultóricos a Falla y Lorca, en la mítica función de títeres acontecida el 6 de enero de 1923, en Granada, no se amilanó con nuestra respuesta. Con esos materiales nobles impartió uno de los mejores y más útiles ejercicios prácticos que se hayan realizado en la fiesta bienal yumurina.

Imagen: La Jiribilla

Nos volvimos a encontrar en España, en 2007, en su casa de la montaña ubicada en Güejar-Sierra, Andalucía. El hogar de Enrique es una biblioteca-exposición-teatro-fábrica permanente, títeres del mundo, libros increíbles, un piano y bocetos de próximos montajes diseminados por doquier, como si uno entrara a la mansión de un mago renacentista. Por las ventanas, si es primavera, se cuela el canto de los pájaros, el olor de las flores silvestres y el rumor de un arroyo o río cercano; si es otoño, las hojas de colores ocres y violáceos se cuelan por todas las oquedades de la vivienda conformando una alfombra natural.

Los años siguientes, ya viviendo Lanz al lado de su nueva musa, nacida en La Habana, excelente teatrista y persona además, el amor a Cuba surgido en el siglo pasado se hizo más fuerte y por tanto más asiduos los viajes de ida y vuelta. Etcétera lo mismo impartió conferencias en Matanzas, La Habana y Guantánamo, que nos visitó con puestas en escena tan esenciales en su repertorio como Pedro y el Lobo, cuento sinfónico del compositor ruso Serguei Prokofiev o más recientemente con El alma del pueblo, una historia de amor entre los objetos y el hombre, sustentada en una de las pasiones de Enrique, la realización audiovisual, que rescata para el universo de la imagen tradiciones y herencias que van desapareciendo. No lo imagino con su cuerpo grande y su piel blanca, a merced de la flora, la fauna y el clima tropical en que se desarrolla la Cruzada teatral guantanamera, él junto a la Martínez viviendo esa experiencia única, donde se viaja en camiones a lugares recónditos de la geografía oriental de nuestro territorio, se duerme en colchonetas en el suelo y se come lo que se cocina de forma colectiva. Su documental inconcluso sobre las experiencias vividas en esa acción sui géneris, exhibido de manera especial durante el 11no Taller Internacional de Títeres del presente año, muestra con cuáles ojos mira este artista la realidad cultural y social cubana. Ojos del corazón, cual fanales de luces y afectos infinitos.

Imagen: La Jiribilla

El prestigioso galardón que le ha otorgado a Etcétera  el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música en la península ibérica, viene a coronar con justicia una trayectoria artística impecable, que como ha declarado el jurado que lo entrega reconoce la “calidad y la innovación de las creaciones de la agrupación a lo largo de una amplia trayectoria en el ámbito del títere tradicional y contemporáneo”. El comunicado, emitido por el ministerio, también subraya su “búsqueda de nuevos lenguajes escénicos y el mérito de haber introducido el títere en teatros de gran formato. En los últimos años destacan sus producciones El retablo de maese Pedro y El sastrecillo valiente, así como la importante labor pedagógica realizada con su exposición Títeres. 30 años de Etcétera, en el Parque de las Ciencias de Granada”.

Súmesele a esas cualidades enumeradas el nexo amistoso, investigativo y promocional de la compañía andaluza con la cultura titiritera de países de África, Asia, Latinoamérica y el Caribe, y sobre todo el valor del criterio personal de Enrique Lanz sobre un estímulo como este:

 "Nunca he estado de acuerdo con que exista un galardón exclusivo para el teatro para la infancia y la juventud, pese a que supuestamente me dedico a ello. No me gusta que haya guetos específicos, el teatro es teatro en todas sus ramas. (…) El teatro al que van los niños tiene que tener los mismos criterios de calidad que cualquier otro, tiene que gustar a todos. (…) Un premio nacional debe ser tardío, porque es a una trayectoria, habrá que darlo cuando se tiene esa trayectoria.

"A lo largo de todos estos años hemos trabajado estéticas diversas; he procurado que los títeres entren en los espacios que entra cualquier otro género, cuidar las producciones, la parte estética, la musical...".

Debieran servir estas certeras palabras de uno de los paradigmas del teatro de figuras contemporáneo, para recordar en nuestro país a aquellos maestros con una trayectoria sostenida y trascendente a nivel nacional que partieron sin recibir ese honroso tributo, ni siquiera tardío. La mirada sin prejuicios hacia la escena de este amigo de España, que entiende el teatro como un arte que engloba a todos los tipos de teatro, siempre que estén bien hechos, es la visión de quien observa mucho más allá de divisiones y definiciones inútiles. Vaya la enhorabuena por este premio, de todos los artistas cubanos que admiramos y queremos a Etcétera como parte de esa familia milenaria que conforman los titiriteros de todo el mundo.

*Artistas cubanos como el dramaturgo Abel González Melo, los actores y directores Orestes Pérez, Jorge Ferrera y Arneldy Cejas, la actriz titiritera Aylin Zamora, el escultor  Leonardo Gutiérrez o el editor Dull Janiell Hernández, entre otros coterráneos han formado parte de varios proyectos teatrales con títeres de Etcétera.

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