Conversación con Yolanda Correa y Yoel Carreño

Danzar, otra manera de vivir

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

La música se respira, las luces y el público se abrazan en franca complicidad, el telón se descorre, la función cobra vida. Desde entonces los roles se funden y la magia de la danza y la interpretación buscan sus mejores horizontes. La Habana acoge la 24 edición del Festival Internacional de Ballet y tiene entre sus invitados a Yolanda Correa y Yoel Carreño —primeras figuras del Ballet Nacional de Noruega— quienes volvieron a desdoblarse este 6 de noviembre al bailar la versión de Alicia Alonso de El lago de los cisnes.

Imagen: La Jiribilla

Odette u Odile y el príncipe Siegfried resurgen en los cuerpos de Yolanda y Yoel, sus rostros han mostrado la apoteosis del amor, mientras un estilo seductor y una técnica personal tatúan un momento singular. Tres actos de un arte pasional y desgarrador.

Sus vidas transitan hoy un poco más rápidas, mientras sus pasos sobre el escenario son más frescos y ágiles. No están de vuelta, pero no se sienten ajenos y el público es consciente de ello. De alguna manera han estado siempre y sus palabras no pueden sino apuntar al sentimiento más puro.

¿Cómo asumen este reencuentro?

Yolanda Correa: Regresar a La Habana ha sido algo que hemos estado esperando por algunos años y es un placer poder hacerlo en el contexto del Festival. Bailar en Cuba es algo especial para todo bailarín cubano, especialmente para quienes fuimos parte de la compañía.

Yoel Carreño: El regreso a Cuba es algo que causa una emoción indescriptible. Es estar en nuestro país y nuestra compañía, con el público cubano… después de cinco años. También provoca un poco, bastante —diría mejor— de depresión, pero es algo muy lindo, que da muchas ganas de pararse en el escenario y bailar. Cada vez que venía me preguntaban que cuándo bailaría y no sabía. La vida en el exterior es complicada porque se baila mucho y el tiempo no alcanza. Bailar en La Habana nuevamente es un sueño hecho realidad.

¿Cómo los recibió el público cubano? ¿Qué lo diferencia del noruego o de otro para el que hayan bailado?

Yolanda: Es un público muy demandante, que tiene una tradición de ballet muy antigua, conocedor del repertorio e incluso de la técnica y las versiones cubanas. Sabe cada paso o dificultad técnica que los bailarines tenemos que desarrollar y además exige que se haga bien. Por muchos años se ha bailado y han habido grandes figuras de las que hemos aprendido, quienes han asumido estos roles con una técnica increíble y tenemos que mantener ese nivel.

El público cubano siempre ha sido muy cálido, entusiasta y abierto. Cuando viene al teatro no tiene miedo de expresar lo que siente, si quiere aplaudir o gritar lo hace y eso nos toca hondo.

Por ejemplo el noruego que es donde estoy trabajando ahora, no puedo decir que sea totalmente diferente, además de que siempre ha demostrado mucha admiración y respeto por la escuela y los bailarines cubanos. Conoce cuando un bailarín está realizando pasos técnicos difíciles y los puede hacer bien. Diría que es un poco más tranquilo a la hora de expresarse a sí mismo, pero el público cubano es único.

Lo que siento bailando en Cuba no lo he sentido en ningún otro lugar. He tenido la posibilidad de bailar en grandes escenarios, al lado de bailarines increíbles, pero lo que se siente aquí no lo podría comparar con nada, es muy diferente de lo que he experimentado fuera.

Yoel: El público cubano es único, se emociona contigo, llora, ríe y luego te da ese premio tan grande que no tiene precio y que es el aplauso. El de otros lugares puede ser más educado, no tan conocedor y no siente tanto esa emoción que experimentas aquí, esa es la mayor diferencia. Pero si lo disfrutan, les gusta el ballet y van a ver la función. Nosotros lo agradecemos, lo apreciamos, pero en Cuba experimentamos una emoción particular.

¿Cuánto demanda de ustedes como artistas una pieza como El lago de los cisnes?

Yolanda: En el caso de la mujer son dos roles muy difíciles de interpretar: el papel de Odette, el cisne blanco en el segundo acto y el de Odile, el cisne negro en el tercero. Ambos demandan mucha técnica pero de manera diferente. Para el primero se necesita mucho control, cansa mucho sobre todo los brazos, porque para interpretar un cisne hay que prácticamente transformarse y es muy agotador. A todo eso añadirle que tienes que ser muy sutil, tener mucha delicadeza para que no haya nada brusco que rompa con la atmósfera que se crea. Y bueno, está el tercer acto que siempre el público espera con esa demanda por ver no tanto el virtuosismo sino una bailarina fuerte, que domina el escenario y además este papel con sensualidad, pero sobre todo con carácter.

Yoel: Es uno de los grandes clásicos no por gusto. Tiene de todo un poco, es fuerte, técnica e interpretativamente. Es una obra muy completa y para cada bailarín significa un reto. Tiene un significado especial porque fue mi primer ballet completo con la compañía y siempre me trae muy lindos recuerdos. Lo he hecho con muchas de las primeras bailarinas cubanas y en el exterior.

¿Qué particularidades posee la versión cubana?

Yolanda: Es una de las más difíciles. A diferencia de otras que he bailado demanda pasos técnicos específicos y eso el público también lo sabe.

Yoel: Es una versión muy particular de Alicia, más técnica que otras y al mismo tiempo tiene matices y formas de hacer, de interpretar y de contar la historia, lo cual resulta muy interesante. Te resulta más atractivo como artista.

¿Este viaje a La Habana es además una oportunidad para poder compartir lo que han aprendido mientras han estado bailando fuera de Cuba? ¿Qué han traído y qué han encontrado?

Yolanda: Formar parte del Ballet Nacional de Cuba siempre fue muy especial y mantuve una relación muy linda con mis compañeros de trabajo. Aunque uno sea primera figura siempre debe haber unión, pues todos cuentan en una función: cuerpo de baile, solistas, personajes de carácter…, somos un equipo. Eso siempre me gustó tenerlo y volver a Cuba después de tantos años es sentir eso de nuevo.

Yoel: Considero que hemos dado un paso de avance en cuanto a la parte artística e interpretativa. En Europa se trabaja mucho lo que es la limpieza de los entrepasos, de las posiciones, por dónde y por qué pasa cada cosa y hemos querido mostrar un poco de eso al público cubano y que vea que el ballet no solo termina en la técnica sino que hay muchas más cosas, que lo aprecie y lo disfrute. 

Imagen: La Jiribilla

¿Cuáles son las responsabilidades de un(a) primer(a) bailarín(a)?

Yolanda: Primeramente ser conscientes de que estamos llevando una función como bailarines principales. Se supone que estamos dando un ejemplo para los jóvenes que se están formando y para los demás que están en la escena.

Yoel: Siempre y cuando tengas una buena relación y comunicación con tus colegas se hace más fácil el trabajo porque todo el mundo está implicado, hay complicidad. Se disfruta mucho, al punto de que no sientes que eres el personaje principal ni quien lleva la historia. Todos se ayudan, están aportando algo y se convierte en una gran fiesta.

¿Cómo definen a la escuela cubana de ballet? ¿Qué la distingue de otras?

Yolanda: Como una de las mejores del mundo. Hablando desde mi formación, siento que un bailarín que sale de la escuela cubana lo hace mucho más fuerte, no solo técnicamente sino de espíritu también, porque se trabaja mucho y bajo una estricta disciplina.

El ballet en Cuba ha adquirido una fama increíble, las escuelas cada vez tienen más estudiantes y hay una gran competencia. Además está el hecho de que se escogen a los mejores y eso hace que el alumno tenga que luchar por su carrera. Representa mucho para ellos el poder llegar a ser un bailarín principal por toda la tradición artística de la compañía, por las grandes figuras que han pasado y a quienes ellos admiran.

Uno sale más con esa pasión de querer y poder ser un buen bailarín, con la disciplina que siempre nos exigieron los maestros, que tiene que ser gota a gota, cada día, sin perder un instante. Es algo que uno lleva para toda la vida.

Siempre nos gustó estar en el salón a la hora del almuerzo o cuando teníamos un tiempo libre correr a ver si el salón se desocupaba para ir a practicar y hacer competencias muy sanas de giro, de salto…esa es de las cosas que nos distinguen.

No he visto en otras escuelas ese ímpetu de trabajar, no importa cómo, sin que las condiciones nos limiten porque está el corazón y eso es lo importante. Lo bueno de todo ello es que sales con una formación que te permite bailar en cualquier otro lugar.

Yoel: Es una escuela fuerte técnicamente y con mucha alma. Donde quiera que haya una pareja de bailarines cubanos el público los identifica porque bailamos con el corazón. La técnica también siempre está muy presente y tratamos de mantenerla porque la escuela siempre se caracterizó por eso, está entre las mejores del mundo y no es por gusto.

¿Cómo es su relación con los coreógrafos? ¿Cómo ha sido su experiencia en ese sentido?

Yolanda: Ser parte de una creación primeramente es un honor. Tengo que confesar que no soy muy buena para dar ideas, tal vez sí para hacerlo más fácil, pero sinceramente me gusta ser el instrumento de trabajo, llegar al salón y vaciar mi mente para poder entregarme e incluso dejar todo lo que he aprendido fuera. Cuando un coreógrafo quiere trabajar conmigo me gusta entregarme a él y que simplemente me utilice como su instrumento de creación.

Yoel: Cuando una coreografía está creada y uno se la aprende, te apropias de algo que se pensó para o con un bailarín determinado, entonces tienes que adaptarte. Pero cuando trabajas con un coreógrafo él está ahí, te está viendo, aprecia tus posibilidades técnicas, tú figura, tu rostro…y a partir de ahí se crea una conexión imprescindible e interesante.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué valor le confieren a elementos como la relación con los compañeros para un certero trabajo de equipo, la adecuada interpretación para cada acción dramática, así como el atinado balance entre la parte técnica y la artística?

Yolanda: Es un trabajo intenso de equipo el que se hace desde el estudio, que comienza con el maestro de ballet, quien es aquella persona con quien uno va a empezar a ensayar, alguien en quien debes confiar y entregarte porque además te va a guiar y a decir qué está bien o mal y cuál es el camino. Es así como empieza.

Luego integrar eso con los demás, lograr esa primera conexión, no tener barrera alguna, emanar esa energía de que todos somos importantes en una función relaja todo mucho más. Al no tener ese miedo de compartir con tus colegas e incluso pedir ayuda, ser abierto y oírlos corregirte es algo muy importante. Se crea una relación lindísima y se pierde el miedo a bailar frente a los demás e incluso a cometer errores.

También está el trabajo con el partenaire, quien baila contigo y con el cual debes lograr esa conexión de que somos dos y bailar juntos.

Yoel: Si la figura principal no tiene una buena conexión con el resto de la compañía el público lo nota y el bailarín está solo. La presión es mayor y todo resulta más difícil. Muchas veces haces algo sin saber que lo estás haciendo mal y gracias a la comunicación logras rectificar el error. Esto se cumple en todos los sentidos.

¿Sienten necesidad de explorar nuevos lenguajes coreográficos?

Yolanda: Ahora mismo he tenido la posibilidad de bailar muchos estilos: clásico, neoclásico, contemporáneo… grandes piezas y la oportunidad de trabajar con coreógrafos increíbles, pero hay ballets que sí me gustaría bailar un día como La bayadera que nunca lo he hecho. Pero sobre todo bailar todo lo posible, todo cuanto pueda, sobre todo clásico porque es lo más difícil, lo que más demanda y hay que hacerlo cuando se está joven y realmente se tienen esas ganas de seguir bailando.

Yoel: La temporada pasada me estrené con Onegin, un ballet de John Cranko que ahora es uno de mis preferidos, una coreografía donde la parte interpretativa es muy grande y difícil, pero fue algo que disfruté sobremanera. Próximamente voy a estrenarme en Manon que es otro de los grandes ballets, el cual te pide mucho como artista y estoy muy emocionado y mirando hacia adelante para asumir ese reto.

Después que uno pasa la edad de la juventud, de hacer mucha técnica, se interesa más en los detalles artísticos, en la interpretación y es algo que ya no solo se disfruta sino que se vive.

¿Estarán mucho más tiempo fuera de Cuba?

Yolanda: Llevamos cuatro años en Noruega y también bailando como invitados en muchas compañías. Este año si vamos a estar allá. Tenemos nuevas creaciones: ahora vamos a bailar Carmen y en abril Giselle con la compañía San Carlos de Nápoles. Pero esperemos que esta vez sea una puerta abierta o el camino para volver a bailar en Cuba.

Yoel: Me siento muy bien en Oslo, Noruega, bailo en todas las producciones ya sean clásicas, neoclásicas…y lo disfruto porque quiero estar así y bailar en todo. Tenemos muy buena aceptación y acogida del público y de la compañía en general, y siento que estoy creciendo como artista y eso es lo más importante. Entonces por lo pronto pienso seguir un tiempo más ahí. Cada vez que pueda venir a Cuba a bailar volveré porque es algo especial. Es el lugar que nos toca muy adentro y se extraña realmente. De ahora en adelante en cada oportunidad vendré y bailaré con el mayor placer.

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