Entrevista con Joel del Río

Veinte años de un cine necesario:
celebración y desafío

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

Fresa y chocolate es una película necesaria, una puerta a la que habrá que llamar una y otra vez, un disparo mortal a los prejuicios y los desmanes que se fueron enquistando en la sociedad, un antes y un después en el cine de casa.

Imagen: La Jiribilla

La cinta todavía hoy joven y auténtica, dos de tantos atributos que pudiera merecer con justeza, parece no conocer el significado del pasado y haber nacido para vivir una larga vida. Es también dueña del don de provocar, fuera de su tiempo de nacimiento y con los mismos bríos, la confrontación de ejes tan opuestos como encontrados y de personajes, al mismo tiempo, irreverentes y cercanos.

De modo que concebir un homenaje desde el cine documental ―a 20 años de su estreno―no podría suponer menos que una invocación al carácter contemporáneo y fresco de un arte reflexivo y atinado, cuyos detonantes de ayer continúan presentes en la cotidianidad cubana del siglo XXI, quizá con otros rostros y temperaturas. La oportunidad de confirmar la estela de Fresa y Chocolate, al mismo tiempo que completar el caleidoscopio de temas que propone, fueron motivos suficientes para que el periodista y crítico Joel del Rio aceptara participar en la aventura como guionista.

¿Por dónde se mueve el guion del documental?

Lo primero: debo aclarar que el guion de un documental puede ser, en principio, una idea, una escaleta de acciones y nombres de personajes, una lista de horarios, citas e interrogantes. Este guion previo cambia bastante durante la realización misma del proyecto, en la medida en que van surgiendo ideas tal vez mejores que las premeditadas. Luego, en la edición, se impone crear una tercera etapa del guion para que todo el material imaginado antes, y rodado después, se adecue a ciertos ejes temáticos, a ciertas estructuras lógicas. Por ello es que muchos realizadores suelen asegurar que el guion del documental brota en la edición. Estoy de acuerdo en un 50 por ciento, porque todo depende del tipo de documental que vas a hacer y de cuán férreo o inflexible crees debe ser el ajuste a la idea original.

Pero en fin, para tratar de contestarte: inicialmente la realizadora (Lianed Marcoleta) y yo trabajamos en la idea de rendir homenaje y resucitar el acontecimiento cultural que significó Fresa y chocolate, luego de dos décadas de su estreno, y contemplar la realidad contemporánea de Cuba a través del prisma que ofrece la película. Esta premisa nos acompañó al principio y nos acompaña ahora, que estamos sumergidos en la etapa final o de postproducción. Es decir que, mediante fragmentos del filme, y entrevistas con sus principales actores y otros creadores implicados, además de una serie de expertos en diferentes ramas del saber, se aspira a dilucidar la vigencia, evolución o involución de las dicotomías principales que originan todos los conflictos de los personajes de la película: tolerancia y homofobia, permanencia y emigración, la juventud y la fe en el futuro de la Isla. Los temas fueron apareciendo a medida que los entrevistados los mencionaron. También se utilizaron fragmentos del filme para invocarlos, y así nuestro documental se mueve continuamente (desde la trama y los temas de Fresa y chocolate) hacia el pasado y el presente y, sobre todo, el futuro de la nación, tomando como pivote al año 1993.

Pero tengo la sensación que diciendo todo esto todavía no explico de qué va el guión de la película en tanto apenas he mencionado sus personajes y los temas que aluden. Los escenarios varían básicamente entre Coppelia, La Guarida, las calles de La Habana, y los domicilios de los entrevistados. Los tres principales personajes del filme son Diego, David y Nancy, o más bien Jorge Perugorría, Vladimir Cruz y Mirta Ibarra, quienes entran y salen de la ficción, y recorren los entornos donde se rodó la película. Los tres intérpretes van del pasado al presente, reviven la experiencia de interpretar sus personajes, y se mueven entre pasado y presente de las ideas que manejan sus personajes y los muchos entrevistados que opinan sobre las circunstancias que rodearon al filme, e intentan retratar las circunstancias cubanas de hoy mismo desde los matices y la profundidad. Se quiere ilustrar (en lo posible), estos 20 años de cambio en Cuba, a través de dos períodos de transformaciones: el principio de los años 90 y el período 2012-2014.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo concibieron los personajes?

Como te explicaba antes, los tres principales personajes de la película son los tres protagonistas de la película. Pero hay muchas otras voces, porque entrevistamos a por lo menos una veintena de expertos en cine, literatura, música, sociología, sexología, sicología, religión, arte, economía, entre otras disciplinas, junto con decenas de jóvenes de los más diversos oficios. Así, conformamos un coro cuya pauta de coherencia estaba dictada por la película y los temas que antes te mencioné. Quisimos que Tomás Gutiérrez Alea —su ideario, su manera de concebir el cine, el progreso humano, y la cubanía— fuera como una omnipresencia simbólica lo suficientemente fuerte como para que se percibiera nuestra intención de convertirlo en un personaje protagónico. No sé si lo logramos. Para saberlo tendría que ver la copia definitiva, la que va a las salas, y solo he visto un corte casi final que, estoy seguro, tendrá muchos cambios todavía. Además, tampoco queríamos evidenciar desde la obviedad todos los personajes del documental y sus tesis. Intentamos que el espectador también los descubra, los adivine. Porque hay un plano de inevitable obviedad narrativa y verbal, y otro plano de sugerencias. No quisimos renunciar a ninguno de los dos.

Aunque el filme esté construido básicamente a la manera de un documental de entrevistas, (tratamos de despojarnos de los prejuicios respecto a este subgénero) hilvanadas en el estilo de un reportaje periodístico, los personajes pueden ser los actores que hablan desde el hoy mismo, o pueden ser Diego, David y Nancy, resucitados para que nos cuenten qué ha sido de ellos, o tal vez para algunos espectadores los principales personajes van a ser Antón Arrufat, Mariela Castro, Carolina de la Torre o Aurelio Alonso, por solo mencionar cuatro de los muy diversos e ilustres opinantes. La respuesta a quiénes son los personajes de esta película depende en alguna medida de la apreciación del espectador.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué retos supuso ser primerizo como guionista?

Desde la nueva ola francesa y otros movimientos cinematográficos, se ha establecido hasta cierto punto la práctica de que los críticos incursionen en la praxis audiovisual. Honestamente, no me siento capacitado para dirigir una película, mucho menos para producirla o para incursionar en alguno de los otros oficios de la realización. Pero escribir un guion que aborde la realidad contemporánea a partir de los contenidos de una película, tiene que ver con el armado de un reportaje muy profundo y complejo, pero al fin y al cabo, un reportaje, es decir, una de las modalidades más nobles del periodismo.

Soy primerizo, como bien dices, pero la experiencia me resultó fascinante, y ojalá otros realizadores tengan la confianza y la paciencia que tuvo Lianed para convencerme, para ponernos de acuerdo incluso cuando nuestros puntos de vista parecían irreconciliables. Ahí estaba uno de los retos: entender que el cine, cuando se está realizando, tiene una esencia mucho más lábil, flexible y delicada que la letra escrita, que es mucho más concreta e intransigente con los significados y las alusiones.

El reto consistía, mayormente, en sostener una estructura desde la coherencia, en tanto las entrevistas deben aparecer en la medida en que se ofrezcan puntos de vistas que discrepen o profundicen en el tema que están tratando los anteriores entrevistados. Y así se crea como un discurso que va avanzando socráticamente, sin zigzagueos, digresiones ni pedanterías. Hubo que violar las convenciones del reportaje periodístico muchas veces, sobre todo a través de intercalaciones de imágenes del pasado y del presente que le dan aire, frescura y ciertos respiros a un material que puede convertirse en algo apabullante por su densidad. Estas imágenes y momentos de aparentes digresiones también pueden ilustrar las opiniones de los entrevistados mientras sus palabras solo se escuchan, o se pueden utilizar como pase entre una y otra entrevista. Retos hubo muchos. Y aunque todavía no he salido del proceso ya estoy ansioso por entrar en otro similar.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuánto influyó su amplia experiencia como crítico a la hora de concebir el guion?

Influyó tanto mi experiencia periodística como mi trabajo como crítico. Acepté trabajar en el guion porque se hablaba, en principio de una película de culto, una película que dejó una estela considerable de reflexiones sociales y culturales. Y fijar este tipo de trascendencia es, entre otros, el objetivo del trabajo de los críticos. Luego, estamos hablando, como te decía antes, de trabajar sobre las plataformas periodísticas del reportaje, la entrevista y el comentario. Para concebir el guion, e imaginar el documental, antes de que existiera, fue importante hacer, otra vez, un análisis de contenido de Fresa y chocolate, y sus temas dominantes en los órdenes figurativo, emocional e intelectual. Intentamos reproducir, desde otro género, como lo es el documental, ese tipo de alusiones que describan la realidad, emocionen al espectador y lo lleven a la reflexión…

Fueron tres propósitos muy altos, demasiado ambiciosos tal vez, pero tampoco quisimos limitarnos a un homenaje exterior, que mencionara datos y premios, se limitara a las preguntas obligatorias y circunstanciales. Querer trascender la inmediatez es un propósito que suele animar al cine, porque el periodismo intenta más bien atraparla. Esas transformación de mentalidad del periodista al guionista tiene que sedimentarse a toda velocidad cuando estás inmerso en este tipo de trabajo.

¿Qué cambios experimentó el argumento final con respecto a la idea original?

Hubo muchos, muchísimos, cambios de la idea original. Y aunque el llamado argumento siguió siendo el mismo, hubo varias líneas de desarrollo temático que abandonamos porque simplemente las entrevistas y las imágenes pidieron otro desarrollo. Nosotros ideamos una estructura en que los actores revisitan el Coppelia, La Guarida y el Cristo, y allí hablan, respectivamente, de homofobia, deterioros vinculados a intransigencias, y emigración. Pero finalmente, las dos últimas temáticas aparecen solo de manera aleatoria y secundaria, dentro de las reflexiones de los entrevistados sobre lo que ha significado el socialismo para Cuba, y en torno a meditaciones sobre la fe, los jóvenes y el futuro de la nación. ¿Debemos considerar que el cambio afectó la esencia de nuestros objetivos fundamentales? Todavía no tengo respuesta para esa pregunta.

Imagen: La Jiribilla

¿Podríamos decir que el documental es un homenaje a la película?

Todo el tiempo. Aunque siempre quisimos evitar ese tono laudatorio y contemplativo de la mayor parte de nuestros documentales dedicados a personalidades o acontecimientos de nuestra cultura. Pensamos que el mejor homenaje a la película, al cine, a la cultura cubana, y a Gutiérrez Alea sobre todo, sería la continuación de un legado de reflexión y cuestionamiento responsable y participativo. Creemos que en Cuba estamos ávidos de reflexión y cuestionamiento, y por ello estamos en condiciones de plantearnos cualquier interrogante sobre el destino del país y su proyecto social, sobre la cultura y los valores, sobre los muchos y muy diversos derroteros que implican la salvación de lo mejor del ser cubano, tal y como se lo planteó, a su manera, la célebre película cubana hace 20 años.

Fresa y chocolate es una película que se distingue entre otros elementos por su guion, ¿cuál sería la fórmula para concebir un argumento a la altura del de entonces?

No hubo fórmulas y mucho menos intentamos, ni por un segundo, competir con la triada Senel, Tabío y Titón en la creación de un guion porque, para empezar, estamos trabajando en un género como el documental que requiere otro tipo de planteamientos, mucho más flexibles, en el guion. Nunca tratamos de ponernos a esa altura porque más bien intentamos asimilar aquellas ideas, actualizarlas, sacarles todo el partido posible y volver a polemizar, motivar discusiones, e incentivar el pensamiento 20 años después de que aparecieran Diego, David y Nancy para hablar de Cuba, de amor, de solidaridad, comprensión y de todo lo contrario.

A nosotros, como a Titón, (y cito de memoria unos diálogos de Memorias del subdesarrollo) nos desconcierta la incapacidad de mucha gente para sostener sin dispersión un sentimiento, una idea. También nos molesta la inconsecuencia y la incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarnos… Y nos irrita que todo el talento de muchos cubanos se gaste en adaptarse al momento, sin consistencia, y dejando a otros la responsabilidad de que piensen por ellos. Nuestro documental brota de ese desconcierto, molestia e irritación, aunque también debo aclararte que se distancia de la diatriba y el vitriolo, porque carecen de sentido.

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