¿Todo se nos va? Una noche en cofradía

Fernando León Jacomino • La Habana, Cuba
A la memoria de Pedrito González, trovador trinitario.
 

Defender una obra musical propia, original y auténtica desde una ciudad que ni siquiera es capital de provincia, de espaldas a los mecanismos de la fama y sin el menor coqueteo con sus administradores, ha sido quizá el pecado y la virtud mayores del Dúo Cofradía. Por eso cada vez que nos encontramos, la fiesta de escuchar sus interpretaciones y composiciones se me antoja un cristal de virtuosismo y bondad que, de alguna manera, edita el tiempo y cura la distancia entre el placer de escucharlos y la imposibilidad de tenerlos cerca con mayor frecuencia.

Imagen: La Jiribilla
Pachy Ruíz
 

Mi más viejo recuerdo de Eusebio Ruíz (Pachi) data de hace 25 años, de un extraño Festival de Aficionados que organizábamos en el entonces Instituto Superior Técnico de Cienfuegos, a instancias de Miguel Cañellas. Luego aparece Liamer Llorente (Lía), con esa voz de agua, radiante en la marcha de las primeras Romerías de Mayo y firme al timón de la vivencia en la Villa de la Santísima Trinidad. No obstante, si bien ha pasado mucho carretón sobre las piedras, nunca los escuché hablar con petulancia de su trabajo y, al mismo tiempo, nunca escuché música más tibia y rutilante que la de su canto sin malicia, que es para mi generación la memoria de un tiempo ido, con la canción al centro.

Imagen: La Jiribilla
Lia Llorente
 

Últimamente hemos podido disfrutar un poco más del Dúo Cofradía en La Habana, sobre todo gracias al Centro Pablo de la Torriente Brau y su incansable labor promocional que no solo se circunscribe a la Isla y que apuesta por un catálogo (informal pero bastante visible) integrado en su mayoría por autores que radican fuera de la capital, al interior del país. Gracias a esto, hemos tenido al Dúo por acá, unas veces solos y otras en compañía de artistas que han recibido homenajes o que, sencillamente, les han invitado a compartir su espacio.

Por esos y otros caminos llegó Cofradía el 23 de octubre al teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, para ofrecernos una velada peculiar, auspiciada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y Mala Vista Producciones; que devino tributo al recién desaparecido trovador espirituano Pedro González, fundador del Dúo Escambray y trovero anfitrión de cuanto visitante tuviese la delicadeza de preguntar por él. Era como si Pedrito (ahora reparo en esta parte de su grandeza) no tuviese nada más importante que descargar con quien lo reclamase, casi siempre en compañía de Isabel Bécquer Menéndez (La Profunda), otro ser de luz que, afortunadamente, aún nos espera en la legendaria villa.

Imagen: La Jiribilla
Laura Peralta, Argentina
 

Volviendo al concierto, asombra la convocatoria que logra este dúo, cuya promoción se encomendó sobre todo al email y al aviso telefónico y derrotó increíblemente a toda una semana de lluvias y al aguacero torrencial de esa misma tarde, justo media hora antes del concierto. Influyó para bien que la fecha se concertó con suficiente antelación y no sufrió cambios y que, si bien no fue muy grande el acceso a la televisión y la radio, contamos con el respaldo de espacios muy prestigiosos como Haciendo Radio, de Rebelde y Buenos Días, de Cubavisión.

Otra cosa a destacar es la banda que acompañó al dúo, integrada por  jóvenes que bien pudieran ser hijos de Lía y Pachi, y que de hecho lo son en varios sentidos. Se trata del quinteto Magic beans, agrupación de música alternativa que desde hace varios meses y de conjunto con Inti Santana y Mary Hue Fong, coordinan una de las iniciativas promocionales no capitalinas más concurridas por cantautores cubanos, con sede en el Restaurante trinitario La Botija. Sus nombres son Lucimila Rodríguez  (voz), Lanny Alarcón (violín y voz), Roberto Medina (guitarra), Eduardo Quintana (drums), Jorge Ernesto Díaz Valdés (piano) y Dayron Ruiz (bajo y director musical).

Imagen: La Jiribilla
Dúo Cofradía y Magic Beans
 

Es muy destacable el nivel técnico-interpretativo de los jóvenes músicos, así como la versatilidad de Lanny Alarcón y las potencialidades de la vocalista Lucimila Rodríguez, conocida en el medio gracias a su trabajo con otro dúo espirituano llamado Aire y madera, que sonó hasta hace muy poco entre nosotros. Por encima de las individualidades destaca, no obstante, el depurado estilo interpretativo de Lía y Pachi y su capacidad para concebir arreglos lúdicos pero muy atentos a los matices y subrayados contextuales de cada  tema. Mención aparte para la originalidad de sus versiones, virtud ampliamente correspondida con la presencia en la platea de casi una veintena de cantautores cubanos, de muy diversas generaciones y estilos. Con todo, el rasgo más inquietante del concierto fueron las composiciones de Pachi, hermosas, inteligentes y repletas de sutilezas de contenido y forma; lo que sin embargo no ha impedido que sean olímpicamente subvaloradas por nuestra industria fonográfica. Quien disfrutó del concierto que aquí reseñamos no puede explicarse el hecho de que Cofradía no cuente aún con el disco institucional que merece. Tal como veo las cosas, este formidable dúo está listo incluso para grabar al menos dos discos: uno con sus temas y otro con sus exquisitas versiones de cuanto trovador conocido y desconocido habita esta Isla. Ayudaría mucho que el propio dúo se encomendara a un solo tema (pienso en “Todo se nos va”, “El cable” o “Mala cosecha”) y emprendiera de una vez la ruta del videoclip y su indiscutible capacidad legitimadora entre nosotros.

Imagen: La Jiribilla
Lucimila Rodríguez y Luis Alberto Barbería
 

Entre los invitados especiales del concierto me causó muy grata impresión el trabajo de Laura Peralta, que nos transportó a los llanos argentinos con el simple tañer de su caja (un pequeño tambor atado al pulgar de la mano izquierda) y las melódicas variaciones de sus coplas. Frente a una sensibilidad tan exquisita, que acaso sea el único punto de contacto entre Laura y el trabajo de Cofradía, el espectador se queda esperando por una interpretación conjunta entre anfitriones e invitada; pero a veces la premura y precariedad con que trabajamos nos juega malas pasadas y nos priva de ese momento sublime, irrepetible, que le quedó faltando al concierto. También procedentes de Argentina, disfrutamos del cantautor Julio (Coqui) Ortiz, de los músicos Pablo César Figueroa (guitarrista) y Julio Daniel Ramírez (acordeonista); acompañantes de Laura y Coqui, respectivamente.

Imagen: La Jiribilla
Coqui Ortíz y Julio Daniel Ramírez, Argentina
 

Gracias a invitados y anfitriones, los que asistimos el Teatro de Bellas Artes aquel penúltimo jueves de octubre, nos regalamos un show de lujo que ojalá sea el punto de partida para la presencia habitual del Dúo Cofradía en nuestros principales espacios promocionales, más que todo para que podamos disfrutar en vivo, a cada rato, de una agrupación imprescindible ya dentro del panorama musical cubano.

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