Una necesaria renovación a propósito
de Concert-0

Andrés D. Abreu • La Habana, Cuba

Llama la atención que el programa del 24 Festival de Ballet de La Habana anunciara  entre sus principales atractivos  el estreno en Cuba del Concert-0 de la compañía suiza LINGA, una agrupación seguidora de los conceptos de Maurice Bellart y su Ballet del Siglo XX y que se preocupa por investigar las posibilidades de la danza y el ejercicio corporal en función de un discurso renovador e interrogador.

Imagen: La Jiribilla

Finalizando un programa concierto que incluyó en una diversidad de pas de deux: Other dances, de Jerome Robbins exquisitamente interpretado por Ashley Bouder y Joaquín de Luz (New York City Ballet); Cantata, de Mauro Bigonzetti interpretado por Filipa Castro y Carlos Pinillos (Ballet de Portugal); La Sílfide, de August Bournonville ejecutada por Gudrun Bojesen y Jonathan Chmelenky (Real Ballet Danés); In ligt and shadow, coreografía de Krystof Pastor a cargo de Liu Miaomiao y Li Lin (Ballet de Hong Kong); y Diana y Acteón, de A. Vagnova  con Viensay Valdés (Ballet Nacional de Cuba) y Brooklyn Mack (Ballet de Washington) como rotundos y geniales protagonistas, llegó la presentación de Concert-0 como evidencia de un aliento de necesaria renovación de las miradas al mundo del ballet dentro del contexto cubano porque el danzar contemporáneo de LINGA se aleja bastante de los clásicos modos que en abundancia  siempre ha priorizado el evento que organiza la compañía cubana de ballet que dirige la mítica Alicia Alonso

Concert-0 se anuncia como  una pieza libremente inspirada en el Otelo, de Shakespeare, y conociendo las influencias de José Limón sobre uno de sus autores: Marco Cantalupo, tal vez algo de La Pavana del Moro, de Limón, también ronde como espiritual referencia creativa. Lo cierto es que con cuatro incansables bailarines (Manuela Agata Spera, Jean-Yves Luc-Hang Phuong, Annabelle Lucie Pierrete y Pacal Simón Bayart) se desatan alrededor de una gran mesa los encuentros y desencuentros de estos personajes que abren desde su propuesta de acciones y movimientos un ancho diapasón de posibles preguntas a los conflictos interhumanos de la contemporaneidad.

La mesa, por instantes una especie de no-lugar por el que transitan todos pero sin ser de nadie, y por momentos un extendido espacio íntimo —a su vez frontera que impide la cercana comunicación de las intenciones y deseos de los bailarines actuantes— asume un protagonismo sublimado en su casi total inmovilidad al centro de un rítmico y muy dinámico trabajo de secuencias danzarias en ocasiones demasiado reiteradas.

Imagen: La Jiribilla

Concert-0 maneja una pauta precisa y no extremadamente compleja de acciones danzarias para acentuar su decir y en muchas ocasiones utiliza los planos escénicos para demarcar transiciones en el desarrollo dramatúrgico de una coreografía que se acelera y desacelera cíclicamente y que se precipita en sí misma hacia un final necesario, pero que resulta un tanto sorprendente como fatídicamente inesperado. 

A la renovación que implica la presencia de LINGA y su Concert-0 dentro de la atmósfera dancística de los Festivales de Ballet se pudiera sumar la inclusión en esta edición de la ya mencionada Cantata, de Mauro Bigonzetti; el Sinnerman, de Alan Lucien Øyen interpretado por Daniel Proietto (Compañía Winter Guest) y hasta el Celeste, creado por Annabelle López Ochoa durante el más reciente Taller Coreográfico del Ballet Nacional de Cuba.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato