Amar sin papeles con Víctor Casaus, embajador de la poesía de amor

Leonardo Depestre Catony • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del Centro Pablo
 

Los lectores tenemos nuestras estrategias a la hora de escoger los libros. Unos se encandilan por el brillo de la cubierta, otros se consideran comprometidos con la obra de un determinado autor, los hay que se entusiasman con un género, o la literatura de un país, o de una época... Si se trata de poesía, en mi caso, acostumbro ir directamente al índice y revisarlo: si no encuentro en él algo evocador, que pulse mis recuerdos, libro y autor tienen las de perder. Claro que con tan prejuiciado requisito me he perdido de leer muchísimos buenos libros.

Pero el caso es que con Amar sin papeles (2014) —que tiene un título deliciosamente sacrílego— no me equivoqué. Encontré un poema muy evocador, el titulado “Paisaje después de la batalla”, que es además el de una excelente película polaca de Andrzej Wajda llegada muchos años atrás, como golondrina extraviada, entre una cartelera plagada de filmes insufribles de cuyos nombres no me quiero acordar...

Imagen: La Jiribilla

El poema, que quiero compartir con ustedes, se mueve en la misma cuerda lírica y a un tiempo dramática de la recordada cinta:

“Los cuerpos volteados sobre la tierra mojada / las armas aturdidas en el silencio de la tarde / el rastro de los tanques en el fango del siglo /el silbido de la granada que aún está por caer / los casquillos enterrados /  los penachos / las banderas / el olor a pólvora en el aire del mundo / y tú y yo /  desnudos / dislocados después de la locura / sobre el lecho aturdido / disfrutando en silencio / este extraño e insustituible / momento de / paz”.

“Paisaje después de la batalla” sintetiza el triunfo del amor sobre la destrucción, o la confirmación de la tesis hemingwayana: “el hombre puede ser destruido pero no derrotado”. (Bueno, esa es al menos la interpretación de quien redacta esta nota, y espero que usted la comparta).

Una vez leído este poema lleno de evocaciones, ya Víctor Casaus, el autor de Amar sin papeles, había ganado un lector más en mí. Pero no fue todo, porque si del amor se trata, entre algo más de 60 poemas hay para escoger, se lo aseguro. Así que seguí revisando el índice y me encontré algo tan fascinante (y simpático y humano), como “Primer poema de amor”, que dice así:

“Abel, Jilberto, Daniel /  Waldo y Felipe están enamorados / de Sandralópez Molina / Jilberto dice tiene otra en Villaclara / Abel también dice lo mismo / Daniel dice lo mismo / Waldo no dice nada Felipe dice / que quiere bañarse /con ella”.

Imagen: La Jiribilla

¿Quién le ha dicho a Víctor Casaus que ese poema es de él? Ese poema es mío, y suyo, y nuestro... ¿Es o no es así?

Por cualquier página puede comenzarse la lectura, y seguir adelante, el ojo apegado a la letra, el susurro del verso llenándole de goce. Amar sin papeles es una antología, de esas que nos dejan con ganas —perdónese lo de ganas, que parafrasea libremente el texto de una canción. Son poemas en su mayoría breves, sensuales, provocativos, muy personales (lo cual los hace universales), y en su momento, cuando fueron escritos, tal vez un poco irreverentes... y por tanto bien recibidos, releídos y ensoñadores, plasmados en un lenguaje de atrayente sencillez, pura filigrana que borda íntimas imágenes.

Bueno, pues Víctor Casaus ha recorrido España (Salamanca, Granada, Barcelona, Cádiz, Sanlúcar de Barrameda, Ciudad Real, Alcalá de Henares...), con sus poemas en la voz y el corazón, mientras Lucía Sócam, una joven trovadora, le acompaña o musicaliza ante el auditorio, embelesado con la palabra, la comunicación, que es la manera universal de entendernos en el amor y el desamor, en la guerra y bajo el estrés, con el estómago lleno o casi vacío.

Atrapasueños, editorial española, ha corrido a cargo de la publicación de este libro, ilustrado por el pintor cubano Roberto Fabelo, cuyos dibujos confieren un valor agregado: el de llevar una historia visual (plástica) paralela, complementaria a la de los versos. Si el libro vale mucho por los poemas, no menos atractivo le dan los trazos insinuadores del artista Fabelo.

Imagen: La Jiribilla

Pero no es todo, sí, todavía no es todo. Y Víctor Casaus puede sentir orgullo del prólogo-increpación de Juan Gelman, quien pese a sus tantos sufrimientos familiares, tanta carga de dolor y ansias de justicia, no se cansó de amar, y le dice a Víctor lo que a su vez puede decirse de él: Usted hace del amor vivido el campo de otro amor para vivir. Usted conoce los silencios de la palabra, todo lo que late en su revés”.

Cineasta, narrador, periodista, investigador y sobre todo poeta pleno, poeta lleno de poeta, poeta del amor en la revolución”, en el decir de Felipe Alcaraz en su epílogo, podemos asegurarle que amar sin papeles puede no ser la más ortodoxa de las maneras de amar pero es una manera, sin duda, muy generalizada... sin que de ello se pretenda “culpar” al también director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el corazón de La Habana Vieja.

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