Cantores…

Joan Manuel Serrat:
No me siento extranjero en ningún lugar

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Como un cometa de caña y de papel,
me iré tras una nube, para serle fiel
a los montes, los ríos, el sol y el mar.
A ellos que me enseñaron el verbo amar.

Imagen: La Jiribilla

En un artículo de esta sección, hace un par de semanas, quise brindar por Joan Manuel Serrat a propósito de que será honrado este 19 de noviembre como la Persona del Año de los Premio Grammy. No porque sea devoto, ni mucho menos, de esa gran operación comercial, pero como de alguna manera se ha convertido globalmente en tabla de medición, me parece lo más prudente —en lugar de ignorarlos— agarrarnos de ellos cuando lo amerite. De ahí que alce mi copa por Serrat, saboreando detenidamente uno de los discos más hermosos de la canción hispana de todos los tiempos. En la gala homenaje al catalán, como anuncié en el trabajo anterior, estarán el panameño Rubén Blades, los españoles Miguel Bosé y Joaquín Sabina, la peruana Tania Libertad y el dúo puertorriqueño Calle 13, entre otros.

El vino que ofrezco para este brindis por Serrat es su legendario disco Mediterráneo que, a mi entender, es una de las obras más importantes de la canción en nuestra lengua. Me he centrado en los textos; sé que, a partir del artículo anterior, en que recorrí la Cara A (recordar que se trata de un disco de 1971 cuando eran de placa): 1 “Mediterráneo” /2 “Aquellas pequeñas cosas”/ 3 “La mujer que yo quiero”/ 4 “Pueblo blanco”/ 5 “Tío Alberto”.

Hoy pretendo virar aquel disco por su cara B, y llevar el brazo de la aguja, haciéndolo girar bajo el filo de ella para alimentarnos de su poesía, que abre con “Qué va a ser de ti” en la que Serrat aborda el tema del hijo que, en cuanto cobra alas propias, sale a buscar nuevos horizontes, abandonando la casa, el barrio… y es “la emigración”, o ese “vagabundear” uno de los temas que subyacen en el fondo de este álbum.

Qué va a ser de ti

Hace más de un año ya
que en casa no está
tu pequeña.
Un lunes de noche la vi salir
con su impermeable amarillo,
sus cosas en un hatillo
y cantando:  Quiero ser feliz..

Te dejó sobre el mantel
su adiós de papel
tu pequeña.
Te decía que en el alma y la piel
se le borraron las pecas,
y su mundo de muñecas
pasó.
Pasó veloz y ligera
como una primavera
en flor.

Qué va a ser de ti lejos de casa.
Nena, qué va a ser de ti.

Esperaste en el sillón
y luego en el balcón
a la pequeña.
Y de punta a punta de la ciudad
preguntaste a los vecinos
y saliste a los caminos.
¿Quién sabe dónde andará?

Y hoy te preguntas por qué
un día se fue
tu pequeña,
si le diste toda tu juventud,
un buen colegio de pago,
el mejor de los bocados
y tu amor.

Caballito trotador.

Qué va a ser de ti lejos de casa.
Nena, qué va a ser de ti.

Imagen: La Jiribilla

Hice referencia (en mi artículo anterior) al libro de Serrat, donde el catalán expone los textos de toda su discografía. A propósito me escribió una amiga, Ana María, motivada por el artículo y me pedía referencias de ese libro para un amigo, Andrés, seguidor de la obra de Joan Manuel, y me acaba de agradecer, acotando que el libro es bien caro. De todos modos, por si otro amigo estuviera interesado, el libro se titula Serrat: Algo personal, Ediciones Temas de hoy, Colección Cancioneros, del 2008.

Pues vía Ana María y Andrés me llegaron nuevas de Serrat y es que está inmerso en un gran álbum de versiones de sus canciones, macroproyecto en el que viene trabajando hace tiempo y en el que ha contado con la complicidad de artistas dispares que le reconocen la maestría. La lista da idea de su impacto: de Les Luthiers a Lolita, Poveda, Carmen Linares, Silvia Pérez Cruz, Paquita la del Barrio, Calle 13, Rubén Blades, Estopa, Pablo Alborán, Alejandro Sanz, Dulce Pontes, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Ana Belén, Soledad Giménez, Luis Eduardo Aute y Mercedes Sosa (con quien grabó en el CD DVD Cantora  el tema “Pequeñas cosas”).

Imagen: La Jiribilla

A partir del año que viene, emprenderá carretera y manta de nuevo: le esperan 90 conciertos por todo el mundo. Desde febrero por Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile. Después, en verano, España y, en otoño, vuelta a América: Caribe, Centro y Norteamérica (México y EE.UU.), Colombia, Ecuador y Perú. Su mayor reconocimiento, pues: no hablar ni en broma, de retiradas.

“Lucía” es una de las canciones de amor más poéticas de las que he escuchado (y me he pasado unos diez lustros escuchando cantores). Es una carta de amor, a esa mujer que está lejos, que ya partió, quizá no tanto de su barrio como de su vida, digamos que se puede tratar de un viaje en el tiempo hacia el pasado que escapó:

Lucía

Vuela esta canción
para ti, Lucía,
la más bella historia de amor
que tuve y tendré.
Es una carta de amor
que se lleva el viento
pintada en mi voz
a ninguna parte
a ningún buzón.

No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar.

Si alguna vez fui un ave de paso
lo olvidé para anidar en tus brazos.
Si alguna vez fui bello y fui bueno
fue enredado en tu cuello y tus senos.
Si alguna vez fui sabio en amores
lo aprendí de tus labios cantores.
Si alguna vez amé,
si algún día
después de amar, amé,
fue por tu amor, Lucía.

Tus recuerdos son
cada día más dulces.
El olvido sólo
se llevó la mitad,
y tu sombra aún
se mete en mi cama
con la oscuridad
entre mi almohada
y mi soledad.

Imagen: La Jiribilla

Siguiendo por las migraciones, físicas o del alma, de este fabuloso disco, está la pieza “Barquito de papel” donde Serrat se remonta a los sueños de viaje de su niñez, un navegar en plena libertad:

Barquito de papel

Barquito de papel
sin nombre, sin patrón
y sin bandera
navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar
y navegar
era jugar con el viento.
Era una sonrisa a tiempo
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa.
Después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.

Barquito de papel.
En qué extraño arenal
habrán varado
tu sonrisa y mi pasado,

vestidos de colegial.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento.

Era una sonrisa a tiempo.

Barquito de papel
sin nombre, sin patrón
y sin bandera
navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Imagen: La Jiribilla

En plena dictadura de Franco, donde la censura llegó a niveles inimaginables hoy, aquel rebelde Serrat hizo un disco donde describe su pueblo, sus amores, sus hijos, sus padres, como seres que buscan emigrar, escapar, sea en el espacio, en el tiempo, como ilusión que alivie; el niño que viaja el mundo en su barquito de papel, la muchachita que se va de casa, la amada que se fue de su tiempo,  el vagabundo que sale por los caminos guitarra al hombro, los que escapan o no pueden irse por amor a sus muertos de ese pueblo blanco, o ese que quiere una utopía y cree ver al Quijote pasar derrotado cabalgando por las llanuras.

Es el poeta rebelde, que enfrenta con su manera de pensar y decir a la dictadura. No pocas piezas suyas fueron censuradas, y muchas veces tuvo que salir de España, casi huyendo, ante amenazas.

En este sentido de no anclarse, “Vagabundear” es como el ojo de ese huracán temático:

Vagabundear

Harto ya de estar harto, ya me cansé
de preguntar al mundo por qué y por qué.
La rosa de los vientos me ha de ayudar
Y desde ahora vais a verme vagabundear
entre el cielo y el mar.
Vagabundear.

Como un cometa de caña y de papel,
me iré tras una nube, para serle fiel
a los montes, los ríos, el sol y el mar.
A ellos que me enseñaron el verbo amar.
Soy palomo torcaz.
Dejadme en paz.

No me siento extranjero en ningún lugar.
Donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.
Y para no olvidarme de lo que fui
mi patria y mi guitarra la llevo en mí.
Una es fuerte y es fiel.
La otra, un papel.

No llores porque no me voy a quedar.
Me diste todo lo que tú sabes dar.
La sombra que en la tarde da una pared
y el vino que me ayuda a olvidar mi sed.
Que más puede ofrecer
una mujer.

Es hermoso partir sin decir adiós,
serena la mirada, firme la voz.
Si de veras me buscas, me encontrarás.
Es muy largo el camino. Para mirar atrás.
Qué más da, qué más da
aquí o allá.

El cierre es un poema descomunal —“Vencidos” de León Felipe—, única pieza del fonograma cuya letra no es suya; son versos en los que se cree ver al Quijote derrotado, en ese final en que regresa vencido, y el poeta le pide a ese caballero andante que le dé un espacio en su Rocinante, para cabalgar y compartir ese dolor de la derrota, y tal vez buscar nuevas batallas:  

Hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura,
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.

Mediterráneo disco grabado por Serrat en 1971, describe su tiempo, su entorno, su gente, sus amores, y es, por su calado poético, un disco de ahora mismo. El arte nunca es pasado. Musicalmente cuenta con arreglos y dirección musical de Juan Carlos Calderón, Gian Piero Reverberi y Antonio Ros Marbà (solo arreglos). Yo lo definiría musicalmente como pop sinfónico; por una parte asimila esa sonoridad betleriana —en pleno apogeo entonces—, y le da revuelo con las esencias de los cantares de España. Al volverlo a escuchar siempre tenemos la imagen de aquel Serrat guitarra en mano —ciertamente la usa especialmente para componer—, pero su acompañamiento, tanto en conciertos con en los arreglos de los discos, no tiene marcado protagonismo, si bien es casi omnipresente. Acude a una variedad de guitarras, especialmente eléctrica, drums, percusiones menores, y con mayor énfasis en el piano y teclados diversos, secciones de cuerdas, y de instrumentos de viento; sin alardes, con exquisita sencillez y detallismo, entre todos dan cuerpo a una sonoridad que acompañó como toque de distinción a buena parte de la obra de aquellos años de Joan Manuel Serrat. Fonogramas como el antológico rojo Dedicado a Antonio Machado, poeta de 1969, (para mi gusto, incluso más espeso poéticamente que Mediterráneo, lo cual no es poco decir), u otros como La paloma y otras canciones de 1969, y Mi niñez de 1970, los englobaría dentro de ese sonido que se me ha ocurrido llamar pop sinfónico, pues tiene marcado ese aire de formato orquestal de concierto. Hay otros como el llamado disco negro Miguel Hernández de 1972, Canción infantil de 1974 y Para piel de manzana de 1975 que tienen un aire más acentuado en el acompañamiento de grupo beat; igualmente con secciones de cuerdas o vientos, pero el concepto sonoro está mayormente marcado por el piano, las guitarras eléctricas, o el drums.

En el mencionado libro Serrat, algo personal como introducción a este disco el cantautor catalán escribe refiriéndose a ese Mediterráneo inspirador:

“De niño me sentaba en sus rodillas y me contaba hermosas historias de marinos y sirenas. Cuando crecí  me calzó las alas y me empujó a volar más allá del horizonte. El Mediterráneo. El mar. Mi mar”.

El cantautor nació en 1943, poco después de terminada la Guerra Civil Española, y cuando aún estaba en pleno apogeo la Segunda Guerra Mundial —muy vinculadas las dos. En la autobiografía, que viene siendo el prólogo del libro (tesoro), regalo que uso ahora para regalar, recuerda:

“Pronto me enteré de que éramos de los perdieron la guerra, como la mayor parte de la gente de mi calle. Una guerra que dejó huérfana a mi madre, inconsolable a mi padre y llenó la casa de fantasmas que nos persiguieron toda la vida. Empecemos por decir que me llamo Joan Manuel en memoria de mi abuela Juana y el abuelo Manuel, padres de mi madre, asesinados por los franquistas.”

Vencidos

Poema de León Felipe

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada, va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar...
Va cargado de amargura...
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar...
Va cargado de amargura,
que allá "quedó su ventura"
en la playa de Barcino, frente al mar...

Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miró pasar...
y cuántas veces te gritó: "Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar.

Hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura,
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo,
contigo pastor..."

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