Tres archiveros, tres épocas

Jorge Sariol • La Habana, Cuba

El día 3 de noviembre se ha instituido como Día del Archivero Cubano por el Decreto Ley No. 265/2009 del Sistema Nacional de Archivo de la República de Cuba, en recordación a Joaquín Llaverías Martínez, quien en igual fecha, pero de 1922 recibió el nombramiento de Director del Archivo Nacional de la Isla de Cuba y cuya obra «en función del desarrollo de la archivística, es meritoria de este homenaje». En ocasión de celebrarse el pasado 23 de septiembre el aniversario 70 de la actual sede del Archivo Nacional de Cuba, la sección Memoria de La Jiribilla dedicó un espacio a tan largo período de empeño en la conservación del registro y la memoria de la nación.

Si la construcción y posterior desarrollo de la nueva sede se debió a la tenacidad del Capitán Joaquín Llaverías Martínez, 23 años antes le había correspondido al patriota Néstor Ponce de León y La Guardia asegurar la institucionalidad, luego de la orden número 167 que  lo nombraba director y conservador de archivos. Era el 14 de septiembre de 1899 y por fin el archivo abría sus puertas al público de acuerdo con el decreto del 21 de octubre, firmado por el General Domingo Méndez Capote como Secretario de Estado y Gobernación.

Imagen: La Jiribilla

Muchos años después, otro gran cubano, el Dr. Julio Le Riverand, asumiría los cargos de director del Archivo Nacional de Cuba y del Instituto de Historia, luego de haber  formado parte —1962—  de la Comisión Organizadora de la Academia de Ciencias de Cuba.

Tanto Ponce de León, como Llaverías y Le Riverand le dieron a los archivos esencias de las épocas que les tocaron  vivir. Ponce de León y Le Riverand estuvieron en difíciles tiempo de cambios; Llaverías asumiría la institucionalidad de la joven república que se abría paso a golpes de contradicciones y esperanzas. Al primero la muerte le acortaría el paso por los archivos demasiado pronto. A Le Riverand otros encargos  y responsabilidades lo apartaron de tales empeños De los tres,  Llaverías serían el que más tiempo, energía y frutos conseguiría.

Ilustre historiador, investigador y bibliófilo, Néstor Ponce de León había nacido en Cárdenas, el 26 de febrero de 1837. Recibido de abogado en La Habana en 1858, ejerció también el periodismo y fundó varias publicaciones.

Por sus actividades en favor de la insurrección tuvo que emigrar a Nueva York con motivo de la guerra iniciada en 1868, mientras  las autoridades coloniales se dedicaban a destruir la rica biblioteca que había formado en La Habana.

Como jefe del archivo presentó un informe sobre las mejoras precisas para la buena instalación, pidiendo la creación de un Museo Histórico Cubano y la fundación de una Biblioteca Nacional, pero el gobierno no resolvió nada de lo solicitado.

Cuentan que «La delicadeza de la función empalmó con los antecedentes del viejo emigrado revolucionario y el lustre del genuino erudito (…) su muerte pocos meses después lo privó de gozar largamente de las delicias de un oficio público muy acorde con sus gustos y aptitudes», pues fallecería el 17 de diciembre de 1899.

Imagen: La Jiribilla

Joaquín Llaverías Martínez, al momento de ser nombrado Director de los archivos poseía el grado de Capitán del Ejército Libertador, obtenido el  10 de diciembre de 1895.

Había nacido en La Habana el 27 de julio de 1875 y sus pasos por los “archivos” habían comenzado desde abajo, pues en 1899 al terminar la guerra consiguió allí una plaza de inferior categoría. Con el tiempo llegó a formar parte de tribunales de oposición de la Comisión del Servicio Civil. «A propuesta suya, dicha institución comenzó, en 1902, la publicación de un Boletín, del cual fue jefe de redacción. En 1910 asistió en Bruselas a un Congreso de Archiveros y Bibliotecarios».

Su labor por el mejoramiento del Archivo Nacional le hizo obtener sucesivamente posiciones de mayor responsabilidad, hasta que en 1921, y luego de aprobar un examen de suficiencia, se le designó Director, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Durante todos esos años trabajó de manera incansable en la clasificación y organización de grandes volúmenes de documentación, para lo cual introdujo las técnicas más modernas de la época, aplicadas, en ese entonces, en los archivos de Europa. Perseverante fue su labor en la formación de archiveros. En 1945, promueve la realización de los primeros cursos con asignaturas tales como: Paleografía y Diplomática, Arquivonomía, Historia de Cuba,  Administración y Generalidades Bibliográficas que abarcaban una duración de ocho semanas. Asistieron 30 empleados del archivo y 18 de otras dependencias estatales.

Le Riverand a pesar de haber nacido en La Coruña, España, el 22 de diciembre de 1912 fue tan cubano como el que más.

Ingresó en la Universidad de La Habana, en 1937, donde alcanzó los títulos de doctor en Derecho Civil y en Ciencias Políticas, Sociales y Económicas. Ya desde el propio año de su incorporación a las aulas universitarias, le fue conferido el Premio Especial de Historia de Cuba, por su trabajo: “Expulsión de los diputados cubanos a las Cortes Españolas”, publicado en la revista Índice; de igual forma, se desempeñó como alumno ayudante en la Cátedra de Historia de Cuba.

Tras concluir sus estudios ocupó una plaza de abogado en la Audiencia de Santiago de Cuba hasta 1943, a la vez que se condujo como profesor en la Escuela Profesional de Comercio de dicha ciudad. Asimismo, formó parte de la Sociedad Hispanoamericana de Cultura, así como de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, encabezada por la personalidad de Emilio Roig de Leuchsenring, y donde desempeñó un laborioso papel en los Congresos Nacionales de Historia, que tuvieron lugar a partir de 1942. Un año más tarde resultó nominado como consultor del Instituto Internacional de Estudios Afroamericanos, y por espacio de casi dos décadas colaboró con la Revista de Historia de América, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

Ocupó, por oposición, la dirección del Patrimonio Nacional del Tribunal de Cuentas, en 1952, cargo que desempeñó hasta 1959. Paralelamente, participó en acciones de oposición al régimen de Fulgencio Batista, por lo cual se vio obligado a exiliarse en México, tras haber sido asaltada su casa por las fuerzas de la dictadura. Regresó a Cuba en 1959 y reinició su labor docente como Profesor de Economía en la Universidad Central de Las Villas, y trabajó en el Banco Nacional de Cuba como Consejero del BANFAIC.

Desempeñó el cargo de Director del Archivo Nacional de Cuba y del Instituto de Historia de Cuba durante una década, a partir de 1962.

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