Diálogo con Neyda Izquierdo

Me quedaré con Wichy

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Al levantar el auricular Neyda respondió de manera solícita, la primera impresión que tuve de la viuda de Luis Rogelio Nogueras fue agradable; no puso peros cuando la convidé a departir sobre su relación con Wichy y la literatura. Le dije que cualquier parque del Vedado o una oficina de la revista serían buenos sitios para conversar; ella respondió sin ambivalencia que no, fue tajante y confesó: “hay lugares que me traen muchos recuerdos y los evito, precisamente los parques del Vedado y ese que está ahí, frente a la revista y del teatro Amadeo Roldán”. No hizo falta saber por qué, era evidente que en más de uno tuvieron algunas cuitas de amor.

Neyda vive sumergida entre libros, sus perros y los recuerdos en su modesta casa de Santo Suárez. Allí me invitó a conversar, a sostener un diálogo, sin los códigos de la entrevista académica, sobre más de un tema pero sobre todo de Wichy Nogueras, un hombre de letras, un poeta que nos dejó a los 40 años, precisamente cuando su excelente obra comenzaba a destacar en la historia de la literatura cubana.

La influencia de Wichy en su vida es notable: “Él fue un hombre muy culto, conocía de todo o casi todo, y en cuanto a las artes disfrutaba y dominaba todas las manifestaciones. A su lado aprendí a editar, a conocer más de cine y de diseño, a valorar más la poesía. Era un gran lector, tenía poetas y narradores recurrentes como Walt Witman, Allan Poe, Dashiell Hammett, Mario Benedetti

“Me enseñó que cuando tenía el material, el libro, en mis manos para editar, debía primero visualizarlo con el manuscrito, para que  llegara a mi corazón, que a pesar de no hacer la cubierta, tenía también que apropiarme de una idea de diseño para ese texto. Aunque soy graduada de Química, por él también regresé a la universidad para licenciarme en Filología para conocer más, teóricamente, el mundo de las letras y hacer mejor mi trabajo”.

Neyda es Premio Nacional de Edición 2013, segunda mujer que lo obtiene en el país y la primera en el ámbito de editores de ciencia y técnica, una especialización que considera va más allá de la edición, de por sí, una creación presa del anonimato y el silencio: “Tienes que reescribir. No es lo mismo editar una novela, un cuaderno de poesía o de cuentos hechos por escritores que, obviamente, dominan el lenguaje, que enfrentarte a un volumen científico, por autores que desconocen los recursos de la escritura. Cuando recibí el premio rápidamente vino Wichy a mi memoria. A él he dedicado este galardón”.

El comienzo de una historia de amor

“Recuerdo cómo nos conocimos: la primera vez que lo vi fue en una ruta 74. Él estaba sentado en la parte de atrás, yo venía del laboratorio porque estudiaba Química en la Universidad. Enseguida que subí me llamó la atención, era un hombre muy blanco y pelirrojo, muy atractivo. Intercambiamos miradas y sonrisas, eso fue por el 69 o el 70. Luego de ese día no lo vi más”.

Relata Neyda que por cosas del azar concurrente, al recibirse de Licenciada en Química, en 1972, la ubican en la editorial Pueblo y Educación, donde transitó por varios departamentos. En uno de ellos reconoce a Wichy y a él nunca se le olvidó aquella hermosa muchacha de la ruta 74 con la que trocó miradas y sonrisas y que el tiempo resumió en amor.

“En la editorial hablamos y nos reconocimos enseguida, nos reímos, fue todo muy simpático. Me confesó que siempre recordó a la muchacha de la guagua y yo le dije que igual me pasó con el pelirrojo. Así inició nuestra relación sentimental y en pocos meses nos casamos”.

Wichy reaparece en la literatura

“Si tengo que escoger entre las cosas que escribió, me quedaría con la poesía. Él escribía de todo, pero era fundamentalmente un poeta, en mayúsculas. Por eso titulé el próximo libro sobre su obra Me quedaré con la poesía, una nueva compilación, que saldrá a propósito de homenajearlo por sus 70 años”.

Nogueras dejó una rica obra literaria aún inédita entre los que se encuentran los epitafios, muchos realizados a dos manos con Guillermo Rodríguez, con quien también legara su primer libro publicado en el género policiaco Elcuarto círculo; losheterónimos, una especie de narraciones con poesía donde los sujetos líricos son reconocidos personajes de la literatura o del mundo literario a quienes le endilgaba los poemas aparecidos en la obra. También crítica cultural y narrativa.

“Hay un libro de cuentos que saldrá por la editorial Extramuros para el próximo año y una novela policiaca llamada Encicloferia, que tiene la particularidad de no tener final. Sucede que la dejó inconclusa. Él siempre que escribía hacía un proyecto para cada capítulo sobre lo que sucedería. En su lecho de muerte ideó que un amigo le hiciera el final, pero no pudo ser”.

Entre ocurrencias, las influencias

Una de las características de la personalidad de Wichy que más recuerda Neyda es su sentido del humor, una bis cómica de un hombre culto y al mismo tiempo muy cubano.

“Cuando yo regresaba a casa él me preguntaba ‘¿qué hiciste hoy?, ¿adónde fuiste?′ Me lo decía serio y al mismo tiempo en juego. En realidad quería que yo le hiciera el cuento varias veces de diferentes formas, él me obligaba a inventar maneras de narrar. Yo me dejaba engañar. Si le decía que en el camino me encontré con alguien aprovechaba eso para preguntarme ‘¿y qué te dijo?′, y me animaba a recrear lo que la persona de marras me había contado, o sea, era tan literario hasta para cosas más simples.

“A veces salíamos juntos y él contaba todo eso a otras personas muy diferente a cómo yo se lo había dicho. Lo inventaba. Así fui aprendiendo con él, independientemente que yo era y soy una fervorosa lectora.También tenía otra manera de jugar, él se escondía en algún lugar de la casa y hacía que yo lo buscara insistentemente. O de lo contrario se ponía a inventar palabras, de hecho, en su obra es evidente ese rejuego de letras. Mi vida a su lado fue muy alegre”.

Y si muero mañana o Ama al cisne salvaje

“Los lectores de poesía recuerdan a Wichy, los jóvenes han enamorado con los poemas de él, todos los que lo han hecho han querido ser los autores de poemas como “Ama al cisne salvaje”, por ejemplo, que me lo dedicó. Muchos me han dicho que con esos versos enamoraron a su pareja y al conocerme se alegran. Fui su musa de más de un poema”.

La zona escritural de Luis Rogelio Nogueras abarca la poesía erótica, pero también la política y la social. Una obra pletórica en imágenes, descontaminada de lugares comunes, y asumida con naturalidad, como si los versos se hilaran por sí solos.

También es una poesía deudora de muchos poetas, influencias que bien supo utilizar hasta darle un estilo, una personalidad inconfundible, el sello Nogueras que se puede hallar sin temor dentro del canon de la literatura cubana.

El cine, esa otra pasión

Luis Rogelio amaba el arte en todas sus expresiones. Disfrutaba hacer guiones para cine, incluso como hobby. De ese vínculo con el cine cubano de los años 70 y 80 nacieron obras como El brigadista y Guardafronteras, de Octavio Cortázar, a quien consideró siempre un gran amigo. Como la vida misma, en coautoría con Víctor Casaus, y en Polvo rojo aparece, incluso, como actor interpretando a un extranjero.

“También estudió animación en el ICAIC, era buen dibujante. Sus proyectos con el cine quedaron a medio camino. Dejó un guion para una película que quería hacer titulada Una Carmen cubana, en colaboración con Antonio Gades, quien era su amigo. Él desearía toda la salud del mundo para poder haber aportado todo el talento a la cinematografía nacional, incluso como camarógrafo, pero las pocas cintas que escribió, sus guiones quedan como fiel recuerdo y memoria de su impronta en el Séptimo Arte”.

La parca no escribió el final

Dice Neyda que la muerte lo arrancó demasiado temprano. Wichy tenía 40 años en 1985 cuando el cáncer le arrebató la vida; “una vida llena de amor, de pasiones por el arte y la literatura”.

“Mis ocupaciones con el estudio, su intensa vida creativa y la muerte no nos dio tiempo a tener hijos. Él sabía lo que tenía, yo sufría por aquello. Cuando supe que tenía cáncer apenas comía, llegué a enfermarme, y él me decía: ′parece que la enferma eres tú y no yo’.

“Todo comenzó por la alteración de un ganglio. Fuimos al médico que fue un amigo de la familia, al verlo, de antemano el doctor sabía lo que tenía, entonces nos remitió a un especialista; cuando buscamos los resultados ya Wichy tenía metástasis. Era demasiado tarde, ya no se podía hacer nada.

“Siempre me pregunté por qué. Hubo antecedentes y el doctor nos cuestionó por haber tardado tanto en comenzar el tratamiento.  Nunca le dije nada a Wichy, pero él sabía que estaba enfermo y en sus últimos días, era demasiado inteligente, al punto que se lo decía a los amigos. Sin embargo, siempre me lo  recriminé: no haberle dicho nada. Era su vida, una vida plena de alegría. En 1985 Wichy nos dejó, de él tengo sus libros, sus notas, las cosas que no terminó y las inéditas; los recuerdos de su amor. Está su literatura, tan hermosa y rica en tan poco tiempo”.

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