Música

Melodía sublime para una Basílica Menor

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

El 4 de octubre de 1994, tras un proceso de reparación constructiva e intervención patrimonial, se inaugura como sala de conciertos la Basílica Menor del otrora convento San Francisco de Asís. El ala del edificio donde se ubica colinda con la plaza que lleva el nombre del santo, a la que los nativos de la capital han bautizado como “la de las palomas”, en alusión a la presencia perenne de dichas aves en este lugar.

La Avenida del Puerto rodea asimismo a la plaza y al antiguo templo franciscano que ahora lleva por nombre Basílica Menor y Convento de San Francisco de Asís. Museo de Arte Sacro y Sala de conciertos. Hoy el lugar conserva algo de su hálito devoto, no ya como un sitio consagrado a la veneración, pero sí al culto de la buena música. No quedan monjas ni curas, pero sí una mística sutil impregnada en el granito de sus paredes, en las piedras de sus pisos, en la magia única de un sitio sobrecogido en otros tiempos por la fuerza espiritual de fieles y beatos.

Aquel día otoñal a mediados de los 90, el inmueble de imponente estilo barroco reabrió sus portones coloniales al público, con un concierto del Maestro Frank Fernández y el Coro Exaudi. Desde entonces y hasta la fecha la Basílica ha brindado hospitalidad a grupos de reconocido prestigio como la Camerata Romeu, así como a estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) y jóvenes músicos que despuntan en su carrera profesional.

Sin embargo, Elaine Espinosa, promotora cultural y una de las programadoras de la sala de conciertos, se lamenta de la poca promoción que tiene este arte sonoro. “Hay personas que de casualidad entran un día de concierto a la Basílica, y al escuchar este tipo de música, luego la elogian y manifiestan lo bien que se sintieron al disfrutarla, ha sucedido tanto con cubanos como con extranjeros”.

La Basílica celebra este año su vigésimo aniversario como Museo de Arte Sacro y Sala de Conciertos, quisiera me contara brevemente sobre la historia de esta última en esta nueva etapa.

Lo primero que se inauguró fue la Basílica Menor como sala de concierto y museo en 1994. La inauguración coincidió con la primera graduación de jóvenes restauradores de la Escuela-Taller de La Habana, esos muchachos formaron parte del equipo que trabajó en la restauración del edificio. Al año siguiente se terminaron las intervenciones del claustro norte, y se prosiguió en 1996 con el claustro sur. En 1999 se concluye el Jardín Madre Teresa de Calcuta, y más tarde en el 2005, el local donde residía y ensayaba La Colmenita.

Los trabajadores continúan refiriéndose a la distribución de los espacios con las denominaciones originales del convento: claustros y celdas, jardines y patios.

La sala de conciertos tiene muy buenas condiciones acústicas y la demanda de grupos y solistas es continua, ¿cómo diseñan la programación con tantas peticiones, privilegian géneros o formatos específicos?

La sala acoge lo que es la música de cámara y coral. El Centro Nacional de Música de Concierto (CNMC) es la institución que los atiende, la mayoría de los intérpretes de la capital pertenecen a este centro: solistas, dúos, tríos, cuartetos, quintetos, etc... Nos reunimos con los programadores de allí y diseñamos la cartelera anual según sus necesidades.

Habitualmente aquí se presentan los coros Exaudi con la maestra María Felicia Pérez; Digna Guerra y el Coro Nacional; Vocal Leo; Corina Campos y Vocal Luna. Los dúos Pro música y D´Accord, el Trío Lecuona, Alina Blanco al frente del quinteto Ventus Habana. El Cuarteto Amadeo Roldán, que no pertenece al CNMC, pero tocan bastante seguido en la sala. Las familias López-Gavilán y López-Nussa se presentan asiduamente ya sea como dúos, cuartetos o como solista alguno de sus miembros. El maestro Juvenal Herrera se ha mantenido tocando estos 20 años.

Cada vez aumenta el número de músicos, pues están los que ya formaban parte del CNMC cuando surgió la Basílica, además de los jóvenes que se incorporan y hay que buscarles espacios. Estos jóvenes mientras fueron estudiantes tuvieron una trayectoria relevante: participaron en concursos, festivales nacionales e internacionales y obtuvieron premios, reconocimientos importantes. Muchos de ellos se graduaron aquí y han mantenido el vínculo, como Karla Martínez, Leonardo Gel, Marcos Madrigal. Es incontable, aunque no lo parezca, la cantidad de intérpretes que representan la música clásica aquí en La Habana.

La sala se conserva tal y como la construyeron, con la misma estructura. Lo que es hoy la Basílica era la iglesia del convento, y donde está ubicado el escenario ahí se cantaba y se hacía la misa, de tal modo, todo lo que se cante y toque se puede oír en la totalidad de su espacio. Cuidamos el escenario lo más que podemos, aunque es una sala que también funciona como museo.

¿Cómo es la relación con los estudiantes de las escuelas de arte, en este caso con los alumnos de música, por ejemplo del ISA?

Muchos de ellos se gradúan aquí, fundamentalmente los que han tenido una carrera significativa durante su trayectoria estudiantil. Con otras escuelas como la Amadeo Roldán tenemos colaboración, no es lo usual, pero sí lo hemos hecho.

¿Qué caracteriza al público de la Basílica Menor?

Prácticamente tenemos un público habitual. Las personas que vienen ya conocen las características de la Basílica y su repertorio, es un público que prefiere este tipo de música y viene a menudo. Nuestros días de concierto son los sábados, es cuando generalmente viene más público. Los jóvenes son minoritarios, pero sí asisten sobre todo los mismos estudiantes de música, casi siempre cuando toca alguien que ellos conocen.

También se da el caso de artistas muy reconocidos en toda Cuba. Ellos vienen aquí con un público más amplio que los sigue, porque son los que más popularidad tienen dentro de la música clásica. Hay muchos jóvenes talentosos y otros músicos de mayor edad que no tienen la promoción necesaria, y quizá gocen del favor de menos público.

La Oficina del Historiador centra mucho la atención en el trabajo con los jóvenes. En el programa Rutas y Andares se trata de buscar artistas que llamen la atención de esta audiencia, como trovadores y generaciones más cercanas a este tipo de audiencia, digamos Polito Ibáñez, Gerardo Alfonso; el año pasado estuvo aquí Descemer Bueno.

Nuestros conciertos son únicos, no repetimos como en los teatros, donde los artistas tocan de viernes a domingo. Entre semana se presentan generalmente extranjeros para fechas determinadas u ocasiones especiales, por ejemplo, cuando se celebran semanas de la cultura de países foráneos, organizadas por embajadas o la oficina de la Organización de Naciones Unidas en Cuba. Por lo general los sábados se reservan a los artistas cubanos.

Actualmente existen otros espacios para conciertos de música clásica: la Sala Ignacio Cervantes, el Oratorio San Felipe Neri, la Iglesia de Paula, y más recientemente el Teatro Martí, —el conservatorio Amadeo Roldán se encuentra cerrado por reparaciones—, lo que ha contribuido a despejar ese “panorama deprimido de las salas de concierto”, al decir del maestro Juan Piñera, cuando se refería a la paupérrima situación de estos centros en los años postreros de la pasada centuria. ¿Qué distingue a la Basílica de esos otros escenarios?

La primera sala que se fundó fue esta, pero no fue la única durante mucho tiempo. La sala Ignacio Cervantes lleva funcionando desde 2011 aproximadamente, y el Teatro Martí reabrió este año. San Felipe en sus inicios se dedicaba en lo fundamental al canto lírico, mientras que Paula se centraba en la música antigua con el conjunto Ars Longa, dirigido por Teresita Paz. En San Felipe está el Lyceum Mozartiano de La Habana que toca mucha música orquestal.

Aquí se ha tocado jazz, por ejemplo. Las familias López-Gavilán y López-Nussa ofrecen un concierto fabuloso de música clásica en la primera parte de su presentación, y terminan la segunda con jazz. También lo toca Javier Salva, que tiene un cuarteto de saxofones desde hace unos tres años y se presenta en nuestra sala. Igualmente hemos tenido orquestas de guitarras.

¿Han planeado alguna estrategia o proyecto para dar a conocer esas partituras de música antigua que son tan poco conocidas como las danzas y las contradanzas del siglo XIX?

Esos estudios los lidera la maestra Miriam Escudero al frente del Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas. Ella tiene un equipo de musicólogos que llevan adelante este tipo de investigaciones sobre la música de Esteban Salas y otros autores de los siglos XVIII y XIX. El Gabinete está tratando de rescatar esas obras y a estos autores que ya ni se mencionan y hay muchas partituras de ellos que permanecen guardadas. Este es el espacio donde las dan a conocer, y nosotros los apoyamos para que el público se acerque a esta música prácticamente desconocida.

¿Han trazado alguna estrategia para atraer a públicos de otras generaciones cuyo consumo sonoro se encuentra mediado por un mercado donde no prevalece la propuesta de música clásica?

Nos resulta difícil porque el edificio está intervenido arquitectónicamente desde hace unos tres años, y hemos tenido que cerrar varias salas. Pensamos realizar un grupo de actividades, como talleres, cuando concluyan las labores de restauración, para Rutas y Andares sí hemos organizado programas específicos.

También las instituciones necesitan promover mucho más a estos autores e instrumentistas. Sé que no es fácil porque vivimos en un país donde este tipo de música no es la tradicional, no obstante, se puede realizar un esfuerzo mayor.

No existe eso de que lo clásico es solo para cultos, a veces no se escucha este género porque no se conoce. En la radio sólo tenemos dos emisoras que difunden música clásica e instrumental: Radio Enciclopedia y CMBF, compitiendo con muchas otras solamente aquí en la capital, esa competencia es muy fuerte y desventajosa, pero se podría hacer más.

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