Alfredo Diez Nieto

Beber del verdadero arte

Leandro Maceo • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Bastó solo una llamada telefónica para confirmar a Alfredo Diez Nieto como un hombre que nació para la música. Alrededor de las cuatro de la tarde cuando intentaba robarle unos minutos de diálogo él estaba allí, donde se le encuentra casi siempre, en su estudio, ese espacio determinado pero de un infinito sustento espiritual.

A sus 96 años aún se debe a la melodía, mientras una eterna juventud lo habita de la mano de la avidez como creador. Alfredo, el eterno maestro de juventudes ha dejado las aulas, pero no la dádiva de enseñar. Es un hombre agradecido, que compone desde el sentimiento y no conoce otro final que la muerte para el camino que ha elegido seguir.

¿Cree que existe una edad para iniciarse en la creación musical?

No hay edad, como no puede decirse que alguien es bueno o malo sino pasa por los estudios. Ahí es donde se comprueba. No comparto la idea de que se le hagan pruebas a quienes inician sino los ponen a estudiar primero.

Cuando fundamos el Conservatorio Alejandro García Caturla respetamos el listado de alumnos que había en la antigua escuela de música que existía allí. Entonces ellos se inscribieron nuevamente y se sumaron otros hasta cubrir la cantidad que se podía admitir. Según su desempeño seguían o se iban y llamábamos entonces a los que estaban inscritos. Por ello los alumnos del Caturla fueron estupendos. La comprobación es ponerlos a estudiar.

¿Y alguna senda imprescindible que transitar?

No. Eso es muy amplio y aparece de pronto.

¿Alguien con una labor creativa tan pródiga como la suya dónde busca inspiración?

No sé qué cosa es. Mira que me lo he preguntado. Me pongo a escribir y según el sentimiento, el estado anímico así es el resultado. Digo que somos como unos receptores. Hay algo que está en el ambiente y lo captamos. Me pongo a escribir y sale.

¿Cómo identifica que está en presencia de una buena composición musical?

La música no es de hacerla y ya, cuesta bastante trabajo y no todo el mundo tiene condiciones para ella, requiere de un don especial.

La composición tiene que tener un mensaje. La persona puede asimilarlo, estar al nivel de ello o no, pero esta debe implicar un pensamiento, comunicar una emoción. Aquella que no lo contenga es una música muerta.

¿Considera que existe algún instrumento con características especiales en ese sentido?

Para mí el instrumento capaz de expresar más es la cuerda frotada. Es la que puede imitar mejor a la voz humana, no es que sea como ella sino proyectarla, tiene esa cualidad.

¿Qué papel juegan en el proceso de formación de un músico los profesores y su adecuada preparación?

Ser profesor es algo muy grande, es quien trasmite el conocimiento a la juventud y aprendemos de ellos. Son definitorios para una buena formación. Lamentablemente hay muchos que adolecen de las condiciones para un buen desempeño, como hay distintos niveles en todos los planos de la enseñanza.

He sido afortunado en ese sentido, tuve los mejores maestros y continué su línea: lo que es la música cubana. Fui alumno de Amadeo Roldán y del maestro Jaime Prats, entre otros grandes.

Una de las ideas que tenía en la cuestión de la composición era llevar la música cubana a las grandes formas, pues Amadeo la llevó a lo sinfónico. Encontró la manera de escribir los instrumentos de percusión, algo que no se había hecho nunca y seguí ese camino.

¿Qué papel juega la autosuperación?

La cantidad de música que he copiado de los grandes maestros me ha dado un oficio extraordinario y eso se lo inculco a los alumnos. Uno tiene que aprender de ellos, beber del verdadero arte. Como pianista he buscado los caminos difíciles y como tal me salen las composiciones también.

¿Cómo fueron sus inicios en la enseñanza? ¿Cuánto ha influido esa percepción en su larga carrera como educador?

Primero que todo fui pianista de concierto. A los 15 años tenía una preparación notoria. Insertarse en la escena internacional se dificultaba mucho. Era un campo en el que costaba trabajo meterse, algo muy cerrado. Eso fue lo que me hizo desviarme hacia la enseñanza, donde oficialmente empecé en el año 1934, hace exactamente 80 años, aunque el primer alumno que tuve fue mi hermano Germán desde antes de esa fecha.

Cuando se inauguró el ISA —de donde me retiré en el año 1988— formé parte del profesorado, entonces era el único maestro de Armonía y Contrapunto.

También impartí clases en Instructores de Arte, en el Amadeo Roldán, en la ENA, en las bandas del Estado Mayor… No sé cómo me las arreglaba para estar en un lado y en el otro.

Actualmente sigo enseñando en casa a los muchachos que vienen, jóvenes que son muy valiosos. Uno de ellos está haciendo toda la producción de mis obras en su totalidad —pasan de 100— y me ayudó en la digitalización de mi libro de Contrapunto, el cual fue publicado recientemente.

También tengo otro al cual le dijeron con solo cuatro años que no servía para la música. ¿Cómo van a pronosticar algo de esa manera? Entonces me llamaron, lo vi y dije bueno yo no le doy clases a niños pero voy a hacer una excepción. Él se ponía en el piano y hacía cositas de oído formidables. Este pequeño fue a EE.UU. y ganó el Premio Chopin y luego fue representando a ese país en el concurso que lleva el mismo nombre con sede en Polonia.

Esas pruebas que se hacen son falsas, no determinan, es algo que inventó no sé quién. Lo que define es ponerse a estudiar y a partir de ahí ver el resultado.

¿Y más allá de la música y el magisterio qué ha marcado su vida?

En el año 1949 fundé el Instituto de Investigaciones Folclóricas con el maestro y musicólogo Odilio Urfé, quien era el director y yo el subdirector. El local que nos cedieron fue la Iglesia de Paula que estaba totalmente en ruinas. Hicimos una labor de restauración asombrosa. Solo había una puerta, todo estaba abierto y durante cinco años trabajamos en ello.

Obras Públicas nos dio tres obreros y mediante donaciones se pudo levantar y ahí está la Iglesia. La hicimos de acuerdo con toda la antigüedad de su relieve. Respetamos los valores del edificio que se declaró monumento nacional y allí estuvimos instalados hasta el año 1988 cuando muere Odilio y yo me retiro.  Todo el material que conseguimos: partituras, discos de todo tipo… pasó a ser del Museo Nacional de la Música.

¿Cómo asume el reconocimiento al más alto nivel a su obra y la extendida presencia en la arena internacional?

Uno se siente muy satisfecho. Hice la primera sinfonía en el año 1940 y a partir de ahí he continuado. Claro, enseñando no he podido escribir mucho. Pero ahora con este alumno del que te hablaba me he dado cuenta que tengo una cantidad de obras considerables. Entre ellas está el concierto de piano, dos de violín, música de cámara… o sea es bastante extenso el trabajo.

Nunca he dado las obras mías a que las toquen, sino que me las piden. No he sido muy divulgador en ese sentido. Se ha tocado casi más afuera que aquí.

Mi música resulta difícil no solamente por el contenido sino por la rítmica cubana que es complicada, incluso para los propios cubanos. Es muy rica, lo mismo que la melodía, que últimamente está muy maltratada, lamentablemente.

¿Qué piensa de mantenerse fiel a determinada línea o apostar por los rompimientos? ¿Cómo aprecia el panorama actual de la música cubana?

No me gusta tomar lo de otro. Es algo que nunca he hecho. Siempre he apostado por la originalidad. A veces se toma algo y lo que se hace es deformarlo. Hay que dejar las obras como son, porque sino se desvirtúan.

Todo lo que he compuesto excepto determinadas obras tienen el sello de la cubanía que se ha perdido. Hay muchos experimentos. La música cubana fatalmente no está siendo bien desarrollada, porque incluso quienes están componiendo hoy no están escribiendo la raíz nuestra, sino otra cosa que no tiene nada que ver con Cuba. Hay además muchas especulaciones, quienes quieren experimentar, pero lo que tú no puedas cantar o cifrar no queda.

Comentarios

atención Leandro Maceo
Referencia, Alfredo Diez Nieto
Lamento molestarte, con urgencia necesito tener el número de teléfono de mi tío, Alfredo Diez Nieto. Mi hermana menor, Annabella Diez de Bell pronto viajará La Habana con su Universidad, VCU en un evento cultural. Mi Hermana le encantaría hablar con nuestro tío, que es también su padrino. Estaré agradecido si usted podría enviarme por correo electrónico una manera para que ella pueda comunicarse con el maestro. Uncordial saludo y gracias. Pedro Anonio Diez.
diez.pa@gmail.com

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato